Lynne Mc TAGGART / El experimento de la Intención

¿Cuántos hacen falta?

El pionero trabajo de Kart Pribram y las investigaciones de otros científicos posteriores muestran que nuestros cerebros funcionan como procesadores holográficos de información. Si esto es cierto individualmente, tiene sentido que nuestra mente colectiva y nuestra consciencia también funcionen así. En la actualidad el planeta Tierra tiene más de seis mil millones de habitantes (y mentes).

(…)

Independientemente de lo distintas que parezcan entre sí, cada mente contiene el patrón de la consciencia total. Y a través de este vínculo, cada uno de nosotros tiene acceso directo a la totalidad del patrón. En otras palabras, todos tenemos el poder de cambiar el holograma de nuestro mundo. Aunque para algunas personas ésta sea una manera poco convencional de pensar en quiénes somos, para otros está perfectamente alineada con sus creencias y experiencias.

Los estudios científicos respaldan estos principios y han comprobado que cuando la gente dentro de un grupo comparte una experiencia común de consciencia, los efectos pueden ser detectados más allá del propio grupo e incluso fuera del edificio en que los individuos estaban reunidos. Está claro que las experiencias internas están siendo transmitidas a través de alguna vía sutil y de una forma que no se rige por las llamadas leyes de la física ni se ve limitada por el entorno inmediato. Un ejemplo de este fenómeno es evidente en el efecto que la Meditación Trascendental (MT) puede ejercer sobre grandes poblaciones.

En 1972, 24 ciudades de los Estados Unidos con poblaciones de más de 10.000 habitantes experimentaron cambios significativos en sus comunidades cuando tan sólo un 1% (100 personas) participó en los estudios. Los participantes usaron técnicas específicas de meditación para crear las experiencias interiores de paz que luego se reflejaron en el mundo exterior. A esto se le llama el “efecto Maharishi”, en honor de Maharishi Mahesh Yogi, que afirmó que cuando un 1€ de la población practicase los métodos de meditación que él proponía, se produciría una reducción de la violencia y del crimen en esa población.

Estos y otros estudios similares llevaron a la realización de un proyecto que se convirtió en un hito histórico, el “Proyectos Internacional de Paz en Oriente Medio”, publicado en 1988 en el Journal of Conflit Resolution. A inicios de los ochenta del siglo pasado, durante la guerra entre Israel y el Líbano, varios practicantes fueron adiestrados en técnicas específicas de la Meditación Trascendental para que pudiesen crear paz en sus cuerpos (en lugar de que simplemente se limitasen a pensar en la paz o a rezar para que llegara).

En determinados días del mes, a ciertas horas del día, estas personas fueron colocadas en las zonas de Oriente Medio desgarradas por la guerra. Durante el espacio de tiempo en que ellas estuvieron en paz, se redujo el número de ataques terroristas, de crímenes contra las personas, de visitas de urgencias y de accidentes de tráfico. Cuando los participantes interrumpieron su práctica, las estadísticas volvieron a empeorar. Estos estudios confirman los resultados anteriores: cuando un pequeño porcentaje de la población accede a un estado de paz interior, esa paz se refleja en el mundo exterior.

Los resultados tenían en cuenta los días de la semana, las vacaciones e incluso los ciclos lunares; y eran tan consistentes que los investigadores pudieron determinar la cantidad mínima de personas que tenían que experimentar paz interior para que esta paz se reflejara en el entrono: la raíz cuadrada del 1% de la población. Esto representa sólo la cantidad básica necesaria para que el efecto pueda comenzar –cuanta más gente participe, más marcado será el resultado-. Aunque no podamos comprender totalmente todas las razones por las cuales se producen estos efectos, las correlaciones y los resultados demuestran que existen. Podemos aplicar estos principios en cualquier grupo humano, trátese de una pequeña comunidad, una congregación religiosa, una gran ciudad o el planeta entero. La fórmula para determinar cuánta gente hace falta para trabajar para la paz y la curación dentro de un grupo humano es la siguiente:

  1. Calcular el número total de personas.
  2. Calcular el 1% del número anterior ( multiplicar el total por 0,01).
  3. Calcular la raíz cuadrada del 1% obtenido.

Esta fórmula produce número que son menores de lo que uno podría esperar. Por ejemplo, en una ciudad de un millón de personas, el total es de alrededor de 100. En un mundo de seis mil millones de habitantes, el total es de sólo unas 8.000 personas. Este cálculo sólo representa la cantidad mínima para iniciar el proceso. Cuanta más gente participe, más rápido se expande el efecto.

Aunque este y otros estudios similares merecen obviamente ser explorados con más detalle, muestran que existe un efecto que está más allá del azar.

La cantidad mínima de gente necesaria para iniciar un cambio de consciencia es la raíz cuadrada del 1% de la población total.

Extraido de "La matriz divina" de Gregg Braden

ver también:

Pribram: the Magellan of Brain Science, www.sybervision.com/golf/hologram.htm

"International Peace Project in the Middle East", The Journal of Conflict Resolution

El experimento de la Intención, de Lynne Mc TAGGART, ed. Sirio

www.theintentionexperiment.com