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Revista
Independiente Hellinger
Septiembre 2006
Buena suerte
La felicidad plena
Ayudar a los hijos
Me muero en tu lugar
Contenido
Hombre y Mujer
Temas de actualidad
Respuestas a las cartas de los
lectores
Parejas en crisis
Sabiduría del
caminante
Cifras
que cuentan: el tres, el dos, el uno-
Amor del espíritu y
sanación desde el espíritu
Vivir la sanación desde el espíritu
La
felicidad plena
“¡Qué sencillo es!” dicen muchos de
los que han asistido por primera vez a las
constelaciones familiares. En una de ellas, un hombre
escoge dentro del grupo unas personas totalmente
desconocidas para representar a sus padres y hermanos, a
él también, las configura en el espacio y luego toma
asiento. De repente se le abren los ojos: “¿Qué? ¿Esto
es mi familia? Me la imaginaba muy diferente”.
¿Qué pasó? Todos miran en la misma
dirección. Él mismo, o sea su representante, se mantiene
a distancia de su familia. Cuando se le pregunta al
representante cómo se siente, resalta que siente la
falta de algo. Entonces coloco a alguien delante de
ellos, ahí adonde miran. Sus caras se alivian. Les va
mejor.
Eso era una constelación típica.
Más sencillo, no existe. ¿Pero qué es lo que realmente
surgió? El hombre contó que había tenido un hermano,
muerto poco después de nacer. En su familia no se lo
mencionó nunca, cómo si no perteneciera más.
“Plena” significa “completa”
Mi felicidad es plena cuando todos
los que pertenecen a mi familia encuentran un lugar en
mi corazón. Si se excluye o se olvida a alguien, tal
como en el ejemplo anterior, pues en nosotros y
en nuestra familia empieza la búsqueda de esta persona.
Percibimos que algo nos falta pero sin saber exactamente
donde debemos buscar. Una búsqueda de estas a veces
lleva a la adicción, a veces también a la busqueda
de Dios.
Sentimos en nosotros un vacío y lo queremos rellenar.
¿Quién falta?
Podemos comprobar en nosotros si
falta alguien. Tomemos cinco minutos y cerremos los
ojos. En nuestro interior vamos hacia cada miembro de
nuestra familia. Le miramos a los ojos, también a los
que ya han muerto. Les decimos:”Te veo, te presto
atención y te doy un lugar en mi alma”. En seguida
podemos percibir cuánto más llenos nos encontramos.
A la vez, sentimos si alguien
falta. Alguien que fue olvidado, alguien que la familia
consideraba un peso y del cual se quería deshacer. A
ellos también miramos a los ojos y les decimos:”Te veo,
te presto atención. Te quiero. Te doy en mi corazón el
lugar que te corresponde.”
De nuevo sentimos el efecto de
aquello en nosotros y la manera cómo nos llenamos.
La salud integral
Uno de los conocimientos mayores
surgido de las constelaciones familiares está
relacionado con nuestra salud, una salud integral.
Muchas enfermedades representan a
personas que nuestra familia o nosotros mismos quisimos
alejar, olvidar o excluir. También esto
podemos comprobarlo en nuestro interior. Tomemos otros
cinco minutos y cerremos los ojos.
Entramos en nuestro cuerpo y
sentimos dónde duele, dónde está enfermo. ¿Cuál es
habitualmente nuestra respuesta a un dolor o a una
enfermedad? Pues nos queremos deshacer de ello, igual
que quisimos deshacernos de una persona.
Ahora andemos por el camino
opuesto.
Tomamos lo que nos duele, lo que está enfermo y
con amor le damos un lugar en nuestro corazón. Le
decimos:” Puedes quedarte conmigo. En mí puedes encontrar
paz”. Esperamos entonces, observando el efecto que tiene
esto en nuestro cuerpo y lo que se libera. A menudo se
va un dolor y nos sentimos aliviados.
El paso siguiente es detectar a
quién mira este dolor y esta enfermedad. ¿A quién hemos
olvidado o excluido, a quién hemos hecho una injusticia,
nosotros o nuestra familia?
Al tiempo lo sabemos o lo
intuimos. Junto con nuestro dolor y nuestra enfermedad
le miramos y le decimos: ”Ahora te veo. Ahora te presto
atención. Ahora te quiero. Ahora te doy un lugar en mi
corazón”.
¿Cómo nos sentimos ahora? ¿Y
nuestra enfermedad? ¿Y nuestro dolor?
Aquí también
“pleno” significa “completo”.
P
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Ayudar a los hijos
Me muero en tu
lugar
He trabajado largo tiempo
con hijos y hijos con sus padres y
maestros. Y he visto lo siguiente: Cuando un niño no
quiere aprender más en la escuela, a menudo quiere
morir. Entonces se dice a si
mismo: ¿para qué aprender más? No es que simplemente
quiera morir. Es que quiere morir en lugar de alguien.
Le dice a otro de su familia: "me
muero en tu lugar". Esto es
muy frecuente.
Hace poco vino una familia a uno de
mis cursos: el hombre, la mujer y dos hijos. El hijo
menor era tan agresivo en la escuela que estaba a punto
de ser echado de allí. Bueno, vinieron estos cuatro a
verme y se sentaron a mi lado. Eché un vistazo a la
mujer y me di cuenta en seguida de que ella quería
morirse. Para mí estaba todo súbitamente muy claro: el
hijo es agresivo porque quiere mantener a su madre en
vida. Decidí trabajar sólo con ella.
Llegué a saber que su madre había
tenido un primer novio, a quien había querido mucho.
Este hombre había muerto en un accidente de moto. Por lo
tanto, configuré a su madre.
Se pudo ver que ella miraba al suelo. Entonces coloqué a
un hombre allí donde miraba. En seguida se hizo obvio
que la madre estaba atraída por este hombre. El era su
amor. Luego puse a la mujer frente a su madre. Se pudo
ver que esta mujer había dicho a su madre, en su
corazón: es mejor que yo muera en tu lugar. No lo había
hecho pero había sentido esto toda su vida. Su hijo
había percibido en su interior que su madre deseaba
morirse y le había dicho: « me muero en tu lugar ».
¿Cual era aquí la solución? En esta
constelación, la madre de la señora le dijo a su
hija: »Ahora me quedo, ahora estoy aquí para ti ». De
inmediato se iluminó el rostro de la mujer y madre e
hija se abrazaron cariñosamente. Ahora la mujer no
precisaba sentirse más al
borde de la muerte.
Entonces se apoyó de espaldas
contra su madre y yo le acerqué el hijo frente a ella-
él tenía unos diez años de edad. Ella le dijo al hijo: "ahora
me quedo". El hijo se le
acercó y apoyó la cabeza en su pecho. No necesitaba más
ser agresivo.
En realidad, estos hijos que
parecen tan difíciles y causan problemas, están llenos
de amor.
La pregunta es: ¿como podemos
ayudarles? Si hubiera trabajado únicamente con el niño,
¿habría conseguido ayudarle? No. Es esencial abarcar el
sistema entero en la visión, incluyendo a todos con
amor. Se pudo ver cómo la familia cambio cuando una
persona olvidada fue reintegrada.
Ahora está el alma en movimiento.
¿Qué es este movimiento? Puro amor. Esto es el verdadero
movimiento en fin de cuenta. Pero a veces el amor se
disfraza y requiere un ojo entrenado para ver este amor.
Contenido
En Japón, una pareja con la cual
había trabajado el día anterior me trajo a su hijo en la
pausa del mediodía, para presentármelo.
El niño pegaba con insistencia a
sus padres, agresivamente. Me di cuenta de que estaba
inseguro, probablemente había sido separado durante
bastante tiempo de su madre. Lo cogí simplemente en mi
regazo. Se defendió con mucha fuerza pero mantuve mi
sujeción, del mismo modo que en la terapia de
contención,
es decir hasta que no se pudo mover más. Después de un
rato lo entregué a su padre, para que él también lo
sujetara. Aquí también el niño se defendió violentamente
y le escupió en la cara al padre. Pero el padre no lo
soltó. La madre incluso ayudo a sujetarlo con firmeza.
Luego me fui a almorzar.
Al volver, el niño dormía dichoso
en brazos de su madre. Más tarde, al irse la familia a
casa, el niño en brazos de la madre, me hizo una señal de
despedida con una gran sonrisa.
Podéis leer más acerca de la
terapia de contención en el
libro "Si supierais cuanto les quiero", de Jirina Prekop y yo mismo, y como se puede ayudar así a
hijos difíciles.
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Respuestas a las cartas
de los lectores
Parejas en crisis
La oportunidad
Puesto que no conozco a tu pareja y
que se trata de una cuestión muy personal, no me permito
tomar posición. En cambio te doy unas ideas generales
para reflexionar.
-
Es provechoso darse a si mismo
y al otro la posibilidad de cerrar los ojos frente a
un fallo, a una culpa o a una intrincación y
otorgar a cada uno una oportunidad para
resolver un
conflicto.
-
Es más fácil dejar de fumar en
presencia de un embarazo real que en vista de uno
eventual. Le resultaría mas leve si le dieras la
posibilidad, en los primeros tiempos, de pedirte
algo especial a cambio. Tal
vez ayuda la reflexión
que las adicciones surgen cuando se ha tomado más de
la madre que del padre. En concreto, ella se podría
imaginar muchas cosas buenas, por ejemplo ricos
bocados tomados del padre durante la comida. Podéis
incluso inventaros juntos un ritual divertido al
respecto.
-
El reto de poder confiar en
otra persona cuya historia y percepción, cuyos
objetivos son diferentes, se presenta en todas las
demás relaciones.
Los pecados
El reproche de tu marido acerca del
« pecado » es exagerado y en esta forma,
es
santurronería.
Cada cual tiene derecho a un par de pecados.
El movimiento interrumpido
Muchas relaciones de mujer a hombre
funcionan sobre el modelo de la hija hacia la madre, por
ejemplo cuando una mujer le tiene rabia al hombre, una
rabia que originalmente se dirigía a la madre. La rabia
y el odio hacia la madre se producen con frecuencia
cuando el movimiento del niño hacia ella fue
interrumpido o impedido. Tu descripción habla a favor de
esto. La solución consiste en que tú- como si fueras
niña- retomes el movimiento (es
un proceso interior) y lo
dejes llegar hasta su final, a pesar del recuerdo y del
miedo. Ten paciencia, hasta lograrlo.
El futuro
Parte de la idea que te corresponde
el liderazgo y gana a
tu mujer con una paciencia que sin
embargo se preserva a si misma. Y crea una imagen de
vuestro futuro común en la cual tus deseos y los suyos
cooperan en armonía. Imagínatela con frecuencia en todos
sus detalles y confía en que la imagen arrastra la
realización.
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sabiduría del caminante
Cifras
que cuentan: el tres
“Las cosas
buenas van de a tres” dice el proverbio. ¿Y cómo es esto? Pues uno
más uno son tres. ¿A qué corresponde aquí el tres? Para una pareja
el tres es el niño. El niño es un buen tres. El tres es aquí cifra
de plenitud.
Existe
otra cifra de plenitud: el siete. Es dos más dos más dos más uno:
tres parejas más un niño, los padres, los cuatro abuelos, el niño.
Podríamos variar incluso: tres más tres más uno. Porque para el niño
no sólo es el tres cifra de plenitud sino aún más el siete.
También
para la semana es el siete cifra de plenitud, una cifra que la hace
llena. Siete son tres más tres más uno. Los primeros tres: el padre
con sus padres, los siguientes tres: la madre con sus padres y el
siete que los completa es el niño que viene.
Únicamente
en la familia es el tres cifra de plenitud. En otras relaciones es
factor de ruptura. En cuanto probamos
aplicar el modelo del tres familiar a otras situaciones
relacionales, a conjuntos de tres, la tercera persona fracciona el
grupo. Al igual que el hombre y la mujer en pareja, seres iguales
sólo pueden juntarse de a dos. Si a ellos se añade un tercero, como
por ejemplo en una relación triangular, él dividirá el dos.
Fuera del
contexto familiar, dos de los tres se tratan de igual a igual,
rehusando al tercero el derecho de pertenecer. Del mismo modo,
cuando dos trabajan a la par y se les junta un tercero, disminuye el
rendimiento. Por lo tanto, un grupo de cuatro actúa en armonía
porque se relacionan de inmediato como dos más dos. Con que se
acerque un quinto, se verá excluido, como “la quinta rueda del
carro”.
Entre
hermanos las cifras comparten efectos similares. Dos hermanos se
completan. Llega un tercero y alguno de ellos se sentirá rápidamente
ajeno. Llega un cuarto y se vuelven a formar dos parejas coherentes.
El quinto niño ya se siente pertenecer menos, aunque naturalmente
cada niño a más es un enriquecimiento para los ya existentes.
Por este
motivo, el tercer hijo- o uno de los tres- se percibirá más
solitario, porque el padre y la madre mantienen un lazo más estrecho
con uno de sus hijos. El primer par es formado por el padre y uno de
sus hijos, más íntimamente unido cuando se trata de una hija. El
segundo par, por la madre y otro niño, más íntimamente unido cuando
se trata de un varón. El tercer niño se ve pues como el quinto,
quedando al margen de las dos parejas.
La división
del dos por el tres se puede observar ya después de nacer el primer
niño, cuando a veces la relación de la madre con su hijo se hace más
íntima que con su pareja. Pues la madre y el hijo forman el dos y el
padre cae en el papel del tercero, sintiéndose inadecuado. ¿Se puede
cambiar algo? ¿Se debe cambiar algo? Es suficiente ser consiente de
estos órdenes.
Cuando de
alguna forma el hombre se vive como aislado después de nacer su
hijo, se involucra más hacia fuera, representando esto una ventaja
para la familia. Él se gana su lugar contribuyendo con un esfuerzo
especial al bienestar de los suyos. Al esperar de él que atienda al
hijo al igual que la madre, se corre el riesgo de dificultar las
relaciones en el seno de la familia. Está fuera de su alcance ser
como la madre y por lo tanto se sentirá apartado, aunque no si, a
través de sus esfuerzos en el exterior, cuida de ellos.
El tercer
niño ya porque es un quinto miembro, logra con más facilidad
soltarse de la familia. Con frecuencia se observa que el destino
familiar le pesa menos y a consecuencia no se carga tanto a sí mismo
como sus hermanos. Esta situación no se aplica necesariamente al
tercer hijo sino a aquel que, a raíz de la dinámica relacional de
los padres con cada niño, se queda con el lugar de tercer hijo, sin
posibilidad de experimentar una intimidad preferencial con uno de
sus genitores.
¿Por qué les cuento todo esto?
Esperemos con amor a que llegue
el tres de la plenitud y también a veces desconfiemos del tres!
El dos
La pareja es acendrada. Y es
íntima. Nadie tiene derecho a perturbarla. Los que
estaban solos están ahora juntos. Se retiran juntos
hacia la soledad y permanecen consigo mismos, pero
juntos. En el dos fusionan dos soledades.
El dos busca la quietud. Busca
también la oscuridad. No la oscuridad total pero lo
suficiente para que los dos aún se vean. El dos evita la
claridad. En lo oscuro, cada uno se aproxima al otro,
con más cariño e intimidad.
El dos es el espacio del amor,
sobre todo del amor entre hombre y mujer. Es también el
espacio de una profunda felicidad. Por esto es que los
dos protegen este espacio frente a la curiosidad ajena y
a la importunidad de un tercero. Para ellos se trata de
un espacio sagrado. Sólo lo divino tiene acceso. Es el
lazo que une en lo más íntimo a los dos.
También existe un dos con Dios. Nos
retiramos, aquí también, hacia la tranquilidad, hacia la
soledad con algo oculto, algo que nos afecta en lo más
hondo y al mismo tiempo nos lleva más allá de nosotros
mismos. Nos lleva a una comunión de mucho recogimiento y
profunda dicha.
Sin embargo, no permanecemos
allí. De la comunión con Dios
regresamos a una comunión con el ser querido. Pero ahí
tampoco quedamos solos por mucho tiempo. Porque el dos
es fértil, sobre todo en el niño. Gracias a él, el dos
accede a la vida plena, al amor con muchas otras
personas. Sólo ahí encuentra el dos su plenitud. Sólo
ahí alcanza el dos su meta.
El uno
El solitario está solo y se siente
solo. ¿Está realmente solo? O está, en la soledad, en
estrechísimo vínculo con algo esencial, atraído por
ello, orientado hacia ello e, incluso con cierta
distancia, acogido como interlocutor en la mirada de
aquello, pero sin movimiento y con quietud?
Esta soledad es una soledad plena,
que sólo en calidad de solitarios vivenciamos llenada
por aquello. Al lado de ello no cabe
nada más. Aguantamos la soledad
sólo frente a esta plenitud y gracias a ella. La soledad
nos hace libres para esta plenitud.
¿Se puede buscar esta soledad? ¿La
encontramos cuando la buscamos? ¿O tal
vez es la respuesta a una llamada,
una respuesta irresistible porque esta llamada lo relega
todo a segundo plano? Esta llamada se transforma en
vocación.
El solitario se ofrece a servir ya
que su experiencia de plenitud en la soledad no le
pertenece. Pertenece a los que él sirve.
¿Está realmente al servicio de la
plenitud o, dentro de este servicio, sirve sólo a este
poder que lo ha llamado?
Únicamente cuando se queda solo al
servicio de este poder, también sirve a otros.
¿Cómo? Manteniéndose solitario en
este servicio también.
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Vivir la
sanación desde el espíritu
Percibimos el amor en el cuerpo
cuando, por ejemplo, el corazón nos late más fuerte. Y
lo percibimos en el alma como anhelo y sentimiento de
seguridad. Frecuentemente el cuerpo y el alma actúan en
el amor de modo tan compenetrado que lo experimentamos
en ambos como un sólo amor único y grande, por ejemplo
en el caso del amor entre hombre y mujer.
Existe otro amor que percibimos
también en alma y cuerpo, pero de un modo ciego. Se
trata del amor de hijos que se preocupan por sus padres
y temen perderlos a causa de una enfermedad o de la
muerte, o quizá por medio de un abandono. Entonces los
hijos quieren auxiliar a sus padres. Los quieren salvar
o retener, incluso al precio de sus propias vidas.
Porque la esperanza del niño es permanecer unido a sus
padres después de la muerte, tal
vez aún mas estrechamente que en
vida. En aquel momento se
dice internamente: "mejor
unido a ellos en la muerte que separado de ellos en la
vida". Se puede deducir de
esto que el impulso detrás de este amor es el miedo a
quedarse solo.
Claro que se trata, en este amor,
de supervivencia. No tanto de la supervivencia personal,
independientemente de la supervivencia de los demás,
sino de la supervivencia del vínculo con ellos mas allá
de la muerte. En realidad se trata de un amor del
espíritu, de la cohesión de los miembros de la familia
en un campo del espíritu, amor que perdura después de la
muerte de los individuos y que les permite mantenerse
presentes y pertenecientes.
Aquí podemos ver el comienzo del
amor del espíritu y de la comunidad con otras personas
en un campo que abarca a los vivos y a los muertos,
uniéndoles de igual manera.
Es un campo del espíritu. Sin
embargo, en nuestro sentimiento, este campo se limita
con frecuencia a nuestra familia, en su forma reducida y
también más amplia. En su forma amplia porque se
aplica a la comunidad y a la religión a las cuales
pertenecemos.
Pero esto sólo es provisional
ya que el espíritu, en su sentido
pleno, integra todo lo que es movido por la fuerza
creadora. Este espíritu creador está abierto a todo y
lo ama todo de un modo espiritual. En cuanto las
personas se conectan con el movimiento de este espíritu,
resuenan con él y se mantienen en sintonía con él; su
propio campo espiritual abarca todo lo que vive y está
presente. Lo ama todo tal como es, en acuerdo con este
movimiento del espíritu. Esto es el verdadero y perfecto
amor espiritual.
Puesto que este amor del espíritu
lo abarca todo, abarca también el amor del cuerpo y del
alma. Asiente a ello y lo absorbe todo dentro del amplio
campo del espíritu. Así es como este amor supera el
miedo al abandono y sus consecuencias. Lo vemos ahí
donde se manifiesta, en cuanto un niño prefiere la
muerte a ser abandonado, lo mismo
tratándose de un adulto que no ha
pasado de este miedo.
En este campo extenso
experimentamos una pertenencia mucho más profunda, que
incluso nos libera de la ambición de hacernos cargo del
destino de otros. Porque este amor del espíritu nos
vincula en primer lugar como individuo con este
movimiento creativo, tanto nosotros mismos así como
todos los otros. Luego, queda la preocupación para con
nosotros y los demás con esta fuerza espiritual y su
amor. En este campo, los individuos no están
directamente amarrados entre si sino que, gracias a la
presencia de este espíritu, nadie puede estar dejado
fuera del amor. A un nivel más profundo, este amor nos
conecta los unos con los otros, lo que nuestro mirar y
nuestro actuar no pueden
conseguir.
La sanación desde el espíritu
A veces la sanación empieza para
nosotros en el cuerpo. Cuando nos enfermamos buscamos
primero a un médico, experto
en el cuerpo y sus funciones
tras
largos
estudios y correspondiente experiencia. Él sabe cómo, en
el cuerpo, se desarrollan las enfermedades y conoce los
medios que permiten a menudo una cura. Los éxitos
asombrosos de la medicina del cuerpo justifican la
confianza que en muchas ocasiones le dispensamos.
Sin embargo la medicina moderna
sabe también que muchas enfermedades tienen su origen en
el alma. Por lo tanto, los conocimientos que hemos
ganado respecto a los efectos de los campos del espíritu
sobre las causas anímicas y espirituales de numerosas
enfermedades, encuentran entre los médicos del cuerpo un
reparo creciente. A veces una persona se enferma y
quiere morir con la esperanza, surgida del alma, de
preservar a otra persona de la enfermedad y de la
muerte. Cuando esta conexión se hace ver y se toma en
consideración, pues influencia positivamente la
sanación. Apoya el tratamiento de
la medicina física.
La cuestión ahora es: ¿tienen que
ver las enfermedades y los malestares, sean de
naturaleza sólo física o también anímica, con el
espíritu en su sentido más amplio? Seguramente que sí.
Ya cuando observamos las conexiones entre un mal físico
y sus causas en el alma, vemos que se trata de algo que
se mueve en el campo del
espíritu.
Cuando el duelo por un muerto puede
enfermarnos, comprendemos
que aquí actúa algo entre el muerto y el vivo con
efectos sobre el cuerpo y el alma y que aún los mantiene
vinculados- en un campo del espíritu. Cuando luego
aquello que está entre el muerto y el vivo se soluciona
y se concluye, por ejemplo a
través de una reconciliación, un agradecimiento o una
despedida con amor, esto
tiene efectos inmediatos sobre el cuerpo y el alma.
La experiencia de las
constelaciones familiares saca a la luz aún más
conexiones. El campo del espíritu de una familia se
acuerda de todo lo que tal
vez los miembros de la familia hayan olvidado o hayan
querido olvidar, como por ejemplo un niño abortado. A
menudo los miembros olvidados se hacen recordar- o son
traídos al recuerdo por este campo familiar- a través de
enfermedades y de trastornos físicos y anímicos. Quiere
decir que los trastornos y las enfermedades están en
relación con estos miembros excluidos de la familia. El
desorden en el campo del espíritu, nacido del olvido de
algún miembro familiar, se refleja como desorden en el
cuerpo y alma de otro miembro de esta misma familia. En
consecuencia, se ve que el desorden en cuerpo y alma se
puede ordenar cuando el orden puede reestablecerse tanto
en el miembro enfermo como en los demás miembros de la
familia. Esto significa que la familia debe reintegrar
en su seno los miembros que han sido alejados, negados o
heridos, los que han sido expulsados, a veces de modo
dramático, incluyendo a los que han sido matados, a
pesar de lo doloroso que pueda ser este proceso para
algunos, en especial para los que han sido directamente
involucrados en aquello. La sanación acontece aquí
gracias a un movimiento de amor para todos aquellos que
se lo habían visto negado.
Lo importante es que el culpable a
quien se atribuye la responsabilidad de la exclusión y
que siente la culpa, se vea acogido también en este
amor. De lo contrario, se encuentra nuevamente en una
situación de exclusión, con los efectos peligrosos que
esto conlleva. Observamos que el amor del espíritu se
desarrolla más allá de nuestros conceptos del bien y del
mal. Deja atrás estas
diferencias.
Además, el campo del espíritu es
más que sólo un campo familiar. Incluso fuera de la
esfera familiar, el amor del espíritu exige la entrega
hacia todos con amor, hacia todos los humanos y hacia el
mundo tal como se presenta. Porque este amor espiritual
se brinda a todo y todos con la misma intensidad. Por
tanto, este amplio campo del espíritu encuentra para
nosotros su orden sólo cuando nos abandonamos a su
movimiento de amor y sintonizamos con él en nuestro
pensar y en nuestra conducta.
Esto es en realidad el movimiento
sanador para nosotros y muchos otros. Es sanador para
nuestro cuerpo y nuestra alma. Es sanador para el cuerpo
de otros y para su alma. Y es sanador para todas
nuestras relaciones, las que tenemos con otras personas
y las que tenemos con la naturaleza y el mundo en su
totalidad.
¿Qué o quién sana aquí? ¿Acaso
somos nosotros con la ayuda del espíritu y su amor, o es
el espíritu mismo que nos toma a su servicio?
Hago una reflexión más. Nuestro
cuerpo tiene una dimensión espiritual, así como nuestra
alma. Ambos se orientan en sus expresiones según una
imagen espiritual y según el movimiento del espíritu y
su amor. Cuando entonces algo espiritual acontece dentro
del campo del espíritu y cuando encontramos el acceso a
la dimensión espiritual de todo lo que vive y está
presente, el campo mismo se muestra complaciente para
con nosotros y nos brinda una información, o una
visión, provocando un impulso sanador a partir de ella.
A nivel del espíritu estamos en
conexión con los muertos, incluso quizás
con entidades espirituales que se
ubican a veces a nuestro lado y que producen en y a
través de nosotros algo sanador. Quizás es así como
conectamos con nosotros mismos a nivel del espíritu,
reencontrando un estado presente en vidas anteriores,
como nos lo sugieren numerosas experiencias. Gracias a
este lazo puede ocurrir algo sanador. Sin embargo no
precisamos dedicarle demasiada reflexión a la hora de
entregarnos en manos de aquel movimiento del espíritu
que, incluso detrás de estas experiencias, actúa
tomándolas a su servicio.
¿Cómo pues nos volvemos sanos y
curados?
A través del espíritu, a través de
un amor espiritual y a fin de cuentas a través del amor
del espíritu, guiados y llevados por él.
¿Y cómo podemos ayudar a otros de
manera espiritual y sanarlos de manera espiritual?
Posiblemente no haya contradicción en que este
movimiento sanador nos abarque y nos cure y a través de
nosotros tal vez a muchos
otros.
¿No es cierto que el amor sopla
cómo y adónde quiere?
P
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