Revista Independiente Hellinger

 

 

Diciembre 2005

Traducción:                 

Diana Toncic-Sorinj     

Patricia Sánchez        

Editorial

         

Ayudar a los hijos

         El movimiento interrumpido

         Todos los hijos son buenos – sus padres también

         El campo espiritual

         Ejemplos:

               "Me quedo contigo"

                "He querido mucho a tu padre"

         Los dos padres

          

Hombre y Mujer

          Crecer gracias al contacto con el otro

          Aprender el amor con los padres

          Tomar con amor

          Tomar más allá del bien y del mal

          Meditación: preparación para la vida de pareja

          La fuerza creadora y la fuerza divina

          Abrirse a la relación de pareja

          Ejemplo: amar con la fuerza de la madre

          Las familias están en resonancia

          Ejemplo: la fuerza en una separación

 

Respuestas a cartas de los lectores

          Respecto a las crisis en la relación de la pareja

           

Las bases   

          Lo que en las familias lleva a la enfermedad

         

Meditación

          Inclinar la cabeza

 

Frases para pensar

     

La sabiduría del caminante

          ¿Amas a Dios?

          El milagro

 

Relato

          El retorno

 

La ayuda frente a las dificultades de la vida

          Ejemplo: el miedo a volverse loco

 

El telón de fondo

          Caminar con el alma, caminar con el espíritu

          La benevolencia que cura

 

 

 

Editorial

 

Estimados lectores:

 

Esta revista aparece en un momento en el que gran parte de las expectativas, originalmente cristianas, parecen estar relegadas a un segundo plano para la mayoría de las personas. ¿Deberíamos lamentarlo? ¿O es que, a fin de cuentas, esto refleja también un movimiento divino sin que seamos capaces, de alguna manera, de saber lo que puede significar a nivel profundo?

 

Hoy día, ayudar a alguien a afrontar las dificultades de la vida significa afrontar también estas cuestiones con el presentimiento de que algo imperceptible (misterioso) que actúa detrás de todo y hacia lo que nuestra vida parece orientarse, forma parte de nuestra vida.

 

Esta revista toca estos contenidos en un extenso artículo: "Pensamientos sobre Dios, sus raíces y sus efectos". Pero, implícitamente, se plantean las mismas cuestiones en los relatos concretos que tratan sobre la manera de llevar a cabo la propia vida y las relaciones que en ella mantenemos...

¿Cómo?

Podemos sentirlo cuando nos imaginamos a un hombre y a una mujer, de pie, a cierta distancia, uno frente al otro. Se miran y abren los brazos. Después, se acercan despacio y se abrazan con ternura.

 

¿Cuánto tiempo soportarán seguir abrazados? Al cabo de algunos momentos, se separarán y se distanciarán un poco uno del otro.

 

Y, de nuevo, abren los brazos. Pero esta vez, su mirada va más allá de su compañero, hacia sus padres, y detrás de ellos hacia sus ancestros y hacia su destino. Miran incluso más allá de éste, hacia toda la humanidad, hacia todos aquellos con los que están vinculados. Y miran hacia lo Último, hacia aquello a través de lo cual nos llega la vida y a cuyo servicio ESTÁ también la nuestra. Ahora van a enlazarse y a abrazarse de nuevo. Se acercan uno al otro y esta vez su abrazo abarca todo en un mismo amor.

 

Así es como podemos festejar estos días. Asintiendo a todo lo que tienen que ofrecernos, proceda de donde proceda. Gracias a todos los que nos ayudan a enriquecer y a celebrar este intercambio: Dar y Recibir.

 

Nuestros mejores deseos, de mi mujer Maria Sophie y yo, así como de todos nuestros colaboradores

 

Bert Hellinger

 

 

 

Ayudar a los hijos

 

El movimiento interrumpido

 

Un trauma infantil muy frecuente es el movimiento interrumpido precozmente hacia la madre o hacia el padre, la mayoría de las veces hacia la madre. Cuando el niño, no puede alcanzar el objetivo hacia el que tiende su amor, se pone triste, se enfada y a veces se desespera. Este enfado, esta desesperación, esta tristeza no son más que la otra cara del amor, un amor que no llega a cumplir su propósito.

 

Cuando, en la vida adulta, estos hijos intentan ir hacia otra persona, su cuerpo recuerda esta interrupción y el movimiento hacia el otro se interrumpe de nuevo. No pueden caminar con su amor y a menudo vuelven sobre sus pasos. Cada vez que llegan al estado en el que notan de nuevo las sensaciones dolorosas de su infancia, se detienen. En lugar de ir hacia el otro, se dan la vuelta y se desvían iniciando un movimiento circular, alejándose de él y acercándose aún más al estadio de la interrupción de antaño.

 

Este mismo esquema se repetirá en la siguiente relación con otra persona, comenzando de nuevo un movimiento interrumpido en el mismo estadio. A este movimiento circular que nunca llega a su objetivo, se le llama neurosis. Es como un círculo vicioso que se acerca cada vez más al mismo escenario de la infancia, al momento en el que el movimiento hacia uno de los padres fue interrumpido.

 

¿Cómo llevar a término un movimiento interrumpido?

 

A través de los padres

 

La madre es la más apta para llevar a término un movimiento de amor interrumpido precozmente porque, por regla general, ese movimiento interrumpido del niño se dirige hacia ella. Cuando el niño es todavía pequeño, es fácil para la madre: coge al niño en sus brazos, lo estrecha con amor y lo mantiene el tiempo necesario para que el amor que, a causa de la interrupción, se ha transformado en enfado y en tristeza, pueda dirigirse de nuevo abiertamente hacia ella con toda su fuerza y para que el niño pueda calmarse en sus brazos.

 

La madre puede ayudar también retrospectivamente a su hijo ya adulto para llevar a término el movimiento interrumpido y anular las consecuencias de dicha interrupción, estrechándolo en sus brazos. Pero para que esto suceda, el acto debe situarse en la época en la que tuvo lugar la interrupción. El movimiento interrumpido debe retomarse en este estadio e ir hacia su objetivo. Porque es el niño de antaño el que busca la proximidad con la madre de antes, y todavía ahora sigue buscando a esa madre. Por lo tanto, mientras la madre abraza a su hijo ya adulto, el niño debe sentirse como el de antes, y la madre como la de antes. Queda una cuestión: ¿cómo hacer para que estos dos seres, separados desde hace tanto tiempo se unan de nuevo?

 

Veamos un ejemplo: una madre se preocupaba por su hija ya adulta. Pero la hija evitaba el contacto con su madre y no iba más que raras veces a su casa. Le dije a la madre que tenía que sostener a su hija una vez más entre sus brazos como una madre lo hace con su hijo cuando está triste pero que era importante que no fuera ella la que emprendiera algo sino que simplemente dejara actuar esta imagen en su alma, hasta que el contacto se realizara por sí mismo.

 

Más tarde, me contó que su hija había ido a su casa. Sin decir nada se había acurrucado contra su madre que la abrazó durante mucho tiempo. Después, la hija se levantó y se fue. Ni ella ni su madre pronunciaron una sola palabra.

 

A través de representantes para los padres

 

Cuando la madre o el padre no están disponibles, pueden representarlos otras personas. Para un niño todavía pequeño pueden ser parientes cercanos o un profesor; para un niño que ya es adulto, puede hacerlo un terapeuta con experiencia. Pero hay que esperar el momento adecuado. El terapeuta o la persona que va a ayudar se conecta interiormente con la madre o el padre. Después procede representándolos, como si ellos se lo hubieran pedido. Así puede amar al niño y guiar el amor de éste – que aparentemente se dirige hacia él – hacia sus padres. Y en el momento en que el niño entra en contacto con sus padres con amor, el terapeuta se retira. Así, a pesar de ese contacto íntimo, se distancia y se libera interiormente.

 

La reverencia

 

A veces el niño, ya adulto, interrumpe su movimiento hacia los padres porque los desprecia o les hace reproches, porque tiene la impresión de ser mejor o de quererlo ser o porque espera de ellos más de lo que pueden darle. En estos casos, el movimiento debe ir precedido de una reverencia. Esta reverencia corresponde, en primer lugar, a una evolución interior. Pero da más fuerza si es visible y audible. Esto se puede hacer en un grupo comprensivo en el que "el niño" sitúa a su familia de origen, se inclina ante los representantes de sus padres hasta llegar al suelo con las palmas de las manos hacia arriba y se queda en esta posición hasta el momento en que es capaz de decir a uno de ellos o a los dos: "Os honro". A veces añade: "lo siento", "no lo sabía", "os he echado mucho de menos" o simplemente: "por favor".

 

Sólo en ese momento, la persona puede levantarse, acercarse a sus padres con amor, abrazarlos con ternura y decirles: "querida mamá", "querido papá" o simplemente "mamá", "papá" o llamarlos por el nombre que utilizaba cuando era niño.

 

Es importante que los representantes de los padres no hablen durante todo el proceso y, sobre todo, que no vayan hacia el hijo sino que acepten la reverencia en lugar de los padres, hasta que se haya expresado suficientemente el respeto y haya desaparecido aquello que los separaba. Únicamente pueden abrazar al "niño" cuando éste haya acabado su proceso.

 

Si, en una constelación familiar, no se puede pedir a la persona interesada que realice la reverencia y siga el movimiento, puede hacerlo el representante en su lugar, diciendo y haciendo lo apropiado en ese momento. A veces incluso, esto es más eficaz que si interviniera la persona interesada.

 

El movimiento más allá de los padres

 

El movimiento hacia los padres y la reverencia dan sus frutos si van más allá de estos. Entonces, nos sentimos en profunda armonía con nuestros orígenes y podemos asentir a todas las consecuencias que resultan de ello. De este modo, la reverencia se convierte en un símbolo para realizar nuestro destino.

El que ha "conseguido expresar" así su reverencia y llevar totalmente a término su movimiento, puede, incluso como niño, quedarse de pie con toda dignidad junto a sus padres, al mismo nivel - ni por debajo, ni por encima.

 

 

Todos los hijos son buenos – sus padres también

 

Sé que puedo crear consternación cuando digo: "Todos los hijos son buenos – sus padres también". ¿Cómo es posible? Afirmaciones de este estilo, van muy lejos, porque, en el fondo, aseguran que nosotros también somos buenos, que lo éramos de hijos y que seguimos siéndolo. Dicen que también nuestros padres son buenos puesto que también han sido hijos: han sido buenos como hijos y son buenos como padres.

 

Me gustaría explicar algo en relación con esta frase, algo que va más lejos de palabrerías superficiales. Cuando decimos: "pero este niño ha hecho tal o cual cosa que no estaba bien, y los padres han hecho tal o cual cosa reprensible".

De acuerdo, lo han hecho pero, ¿por qué razón? Por amor.

 

Por supuesto, la conclusión es que todos somos buenos tal como somos y que esto es así precisamente porque somos como somos. Por esto, no necesitamos preocuparnos por nosotros mismos, por nuestros hijos o por nuestros padres, poco importa que sean o no buenos. Pero, a veces, no tenemos una visión clara y no llegamos a percibir que somos buenos, que los hijos son buenos y que sus padres también lo son. Me gustaría explicar esto, englobándolo en una perspectiva más amplia.

 

 

El campo espiritual

 

Las constelaciones familiares han puesto de manifiesto que formamos parte de un sistema más amplio, de un sistema familiar. A este campo pertenecen nuestros padres, hermanos y hermanas y también los abuelos, bisabuelos y todos nuestros ancestros. También forman parte de este sistema las personas que, de alguna manera, tuvieron o tienen importancia para este sistema, por ejemplo los antiguos novios y novias de nuestros padres o de nuestros abuelos. Dentro de este sistema, todos son guiados por una fuerza común y esta fuerza obedece a determinadas leyes.

 

El sistema familiar constituye un campo espiritual. Todos los que forman parte de este campo espiritual, están conectados unos con otros – esto es lo que revelan las constelaciones familiares. A veces, este campo está en desorden. Este desorden nace del hecho de que alguien perteneciente al campo ha sido excluido, rechazado u olvidado. Estas personas excluidas y olvidadas están conectadas con nosotros y se manifiestan en el presente. Porque, en este campo, existe una ley fundamental: Todos los que forman parte del sistema tienen el mismo derecho a la pertenencia. Nadie puede estar excluido. No se puede perder a nadie en este campo porque esto tendrá siempre un efecto sobre él. Si una persona ha sido excluida, cualquiera que sea la razón, otro miembro del sistema, un niño por ejemplo – a través de este fenómeno de resonancia – estará destinado a representar a la persona excluida y se comportará quizá de manera extraña: se drogará o se pondrá enfermo, será un criminal o se sentirá agresivo. Podrá incluso convertirse en un asesino o ser un esquizofrénico, etc.

 

Pero, ¿cuál es la razón? Esta persona mira con amor y de manera inconsciente hacia alguien excluido y, con su comportamiento, nos obliga a mirar también con amor hacia este excluido, hacia este rechazado. Lo que consideramos malo en su comportamiento, no es más que amor por alguien que ha sido excluido del campo.

 

Por lo tanto, en lugar de preocuparnos por este niño e intentar cambiarlo – lo cual no ayudaría nada de todas maneras como ya sabéis, puesto que aquí actúan fuerzas más grandes - miramos este campo espiritual junto con el niño, hasta que llegamos, guiados por éste, a percibir a la persona excluida que espera nuestra mirada. Entonces, la tomamos de nuevo en nuestra alma, en nuestro corazón, en nuestra familia, en nuestro grupo y quizá también en nuestro país.

 

Esto muestra que todos los hijos son buenos si les dejamos serlo. Es decir que, en lugar de mirar a los hijos, debemos mirar en la dirección en la que ellos miran con amor.

 

Las constelaciones familiares nos enseñan que en lugar de preocuparnos por los hijos o por otras personas pensando: "¿cómo pueden actuar así?", debemos mirar con ellos a la persona excluida e integrarla. A partir del momento en que esta persona está de nuevo integrada en el alma de los padres, de la familia y del grupo, el niño podrá respirar y liberarse de la intrincación con ella.

 

Sabiendo esto, podemos esperar hasta que percibamos donde quiere llevarnos el comportamiento del niño para con sus padres u otros miembros de la familia. Si le acompañamos hacia esta persona y la integramos, el niño se liberará.

 

¿Quién más se libera? Los padres y demás miembros de la familia. De pronto, nos volvemos diferentes o más ricos puesto que hemos dado un lugar a alguien que estaba excluido. A partir de ese momento, todos pueden comportarse de una manera diferente. Pueden ser más afectuosos y comprensivos, superando ese concepto barato del bien o del mal que nos hace creer que nosotros somos mejores y los demás peores, ya que los que nos parecen peores no son más que personas que aman de una manera diferente. Si miramos hacia donde un niño mira con amor, ya no podemos hacer esa distinción entre el bien y el mal.

 

Otra conclusión consiste, por supuesto, en decir que nuestros padres también son buenos y que, detrás de todo lo que podamos reprocharles, sólo hay amor. Pero este amor no va en nuestra dirección sino hacia otra parte, hacia donde ellos han mirado cuando eran hijos, hacia alguien que han querido integrar en su familia. Si comenzamos a dar un lugar a todos estos excluidos, miramos con nuestros padres hacia donde ellos miran. Entonces empezamos a ser libres y nuestros padres también. De repente, nos vemos en una situación completamente diferente y entendemos lo que quiere decir el auténtico amor.

 

 

Ejemplos de supervisión

 

"Me quedo contigo"

 

Profesor: "Se trata de un chico de 12 años que no acepta ninguna influencia de sus padres ni de sus profesores. Su comportamiento es caótico y agresivo. Su padre está muy enfermo."

Hellinger: "¿Cuál es su enfermedad?"

Profesor: "Tiene úlceras en las piernas y la tensión arterial demasiado alta."

Hellinger (al grupo): "Imaginemos la situación que acaba de describirnos: ¿hacia quién va la mirada del chico?, ¿hacia quién se dirige su amor?"

Profesor: "Hacia el padre."

Hellinger: "Está muy claro." Después de pensar un momento: "Si entramos en la situación: ¿qué frase dice este muchacho en su interior? Le dice a su padre: "Papá, me quedo contigo".
Y el padre, ¿qué le dice?: "Me alegro" "Me siento feliz".
Y tú, su profesor, ¿qué le dices? "Veo tu amor y me alegro".
Así, das un lugar en tu corazón al padre de este chico, se ve enseguida. Si lo llevas en tu corazón, sabrás donde estará seguro este chico. ¿OK?

Profesor: "Sí"

Hellinger: "Bien"

 

"He querido mucho a tu padre"

 

Hellinger: "¿Alguien más quiere trabajar conmigo?"

Una profesora llama a una chica de unos 16 años que va a sentarse junto a Hellinger. La chica esboza una pequeña sonrisa, mira un poco a Hellinger y después mira hacia abajo.

Hellinger al grupo: "Si la miráis bien: ¿qué edad tiene, en su alma y en sus sentimientos? Tres años. Tuvo que pasar algo cuando tenía tres años"
A la chica: "¿Qué pasó?"
La chica niega con la cabeza y mira hacia su madre que está en el grupo. Hellinger llama a la madre y le dice que se siente a su lado.

Hellinger a la madre: "¿Qué pasó cuando tu hija tenía tres años?"

Madre: "Cuando tenía tres años, nos trasladamos a la casa de mi actual marido"

La chica comienza a llorar y a sollozar.

Hellinger: "¿Qué pasó con su padre?"

Madre: "Nos dejó. Se fue con otra mujer."

Hellinger: "Echa de menos a su padre, se ve enseguida"

Hellinger mira a la chica que niega firmemente con la cabeza.

Hellinger al grupo: "Niega con su cabeza. ¿Sabéis por qué? Tiene miedo de confesarlo delante de su madre"

Hellinger mira a la madre.

Hellinger a la madre: "Dile: He querido mucho a tu padre"

Madre: "He querido mucho a tu padre"

Hellinger: "Dilo con amor. Cuando la mujer se apresura para decirlo: ¡Despacio! Recuerda realmente cómo le has querido. Después, díselo a tu hija, deja que hable tu alma"

La mujer respira profundamente.

Hellinger: "Mírala"

Madre: "He querido mucho a tu padre"

Está muy conmovida. La hija llora.

Hellinger dice a la madre que se siente al lado de su hija y la abrace. La madre rodea a su hija con sus brazos, la besa y la acaricia. Después, las dos se cogen de la mano.

Hellinger al grupo: "Esto es lo único que yo tenía que hacer"
A la madre: "Os deseo lo mejor"

 

Los dos padres

 

Hellinger: "Me gustaría decir algo más respecto a esto. Cada niño tiene dos padres. Y siempre necesita a los dos. Un niño debe tener derecho a querer a sus dos padres. Él o ella no comprende porqué se separan sus padres. Quiere a los dos de la misma manera. Pero a veces, cuando los padres se separan y el niño o la niña se quedan con la madre, dependen totalmente de ella y tienen miedo de mostrar que quieren a su padre tanto como a su madre. Tienen miedo de que la madre sienta resentimiento hacia ellos y que después de haber perdido a su padre, la pierdan también a ella. Sin embargo, continuarán queriendo a su padre en secreto. Y cuando oyen decir a la madre que ha querido mucho a su padre, pueden mostrarle que también ellos le quieren. De esta manera, los hijos se sienten aliviados".

 

En este caso, la madre lo ha comprendido muy bien. Ahora, la hija puede decir abiertamente que quiere a su padre. También sabe que tiene derecho a reunirse con él. Se sentirá bien con él. Ahora, la hija se alegra.


A la chica: Atrévete a mostrarlo. Tu madre se alegra también.

La madre y la hija se miran riéndose. La madre abraza a su hija y la besa.

 

 

 

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Hombre y mujer

 

La pareja: crecer gracias al contacto con el otro

 

¿De qué manera puede evolucionar una pareja, uno a través del otro?

Quizá algunos piensen que, una vez establecida la relación de pareja, los componentes de ésta pueden acomodarse tranquilamente y descansar. Pero la relación de pareja forma parte de la realización de la vida, siendo incluso una parte esencial porque la auténtica vida comienza con la relación de pareja. Representa un punto culminante. Después, todo será diferente: más grande, más rico, más completo.

 

Aprender el amor con los padres

 

La infancia viene antes que la relación de pareja. La relación de pareja se enseña a edad muy temprana. De hijos, ya empezamos a percibir cual es el amor que necesitamos para la relación de pareja. Lo aprendemos sobre todo con nuestra madre. Sólo si la relación con la madre es completa, es decir, sólo si tomamos de todo corazón lo que viene de nuestra madre, estaremos preparados para la relación de pareja. Respecto a nuestro padre es comparable. Aquellas personas que no han tomado a sus padres no son realmente capaces de acoger a su cónyuge. Una gran parte de los problemas que se dan en la pareja viene del hecho de que alguno de los dos cónyuges no está en paz con sus padres y no asume esa actitud profunda que consiste en respetar y tomar con gratitud lo que viene de ellos...

 

En el fondo, toda nuestra juventud se basa en acoger, en tomar con amor: tomar y tomar y tomar y tomar... Algunas personas no quieren tomar por diversas razones: piensan por ejemplo que lo que los padres nos dan es tan grande, tan rico, que nunca llegaríamos a equilibrarlo, que nunca podríamos agradecérselo lo suficiente para igualar todo los que nos ha sido dado.

 

Tomar con amor

 

La necesidad de un equilibrio entre dar y tomar está anclada en lo más profundo de nuestro ser. Por eso algunos hijos se niegan a tomar, por miedo a ser incapaces de dar en igual medida; prefieren no tomar nada y justifican este rechazo con reproches y acusaciones contra sus padres. Toman muy poco y como toman muy poco, poseen poco también y, por lo general, esto no es suficiente para establecer una relación de pareja. La relación de pareja comienza por acoger los que viene de nuestros padres.

Existe un frecuente malentendido respecto al equilibrio entre dar y tomar. Frente a nuestros padres, nunca podremos equilibrar, pero existe otra manera de hacerlo: transmitiendo lo que hemos recibido a un cónyuge por ejemplo y, sobre todo, a nuestros propios hijos. Conociendo esto, no necesitamos preocuparnos por el equilibrio entre tomar y dar. Por lo tanto, tomamos cada vez más sabiendo que algún día nos sentiremos sobrados y nuestro cónyuge y nuestros hijos se enriquecerán con ello.

Esta es la condición requerida para disfrutar de una buena relación de pareja y, este amor que hará que cada uno de los componentes de una pareja evolucione en contacto con el otro, comienza ya en nuestra infancia.

 

Tomar más allá del bien y del mal

 

Hay un obstáculo más cuando se trata de tomar (de los padres) para preparar la relación de pareja: la distinción entre el bien y el mal o la distinción entre lo que es bueno y lo que es nocivo. Muchas veces pensamos que los problemas que tenemos provienen de nuestros padres, idea compartida y fomentada por algunas corrientes de la opinión pública y por ciertas escuelas psicoterapéuticas: si nuestros padres hubieran sido mejores, nos iría mejor. Esto es algo absurdo porque sabemos que el ser humano necesita superar obstáculos para evolucionar.

Otra idea muy extendida según algunos es que para poder evolucionar tenemos que recibir, recibir y recibir más, sin que estemos obligados a hacer nada por nosotros mismos. Pero la realidad es que crecemos cuando hacemos frente a las resistencias y son los errores, los fallos de nuestros padres y/o el peso que quizá hemos debido llevar durante nuestra infancia, lo que nos ayuda a evolucionar. Lo que hemos sufrido no nos perjudica, muy al contrario, representa una oportunidad de avanzar y desarrollar nuestra fuerza para poder vivir nuestra vida.

A veces, intento imaginarme como sería un niño que hubiera tenido padres perfectos, si es que eso fuera posible. ¿Sabría vivir?, ¿conocería algo de la auténtica vida?, ¿tendría la madurez suficiente para llevar a cabo una vida de pareja?

 

Meditación: preparación para la vida de pareja

 

Cerrad los ojos. Ahora vamos a visualizar a nuestros padres, a nuestra madre y a nuestro padre, tal como son. Detrás de ellos, a sus padres, porque nuestros padres también fueron hijos un día. Detrás de los padres de estos últimos, más padres, y los padres de esos padres: un sinfín de generaciones. La vida que fluye a través de todas esas generaciones proviene de una Fuente (de un Origen) que no conocemos. La vida es lo más poderoso, lo más grande, lo más espiritual, lo más divino que existe. La experiencia de Dios no puede ser sino la experiencia de la vida. Y toda experiencia de vida, a fin de cuentas, es experiencia de Dios.

 

Esta vida fluye a través de todas esas generaciones, divina y pura. Nadie ha podido añadir nada, nadie ha podido quitar nada. Acogiéndola, tomando esta vida y transmitiéndola, todas esas personas han sido perfectas. Han estado en perfecta armonía con un movimiento divino. Así, la vida ha pasado a través de todas esas generaciones, hasta nuestros padres. Estos, se han amado como lo hacen un hombre y una mujer. Y nosotros hemos nacido de su amor de hombre y mujer. Nuestra vida es el fruto de su amor.

 

Ahora los miramos, abrimos nuestro corazón y tomamos de ellos – tal como son – nuestra vida. La tomamos como lo más grande que existe, como algo sagrado, divino. Los miramos y, tomando nuestra vida de ellos, les decimos "gracias". Pero no sólo les decimos gracias a ellos, nuestra gratitud va también hacia todas esas generaciones anteriores y hacia el Origen de la vida. En ese momento cogemos realmente nuestra vida.

 

Durante muchos años, hemos necesitado que nuestros padres nos cuiden y nos mantengan y ellos nos han ofrecido el regalo de cuidarnos, mantenernos y apoyarnos. Nos han alimentado, protegido y educado; han pensado continuamente en nosotros y se han preguntado: "¿Qué necesita nuestro hijo?" Y así hemos crecido, gracias a su amor y a sus cuidados.

 

La fuerza creadora y la fuerza divina

 

"Pero nuestros padres sólo son seres humanos como nosotros, con sus propios fallos. Digo "sus fallos" porque todo lo que evoluciona lo hace no sólo con cuidados, sino a través de fallos y obstáculos. Porque lo Divino que actúa en la vida, es falible en ese sentido. El concepto de que lo Divino es perfecto es insostenible porque toda fuerza creadora sólo lo es porque algo ha sido antes imperfecto. La creación no es posible más que cuando las cosas son imperfectas, cuando están incompletas, cuando tienen fallos y errores. De igual modo, la fuerza creadora que nos llega a través de nuestros padres se hace posible a través de fallos y dificultades, a través de la imperfección y la culpabilidad. Y así, miramos todo ello como necesario para nuestra vida y nuestra evolución y tomamos todo en nosotros asintiendo a ello: "Sí, eso forma parte de mí y me hace crecer. Es una parte de mí y puede seguir siéndolo".

 

Entonces, sentimos que algo pasa en nuestra alma: sentimos como nos abrimos interiormente y como nos hacemos fuertes.

 

Abrirse a la relación de pareja

 

Algunos se imaginan como debería ser idealmente su cónyuge. Pero es imposible evolucionar con un cónyuge ideal. ¿Quién sería ese compañero ideal? Alguien a quien podríamos decir: "Tu eres mi madre y yo soy tu hijo". ¿Dónde nos llevaría tal relación de pareja?

 

Cada uno de los miembros de una pareja, hombre y mujer, ha crecido en una familia concreta con dificultades concretas y, cada uno de ellos, ha evolucionado a través de todo ello de una manera concreta. Después, estos dos seres diferentes entre sí, se conocen y cada uno de ellos representa un desafío para el otro. Si tomamos al otro tal como es, exactamente tal como es, evolucionamos con este contacto. Crecemos con este contacto a condición de que el otro sea diferente. Es imprescindible.

 

Así, podemos mirar de otra manera las dificultades que encontramos en la relación de pareja y apreciarlas; y podemos hacer que esa relación sea cada vez más plena y feliz.

 

Ejemplo: amar con la fuerza de la madre

 

Hombre: "Mi mujer y yo hemos llegado a una etapa de nuestra vida de pareja en la que pensamos que podría haber otras cosas. Sentimos barreras entre nosotros. Hay ciertos conflictos y sabemos muy bien de donde vienen. Respecto a mí, mi comportamiento hacia mi mujer me recuerda a menudo cómo me comportaba hacia mi madre. Pero la mayoría de las veces, me doy cuenta cuando ya es demasiado tarde. Hablo sólo por mi, pero siento como esos mecanismos interfieren en nuestra relación".

 

Hellinger: "Hay una regla muy sencilla para tratar ese tipo de situación. ¿Quieres que te la diga? Ama a tu mujer junto con tu madre y te imaginas como podría ser: la amas con la fuerza de tu madre.
Al grupo:
a veces, cuando un cónyuge reprocha al otro: "Eres como tu madre" yo digo: "Gracias a Dios". Porque, ¿qué podría ser mejor?
Al hombre: lo que acabo de decir va a corregir un poco tu imagen interna. Ahora, tu madre te mira con ternura. Ella ha amado.

 

Las familias están en resonancia

 

El amor no se limita al individuo. No es el hombre como individuo el que dice a su mujer: "Te quiero". Es demasiado pequeño para eso. Lo mismo pasa con la mujer por supuesto. Detrás del individuo están los padres y todos los ancestros con sus destinos y todos ellos están presentes en esta frase de una manera muy poderosa. Si ahora el hombre le dice a la mujer "te quiero", algo que viene de muy lejos resuena en esta frase, una sinfonía gigantesca con un poderoso movimiento. En ese momento, la pareja ya no se centra únicamente en si misma, sino en sintonía con sus familias. Ésta es una imagen muy hermosa.

 

Ejemplo: la fuerza en una separación

 

Hombre: Mi mujer me ha dicho que quiere separarse de mí.

 

Hellinger: Si realmente lo hace, ¿evolucionarás con esta experiencia o te destruirás?

 

Hombre: Temo que me destruya. Porque todavía quiero a mi mujer.

 

Hellinger: Sí, eso parece. Al grupo: ¿Quién puede hundirse cuando hay una separación? – Un niño.

Al hombre: Acabo de mostrarte un camino: el niño (en ti) debe separarse primero. El niño puede separarse de alguien – y esto es válido para cualquier forma de separación – cuando haya tomado todo, acogido todo lo que el otro ha querido darle. Así, por ejemplo, puedes separarte de tu madre si tomas todo lo que viene de ella, tal como es. Lo mismo sucede si te separas de tu padre.


Al grupo: Aquí vemos lo importante que es "tomar completamente" durante la infancia para, más tarde, poder llevar a cabo su relación de pareja.


Al hombre: Este es el primer paso que hay que hacer. El segundo, consiste en tomar de tu mujer todo lo que ella ha querido darte y honrarlo. Y verás como creces a través de esta experiencia y te vuelves más fuerte. Poco importa lo que pase después: tendrás la fuerza para hacer frente a ello, sea lo que sea.

 

 

 

 

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Respuestas a cartas de los lectores

 

Respecto a las crisis en la relación de pareja

La sinceridad

 

"La mayoría de las veces, la presunta sinceridad se utiliza como un arma y, por lo tanto, no vale gran cosa. Aparentemente, tú no soportas demasiada intimidad con tu mujer. Ella debería pues permitirte algunas reservas cada vez que le expreses tu afecto. Esto será como una concesión por su parte y podrá pedirte un pequeño regalo".

 

La simplicidad

 

"Tu marido y tú discutís y dais argumentos para perder o ganar. Tener o no razón no tiene mayor importancia.

Ríndete a la evidencia: seguir juntos o separarse no es bueno ni malo, no es ni un logro ni un fracaso. Quizá la solución para vosotros se encuentre en algo totalmente modesto, habitual y sencillo".

PS. No des demasiada importancia a tu valor".

 

Proyectos secretos

 

"Algunos no acaban de comprender que incluso lo que piensan y elaboran en secreto, ejerce influencia en un sistema, sobre todo si está en contradicción con lo que dicen y hacen".

 

Mientras tanto…

 

"Tu cónyuge te muestra claramente que no se decidirá por ti y harías bien tomándotelo en serio. Pero puedes aprovechar plenamente vuestra relación el tiempo que dure".

 

Relaciones extraconyugales con el pensamiento

 

"Mi impresión es que estás retirándote de tu relación de pareja. Una parte de tus contactos espirituales con el exterior poseen las características de una relación extraconyugal, incluso si es de una forma más o menos oculta.
Hay tres soluciones posibles:

O sigues siendo fiel a tu marido, con todas las consecuencias, sobre todo la de dar (de ti misma)…

… o te separas de él, también con todas las consecuencias, entre otras la de financiar tú misma tus necesidades…

… o bien estás de acuerdo con la situación actual reconociendo que, en cierta forma, explotas a tu marido y renunciando a los reproches que te gustaría hacerle.

Esta última solución me parece la más adaptada.

Tienes derecho a rechazar lo que acabo de escribirte: sólo es válido si corresponde a lo que percibes de ti misma en tu interior o si ello te ayuda a mirar la realidad más de cerca.

Un saber que va más lejos de lo necesario para poder actuar, paraliza la acción".

 

Quedarse centrado sin actuar

 

Se puede confiar en que muchas cosas van a evolucionar si se deja de actuar: si, por ejemplo, dentro de ti, dejas libre a tu marido y también a tu hijo. Si te quedas centrada sin actuar directamente, quizá nazca una fuerza positiva en ellos".

 

La seriedad

 

"Tu marido te dice que ya no te quiere. Tómalo en serio e inicia el proceso de divorcio. Él debe encontrar un sitio para vivir y trasladarse. Sólo si no quiere hacerlo, puedes tomar tú la iniciativa".

 

 

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Las bases

 

Lo que en las familias lleva a la enfermedad

 

"No hay lugar para ti"

 

La historia:

Emma: "Tres años antes de que naciera, mis padres tuvieron un hijo completamente minusválido. Tenía diez malformaciones. Mi madre lo vio inmediatamente después del parto. Al día siguiente, los ojos del niño se licuaron. Después, pasó nueve meses en un hospital infantil.

Cuando hace cuatro años un médico me dijo que tenía un linfoma, le pregunté: "Qué es eso?, ¿es un cáncer?" Al contestarme que sí, lo primero que pensé fue: "No quiero que me entierren al lado de mi marido". Fue lo único que pensé.

 

Tres meses después – sin pelo ya en la cabeza – vino a visitarme mi madre. Pasó la noche en mi casa y se acostó a mi lado en el sofá. Entonces le conté lo que había pasado cuando me habían dicho que tenía cáncer: que había pensado que no quería de ninguna manera que me enterraran al lado de mi marido. Mi madre me preguntó: "¿Entonces, dónde quieres que te entierren?"

Lo que quiero decir es que no me daba ningún miedo el cáncer ni tampoco el hecho de morir. Lo que realmente me preocupaba era: "¿Dónde quiero que me entierren?" Aquí no tengo a nadie y no me vino nadie a la cabeza en ese momento.

 

Una amiga, cuya madre acababa de morir, tenía que prolongar el arrendamiento de la tumba pero no tenía suficiente dinero. Yo quería hablar con ella y decirle: "Por favor, acepta mi dinero para que cuando muera sepa dónde enterrarme". Se lo conté a mi madre cuando me preguntó dónde quería que me enterraran y le dije: "Quizá me gustaría que me enterraran en la tumba familiar, en nuestro pueblo, porque allí los campesinos van por la noche al cementerio con sus regaderas y entonces dirán: "Mira, la tumba de Emma. Vamos a regarla".

 

Yo creo que buscaba un poco de humanidad y ayer (el primer día del seminario) sentí que quizá no la había encontrado todavía. Esta hermana disminuida y muerta nunca ha contado en la familia y yo no puedo decir ahora que quiero morir sin alguien a mi lado. No puedo".

 

Hellinger: "Tú quieres que te entierren al lado de tu hermana muerta".

 

Emma: "Cuando le dije a mi madre que quería que me enterraran con mis padres, me dijo: "Pero no hay sitio para ti (para tu nombre) en la cruz". Hay una historia sobre eso: hace diez años, mi padre pidió a un herrero artesano una enorme…"

 

Hellinger: "Esto desvía la atención".

 

Emma: "Pero mi madre dijo que no había sitio para mí en la cruz".

 

Hellinger: "¿Quién no tiene sitio realmente para poner su nombre en la cruz?"

 

Emma: "Yo".

 

Hellinger: "No, no hay sitio para tu hermana".

 

El cáncer

 

Además de los orígenes médicos del cáncer, están los orígenes psíquicos y los directamente relacionados con la historia familiar. A veces, la persona aquejada de cáncer, representa a un miembro de la familia que ha sido excluido. A través de la enfermedad, de manera inconsciente, la persona afectada desea seguir a este excluido o quiere expiar la injusticia que ha sufrido esta persona excluida.

En el caso de Emma, un breve ejercicio reveló el origen de su cáncer y el vínculo profundo que unía a Emma y a su hermana muerta.

 

Hellinger: "¿Cómo se llamaba tu hermana muerta?"

 

Emma: "Irmingard."

 

Hellinger: "Dile "Querida Irmingard".

 

Emma: "Querida Irmingard".

 

Hellinger: "Ahora, mírala, solamente…" Tras un momento: "Dile "Yo vengo también".

 

Emma: "Yo vengo también".

 

Hellinger: después de un momento: "Lo dejo así".

 

Al día siguiente:

Emma: A los cinco años, tuve un grave accidente en la carretera. Estaba inconsciente y me madre me cogió en sus brazos. Al volver en mi, le pregunté: "Mamá, ¿debo morir?". Más tarde, hasta mis 18 años, tuve uno o varios accidentes graves por año y a los 18 estrellé mi coche en el mismo lugar en el que había tenido el primer accidente. El coche volcó y las únicas palabras que me venían a la cabeza eran: "Dios mío, perdóname todo lo que he hecho".

 

Hellinger: Es tu hermana muerta la que puede salvarte. Mírala y di: "Mi querida hermana".

 

Emma: Mi querida hermana.

 

Hellinger: "Estoy a tu lado".

 

Emma: Estoy a tu lado.

 

Hellinger: "Y me tumbo a tu lado".

 

Emma: Y me tumbo a tu lado.

 

Hellinger pasa los brazos sobre sus hombros. Emma apoya su cabeza en el hombro de Hellinger y solloza durante un buen rato.

Hellinger: tras un cierto tiempo: Dile a tu hermana muerta: "Me quedo un poco más".

 

Emma: Me quedo un poco más.

 

Hellinger: "Después también vendré".

 

Emma: Después también vendré.

 

Hellinger: Bien.
Al grupo: en este trabajo se trata siempre de lo mismo: hay que buscar dónde se encuentra el amor de la persona. Cuando encontramos este amor, tenemos la clave para curarla.

 

 

 

 

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Meditación

 

Inclinar la cabeza

 

En las constelaciones familiares, el hecho de inclinar la cabeza ante algo o ante alguien juega un papel importante porque cambia algo en el alma.

 

Podemos sentirlo en nosotros mismos, por ejemplo, si nos imaginamos bajando ligeramente la cabeza. ¿Qué movimiento nace entonces en el alma? Surge algo desde lo más profundo, sube hasta la cabeza y de ahí fluye hacia la otra persona. Es un movimiento de respeto, de deferencia y, a través de este movimiento, se crea un lazo con alguien.

 

En apariencia, el hecho de inclinarnos nos empequeñece. Pero en realidad, hace que nos relacionemos con otra persona al mismo nivel humano.

 

Por el contrario, una reverencia tiene un efecto completamente distinto. Inclinándome así, me vuelvo pequeño ante la otra persona. Le expreso mi respeto y le digo: "Tú eres grande y yo soy pequeño".

 

Mediante este gesto, nos abrimos a lo que es grande y a lo que nos ofrece esta persona o concepto espiritual. Una reverencia es apropiada frente a nuestros padres y ancestros. Es apropiada también frente al misterio de la vida. Así, podemos abrir de par en par nuestro corazón para acoger lo que se nos ofrece.

 

Después, podemos enderezarnos, darnos la vuelta y transmitir lo que hemos recibido. Tras haber sido pequeños al recibir, nos volvemos grandes al dar. Hacer una reverencia es pues un requisito indispensable para poder, a nuestra vez, transmitir algo grande. Lo que transmitimos no nos pertenece sino que nos ha sido dado. Así, formamos parte del flujo vital. ¿Qué significa flujo vital? Recibir (acoger) y transmitir. En esto, todos los seres humanos son iguales.

 

Después podemos inclinarnos todavía más: cuando nos arrodillamos hasta tocar el suelo con la frente, extendiendo los brazos hacia adelante con las palmas de las manos hacia arriba. Inclinarse así es prolongar el movimiento anterior dándole más fuerza y profundidad. Esto es apropiado si nos sentimos culpables. Es como una intensa súplica: "Por favor, mírame de nuevo". Normalmente esto es apropiado frente a nuestros padres cuando, de alguna manera, hemos sido injustos con ellos, tal como hace el hijo pródigo que se pone de rodillas ante su padre, se inclina profundamente y dice: "No merezco que me llames tu hijo. Por favor, considérame como uno de tus criados".

 

¿Cuál es el efecto de este profundo gesto de deferencia (honra y respeto) y de este ruego que surge en lo más profundo de nuestro corazón? El padre se inclina hacia el hijo y le atrae hacia él, haciendo que se levante, que se eleve.

 

Arrodillarse de esta forma sería también el movimiento apropiado de un culpable frente a su víctima. Esto lleva a la reconciliación. Aquí, reconciliación significa: ahora el sufrimiento puede terminar. Este movimiento de reconciliación – según lo que he observado – se lleva a cabo sobre todo en el reino de los muertos, cuando las víctimas muertas y sus perpetradores yacen juntos. Entonces, reina la paz.

 

Podemos realizar este gesto con mayor profundidad aún, tumbándonos boca abajo y extendiendo los brazos hacia delante. Es la reverencia más humilde. A veces, puede ser apropiada ante alguien con el que hemos sido totalmente injustos y también ante Dios o ante el misterio que nombramos así sin conocerlo.

 

Ante este misterio también podemos hacer una reverencia abriendo totalmente los brazos. Aquí no se trata de un gesto o una reverencia individual sino de algo más amplio y colectivo que nos hace estar al unísono con otras personas. Si llevamos a cabo este gesto, nos invade la serenidad y nos sentimos integrados en la comunidad humana, e incluso más allá de ella.

 

¿Qué hacer con nuestro libre albedrío? Asentir a él humildemente.

 

 

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Frases para pensar

 

La intuición es inmediata,

el pensamiento toma mucho más tiempo.

*

Lo que se puede pensar, es falso la mayoría de las veces.

*

El concepto es a lo real

lo que la tangente a la esfera:

Puede tocar la esfera,

pero no puede abarcarla...

Pero la palabra "tierra" tiene mucho peso

*

El orden es un río que fluye.

*

La evolución nos desvía siempre un poco.

*

En el mejor de los casos, la teoría muestra la dirección

pero no es ni el camino ni el fin.

*

La práctica contraría a la teoría.

*

Lo esencial es ligero;

lo auténtico también.

*

Comprendemos cuando alcanzamos nuestros límites.

*

Todas las decisiones son provisionales.

*

El momento es mi límite.

*

El camino directo a veces es el más largo...

*

A veces, una imagen interior nace sólo de oídas,

y crea un orden basado en la imaginación.

La observación se reemplaza entonces por lo que se oye, el saber por la fe,

y la verdad por lo arbitrario.

 

 

 

La sabiduría del caminante

 

¿Amas a Dios?

 

¿Dónde está Dios para que pueda conocerle de tal forma que pueda decirle: "Te amo"?, ¿puedo decírselo como se lo diría a un ser humano?, ¿no exige de mí un abandono que, frente a un ser humano, no es posible ni está autorizado? O incluso, ¿lo Divino es tan diferente que está prohibido incluso decirle "Te amo"? Esta es una parte de la cuestión.

 

Por otra parte, la manera en que vivimos la vida – tal como lo hacemos – quiere decir que estamos vinculados a algo Infinito e inimaginable para nosotros, formando un Todo unificado, de la manera más íntima. Si nos abandonamos a este Infinito tal como vive en nosotros: ¿puede existir un amor más íntimo?, ¿sería más íntimo el amor con un ser humano? Ningún amor humano se apodera de nosotros de una manera tan completa, penetrando hasta lo más profundo de nosotros mismos. ¿Podríamos concebir este Infinito que nos llena de vida como separado de nosotros, o nosotros de él? Si tal como vive en mí esta vida le digo "Te amo": ¿no significa que la siento vibrar en mí hasta en la última fibra de mi ser y que me abandono totalmente a ella? En ese momento sí, tengo derecho a decirle: "Te amo".

 

Puede que sea eso lo que sintamos o tengamos la gracia de sentir como amor por Dios en lo más profundo de nosotros mismos. ¿Amas a Dios? Yo lo amo así.

 

El Milagro

 

Los milagros vienen del alma, pues es el alma la que abre el acceso a horizontes insospechados, que superan nuestras experiencias pasadas y los límites que éstas nos han impuesto. Aquí lo predeterminado se disuelve y afloran realidades que al principio quizá nos asusten. Dejamos de mirar y de escuchar y preferimos sentarnos a dar los primeros pasos hacia esa oscuridad y esa luz. La luz nos atrae, la oscuridad nos hace temblar.

 

Y luego sucede el milagro. Decimos palabras que no hemos pensado, damos pasos que no estaban planificados y emprendemos cosas que antes no nos atrevíamos a considerar. Alrededor de nosotros va cambiando algo que antes nos parecía impenetrable y sin perspectiva. Porque, en ese momento, el alma no sólo nos ha conmovido a nosotros sino también a las personas de nuestro entorno. Cada uno experimenta lo sucedido como un milagro que alcanza a todo y a todos. Un ejemplo de esto es la caída del muro de Berlín: después, todo se transformó.

 

Tomar consciencia de la relación oculta que existe entre las cosas también puede vivirse como un milagro. A menudo, esta toma de consciencia aparece súbitamente tras haber luchado en vano por ella. La percibimos como un regalo que recibimos de una fuerza que viene de lejos y nos auxilia. Pero esa fuerza no nos es desconocida; nos sabemos unidos a ella. Es más, nos sentimos dentro de ella como si le perteneciésemos y ella nos perteneciera, como si nos envolviera y guiara, serena y pacientemente. Nuestra alma conecta con esa fuerza. La sentimos como un alma grande y amplia que contiene en si misma lo que percibimos como nuestra alma y la preserva cuidadosamente.

 

De esa gran Alma proviene lo que percibimos como extraordinario, todos esos pequeños y grandes milagros. Y el hecho de conocer a personas que nos han permitido superarnos también forma parte de esos milagros. Con frecuencia, salvarse de un peligro o de una situación sin salida y curarse de una enfermedad grave, se vive como un milagro. Solemos decir entonces que "nos ha protegido el Ángel de la Guarda". Al decir esto, estamos expresando en realidad que algo exterior ha intervenido prestándonos ayuda.

 

Pero a veces se nos olvida darle las gracias a esa fuerza. Así perdemos contacto con ella y quizá decimos: "Hemos tenido suerte". O nos sentimos privilegiados por el destino y nos volvemos arrogantes enalteciendo nuestro ego en lugar de reconocer que aquí han operado fuerzas más benévolas. Al hacer esto, nos alejamos de nuestra alma, perdiendo el acceso y la confianza en ella.

 

Si estamos en sintonía con lo que nos guía en lo más íntimo de nosotros, podemos vivir cada día esos milagros del alma. Y ellos hacen que nuestra vida sea maravillosa, colmada y rica.

 

 

 

Relato

 

El retorno

 

Cada ser humano nace en una familia, un país y una cultura, y desde su más tierna infancia aprende quien debe ser su modelo a seguir, su guía y su maestro, sintiendo un profundo deseo de ser como él.

Entonces, busca la compañía de aquellos que comparten sus valores y, durante largos años, se somete a una continua disciplina para seguir a su modelo hasta volverse, pensar, hablar, sentir y desear como él.

Pero cree que todavía le falta algo. Entonces se va lejos, buscando una última frontera que franquear. Pasa ante viejos jardines, abandonados desde hace mucho tiempo, donde no hay más que rosas silvestres y viejos árboles que continúan dando fruto, año tras año, sin que nadie lo recoja. Tras esto, comienza el desierto.

 

El hombre se siente envuelto en un vacío desconocido. No hay nada que le indique la dirección a tomar y las imágenes internas que surgen de vez en cuando, parecen sin sentido. Continúa dejándose llevar y cuando ya no se atreve a fiarse de sus sentidos, ve ante él una fuente. El agua brota con fuerza infiltrándose de nuevo rápidamente en la tierra. Pero por donde pasa, el desierto se transforma en paraíso.

 

Cuando el hombre mira a su alrededor, ve llegar a dos extranjeros que habían hecho como él: siguieron a su modelo hasta que se volvieron exactamente como éste y también fueron a buscar, en la soledad del desierto, una última frontera que franquear. Así habían encontrado la misma fuente.

Una vez juntos, los tres hombres se inclinan hacia la fuente, beben de la misma agua y están casi convencidos de haber llegado a su objetivo. Después se presentan: "Yo me llamo Gautama, el Buda". "Yo me llamo Jesús, el Cristo". "Yo me llamo Mahoma, el profeta".

 

Al caer la noche, las estrellas, eternas, silenciosas, distantes e inalcanzables comienzan a brillar por encima de ellos. Los tres hombres enmudecen. Uno de ellos está seguro de no haber estado nunca tan cerca de su gran modelo y, durante un instante, le parece intuir lo que su modelo sintió cuando comprendió todo: el sentimiento de impotencia, que todo lo que había hecho era en vano, la humildad. Y como sería si conociera la culpabilidad.

 

Al día siguiente, el hombre se da la vuelta y logra alejarse del desierto. Una vez más pasa al lado de los jardines abandonados y, por fin, llega a uno que reconoce como suyo. En la entrada, como si le esperara, ve a un anciano de pie que le dice: "Alguien como tú que vuelve después de haber ido tan lejos, debe amar realmente la tierra húmeda porque sabe que todo lo que crece morirá algún día y al morir se convertirá en alimento". "Sí" dice el otro; "estoy de acuerdo con la ley de la tierra".

Y empieza a cultivarla.

 

 

 

 

 

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La ayuda frente a las dificultades de la vida

 

Ejemplo: el miedo a volverse loco

 

Hellinger a un hombre: ¿De qué se trata?

 

Hombre: últimamente tengo cada vez más miedo de desvariar o volverme loco. A menudo entro en un estado muy especial que no tiene nada que ver con mi vida cotidiana. Las personas que me rodean ya me han dicho que en esos momentos no parezco yo.

 

Hellinger: sí, OK. O sea, que tienes una capacidad particular para entrar en esos estados especiales.

 

El hombre se ríe.

Hombre: Sí.

 

Los dos se miran riéndose.

 

Hellinger: sí, claro, se trata de una capacidad y proviene de una predisposición para ayudar. A veces, puede venir también de un don especial. Una vez conocí a una joven rusa que nos acompañó a visitar San Petersburgo. Hablaba un alemán maravilloso y le pregunté dónde lo había aprendido. Ella respondió: "Un día estaba en un bosque y tuve una visión. A partir de ese momento, comencé a hablar alemán". ¿Ves, hay "estados especiales"?

El hombre se ríe.

Hellinger: muy bien. ¿Qué tendría que hacer yo ahora? Bueno, pongámonos en un "estado especial".

 

Meditación

 

Cierra los ojos. Visualiza ahora la última situación en la que tuviste miedo de volverte loco. Y di: "Ayudadme, por favor". Y ahora vas, más allá de ese estado, a otro donde te espera la ayuda que has pedido – Y dejas que esta ayuda te rodee con sus brazos, te abandonas a ella – Luego, vuelves otra vez al estado en el que temías volverte loco. Miras alrededor de ti hasta que veas a alguien. Puede que no sea más que una sombra. Y le dices: "Haría todo por ti" – Después buscas una salida para salir de ese estado. Puede ser una puerta. O un camino. Y dices: "Durante algún tiempo voy a ir a otra parte para curarme. Pero volveré".

 

Después de cierto tiempo, el hombre abre los ojos y sonríe a Hellinger.

 

Hellinger: ¿Cómo vas?

Hombre: Mejor.

Hellinger: OK. Te deseo lo mejor.

Hombre: Gracias.

 

 

 

El telón de fondo

 

 

Caminar con el alma, caminar con el Espíritu

 

Cuando tomo distancia para ver el desarrollo y la evolución de las constelaciones familiares, siento que detrás de este movimiento actúa una gran fuerza y que ésta nos toma a su servicio, a mí y a muchos otros. La fuerza que impulsa este movimiento nos arrastra y persiste a pesar de cualquier obstáculo.

 

Las Constelaciones Familiares

 

Al principio, las Constelaciones Familiares eran, en el fondo, una forma de psicoterapia y como tal se proponían a las personas que la necesitaban. La mayoría de las veces, estas personas padecían en cuerpo y alma y las Constelaciones Familiares les ayudaban. Los psicoterapeutas le añadían el enfoque que tenían según su formación, utilizándolo como referencia. Todo ello marcó considerablemente las Constelaciones Familiares al principio.

 

¿Cuál era este enfoque? Se basaba en la idea de que alguien necesitaba ayuda y de que un terapeuta podía proporcionársela. Los terapeutas, formados en determinados métodos, conocieron en un momento dado las Constelaciones Familiares y las utilizaron en psicoterapia en el marco de la terapia familiar porque los que practicaban las Constelaciones Familiares habían sobrepasado ya la terapia individual. Por lo tanto, el terapeuta se inmiscuía directamente ya que se había formado para proceder de manera activa.

 

Pedía al cliente que eligiera y configurara a los representantes e intervenía según los conceptos anteriores y según lo que había aprendido sobre los órdenes y vínculos en las relaciones, buscando una solución. Primero miraba el problema y después buscaba la solución. Bajo este punto de vista, las Constelaciones Familiares fueron una bendición ya que ayudaron a muchas personas.

  

Caminar con el alma, seguir los movimientos del alma

 

Más tarde, se hizo evidente que los representantes eran mucho más importantes de lo que se había pensado en un principio. Se puso de manifiesto que se hallaban directamente en contacto con un campo más amplio. Simplemente por el hecho de abandonarse al movimiento que les impulsaba, sacaban a la luz algo que iba mucho más allá de lo que hubiéramos podido descubrir mediante las constelaciones familiares y determinados órdenes del amor.

 

De pronto, nos encontramos confrontados a situaciones completamente diferentes y a otros movimientos. Confiamos pues cada  vez más en estos movimientos y entramos en contacto con las fuerzas del destino, fuerzas frente a las cuales nuestra manera habitual de “intervenir” no daba resultado.

De repente vimos, por ejemplo, a alguien que se sentía atraído por la muerte de manera irremediable. ¿Qué hacer en ese caso?  Aquí la ayuda era limitada; y sólo dejando de intervenir podíamos  comenzar a ayudar realmente.

 

Otra fuerza empezaba a tomar las riendas. Nos abandonamos a esta fuerza y, de pronto, supimos si teníamos o no permiso para hacer algo, si debíamos hacer algo y lo que debíamos hacer incluso si, al principio, nos resultaba extraño.

Seguimos y acompañamos este movimiento y obtuvimos un resultado que no podíamos prever de ninguna manera.

 

Por lo tanto, lo que había comenzado con las Constelaciones Familiares se transformó en un acompañamiento de los movimientos del alma, en un caminar con el alma. ¿De qué alma? No de la propia, no de la del cliente, no de la del representante, sino de un alma que actúa en todos de la misma manera.

 

Cuando entramos en sintonía con esta alma, algo imperceptible se vuelve visible, evidente.

  

Caminar con el Espíritu, seguir el movimiento del Espíritu

 

Pero en la vida todo fluye, nada se estanca. En un primer momento, había pensado que se trataba quizá de acompañar los movimientos del alma (caminar con el alma). Pero tampoco es esto. De repente, observé que las experiencias hechas con las constelaciones familiares y los movimientos del alma llevaban a una comprensión de un orden totalmente diferente. Y esta toma de consciencia exigía que actuáramos de una manera que supera ampliamente lo que había considerado hasta ahora como bueno y justo.

 

¿Qué es lo nuevo? Si voy más allá de las constelaciones familiares y de seguir y acompañar los movimientos el alma, lo que ahora sigo y acompaño son los movimientos del espíritu, camino con el espíritu; en vez de observar las sensaciones y  lo que percibimos mediante estas sensaciones, ahora el espíritu interviene y exige maneras de proceder completamente diferentes del acompañamiento de los movimientos del alma, del caminar con el alma.

 

Voy a explicároslo con un ejemplo: alguien se queja de sus padres, o de las dificultades que ha tenido en su infancia. Al principio, sentíamos compasión por este cliente, y pensábamos: “bueno, vamos a ayudarle”. Pero, si me sitúo al nivel del espíritu, no hay nada malo. Si detrás de todo actúa una fuerza creadora, no hay nada que pueda oponerse a ella. Por lo tanto, ahora miro la misma situación y me pongo en sintonía con esta fuerza creadora que no podemos imaginar más que como una fuerza espiritual que se dirige a todo y a todos de la misma manera. Así que me uno a esta fuerza. Esto es seguir y acompañar al espíritu, caminar con el espíritu. Caminando con el espíritu, puedo ver una situación grave de una manera totalmente diferente, y por eso mismo, ayudo al otro a que la mire también de otra manera. Entonces puede, por ejemplo, asentir a las dificultades del pasado, tomarlas como una fuerza. Puede tomar a sus padres tal como son, cualquiera que haya sido su comportamiento y asentir a la vida tal como ha llegado a él a través de sus padres. De repente, mira el pasado con otros ojos y comienza a apreciar todo en su justo valor.

 

Desde el punto de vista del espíritu, todos los padres son perfectos. El simple hecho de observar nos muestra, sin excepción, que han hecho perfectamente todo lo necesario para ser nuestros padres. Y puesto que han servido a la vida de esta manera, merecen nuestro más profundo respeto.

Esto también es seguir y acompañar los movimientos del espíritu, caminar con el espíritu. De pronto, evoluciono a otro nivel totalmente diferente, a un nivel espiritual, y ese nivel no tiene límites.

Así, está claro que no se trata de curar o de solucionar problemas, se trata de la vida en toda su plenitud.

 

Algo más sobre el espíritu. El espíritu es ligero. El que camina con el espíritu es ágil. No constituye un peso ni para la tierra ni para los demás. Y es feliz frente a cualquier cosa, tal como es.

  

La benevolencia que cura

 

Nuestra benevolencia proviene de lo más recóndito, del fondo de nuestra alma; nace donde ésta se siente acorde con su origen. Este origen es la fuente de toda fuerza creadora y de su aspiración a evolucionar. Esta benevolencia abarca pues a todos los seres y todas las cosas. Es universal. En el momento que queremos excluir algo de nuestra benevolencia, perdemos nuestro vínculo con ella y corremos el riesgo de volvernos presuntuosos y condescendientes.

 

La benevolencia universal no tiene intención. Mantiene una distancia, como el sol que brilla a lo lejos y al mismo tiempo da calor a todo lo que existe.

¿Dónde podemos experimentar primero esta benevolencia? En nuestro cuerpo.

 

¿De qué manera podemos ayudar al cuerpo cuando está enfermo o siente dolor? Mostramos todo lo que nos duele a nuestra benevolencia y dejamos que su sol brille sobre todo lo que sufre, hasta que nos sintamos bien de nuevo. Nuestra benevolencia nos acoge y ama tal como somos.

 

 

 

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