Instituto de Constelaciones Familiares / Brigitte Champetier de Ribes



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Angustia

La angustia no es una emoción, sino la protección de una emoción devastadora.

Según el lugar del cuerpo en el que se manifiesta la angustia, sabremos de qué emoción se trata.

La presencia de la angustia nos habla necesariamente de una emoción antigua, que en su momento, no fuimos capaces de vivir o que perteneció a un ancestro.

Ya que es una protección, una angustia necesita nuestro cariño y gratitud.

Luego, le comunicaremos que ya somos capaces de gestionar esa emoción. Es posible que paulatinamente reconozcamos esta emoción, aunque no tiene importancia si no se da.

Saludaremos la emoción, recordándole que viene del pasado, que su papel ha terminado y, aun así, se puede quedar el tiempo que necesite para ir despidiéndose.

Podremos ser muy agradecidos a las circunstancias que despiertan angustias, pues nos permiten liberar asuntos bloqueados muy antiguos.

Además de esta actitud de atención y acogida permanente a nuestras angustias y otras señales corporales, a menudo conviene realizar ejercicios concretos como los siguientes:

  • LA FINALIDAD DE MI MALESTAR
  • CAMBIAR UNA DECISIÓN DEL GUION DE VIDA
  • ORDENAR NUESTRA VIDA
  • INTEGRAR TRAUMAS Y CONFLICTOS
  • EL ADULTO Y LA ANGUSTIA

Hablando con la angustia

Centrado y con respiración lenta.

Yo a la angustia: te saludo y te doy las gracias por tu protección hoy. Acaba de surgir algo que despierta algo muy antiguo en mí. Gracias por protegerme de ello.

Hoy es distinto de ayer.

He crecido.

Puedo con lo que está pasando.

Lo que me muestras ya terminó.

Yo a la emoción oculta detrás de la angustia: esto ya pasó.

Todo fue necesario como fue. Gracias.

Te ofrezco mi tiempo y mi cuerpo para que te retires a tu ritmo.