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Revista Independiente
Hellinger
Diciembre 2005
Traducción:
Diana Toncic-Sorinj
Patricia Sánchez
Editorial
Ayudar a los niños
El movimiento interrumpido
Todos los hijos son buenos – sus padres también
El campo espiritual
Ejemplos:
"Me quedo contigo"
"He querido mucho a tu padre"
Los dos padres
Hombre y Mujer
Crecer gracias al contacto con el otro
Aprender el amor con los padres
Tomar con amor
Tomar más allá del bien y del mal
Meditación: preparación para la vida de pareja
La fuerza creadora y la fuerza divina
Abrirse a la relación de pareja
Ejemplo: amar con la fuerza de la madre
Las familias están en resonancia
Ejemplo: la fuerza en una separación
Respuestas a cartas
de los lectores
Respecto a las crisis en la relación de
la pareja
Las
bases
Lo que en las familias lleva a la
enfermedad
Meditación
Inclinar la cabeza
Frases para pensar
La sabiduría del
caminante
¿Amas a Dios?
El
milagro
Relato
El
retorno
La ayuda frente a
las dificultades de la vida
Ejemplo: el miedo
a volverse loco
El telón de fondo
Caminar con el alma, caminar con el espíritu
La
benevolencia que cura
Editorial
Estimados lectores:
Esta revista aparece en un momento en el que gran parte
de las expectativas, originalmente cristianas, parecen
estar relegadas a un segundo plano para la mayoría de
las personas. ¿Deberíamos lamentarlo? ¿O es que, a fin
de cuentas, esto refleja también un movimiento divino
sin que seamos capaces, de alguna manera, de saber lo
que puede significar a nivel profundo?
Hoy día, ayudar a alguien a afrontar las dificultades de
la vida significa afrontar también estas cuestiones con
el presentimiento de que algo imperceptible (misterioso)
que actúa detrás de todo y hacia lo que nuestra vida
parece orientarse, forma parte de nuestra vida.
Esta revista toca estos contenidos en un extenso
artículo: "Pensamientos sobre Dios, sus raíces y sus
efectos". Pero, implícitamente, se plantean las
mismas cuestiones en los relatos concretos que tratan
sobre la manera de llevar a cabo la propia vida y las
relaciones que en ella mantenemos...
¿Cómo?
Podemos sentirlo cuando nos imaginamos a un hombre y a
una mujer, de pie, a cierta distancia, uno frente al
otro. Se miran y abren los brazos. Después, se acercan
despacio y se abrazan con ternura.
¿Cuánto tiempo soportarán seguir abrazados? Al cabo de
algunos momentos, se separarán y se distanciarán un poco
uno del otro.
Y, de nuevo, abren los brazos. Pero esta vez, su mirada
va más allá de su compañero, hacia sus padres, y detrás
de ellos hacia sus ancestros y hacia su destino. Miran
incluso más allá de éste, hacia toda la humanidad, hacia
todos aquellos con los que están vinculados. Y miran
hacia lo Último, hacia aquello a través de lo cual nos
llega la vida y a cuyo servicio ESTÁ también la nuestra.
Ahora van a enlazarse y a abrazarse de nuevo. Se acercan
uno al otro y esta vez su abrazo abarca todo en un mismo
amor.
Así es como podemos festejar estos días. Asintiendo a
todo lo que tienen que ofrecernos, proceda de donde
proceda. Gracias a todos los que nos ayudan a enriquecer
y a celebrar este intercambio: Dar y Recibir.
Nuestros mejores deseos, de mi mujer Maria Sophie y yo,
así como de todos nuestros colaboradores
Bert Hellinger
Ayudar a los niños
El movimiento interrumpido
Un trauma infantil muy frecuente es el movimiento
interrumpido precozmente hacia la madre o hacia el
padre, la mayoría de las veces hacia la madre. Cuando el
niño, no puede alcanzar el objetivo hacia el que tiende
su amor, se pone triste, se enfada y a veces se
desespera. Este enfado, esta desesperación, esta
tristeza no son más que la otra cara del amor, un amor
que no llega a cumplir su propósito.
Cuando, en la vida adulta, estos niños intentan ir hacia
otra persona, su cuerpo recuerda esta interrupción y el
movimiento hacia el otro se interrumpe de nuevo. No
pueden caminar con su amor y a menudo vuelven sobre sus
pasos. Cada vez que llegan al estado en el que notan de
nuevo las sensaciones dolorosas de su infancia, se
detienen. En lugar de ir hacia el otro, se dan la vuelta
y se desvían iniciando un movimiento circular,
alejándose de él y acercándose aún más al estadio de la
interrupción de antaño.
Este mismo esquema se repetirá en la siguiente relación
con otra persona, comenzando de nuevo un movimiento
interrumpido en el mismo estadio. A este movimiento
circular que nunca llega a su objetivo, se le llama
neurosis. Es como un círculo vicioso que se acerca cada
vez más al mismo escenario de la infancia, al momento en
el que el movimiento hacia uno de los padres fue
interrumpido.
¿Cómo llevar a término un
movimiento interrumpido?
A través de los padres
La madre es la más apta para llevar a término un
movimiento de amor interrumpido precozmente porque, por
regla general, ese movimiento interrumpido del niño se
dirige hacia ella. Cuando el niño es todavía pequeño, es
fácil para la madre: coge al niño en sus brazos, lo
estrecha con amor y lo mantiene el tiempo necesario para
que el amor que, a causa de la interrupción, se ha
transformado en enfado y en tristeza, pueda dirigirse de
nuevo abiertamente hacia ella con toda su fuerza y para
que el niño pueda calmarse en sus brazos.
La madre puede ayudar también retrospectivamente a su
hijo ya adulto para llevar a término el movimiento
interrumpido y anular las consecuencias de dicha
interrupción, estrechándolo en sus brazos. Pero para que
esto suceda, el acto debe situarse en la época en la que
tuvo lugar la interrupción. El movimiento interrumpido
debe retomarse en este estadio e ir hacia su objetivo.
Porque es el niño de antaño el que busca la proximidad
con la madre de antes, y todavía ahora sigue buscando a
esa madre. Por lo tanto, mientras la madre abraza a su
hijo ya adulto, el niño debe sentirse como el de antes,
y la madre como la de antes. Queda una cuestión: ¿cómo
hacer para que estos dos seres, separados desde hace
tanto tiempo se unan de nuevo?
Veamos un ejemplo: una madre se preocupaba por su hija
ya adulta. Pero la hija evitaba el contacto con su madre
y no iba más que raras veces a su casa. Le dije a la
madre que tenía que sostener a su hija una vez más entre
sus brazos como una madre lo hace con su hijo cuando
está triste pero que era importante que no fuera ella la
que emprendiera algo sino que simplemente dejara actuar
esta imagen en su alma, hasta que el contacto se
realizara por sí mismo.
Más tarde, me contó que su hija había ido a su casa. Sin
decir nada se había acurrucado contra su madre que la
abrazó durante mucho tiempo. Después, la hija se levantó
y se fue. Ni ella ni su madre pronunciaron una sola
palabra.
A través de representantes para
los padres
Cuando la madre o el padre no están disponibles, pueden
representarlos otras personas. Para un niño todavía
pequeño pueden ser parientes cercanos o un profesor;
para un niño que ya es adulto, puede hacerlo un
terapeuta con experiencia. Pero hay que esperar el
momento adecuado. El terapeuta o la persona que va a
ayudar se conecta interiormente con la madre o el padre.
Después procede representándolos, como si ellos se lo
hubieran pedido. Así puede amar al niño y guiar el amor
de éste – que aparentemente se dirige hacia él – hacia
sus padres. Y en el momento en que el niño entra en
contacto con sus padres con amor, el terapeuta se
retira. Así, a pesar de ese contacto íntimo, se
distancia y se libera interiormente.
La reverencia
A veces el niño, ya adulto, interrumpe su movimiento
hacia los padres porque los desprecia o les hace
reproches, porque tiene la impresión de ser mejor o de
quererlo ser o porque espera de ellos más de lo que
pueden darle. En estos casos, el movimiento debe ir
precedido de una reverencia. Esta reverencia
corresponde, en primer lugar, a una evolución interior.
Pero da más fuerza si es visible y audible. Esto se
puede hacer en un grupo comprensivo en el que "el niño"
sitúa a su familia de origen, se inclina ante los
representantes de sus padres hasta llegar al suelo con
las palmas de las manos hacia arriba y se queda en esta
posición hasta el momento en que es capaz de decir a uno
de ellos o a los dos: "Os honro". A veces añade: "lo
siento", "no lo sabía", "os he echado mucho de menos" o
simplemente: "por favor".
Sólo en ese momento, la persona puede levantarse,
acercarse a sus padres con amor, abrazarlos con ternura
y decirles: "querida mamá", "querido papá" o simplemente
"mamá", "papá" o llamarlos por el nombre que utilizaba
cuando era niño.
Es importante que los representantes de los padres no
hablen durante todo el proceso y, sobre todo, que no
vayan hacia el hijo sino que acepten la reverencia en
lugar de los padres, hasta que se haya expresado
suficientemente el respeto y haya desaparecido aquello
que los separaba. Únicamente pueden abrazar al "niño"
cuando éste haya acabado su proceso.
Si, en una constelación familiar, no se puede pedir a la
persona interesada que realice la reverencia y siga el
movimiento, puede hacerlo el representante en su lugar,
diciendo y haciendo lo apropiado en ese momento. A veces
incluso, esto es más eficaz que si interviniera la
persona interesada.
El movimiento más allá de los
padres
El movimiento hacia los padres y la reverencia dan sus
frutos si van más allá de estos. Entonces, nos sentimos
en profunda armonía con nuestros orígenes y podemos
asentir a todas las consecuencias que resultan de ello.
De este modo, la reverencia se convierte en un símbolo
para realizar nuestro destino.
El que ha "conseguido expresar" así su reverencia y
llevar totalmente a término su movimiento, puede,
incluso como niño, quedarse de pie con toda dignidad
junto a sus padres, al mismo nivel - ni por debajo, ni
por encima.
Todos los hijos son buenos – sus
padres también
Sé que puedo crear consternación cuando digo: "Todos los
hijos son buenos – sus padres también". ¿Cómo es
posible? Afirmaciones de este estilo, van muy lejos,
porque, en el fondo, aseguran que nosotros también somos
buenos, que lo éramos de niños y que seguimos siéndolo.
Dicen que también nuestros padres son buenos puesto que
también han sido niños: han sido buenos como hijos y son
buenos como padres.
Me gustaría explicar algo en relación con esta frase,
algo que va más lejos de palabrerías superficiales.
Cuando decimos: "pero este niño ha hecho tal o cual cosa
que no estaba bien, y los padres han hecho tal o cual
cosa reprensible".
De acuerdo, lo han hecho pero, ¿por
qué razón? Por amor.
Por supuesto, la conclusión es que todos somos buenos
tal como somos y que esto es así precisamente porque
somos como somos. Por esto, no necesitamos preocuparnos
por nosotros mismos, por nuestros hijos o por nuestros
padres, poco importa que sean o no buenos. Pero, a
veces, no tenemos una visión clara y no llegamos a
percibir que somos buenos, que los niños son buenos y
que sus padres también lo son. Me gustaría explicar
esto, englobándolo en una perspectiva más amplia.
El campo espiritual
Las constelaciones familiares han puesto de manifiesto
que formamos parte de un sistema más amplio, de un
sistema familiar. A este campo pertenecen nuestros
padres, hermanos y hermanas y también los abuelos,
bisabuelos y todos nuestros ancestros. También forman
parte de este sistema las personas que, de alguna
manera, tuvieron o tienen importancia para este sistema,
por ejemplo los antiguos novios y novias de nuestros
padres o de nuestros abuelos. Dentro de este sistema,
todos son guiados por una fuerza común y esta fuerza
obedece a determinadas leyes.
El sistema familiar constituye un campo espiritual.
Todos los que forman parte de este campo espiritual,
están conectados unos con otros – esto es lo que revelan
las constelaciones familiares. A veces, este campo está
en desorden. Este desorden nace del hecho de que alguien
perteneciente al campo ha sido excluido, rechazado u
olvidado. Estas personas excluidas y olvidadas están
conectadas con nosotros y se manifiestan en el presente.
Porque, en este campo, existe una ley fundamental:
Todos los que forman parte del sistema tienen el mismo
derecho a la pertenencia. Nadie puede estar
excluido. No se puede perder a nadie en este campo
porque esto tendrá siempre un efecto sobre él. Si una
persona ha sido excluida, cualquiera que sea la razón,
otro miembro del sistema, un niño por ejemplo – a través
de este fenómeno de resonancia – estará destinado a
representar a la persona excluida y se comportará quizá
de manera extraña: se drogará o se pondrá enfermo, será
un criminal o se sentirá agresivo. Podrá incluso
convertirse en un asesino o ser un esquizofrénico, etc.
Pero, ¿cuál es la razón? Esta persona mira con amor y de
manera inconsciente hacia alguien excluido y, con su
comportamiento, nos obliga a mirar también con amor
hacia este excluido, hacia este rechazado. Lo que
consideramos malo en su comportamiento, no es más que
amor por alguien que ha sido excluido del campo.
Por lo tanto, en lugar de preocuparnos por este niño e
intentar cambiarlo – lo cual no ayudaría nada de todas
maneras como ya sabéis, puesto que aquí actúan fuerzas
más grandes - miramos este campo espiritual junto con el
niño, hasta que llegamos, guiados por éste, a percibir a
la persona excluida que espera nuestra mirada. Entonces,
la tomamos de nuevo en nuestra alma, en nuestro corazón,
en nuestra familia, en nuestro grupo y quizá también en
nuestro país.
Esto muestra que todos los niños son buenos si les
dejamos serlo. Es decir que, en lugar de mirar a los
niños, debemos mirar en la dirección en la que ellos
miran con amor.
Las constelaciones familiares nos enseñan que en lugar
de preocuparnos por los hijos o por otras personas
pensando: "¿cómo pueden actuar así?", debemos mirar con
ellos a la persona excluida e integrarla. A partir del
momento en que esta persona está de nuevo integrada en
el alma de los padres, de la familia y del grupo, el
niño podrá respirar y liberarse de la intrincación con
ella.
Sabiendo esto, podemos esperar hasta que percibamos
donde quiere llevarnos el comportamiento del niño para
con sus padres u otros miembros de la familia. Si le
acompañamos hacia esta persona y la integramos, el niño
se liberará.
¿Quién más se libera? Los padres y demás miembros de la
familia. De pronto, nos volvemos diferentes o más ricos
puesto que hemos dado un lugar a alguien que estaba
excluido. A partir de ese momento, todos pueden
comportarse de una manera diferente. Pueden ser más
afectuosos y comprensivos, superando ese concepto barato
del bien o del mal que nos hace creer que nosotros somos
mejores y los demás peores, ya que los que nos parecen
peores no son más que personas que aman de una manera
diferente. Si miramos hacia donde un niño mira con amor,
ya no podemos hacer esa distinción entre el bien y el
mal.
Otra conclusión consiste, por supuesto, en decir que
nuestros padres también son buenos y que, detrás de todo
lo que podamos reprocharles, sólo hay amor. Pero este
amor no va en nuestra dirección sino hacia otra parte,
hacia donde ellos han mirado cuando eran niños, hacia
alguien que han querido integrar en su familia. Si
comenzamos a dar un lugar a todos estos excluidos,
miramos con nuestros padres hacia donde ellos miran.
Entonces empezamos a ser libres y nuestros padres
también. De repente, nos vemos en una situación
completamente diferente y entendemos lo que quiere decir
el auténtico amor.
Ejemplos de supervisión
"Me quedo contigo"
Profesor: "Se trata de un chico de 12 años que no
acepta ninguna influencia de sus padres ni de sus
profesores. Su comportamiento es caótico y agresivo. Su
padre está muy enfermo."
Hellinger: "¿Cuál es su enfermedad?"
Profesor: "Tiene úlceras en las piernas y la tensión
arterial demasiado alta."
Hellinger (al grupo): "Imaginemos la situación que
acaba de describirnos: ¿hacia quién va la mirada del
chico?, ¿hacia quién se dirige su amor?"
Profesor: "Hacia el padre."
Hellinger: "Está muy claro." Después de pensar un
momento: "Si entramos en la situación: ¿qué frase
dice este muchacho en su interior? Le dice a su padre:
"Papá, me quedo contigo".
Y el padre, ¿qué le dice?: "Me alegro" "Me siento
feliz".
Y tú, su profesor, ¿qué le dices? "Veo tu amor y me
alegro".
Así, das un lugar en tu corazón al padre de este chico,
se ve enseguida. Si lo llevas en tu corazón, sabrás
donde estará seguro este chico. ¿OK?
Profesor: "Sí"
Hellinger: "Bien"
"He querido mucho a tu padre"
Hellinger: "¿Alguien más quiere trabajar conmigo?"
Una profesora llama a una chica de unos 16 años que va a
sentarse junto a Hellinger. La chica esboza una pequeña
sonrisa, mira un poco a Hellinger y después mira hacia
abajo.
Hellinger al grupo: "Si la miráis bien: ¿qué
edad tiene, en su alma y en sus sentimientos? Tres años.
Tuvo que pasar algo cuando tenía tres años"
A la chica: "¿Qué pasó?"
La chica niega con la
cabeza y mira hacia su madre que está en el grupo.
Hellinger llama a la madre y le dice que se siente a su
lado.
Hellinger a la madre: "¿Qué pasó cuando tu
hija tenía tres años?"
Madre: "Cuando tenía tres años, nos trasladamos a la
casa de mi actual marido"
La chica comienza a llorar y a sollozar.
Hellinger: "¿Qué pasó con su padre?"
Madre: "Nos dejó. Se fue con otra mujer."
Hellinger:
"Echa de menos a su padre, se ve enseguida"
Hellinger mira a la chica que niega firmemente con la
cabeza.
Hellinger al grupo: "Niega con su cabeza.
¿Sabéis por qué? Tiene miedo de confesarlo delante de su
madre"
Hellinger mira a la madre.
Hellinger a la madre: "Dile: He querido mucho
a tu padre"
Madre: "He querido mucho a tu padre"
Hellinger: "Dilo con amor. Cuando la mujer se
apresura para decirlo: ¡Despacio! Recuerda realmente
cómo le has querido. Después, díselo a tu hija, deja que
hable tu alma"
La mujer respira profundamente.
Hellinger: "Mírala"
Madre: "He querido mucho a tu padre"
Está muy conmovida. La hija llora.
Hellinger dice a la madre que se siente al lado de su
hija y la abrace. La madre rodea a su hija con sus
brazos, la besa y la acaricia. Después, las dos se cogen
de la mano.
Hellinger
al grupo: "Esto es lo único que yo
tenía que hacer"
A la madre: "Os deseo lo mejor"
Los dos padres
Hellinger: "Me gustaría decir algo más respecto a
esto. Cada niño tiene dos padres. Y siempre necesita a
los dos. Un niño debe tener derecho a querer a sus dos
padres. Él o ella no comprende porqué se separan sus
padres. Quiere a los dos de la misma manera. Pero a
veces, cuando los padres se separan y el niño o la niña
se quedan con la madre, dependen totalmente de ella y
tienen miedo de mostrar que quieren a su padre tanto
como a su madre. Tienen miedo de que la madre sienta
resentimiento hacia ellos y que después de haber perdido
a su padre, la pierdan también a ella. Sin embargo,
continuarán queriendo a su padre en secreto. Y cuando
oyen decir a la madre que ha querido mucho a su padre,
pueden mostrarle que también ellos le quieren. De esta
manera, los niños se sienten aliviados".
En este caso, la madre lo ha comprendido muy bien.
Ahora, la hija puede decir abiertamente que quiere a su
padre. También sabe que tiene derecho a reunirse con él.
Se sentirá bien con él. Ahora, la hija se alegra.
A la chica: Atrévete a mostrarlo. Tu madre se
alegra también.
La madre y la hija se miran riéndose. La madre abraza a
su hija y la besa.
P
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otra revistaQ
Hombre y mujer
La pareja: crecer gracias al
contacto con el otro
¿De qué manera puede evolucionar una pareja, uno a
través del otro?
Quizá algunos piensen que, una vez
establecida la relación de pareja, los componentes de
ésta pueden acomodarse tranquilamente y descansar. Pero
la relación de pareja forma parte de la realización de
la vida, siendo incluso una parte esencial porque la
auténtica vida comienza con la relación de pareja.
Representa un punto culminante. Después, todo será
diferente: más grande, más rico, más completo.
Aprender el amor con los padres
La infancia viene antes que la relación de pareja. La
relación de pareja se enseña a edad muy temprana. De
niños, ya empezamos a percibir cual es el amor que
necesitamos para la relación de pareja. Lo aprendemos
sobre todo con nuestra madre. Sólo si la relación con la
madre es completa, es decir, sólo si tomamos de todo
corazón lo que viene de nuestra madre, estaremos
preparados para la relación de pareja. Respecto a
nuestro padre es comparable. Aquellas personas que no
han tomado a sus padres no son realmente capaces de
acoger a su cónyuge. Una gran parte de los problemas que
se dan en la pareja viene del hecho de que alguno de los
dos cónyuges no está en paz con sus padres y no asume
esa actitud profunda que consiste en respetar y tomar
con gratitud lo que viene de ellos...
En el fondo, toda nuestra juventud se basa en acoger, en
tomar con amor: tomar y tomar y tomar y tomar... Algunas
personas no quieren tomar por diversas razones: piensan
por ejemplo que lo que los padres nos dan es tan grande,
tan rico, que nunca llegaríamos a equilibrarlo, que
nunca podríamos agradecérselo lo suficiente para igualar
todo los que nos ha sido dado.
Tomar con amor
La necesidad de un equilibrio entre dar y tomar está
anclada en lo más profundo de nuestro ser. Por eso
algunos niños se niegan a tomar, por miedo a ser
incapaces de dar en igual medida; prefieren no tomar
nada y justifican este rechazo con reproches y
acusaciones contra sus padres. Toman muy poco y como
toman muy poco, poseen poco también y, por lo general,
esto no es suficiente para establecer una relación de
pareja. La relación de pareja comienza por acoger los
que viene de nuestros padres.
Existe un frecuente malentendido respecto al equilibrio
entre dar y tomar. Frente a nuestros padres, nunca
podremos equilibrar, pero existe otra manera de hacerlo:
transmitiendo lo que hemos recibido a un cónyuge por
ejemplo y, sobre todo, a nuestros propios hijos.
Conociendo esto, no necesitamos preocuparnos por el
equilibrio entre tomar y dar. Por lo tanto, tomamos cada
vez más sabiendo que algún día nos sentiremos sobrados y
nuestro cónyuge y nuestros hijos se enriquecerán con
ello.
Esta es la condición requerida para disfrutar de una
buena relación de pareja y, este amor que hará que cada
uno de los componentes de una pareja evolucione en
contacto con el otro, comienza ya en nuestra infancia.
Tomar más allá del bien y del mal
Hay un obstáculo más cuando se trata de tomar (de los
padres) para preparar la relación de pareja: la
distinción entre el bien y el mal o la distinción entre
lo que es bueno y lo que es nocivo. Muchas veces
pensamos que los problemas que tenemos provienen de
nuestros padres, idea compartida y fomentada por algunas
corrientes de la opinión pública y por ciertas escuelas
psicoterapéuticas: si nuestros padres hubieran sido
mejores, nos iría mejor. Esto es algo absurdo porque
sabemos que el ser humano necesita superar obstáculos
para evolucionar.
Otra idea muy extendida según algunos es que para poder
evolucionar tenemos que recibir, recibir y recibir más,
sin que estemos obligados a hacer nada por nosotros
mismos. Pero la realidad es que crecemos cuando hacemos
frente a las resistencias y son los errores, los fallos
de nuestros padres y/o el peso que quizá hemos debido
llevar durante nuestra infancia, lo que nos ayuda a
evolucionar. Lo que hemos sufrido no nos perjudica, muy
al contrario, representa una oportunidad de avanzar y
desarrollar nuestra fuerza para poder vivir nuestra
vida.
A veces, intento imaginarme como sería un niño que
hubiera tenido padres perfectos, si es que eso fuera
posible. ¿Sabría vivir?, ¿conocería algo de la auténtica
vida?, ¿tendría la madurez suficiente para llevar a cabo
una vida de pareja?
Meditación: preparación para la
vida de pareja
Cerrad los ojos. Ahora vamos a visualizar a nuestros
padres, a nuestra madre y a nuestro padre, tal como son.
Detrás de ellos, a sus padres, porque nuestros padres
también fueron niños un día. Detrás de los padres de
estos últimos, más padres, y los padres de esos padres:
un sinfín de generaciones. La vida que fluye a través de
todas esas generaciones proviene de una Fuente (de un
Origen) que no conocemos. La vida es lo más poderoso, lo
más grande, lo más espiritual, lo más divino que existe.
La experiencia de Dios no puede ser sino la experiencia
de la vida. Y toda experiencia de vida, a fin de
cuentas, es experiencia de Dios.
Esta vida fluye a través de todas esas generaciones,
divina y pura. Nadie ha podido añadir nada, nadie ha
podido quitar nada. Acogiéndola, tomando esta vida y
transmitiéndola, todas esas personas han sido perfectas.
Han estado en perfecta armonía con un movimiento divino.
Así, la vida ha pasado a través de todas esas
generaciones, hasta nuestros padres. Estos, se han amado
como lo hacen un hombre y una mujer. Y nosotros hemos
nacido de su amor de hombre y mujer. Nuestra vida es el
fruto de su amor.
Ahora los miramos, abrimos nuestro corazón y tomamos de
ellos – tal como son – nuestra vida. La tomamos como lo
más grande que existe, como algo sagrado, divino. Los
miramos y, tomando nuestra vida de ellos, les decimos
"gracias". Pero no sólo les decimos gracias a ellos,
nuestra gratitud va también hacia todas esas
generaciones anteriores y hacia el Origen de la vida. En
ese momento cogemos realmente nuestra vida.
Durante muchos años, hemos necesitado que nuestros
padres nos cuiden y nos mantengan y ellos nos han
ofrecido el regalo de cuidarnos, mantenernos y
apoyarnos. Nos han alimentado, protegido y educado; han
pensado continuamente en nosotros y se han preguntado:
"¿Qué necesita nuestro hijo?" Y así hemos crecido,
gracias a su amor y a sus cuidados.
La fuerza creadora y la fuerza
divina
"Pero nuestros padres sólo son seres humanos como
nosotros, con sus propios fallos. Digo "sus fallos"
porque todo lo que evoluciona lo hace no sólo con
cuidados, sino a través de fallos y obstáculos. Porque
lo Divino que actúa en la vida, es falible en ese
sentido. El concepto de que lo Divino es perfecto es
insostenible porque toda fuerza creadora sólo lo es
porque algo ha sido antes imperfecto. La creación no es
posible más que cuando las cosas son imperfectas, cuando
están incompletas, cuando tienen fallos y errores. De
igual modo, la fuerza creadora que nos llega a través de
nuestros padres se hace posible a través de fallos y
dificultades, a través de la imperfección y la
culpabilidad. Y así, miramos todo ello como necesario
para nuestra vida y nuestra evolución y tomamos todo en
nosotros asintiendo a ello: "Sí, eso forma parte de mí y
me hace crecer. Es una parte de mí y puede seguir
siéndolo".
Entonces, sentimos que algo pasa en nuestra alma:
sentimos como nos abrimos interiormente y como nos
hacemos fuertes.
Abrirse a la relación de pareja
Algunos se imaginan como debería ser idealmente su
cónyuge. Pero es imposible evolucionar con un cónyuge
ideal. ¿Quién sería ese compañero ideal? Alguien a quien
podríamos decir: "Tu eres mi madre y yo soy tu hijo".
¿Dónde nos llevaría tal relación de pareja?
Cada uno de los miembros de una pareja, hombre y mujer,
ha crecido en una familia concreta con dificultades
concretas y, cada uno de ellos, ha evolucionado a través
de todo ello de una manera concreta. Después, estos dos
seres diferentes entre sí, se conocen y cada uno de
ellos representa un desafío para el otro. Si tomamos al
otro tal como es, exactamente tal como es, evolucionamos
con este contacto. Crecemos con este contacto a
condición de que el otro sea diferente. Es
imprescindible.
Así, podemos mirar de otra manera las dificultades que
encontramos en la relación de pareja y apreciarlas; y
podemos hacer que esa relación sea cada vez más plena y
feliz.
Ejemplo: amar con la fuerza de la madre
Hombre: "Mi mujer y yo hemos llegado a una etapa de
nuestra vida de pareja en la que pensamos que podría
haber otras cosas. Sentimos barreras entre nosotros. Hay
ciertos conflictos y sabemos muy bien de donde vienen.
Respecto a mí, mi comportamiento hacia mi mujer me
recuerda a menudo cómo me comportaba hacia mi madre.
Pero la mayoría de las veces, me doy cuenta cuando ya es
demasiado tarde. Hablo sólo por mi, pero siento como
esos mecanismos interfieren en nuestra relación".
Hellinger: "Hay una regla muy sencilla para tratar
ese tipo de situación. ¿Quieres que te la diga? Ama a tu
mujer junto con tu madre y te imaginas como podría ser:
la amas con la fuerza de tu madre.
Al grupo: a veces, cuando un cónyuge reprocha al
otro: "Eres como tu madre" yo digo: "Gracias a Dios".
Porque, ¿qué podría ser mejor?
Al hombre: lo que acabo de decir va a corregir un
poco tu imagen interna. Ahora, tu madre te mira con
ternura. Ella ha amado.
Las familias están en resonancia
El amor no se limita al individuo. No es el hombre como
individuo el que dice a su mujer: "Te quiero". Es
demasiado pequeño para eso. Lo mismo pasa con la mujer
por supuesto. Detrás del individuo están los padres y
todos los ancestros con sus destinos y todos ellos están
presentes en esta frase de una manera muy poderosa. Si
ahora el hombre le dice a la mujer "te quiero", algo que
viene de muy lejos resuena en esta frase, una sinfonía
gigantesca con un poderoso movimiento. En ese momento,
la pareja ya no se centra únicamente en si misma, sino
en sintonía con sus familias. Ésta es una imagen muy
hermosa.
Ejemplo: la fuerza en una separación
Hombre: Mi mujer me ha dicho que quiere separarse de
mí.
Hellinger: Si realmente lo hace, ¿evolucionarás con
esta experiencia o te destruirás?
Hombre: Temo que me destruya. Porque todavía quiero
a mi mujer.
Hellinger: Sí, eso parece. Al grupo: ¿Quién
puede hundirse cuando hay una separación? – Un niño.
Al hombre: Acabo de mostrarte un camino: el niño (en
ti) debe separarse primero. El niño puede separarse de
alguien – y esto es válido para cualquier forma de
separación – cuando haya tomado todo, acogido todo lo
que el otro ha querido darle. Así, por ejemplo, puedes
separarte de tu madre si tomas todo lo que viene de
ella, tal como es. Lo mismo sucede si te separas de tu
padre.
Al grupo: Aquí vemos lo importante que es "tomar
completamente" durante la infancia para, más tarde,
poder llevar a cabo su relación de pareja.
Al hombre: Este es el primer paso que hay que
hacer. El segundo, consiste en tomar de tu mujer todo lo
que ella ha querido darte y honrarlo. Y verás como
creces a través de esta experiencia y te vuelves más
fuerte. Poco importa lo que pase después: tendrás la
fuerza para hacer frente a ello, sea lo que sea.
P
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otra revistaQ
Respuestas a cartas de
los lectores
Respecto a las
crisis en la relación de pareja
La sinceridad
"La mayoría de las veces, la presunta sinceridad se
utiliza como un arma y, por lo tanto, no vale gran cosa.
Aparentemente, tú no soportas demasiada intimidad con tu
mujer. Ella debería pues permitirte algunas reservas
cada vez que le expreses tu afecto. Esto será como una
concesión por su parte y podrá pedirte un pequeño
regalo".
La simplicidad
"Tu marido y tú discutís y dais argumentos para perder o
ganar. Tener o no razón no tiene mayor importancia.
Ríndete a la evidencia: seguir juntos o separarse no es
bueno ni malo, no es ni un logro ni un fracaso. Quizá la
solución para vosotros se encuentre en algo totalmente
modesto, habitual y sencillo".
PS. No des demasiada importancia a tu valor".
Proyectos secretos
"Algunos no acaban de comprender que incluso lo que
piensan y elaboran en secreto, ejerce influencia en un
sistema, sobre todo si está en contradicción con lo que
dicen y hacen".
Mientras tanto…
"Tu cónyuge te muestra claramente que no se decidirá por
ti y harías bien tomándotelo en serio. Pero puedes
aprovechar plenamente vuestra relación el tiempo que
dure".
Relaciones extraconyugales con el
pensamiento
"Mi impresión es que estás retirándote de tu relación de
pareja. Una parte de tus contactos espirituales con el
exterior poseen las características de una relación
extraconyugal, incluso si es de una forma más o menos
oculta.
Hay tres soluciones posibles:
O sigues siendo fiel a tu marido, con todas las
consecuencias, sobre todo la de dar (de ti misma)…
… o te separas de él, también con todas las
consecuencias, entre otras la de financiar tú misma tus
necesidades…
… o bien estás de acuerdo con la situación actual
reconociendo que, en cierta forma, explotas a tu marido
y renunciando a los reproches que te gustaría hacerle.
Esta última solución me parece la más adaptada.
Tienes derecho a rechazar lo que acabo de escribirte:
sólo es válido si corresponde a lo que percibes de ti
misma en tu interior o si ello te ayuda a mirar la
realidad más de cerca.
Un saber que va más lejos de lo necesario para poder
actuar, paraliza la acción".
Quedarse centrado sin actuar
Se puede confiar en que muchas cosas van a evolucionar
si se deja de actuar: si, por ejemplo, dentro de ti,
dejas libre a tu marido y también a tu hijo. Si te
quedas centrada sin actuar directamente, quizá nazca una
fuerza positiva en ellos".
La seriedad
"Tu marido te dice que ya no te quiere. Tómalo en serio
e inicia el proceso de divorcio. Él debe encontrar un
sitio para vivir y trasladarse. Sólo si no quiere
hacerlo, puedes tomar tú la iniciativa".
P
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Las bases
Lo que en las familias
lleva a la enfermedad
"No hay lugar para ti"
La historia:
Emma: "Tres años antes de que naciera, mis padres
tuvieron un hijo completamente minusválido. Tenía diez
malformaciones. Mi madre lo vio inmediatamente después
del parto. Al día siguiente, los ojos del niño se
licuaron. Después, pasó nueve meses en un hospital infantil.
Cuando hace cuatro años un médico me dijo que tenía un
linfoma, le pregunté: "Qué es eso?, ¿es un cáncer?" Al
contestarme que sí, lo primero que pensé fue: "No quiero
que me entierren al lado de mi marido". Fue lo único que
pensé.
Tres meses después – sin pelo ya en la cabeza – vino a
visitarme mi madre. Pasó la noche en mi casa y se acostó
a mi lado en el sofá. Entonces le conté lo que había
pasado cuando me habían dicho que tenía cáncer: que
había pensado que no quería de ninguna manera que me
enterraran al lado de mi marido. Mi madre me preguntó:
"¿Entonces, dónde quieres que te entierren?"
Lo que quiero decir es que no me daba ningún miedo el
cáncer ni tampoco el hecho de morir. Lo que realmente me
preocupaba era: "¿Dónde quiero que me entierren?" Aquí
no tengo a nadie y no me vino nadie a la cabeza en ese
momento.
Una amiga, cuya madre acababa de morir, tenía que
prolongar el arrendamiento de la tumba pero no tenía
suficiente dinero. Yo quería hablar con ella y decirle:
"Por favor, acepta mi dinero para que cuando muera sepa
dónde enterrarme". Se lo conté a mi madre cuando me
preguntó dónde quería que me enterraran y le dije:
"Quizá me gustaría que me enterraran en la tumba
familiar, en nuestro pueblo, porque allí los campesinos
van por la noche al cementerio con sus regaderas y
entonces dirán: "Mira, la tumba de Emma. Vamos a
regarla".
Yo creo que buscaba un poco de humanidad y ayer (el
primer día del seminario) sentí que quizá no la había
encontrado todavía. Esta hermana disminuida y muerta
nunca ha contado en la familia y yo no puedo decir ahora
que quiero morir sin alguien a mi lado. No puedo".
Hellinger: "Tú quieres que te entierren al lado de
tu hermana muerta".
Emma: "Cuando le dije a mi madre que quería que me
enterraran con mis padres, me dijo: "Pero no hay sitio
para ti (para tu nombre) en la cruz". Hay una historia
sobre eso: hace diez años, mi padre pidió a un herrero
artesano una enorme…"
Hellinger: "Esto desvía la atención".
Emma: "Pero mi madre dijo que no había sitio para mí
en la cruz".
Hellinger: "¿Quién no tiene sitio realmente para
poner su nombre en la cruz?"
Emma: "Yo".
Hellinger: "No, no hay sitio para tu hermana".
El cáncer
Además de los orígenes médicos del cáncer, están los
orígenes psíquicos y los directamente relacionados con
la historia familiar. A veces, la persona aquejada de
cáncer, representa a un miembro de la familia que ha
sido excluido. A través de la enfermedad, de manera
inconsciente, la persona afectada desea seguir a este
excluido o quiere expiar la injusticia que ha sufrido
esta persona excluida.
En el caso de Emma, un breve ejercicio reveló el origen
de su cáncer y el vínculo profundo que unía a Emma y a
su hermana muerta.
Hellinger: "¿Cómo se llamaba tu hermana muerta?"
Emma: "Irmingard."
Hellinger: "Dile "Querida Irmingard".
Emma: "Querida Irmingard".
Hellinger: "Ahora, mírala, solamente…" Tras un
momento: "Dile "Yo vengo también".
Emma: "Yo vengo también".
Hellinger: después de un momento: "Lo dejo
así".
Al día siguiente:
Emma: A los cinco años, tuve un grave accidente en
la carretera. Estaba inconsciente y me madre me cogió en
sus brazos. Al volver en mi, le pregunté: "Mamá,
¿debo morir?". Más tarde, hasta mis 18 años, tuve
uno o varios accidentes graves por año y a los 18
estrellé mi coche en el mismo lugar en el que había
tenido el primer accidente. El coche volcó y las únicas
palabras que me venían a la cabeza eran: "Dios mío,
perdóname todo lo que he hecho".
Hellinger: Es tu hermana muerta la que puede
salvarte. Mírala y di: "Mi querida hermana".
Emma: Mi querida hermana.
Hellinger: "Estoy a tu lado".
Emma: Estoy a tu lado.
Hellinger: "Y me tumbo a tu lado".
Emma: Y me tumbo a tu lado.
Hellinger pasa los brazos sobre sus hombros. Emma apoya
su cabeza en el hombro de Hellinger y solloza durante un
buen rato.
Hellinger: tras un cierto tiempo: Dile a tu
hermana muerta: "Me quedo un poco más".
Emma: Me quedo un poco más.
Hellinger: "Después también vendré".
Emma: Después también vendré.
Hellinger: Bien.
Al grupo: en este trabajo se trata siempre de lo
mismo: hay que buscar dónde se encuentra el amor de la
persona. Cuando encontramos este amor, tenemos la clave
para curarla.
P
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Meditación
Inclinar la cabeza
En las constelaciones familiares, el hecho de inclinar
la cabeza ante algo o ante alguien juega un papel
importante porque cambia algo en el alma.
Podemos sentirlo en nosotros mismos, por ejemplo, si nos
imaginamos bajando ligeramente la cabeza. ¿Qué
movimiento nace entonces en el alma? Surge algo desde lo
más profundo, sube hasta la cabeza y de ahí fluye hacia
la otra persona. Es un movimiento de respeto, de
deferencia y, a través de este movimiento, se crea un
lazo con alguien.
En apariencia, el hecho de inclinarnos nos empequeñece.
Pero en realidad, hace que nos relacionemos con otra
persona al mismo nivel humano.
Por el contrario, una reverencia tiene un efecto
completamente distinto. Inclinándome así, me vuelvo
pequeño ante la otra persona. Le expreso mi respeto y le
digo: "Tú eres grande y yo soy pequeño".
Mediante este gesto, nos abrimos a lo que es grande y a
lo que nos ofrece esta persona o concepto espiritual.
Una reverencia es apropiada frente a nuestros padres y
ancestros. Es apropiada también frente al misterio de la
vida. Así, podemos abrir de par en par nuestro corazón
para acoger lo que se nos ofrece.
Después, podemos enderezarnos, darnos la vuelta y
transmitir lo que hemos recibido. Tras haber sido
pequeños al recibir, nos volvemos grandes al dar. Hacer
una reverencia es pues un requisito indispensable para
poder, a nuestra vez, transmitir algo grande. Lo que
transmitimos no nos pertenece sino que nos ha sido dado.
Así, formamos parte del flujo vital. ¿Qué significa
flujo vital? Recibir (acoger) y transmitir. En esto,
todos los seres humanos son iguales.
Después podemos inclinarnos todavía más: cuando nos
arrodillamos hasta tocar el suelo con la frente,
extendiendo los brazos hacia adelante con las palmas de
las manos hacia arriba. Inclinarse así es prolongar el
movimiento anterior dándole más fuerza y profundidad.
Esto es apropiado si nos sentimos culpables. Es como una
intensa súplica: "Por favor, mírame de nuevo".
Normalmente esto es apropiado frente a nuestros padres
cuando, de alguna manera, hemos sido injustos con ellos,
tal como hace el hijo pródigo que se pone de rodillas
ante su padre, se inclina profundamente y dice: "No
merezco que me llames tu hijo. Por favor, considérame
como uno de tus criados".
¿Cuál es el efecto de este profundo gesto de deferencia
(honra y respeto) y de este ruego que surge en lo más
profundo de nuestro corazón? El padre se inclina hacia
el hijo y le atrae hacia él, haciendo que se levante,
que se eleve.
Arrodillarse de esta forma sería también el movimiento
apropiado de un culpable frente a su víctima. Esto lleva
a la reconciliación. Aquí, reconciliación significa:
ahora el sufrimiento puede terminar. Este movimiento de
reconciliación – según lo que he observado – se lleva a
cabo sobre todo en el reino de los muertos, cuando las
víctimas muertas y sus perpetradores yacen juntos.
Entonces, reina la paz.
Podemos realizar este gesto con mayor profundidad aún,
tumbándonos boca abajo y extendiendo los brazos hacia
delante. Es la reverencia más humilde. A veces, puede
ser apropiada ante alguien con el que hemos sido
totalmente injustos y también ante Dios o ante el
misterio que nombramos así sin conocerlo.
Ante este misterio también podemos hacer una reverencia
abriendo totalmente los brazos. Aquí no se trata de un
gesto o una reverencia individual sino de algo más
amplio y colectivo que nos hace estar al unísono con
otras personas. Si llevamos a cabo este gesto, nos
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