Revista Hellinger - Hellinger® Sciencia

 

 

Junio 2009

 

Editorial

          Bienvenidos

 

Ayuda a los niños

           Reflexiones acerca del aborto

 

Felicidad en la vida

           Lo que hace feliz a la gente

           La nueva libertad

 

Hombre y mujer

          En acuerdo con nuestros limites

          Crecer en la relación de pareja

          La relación de pareja

 

Hellinger Sciencia

          Órdenes del amor entre hombre y mujer en relación con lo que lo sostiene todo

 

Ir a lo esencial

          La  aflicción: cancer de piel, quemaduras graves

 

 

 

 

 

 

 

 

Bienvenidos

 

 

Nuestras vidas transcurren muy entretenidas, gracias a todas las historias de la vida. Las escuchamos, las seguimos en las pantallas, las leemos. A través de ellas, nuestra propia historia de vida se encuentra estimulada y enriquecida.

 

¿De qué se trata en estas historias? Casi siempre de los mismos temas. Nos tienen enganchados y no nos sueltan más. ¿Cuáles son, pues, esos temas?

El primero de ellos es el amor entre hombre y mujer. ¿Qué valor tendría una historia si no hubiera en ella también una historia de amor? Tal vez la totalidad de la historia no es más que la historia de un amor.

Otro tema estrechamente ligado al tema del amor, es el de los niños. En él, se trata de la alegría por los hijos, de las preocupaciones por ellos, de su felicidad y de su sufrimiento.

Luego, hay otras historias más, las del éxito, cuando algo se logra en el trabajo, en la profesión o en el transcurso de una tarea particular.

 

Mientras escribo esto, me consta que acabo de hablar de esta revista y de esta edición en particular. Aquí se cuentan historias sobre estos temas, muchas de ellas cortas pero quizá por eso apasionantes.

Existen también historias de otra índole, historias de guerra o historias fantásticas. Aquellas, las dejamos de lado en esta revista. Cuando escuchamos o leemos historias de ese tipo, ¿nos sentimos mejor después? Más bien, nos quitan algo en vez de enriquecernos. Sin embargo, debemos saber que existen tales historias, incluso en nuestras vidas. La mejor manera de arreglarnos con ellas nos viene sugerida o indicada en esta publicación.

 

Como siempre, Sophie, mi mujer, nuestros colaboradores y yo mismo, os deseamos momentos interesantes con nuestras historias así como un descanso y tiempos felices.

 

Vuestro

Bert Hellinger

 

 

Ayuda a los niños

Reflexiones sobre el aborto

 

 

Mujer: Me gustaría preguntarte algo. A veces un niño dice:”Mamá, me voy en tu lugar”. ¿Es posible que la madre también diga:”Hijo, me voy en tu lugar”?

 

Hellinger: Es una pregunta importante. Sophie ha observado – como mujer, ella está mejor colocada que yo para hablar de aquello – que muchas mujeres dicen:”Por mi hijo lo hago todo”. Pero muchas de ellas en verdad dicen:”¡Muere por mí!”.

 

Con esto, se hace luz sobre algo básico. Lo digo sin juicio. La madre es una representante de la tierra. De ella brota la nueva vida. Toda vida brota de la tierra.

 

Sin embargo, la tierra no sólo representa la vida sino que también la muerte. Y de la misma forma, para la mujer, al volverse madre, la vida y la muerte están íntimamente unidas porque el parto puede amenazar la vida. Así, la mujer sabe que está ligada a las dos. Y también, la carga que una mujer acepta con un hijo pequeño la lleva con frecuencia a sus límites, a veces con ganas de matar.

 

La estrecha unión entre vida y muerte se hace más obvia con el aborto. La mujer siente en ella la vida y luego la elimina. Lo digo sin hacer valoraciones. Simplemente, vemos ese movimiento, que también es parte del movimiento del espíritu.

 

No toda vida llega a cumplirse. Un árbol, para existir, sólo precisa de una semilla. Las mil otras son superfluas. Lo veo así también con respecto a la humanidad. Y sin embargo, todas las otras semillas del árbol son importantes y grandes. De la misma manera, se acepta que, para la perpetuación de la vida, muchas vidas que surgen no lleguen a cabo. Lo digo así, de forma muy general.

 

Cuando la mujer percibe en ella la vida nueva y consiente a ello, con todo lo que esto le requiere, ella crece hacia su propia plenitud.

Cuando se ha decidido para un aborto, o varios según los casos, esto provoca profundos efectos en ella, en muchos niveles. Uno sería, por ejemplo, el deseo de seguir a ese niño.

 

A la mujer: Pues sí, existe ese movimiento.

La mujer asiente.

 

Ahora viene el reto para sobrepasar la culpa, sin caer en lo cómodo.

El aborto provoca efectos que aqueja el cuerpo de la mujer en lo hondo. El niño abortado se manifiesta a veces en miomas. O se presenta de otras formas y en otras partes del cuerpo.

 

¿Cuál sería pues, el procedimiento a seguir? La mujer mira a ese niño, o a esos niños y sin tentar darle un giro estético, les dice:”Os he matado”.

Podemos observar en las constelaciones que, cuando la madre se lo puede decir abiertamente al aborto, ese se siente muy aliviado. No se empieza a emplear eufemismos  sobre el tema, porque la realidad es esa. Se pueden ver documentales sobre abortos, como los ha filmado un médico en EE UU, que ha realizado quizá mil abortos, para ver qué es lo que pasa exactamente: pues, el embrión lo percibe de inmediato y se pone a la defensa. El embrión lo vive como un asesinato. Hablemos aquí sin rodeos. La mujer le dice al niño:”Yo te maté”.

 

Sin embargo puede agregar:”Permanezco al servicio de la vida”. Cuando la culpa se ha reconocido, de ella crece una fuerza que los demás no tienen. Ella dice al niño:”En sintonía contigo, permanezco al servicio de la vida”. Eso tiene un efecto reconciliador para todos.

Entonces, se trata de un movimiento del espíritu donde la culpa reconocida sirve la vida. Eso pues, de la madre hacia el niño, era la primera pregunta.

 

La otra pregunta era: ¿Cómo es cuando el niño dice a la madre:”Me muero en tu lugar”? ¿Está esa frase siempre en contra de la vida?

 

Esta forma de pretensión no le corresponde a nadie. Sin embargo, surge de un movimiento de amor, un amor ciego. Es una consecuencia mortífera de la buena consciencia. No se puede exagerar la dimensión maligna de la buena consciencia.

 

¿Cómo crecer más allá de ella? Cuando la madre observa ese efecto en un niño, le dice: “Esto no tiene nada que ver contigo, aquí eres el pequeño”. Entonces, madre y niño crecen.

 

 

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otra revista 

 

 

Felicidad en la vida

Lo que hace feliz a la gente

 

Conferencia en Viena  el día 1 de octubre de 2008

 

 

La felicidad abarca un término clave, una sola palabra. La felicidad quiere decir: más, más, más. La felicidad crece siempre más.

 

Tratad de sentir en vuestro interior el movimiento. ¿Adónde se dirige?

 

Cerrad los ojos y percibid por dentro de vosotros. ¿Se dirige vuestro movimiento interior hacia más vida, más amor, más felicidad, más salud, más alegría, más éxito y claro, más dinero? Eso también hace parte de la felicidad. Comprobad la orientación del movimiento en vosotros. ¿Se dirige hacia menos éxito, menos trabajo, menos servicio, menos amor, menos salud, menos alegría?

 

El movimiento de la vida siempre va hacia más. El movimiento hacia menos acaba con la vida antes de su hora y se desplaza hacia la muerte. Ahora, podemos trasponer ese movimiento en nuestro interior.  Es decir que lo tenemos en nuestra mano. La felicidad está en nuestra mano cuando nos proponemos ir hacia más, más, más. Y ahora, nos encontramos en plena felicidad, en un movimiento que nos lleva hacia la felicidad.

 

Amor y vida

 

La felicidad tiene que ver con el amor y la vida, los dos juntos. Toda vida nace del amor, se expande gracias al amor y se transmite con amor. ¿Dónde empieza la felicidad? ¿Dónde empieza nuestra vida? Pues, del amor entre nuestros padres, hombre y mujer. Eso es el comienzo del amor, el principio de nuestro amor y de nuestra vida.  ¿Estamos dispuestos a acoger el fruto de esta comprensión, es decir que toda vida comienza con el amor de nuestros padres? ¿Y que la vida se prolonga en nosotros porque nuestros padres se han amado?

 

¿Qué servicio brindaban nuestros padres cuando se amaron como hombre y mujer? En la Biblia se cuenta cómo el mundo fue creado. Después de haber desempeñado mucho, Dios dijo:”Creemos el hombre a nuestra imagen”. ¿Cuál era la imagen humana de Dios? Creó al ser humano como hombre y como mujer, siendo esa la imagen de Dios. ¿Qué significa? Los creó como hombre y como mujer porque, a partir de ellos, Dios lleva la vida hacia el mundo. La creación no paró en el séptimo día, la creación prosigue cada día. ¿Y cómo? Con el amor del hombre y de la mujer. Toda vida humana nace de su amor. Mientras nuestros padres se amaban como hombre y mujer, Dios aprovechó para, con ellos, perpetuar su creación.  Es la continuación del proceso de la creación del mundo. Cuando hombre y mujer se aman en tanto que hombre y mujer, dicen, como Dios durante el Génesis:” ¡Qué así sea!”

 

¿Acaso existe mayor sintonía con Dios que este movimiento del amor del que nace lo nuevo? ¿Puede Dios en su grandeza manifestarse de una forma más hermosa que en nuestra madre y en nuestro padre?

  

 El principio de la felicidad

 

¿Dónde comienza la felicidad? Pues, en cuanto comprendemos lo que representa el que nuestro padre y nuestra madre se unieron con amor y dijeron:”Que así sea”.

¿Acaso hay algo más grandioso, más portador de efectos que lo que mi padre y mi madre han deseado y realizado con su amor?

 

Observo a mucha gente y me observo a mí mismo. ¿Habré captado el sentido pleno de la disponibilidad de mi padre y madre frente a la fuerza creadora cuando, con su amor, me concibieron?

De niño, no me planteaba  ninguna pregunta al respecto. Una vez, mi padre me dio un cachete - me lo había ganado, por supuesto - y me enfadé con él. Luego, durante treinta años, me acordé de este cachete. Aquella era la imagen que tenía de él.

 

Mirad ahora en vuestro interior. ¿Qué imagen tenéis de vuestra madre? ¿Y qué sentimientos se conectan a esa imagen interna? ¿Cuántas imágenes tenéis de vuestra madre?

Yo tenía tres imágenes de mi madre. Ninguna era bonita. Con esas imágenes, me di el derecho de hacerle un reproche, hasta de sentirme mejor que ella. Pero ¡qué enano soy al lado de mi madre, que me ha dado la vida!

 

Y así, muchos otros llevan en su alma tres imágenes de su madre, casi siempre imágenes negativas. ¿Pueden así estar plenamente en la vida? ¿Hasta qué punto pueden estar plenamente en la vida? ¿Y dónde se encuentra su felicidad? ¿Hasta qué punto tiene su felicidad una oportunidad de realizarse?

 

Meditación: ver a nuestros padres con otros ojos

 

Hagamos una pequeña meditación juntos.

 

Comparemos las imágenes internas que tenemos de nuestra madre con lo que ella realmente era. Veamos lo que ella ha llevado por nosotros, por nuestra vida. El embarazo, nueve meses. Tenía consciencia del riesgo inherente a ello. Estuvo con aprensión con respecto al parto, con respecto a la salud del niño. Tuvo dudas por su capacidad a hacerse cargo toda una vida de un niño quizá discapacitado. Todos estos pensamientos le cruzaron por la mente. A todo dijo que sí, en armonía con un movimiento del espíritu y con amor.

 

Luego, nacimos, en los dolores del parto. Junto a nuestro padre, ella nos ha contemplado. Ambos se maravillaron por la creación de Dios. Estábamos allí enteros, tanto como ellos estaban enteros al servicio de esta nueva vida.

 

De la misma manera, en cierto modo recién nacidos ahora, miramos a nuestra madre a los ojos y, a su lado, a nuestro padre. Ellos se miran y dicen:”Nuestro hijo”. Ellos saben, en la profundidad de su alma, lo que les ha costado tenerme como hijo. Durante años se han preocupado por nosotros y por nuestras necesidades. Si teníamos hambre, ahí estaban. Si estábamos cansados, ahí estaban. Si teníamos miedo, ahí estaban. Si estábamos enfermos, ahí estaban. Siempre y durante muchos años, ahí estuvieron.

 

Ahora, apartamos las tres imágenes que teníamos de nuestra madre. Las dejamos a un lado y miramos a nuestra madre y a nuestro padre con reverencia, como si estuviéramos ante Dios. Porque en ellos  Dios está, realmente presente, con todo su poder y amor. De esta forma, los tomamos en nuestro corazón, padre y madre y así sentimos felicidad.

 

Con este amor en el corazón crecemos, humildemente, aprendemos a amar como nuestro padre y madre y hacemos felices a otros.

 

Todo el amor comienza con los padres. Sólo donde se logra el amor hacia los padres, sobre todo el amor a la madre, se logran más tarde todas las otras relaciones.

 

Hombre y mujer

 

¿Queréis que lo aclare? Hace mucho ya que esperáis unas palabras sobre las relaciones de pareja. La relación de pareja es para nosotros el mayor anhelo. En ella esperamos encontrar la mayor felicidad. La felicidad en la relación de pareja se alcanza cuando la relación con nuestra madre está lograda.

 

Por supuesto, oigo las muchas voces internas que dicen:”Sí, pero mi madre ha hecho tal y cual…”. Es cierto que lo ha hecho. ¿Y por eso, es menos  madre? ¿O cabe decir que igual es nuestra madre? En relación con eso, ¿qué importancia tiene lo que haya hecho además en su vida? ¿Acaso negamos a nuestra madre el derecho de ser un ser humano como nosotros? Nos equivocamos, dañamos a otros, nos cargamos con culpas, pero no permitimos que nuestra madre sea una persona igual que nosotros. ¿Acaso quisiéramos que sea como Dios? Es decir, no como el verdadero Dios, sino como un Dios a nuestra imagen: a nuestro servicio, siempre presente. Con sólo chistar y ya nos responde. A él, le llamamos nuestro querido Señor. ¿Así debería de ser nuestra madre?

 

En algún momento, he tomado consciencia de la posición en que yo había colocado a mi madre, sobre un altar, esperando de ella que fuera igual a Dios. Entonces, mentalmente le escribí una carta. Al final de la carta, le decía:”Querida mamá, te libero de todas mis expectativas, que te han colocado al lado de Dios. Te quiero tal como eres. De esta forma yo también puedo ser tal como soy”.

 

Pues bien, asentir a su madre tal como es, haya pasado lo que haya pasado, es la respuesta apropiada a su amor y a su grandeza. Y ahora, volvamos a la relación de pareja. De eso quería hablar.

 

La pareja ideal

 

Muchos buscan el hombre o la mujer ideal. ¿Habéis tenido ese deseo, vosotros también? Imaginad un par ideal. ¿Qué posibilidades de felicidad tienen esos dos? ¿Qué significa “ideal” en ese contexto? Significa “tú eres exactamente como yo”. ¿Qué pasa entonces en una pareja, cuando los dos son idénticos, cuando no existe la confrontación de hombre y mujer y no hay diferencias? ¿Qué aporta esa relación?

 

Crecemos en la relación de pareja porque cada uno es distinto del otro. Sólo entonces, alcanzamos aquel amor vasto, que asiente al otro tal como es.

 

Tal como eres

 

Cerrad otra vez los ojos. No sólo hablo de la felicidad, os llevaré también hacia ella. No hace falta más que seguirme, cerrando los ojos.

 

Miramos ahora a nuestra pareja, hombre o mujer, la vemos tal como es, exactamente tal como es y le decimos:”Así como eres, te quiero, tal cual. Me alegro por ti, tal como eres, exactamente así. Es mi felicidad que seas así como eres”.

 

Al otro, ¿cómo le sienta eso? Luego él también nos dice:”Te quiero tal como eres, exactamente como eres. Así como eres, eres mi felicidad”.

 

Lo que he descrito aquí es más que un amor humano. Es el amor divino, porque la fuerza que lo ha creado todo y que lo mantiene todo en movimiento tal como es, es una fuerza dedicada a todos tal y como son, exactamente como son. Cuando, en ese estado de asentimiento, vamos hacia nuestra pareja, nos encontramos en el amor de Dios.

Si me imagino ahora vuestra vuelta a casa y vuestra mirada a vuestra pareja, veo cuan feliz se encuentra. Vosotros os habéis transformado y él puede ser tal como es, exactamente como es.

¿Me podéis seguir aún? Nunca se recibe demasiada felicidad. Nadie recibe demasiada felicidad.

 

La felicidad entera

 

¿Por qué puedo decir a mi pareja:”Te quiero tal como eres, así como eres”? Porque lo  he dicho primero a mi madre y a mi padre, sólo por eso.

 

Volvamos a nuestra madre y a nuestro padre. La miramos a ella y le decimos:”Te quiero tal como eres, exactamente así. Así como eres, eres la adecuada para mí y así como es mi padre, es el adecuado para mí. La mayor gracia que me haya dado Dios, sois vosotros. El mayor amor que me haya regalado Dios, sois vosotros. Tal como sois, os quiero, incluso con todo lo que eso  me ha exigido en mi vida. Gracias a ello, he madurado y mi amor ha madurado”.

 

Nos giramos de nuevo hacia nuestra pareja, teniendo a nuestro padre y nuestra madre en el corazón y le decimos:”Sí. Tal como eres, eres el correcto para mí”.

 

Y gracias a que hemos logrado conectarnos con nuestros padres de una buena manera, le podemos decir también a nuestra pareja:”Quiero a tu madre tal como es y a tu padre también, tal como es”.

¿Cómo le sienta eso, a nuestra pareja? Pues, se siente acogido por nosotros, se siente realmente en casa con nosotros. Y si él nos dice lo mismo, nos sentimos también en casa con él.

 

¿Acaso se opone algo más a la felicidad? Nada. Esta felicidad avanza. Crece y se vuelve más plena cada día.

 

Un poco más

 

A veces me imagino lo siguiente: en la cama están un hombre y su mujer. Él se despierta primero, mira hacia ella y se alegra por ella, así no más. Luego, se despierta ella y se percata de la alegría de él y empieza a alegrarse también por él. Para ellos dos, comienza un día feliz.

De vez en cuando, él echa un vistazo hacia ella, ve lo que está haciendo - ¡ay, de nuevo ha hecho algo bonito! – y se alegra. Otras veces, ella le echa un vistazo, se pregunta qué es lo que habrá hecho él y se alegra por ello. Y así crece la felicidad, de la mañana hasta la noche. A la hora de dormir, se caen ambos cansados en la cama y al día siguiente, vuelve a empezar todo. No de la misma manera sino que un poco más, un poco más, un poco más. Eso es el secreto de la relación de pareja: siempre un poco más.

 

Cerrad otra vez los ojos. Miramos a nuestra pareja y sentimos detrás de nosotros a nuestra madre. La honramos como nuestra madre, con su destino, con su vivencia, con lo que tal vez la hizo sentirse culpable y le decimos:”Tú eres para siempre mi madre”. Entonces, nos podemos girar hacia nuestra pareja, a sabiendas de que nuestra madre se encuentra detrás de nosotros, tal como es y que el amor que hemos recibido de ella resbala y fluye sobre la pareja, pasando más lejos.

 

Ir y venir

 

La felicidad nunca viene tarde. Algunos esperan a que la felicidad les llegue. Entonces, ella les hace esperar. Es mucho más sencillo ir hacia ella. La alcanzamos siempre. Nos adelantamos hacia ella, dando el primer paso. El primer paso hacia la felicidad es el paso hacia nuestra madre.

Algunos de nosotros esperan a que la madre se adelante. Pero ella no necesita venir, ella ya está aquí, ha estado aquí siempre. Nosotros damos el primer paso hacia ella y alcanzamos la felicidad.

 

La felicidad está cerca

 

Os diré aún algo esencial acerca de la felicidad.

 

En primer lugar, la felicidad está cerca. A veces la buscamos lejos, soñamos con ella y la perdemos de vista aunque está a nuestros pies, directamente delante de nosotros.  Pues sí, la felicidad está cerca.

Vamos hacia la felicidad cuando miramos a alguien a los ojos, simplemente. Hay alguien frente a nosotros. Le miramos a los ojos y nos sentimos felices, de inmediato. Pues sí, la felicidad está cerca.

 

La felicidad es sencilla

 

En segundo lugar, la felicidad es sencilla porque es profunda. La vida simple, la vida diaria es la vida feliz. Algunos esperan un acontecimiento extraordinario. Pero cuando llega ¿qué pueden hacer? Se sientan en la mesa con los demás y comen con ellos. Eso lo pueden hacer todos los días.  Esto está al alcance, es posible, nadie necesita esperarlo, esperar este movimiento sencillo que nos conecta a los demás.

 

La felicidad sirve

 

¿Qué más nos hace felices? No sé si me atrevo a decirlo. Es tan sencillo. Nos volvemos felices cuando servimos. En cuanto alguien sirve a otros, en cuanto se pone a disposición  y ofrece algo, se siente feliz. Donde deja de haber servicio, se acaba el amor.

Esto vale también para la relación de pareja. Donde disminuye el servicio mutuo, disminuye el amor y disminuye la felicidad.

 

¿Qué hacer entonces? Pues, hacemos algo, algo muy sencillo, que dará al otro una alegría y a nosotros también. La alegría es algo muy sencillo, toda alegría grande es sencilla.

¿Cuál es la mayor alegría que haya observado? Es cuando los padres miran a su hijo pequeño. ¿Hay algo más hermoso que la alegría en los ojos de los padres? ¿Algo más sencillo? Eso es la alegría de vivir.

 

He resumido esto en una historia, hace algún tiempo: ¿Cuál es la mayor felicidad y cuál es la felicidad más sencilla? Os contaré ahora esta historia, que tiene un título extraño:

 

La felicidad dual

 

Érase una vez, en tiempos en que los dioses parecían estar aún muy cerca de los hombres, en una pequeña ciudad, dos cantantes llamados Orfeo. Uno de ellos era el grande. Había inventado la lira, un ancestro de la guitarra y cuando tocaba  las cuerdas y cantaba, la naturaleza en su entorno se quedaba hechizada. Los animales salvajes se tumbaban a sus pies, los altos árboles inclinaban su copa hacia él: nada podía resistir a sus cantos. Porque era tan grande, cortejó la mujer más hermosa.

 

A partir de ahí, empezó el descenso.

Cuando aún se celebraba la boda, murió la bella Eurídice y la copa llena que Orfeo alzaba se partió.

Sin embargo, para el gran Orfeo, la muerte no significaba el fin. Con la ayuda de su arte refinado, encontró la entrada a los mundos inferiores, penetró en el reino de las sombras, navegó sobre el río del olvido, se enfrentó a Cerbero, alcanzó vivo el trono del dios de los muertos y le conmovió con su lira.

 

La muerte liberó a Eurídice –pero bajo una condición y Orfeo estaba tan feliz que no se percató de la malicia detrás del favor. Regresó sobre sus pasos, oyendo tras de sí los de la mujer amada. Cruzaron juntos la puerta de Cerbero, navegaron sobre el río del olvido, comenzaron la ascensión hacia la luz, viéndola de lejos.  De pronto, Orfeo oyó un grito – Eurídice había tropezado -  y espantado se dio la vuelta, viendo como las sombras desaparecían en la noche. Estaba solo. Consternado por el dolor, cantó un canto de despedida:” ¡Oh, la he perdido, mi felicidad ha muerto!”

 

Volvió hacia la luz pero la vida le era ajena desde su paso por el mundo de los muertos. Algunas  bacantes quisieron atraerle a la fiesta del vino nuevo pero al resistirse él, le despedazaron el cuerpo vivo. ¡Tan grande era su infelicidad y tan vano su arte! Pero ¡ se ha hecho famoso!

 

El otro Orfeo era el pequeño. No era más que un coplero que actuaba en fiestas de pueblo, tocando para gente humilde, brindando pequeñas alegrías y  dándose el gusto a él mismo. Porque no podía subsistir con su arte, aprendió otro quehacer, se casó con una mujer corriente, tuvo hijos corrientes, pecaba de vez en cuando, viviendo una felicidad muy corriente. Murió viejo y repleto de vida.

Pero ¡nadie le conoce, salvo nosotros!

 

 

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La nueva libertad

 

Extracto de un curso en Viena en febrero 2009

 

Desde hace unos tiempos, investigo los procesos internos que nos permiten crecer, que nos ayudan a pasar más allá de viejas fronteras. Durante estas reflexiones, me he topado con muchos límites. Y he podido ver lo que, en nuestro desarrollo hacia lo lejos y lo profundo, se nos opone.

 

Existe una larga tradición en Occidente que ha quedado presa de unas imágenes, desarrolladas a partir de la consciencia. La consciencia era el último ámbito que precisaba unas aclaraciones. Es de notar que en toda la historia occidental, sobre todo en el cristianismo e incluso en la filosofía, la consciencia recibió una trascendencia que no le correspondía. Se debe a que el cristianismo y la filosofía, los filósofos y los individuos estaban tan atrapados en el ámbito y las leyes de la consciencia que estaban incapaces de moverse más allá de ella. La consciencia se caracteriza por reducir la percepción, hasta diría que impide cierta percepción.

 

A partir de allí, la consciencia adquirió un poder enorme. ¿Para qué? ¿Para el amor o la guerra? Todas las confrontaciones bélicas se llevan con una buena consciencia. Ella es el elemento de discordia que separa a la gente, porque es la que determina quién es bueno y quién es malo. Mejor dicho, determina quién tiene derecho a la vida y quién no.

Este desarrollo llegó al extremo de llevarnos a transferir nuestra consciencia a Dios y de contemplarle como si fuera sometido a ella y como si tuviera que regir el mundo en función de ella. Todavía ahora, la consciencia domina el occidente.

Todos los que se sienten mejor rechazan a otros, con buena consciencia. Todos los que quieren una justicia que castiga a otros hasta con el infierno eterno y todos los que observan estos castigos deleitándose lo hacen con una consciencia tranquila. La buena consciencia estipula por un lado quién tiene derecho a la pertenencia y por otro, rechaza en el mismo impulso a quién no.

 

He podido mirar a través de la consciencia. Esta fue la comprensión determinante para mí. Primero, me ha hecho posible el avance que ha resultado en este trabajo. Luego, ha permitido la orientación hacia un amor mayor que dejar atrás la exclusión, con todos los efectos para la paz. Vivo esa comprensión como un enorme regalo para mí. Me hizo libre.

 

En la medida en que comparto esa comprensión con otros, en que demuestro donde yacen los límites de la consciencia y cómo pueden ser vadeadas, he ayudado a que muchos otros se liberaran para algo mayor. Se liberaron para algo eterno, divino, infinito. Los obstáculos que la consciencia ha impuesto a nuestro conocimiento, a nuestra percepción y a nuestro pensar han sido superados por esta comprensión.

Solo ante Dios 

Quiero indicaros un camino que nos ayuda a superar muchas de las fronteras que nos han mantenido atrapados hasta ahora. Toda vida depende de una fuerza del espíritu, que la mantiene en vida. Se trata, para nosotros, de conseguir vincularnos a esa fuerza.

¿Cómo llegar a conectarnos y a unirnos a ella? en soledad, únicamente en soledad.

Esta es precisamente la experiencia de sentir la entrega de esta fuerza hacia nosotros, como si estuviera totalmente presente para nosotros, como si estuviéramos a solas con ella, como si, a cada uno de nosotros y a cada otro que está por allí y que vive, nos dijera:”¡Qué seas!” Cuando nos abrimos a ese proceso, nos percibimos solos ante esa fuerza. El volvernos conscientes de ello tiene consecuencias de amplio alcance.

Ahora bien, muchas personas se sienten solas. Muchos problemas surgen porque alguien se siente solo. Es decir que se siente cortado de los demás y abandonado a su suerte.

¿Por qué llega alguien a sentirse solo? Pues, porque da a los demás un poder que le hace pensar que en ellos va algo de su vida. No obstante, nos olvidamos que, frente a esa otra fuerza, por cierto estamos solos pero nunca abandonados. Ante ella estamos solos y, a la vez, en nuestra plenitud.

Cuando nos acercamos a los demás en un vínculo, en un vínculo íntimo, ese vínculo no pasa directamente del uno a los demás sino que pasa por aquel poder creador ante el cual ellos también están solos. Al unirnos a ese poder, nos unimos con los otros, siempre a través de él, nunca directamente. Orientarse completamente hacia esa fuerza y acompañar su movimiento de ayuda es un acto religioso. Esta ayuda no pasa por los individuos sino que pasa a través del espíritu hacia los individuos y sólo, en primer lugar, a través del espíritu. 

Meditación: rechazado 

A menudo tenemos miedo de que alguien esté en contra de nosotros, o en contra de un hijo nuestro o de alguien más de nuestra familia. Lo miramos y nos exponemos a ello. Tratamos de comprender lo que provoca ese rechazo. Es un rechazo doble: rechazamos a aquellos de los que opinamos que nos rechazan y experimentamos como respuesta el que ellos nos rechazan. Este movimiento sale  de nosotros y  hace inevitable el rechazo nuestro, para ellos y para nosotros. Esto es el punto de partida.

Ahora, miramos a nuestra familia y buscamos quién, en ella, está siendo rechazado. Por ejemplo, alguien a quien no se mira y que, como resultado ya no se siente pertenecer a ella. Nos giramos ahora hacia esa persona y sentimos  en nuestro cuerpo el efecto que resulta de ese movimiento.

En cuanto logramos ese acercamiento con dedicación, miramos a aquellos  de los que opinábamos que nos rechazan. De pronto, sentimos y vemos en ellos y en nosotros un cambio, que nos trae a todos hacia el amor otra vez.

 Soledad

Vuelvo a lo que he dicho antes acerca de la soledad. En cuanto nos notamos rechazados, rechazamos a alguien en el acto. El sentimiento de ser rechazado y el de rechazar a la vez, nos hace sentir soledad. Este rechazo es la causa primera para el sentimiento y la imagen interna:”me siento solo”.

El movimiento espiritual aquí sería que nos conectemos a través de aquellos de los que pensamos que nos rechazan y de los que sentimos que rechazamos, con aquella fuerza creadora que ama a cada uno tal como es, sea a nosotros o a los otros.

En la medida en que nos conectamos con ese movimiento en nosotros, seguimos su movimiento de amor hacia el otro también. Entonces, él se encuentra solo con esa fuerza y nosotros estamos solos con esa fuerza. Ambos, nos conectamos con esa fuerza, cada uno para sí. Ninguno sufre nada por el otro. Nadie necesita temer nada del otro porque ambos están en sintonía con este movimiento de amor.

 

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otra revista 

 

Hombre y mujer

En acuerdo con nuestros limites

 

 

Cuando encontramos a alguien en situación difícil, le deseamos una buena solución a su problema. Deseamos ayudarle. Pero ¿lo podemos y tenemos permiso para ello? A veces, percibimos que no lo podemos y que no lo debemos hacer. Algo en nosotros nos lo prohibe. Entonces, tenemos que reconocer que hemos alcanzado un límite.

 

Esto ocurre también en muchas relaciones de pareja. Uno de los dos está preso por algo y el otro no sabe porque. Muy a menudo, le viene esto de su familia de origen. Pero puede también ser otra cosa que lo tiene preso, como por ejemplo, un aborto que le atrae fuera de la relación, incluso hacia la muerte, por lo menos en la imaginación y con respecto a la añoranza.

 

La pareja desea ayudarle pero siente que no lo consigue. Quedar parado, sin hacer nada, es muy difícil. La pareja debe aceptar el que sus fuerzas no sean suficientes o que su comprensión no alcance para ayudar al otro.

 

La actitud interior apropiada es por lo tanto: “Asiento a todo, tal como es, con todas las consecuencias para el otro y para mí, ambos.” En ese momento, me sintonizo con algo mayor. Puedo empezar a esperar. Tal vez ocurre algo que soluciona y sana lo que hay, después de un tiempo. Tal vez no pasa nada y a consecuencia, viene la separación. Con ella, cada uno sigue su propio destino, de la manera que lo decide.

 

Algunos pretenden que está mal, que se habría podido encontrar una solución mejor. Entendemos que tengan esas esperanzas. Pero ¿tenemos derecho de pretender esto? ¿Tenemos derecho de imaginarnos cosas?

 

La fuerza primordial

 

Rilke ha tenido unas comprensiones profundas con respecto a ese tema, una de ellas surgiendo cuando era muy joven. En su Libro de horas, escribió en un corto poema:”Toda vida es un regalo”. Toda vida es un regalo, mi vida, la de mi pareja, la de mis padres, la de mis hijos, toda vida en la naturaleza es un regalo. ¿Qué significa eso?

 

Como trasfondo a nuestra vida está una fuerza primordial, un origen, una fuente madre de toda vida, que actúa en cada existencia por igual y que también sufre. Cuando la pareja sufre pues, sufre en ella esta fuerza mayor. Podríamos incluso decir a primera vista: Dios sufre en ella. En toda criatura dolida, sufre Dios.

 

Y al revés también. Cuando una persona provoca la destrucción, sea un asesino o un soldado en la guerra o una banda criminal o lo que sea,  ¿quién actúa en realidad? ¿lo hacen ellos o lo hace Dios a través de ellos? Nos resistimos a esa idea. Pero ¿lo podemos? ¿Existe otra reflexión que se aproxime más a esta realidad y le corresponda mejor? Y ¿qué efecto tiene sobre nosotros asentir a la reflexión de que, en todos nosotros por igual, Dios sufre y actúa? El juego de creación y destrucción, de enfermedad y convalecencia, de retroceso y avance, el juego maravilloso de los opuestos que se realiza en todo es un movimiento divino. La misma fuerza actúa en ambos. La alternancia de destrucción y de creación, de vida y de muerte, de dolor y alegría es un juego divino, el juego que saca adelante el mundo.

 

Todo lo creado surge de aquel conflicto, en el que coexisten la victoria y la derrota. Con ello, el mundo da pasos hacia adelante.

 

La serenidad

 

Cuando evocamos estas consideraciones, tenemos que prescindir por completo de la idea que, como individuo, somos importantes, que nuestro dolor es importante, que nuestra tristeza o nuestra felicidad son importantes, que nuestro éxito, nuestra vida o nuestra muerte son importantes. (…)

 

Y de pronto nos sentimos increíblemente serenos. Miramos todo, tal como es y asentimos a ello. Mientras nos volvemos serenos, sintonizamos con ese movimiento, tal como es. Entonces, algo vasto se realiza en nosotros, que no tiene que ver con lo habitual, sino con la grandeza: la armonía con el todo, tal como es. En esta armonía, podemos encontrarnos con otra persona tal como es ella, exactamente tal como es. Porque únicamente tal como es, actúa lo divino en ella. Sólo tal como es, no de otra forma. Asentir a ella, a su dolor y a su alegría, a su vida y a su muerte nos permite estar en sintonía con el movimiento amplio y podemos apartar la mirada de nosotros mismos. ¿Qué tiene que ver aún el “yo” en este contexto? Entonces, algo infinito nos alza y nos lleva.

 

El paraíso

 

Otra comprensión más: la felicidad espera fuera del paraíso. El crecimiento sólo existe fuera del paraíso. La creación comienza una vez que hemos sido expulsados del paraíso. El amor grande nace cuando se acaba el amor del paraíso.

 

 

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Crecer en la relación de pareja

 

 

El crecimiento es siempre un abrirse. La persona que crece toma algo del exterior hacia dentro de ella. Crece a partir de lo que está afuera y lo va integrando dentro de ella.

 

Hombres y mujeres son distintos

 

Pues bien, un hombre entiende poco de mujeres. ¿Habéis visto a un hombre que realmente entienda algo de las mujeres? ¿Habéis ya encontrado a una mujer que diga:”Mi marido me entiende”? Y al revés también. Las mujeres no entienden mucho de hombres. De lo contrario, no intentarían constantemente cambiar a los hombres.

 

Bueno, cuando el hombre y la mujer se encuentran, encuentran pues algo ajeno, que ellos mismos no tienen, algo que no entienden pero que necesitan. El hombre necesita a la mujer. Si no, ¿para qué es hombre? Sin mujer, no es hombre. De la misma manera, la mujer necesita al hombre. Sin él, no es mujer. Una mujer se hace mujer gracias a un hombre. ¿No es cierto? Todo lo demás es provisional.

 

Entonces se encuentran dos personas que son distintas. Se completan mutuamente, sin entenderse, sin entenderse en lo más profundo. Y con eso, se mantiene una tensión en la relación de pareja durante toda la vida. Una y otra vez, el hombre se asombra por su mujer y la mujer se asombra por su hombre. Esto mantiene viva la relación.

En el momento en que un hombre encuentra a la mujer, reconoce que él es incompleto. Se ve obligado a poner en duda su convicción de que, como ser humano, puede ser completo. Lo mismo pasa con la mujer. En cuanto encuentra al hombre, se da cuenta de que ser mujer sola, no es suficiente. Falta algo más. Ella debe descartar la convicción de que ella sola es la personificación correcta de lo humano, porque de repente se encuentra con uno muy diferente frente a ella, que también es una personificación correcta. Ambos son correctos pero distintos. En cuanto lo reconocen, renuncian a su convicción y se vuelven humildes. Con ello, reconocen que se necesitan mutuamente. Y así, pueden enriquecerse mutuamente y a consecuencia, crecer cada uno.

 

Crecimiento significa: tomo algo que me era ajeno y que me incentiva a renunciar a mi sentimiento íntimo de superioridad. Hombre y mujer hacen lo mismo el uno frente al otro. Así crecen. Eso es crecimiento.

 

Las familias también son distintas
 

A eso se añade el que el hombre proviene de otra familia que la mujer y que la mujer también proviene de otra familia que el hombre. Ambas familias son diferentes. A menudo, el hombre mira la familia de la mujer de forma altanera y ella hace lo mismo. Talvez cada uno piensa:”Mi familia es mejor”. Claro, eso es normal, porque nuestro vínculo con nuestra familia nos hace verla como la mejor. Es así, de lo contrario no podríamos sobrevivir.

 

Pero las dos familias son distintas. Así como el hombre es correcto a pesar de no ser mujer y la mujer es correcta a pesar de no ser hombre, sus familias respectivas son correctas aunque distintas. Sin embargo, cada uno debe aceptar que la familia del otro es de igual valor. Al hacerlo, cada uno renuncia a algo. Así como el hombre renuncia a su convicción de ser el modelo humano, de la misma forma renuncia a la convicción de tener la mejor familia. La mujer también. Ambos toman algo ajeno en sí y con ello crecen.

 

La importancia de todo aquello se destaca cuando llegan los hijos y que los padres deben decidir cómo educar a sus hijos. Acontece a veces que nace una rivalidad entre los valores familiares del uno y del otro. Aquí también, cada uno debe renunciar a algo y de esta forma, encuentran un terreno común en otro nivel, que resulta ser más amplio que lo que tenían antes, cada uno por su lado. Eso también es crecimiento.

 

 

 

La relación de pareja

 

Extracto de un seminario en Viena en octubre 2008

 

Llegamos ahora al punto culminante de este seminario. ¿Cuál es el punto culminante? Es la relación de pareja. No obstante, no allí arriba sino aquí abajo, en la tierra.

 

La relación de pareja representa por una parte, el gran sueño de felicidad y por otra, es el mayor reto de la existencia humana. En efecto, la relación de pareja sirve la vida, su propósito es la vida.

 

Conforme a lo que refiere a nuestros padres, tenemos ideas muy determinadas en cuanto a la relación con la pareja: cómo es y cómo tiene que ser. Cuando las comparamos con la grandeza de esa relación y con todo aquello por lo que se nos toma al servicio, sobre  todo en el caso de que la pareja desemboque en la paternidad y la maternidad, nos pasa lo mismo que con las imágenes internas que tenemos de nuestros padres.  Es decir que las imágenes que tenemos de la pareja se adecuan sólo parcialmente a la magnitud de la relación de pareja. Por eso, esta relación  está forzosamente orientada hacia el desengaño. Después de un tiempo, las imágenes que tenemos ya no cuadran.

Pasada la desilusión, el verdadero amor puede empezar, así como sus desafíos. Lo llamo: amor a segunda vista. Pero incluso ese no es el último vistazo. Detrás de la segunda vista se esconde aún más.

 

La pasión

 

Miro la relación de pareja con todo respeto. También  la pasión. Sobre todo, porque es irresistible. Por ser irresistible y por dirigirse irresistiblemente hacia su punto culminante, da la prueba de que es un movimiento de origen divino.

Esto se sitúa en contradicción con muchas ideas, como si la pasión, la intimidad y el estar abarcado en la relación  fueran en contra del espíritu o de la espiritualidad.

 

Imagen de Dios por los hombres

 

La pregunta esencial, incluso desde la experiencia interna de una relación de pareja, es: ¿por qué un hombre está atraído hacia la mujer y una mujer hacia el hombre? Pues bien, porque Dios creó el hombre a su imagen, como un todo. Pero como individuo, lo hizo hombre y lo hizo mujer. Es decir que la imagen entera que Dios tiene del ser humano se cumple cuando el hombre encuentra la mujer y la mujer el hombre. En otras palabras, la imagen de Dios respecto a nosotros culmina en la relación de pareja.

 

¿Cómo miramos, pues, al que es nuestra pareja? ¿Cómo mira el hombre a la mujer y cómo mira la mujer al hombre? El hombre busca en la mujer su culminación, busca en la mujer a Dios porque se percibe y se vive como perfecto en la mujer, en acuerdo con la imagen de Dios. Para la mujer, ocurre lo mismo. La mujer busca en el hombre lo que le falta para ser entera y conforme a la imagen de Dios y se percibe perfecta en el hombre.

 

Hombre y mujer

 

Como todo lo que es grande, esto requiere cierta preparación y también experiencia.  Hay una condición para eso: la relación de pareja es lograda cuando la mujer permanece mujer y el hombre permanece hombre. Cuando la mujer concede al hombre que él es diferente. Y justamente porque es diferente, porque es hombre, ella encuentra en él lo que a ella le falta.

Similarmente, sólo cuando la mujer permanece mujer y cuando el hombre reconoce que ella, por ser mujer es así, sólo entonces puede llegar a completarse en ella, encontrando lo que le falta. Entonces, su amor mutuo se profundiza y se vuelve  completo.

 

Esto significa que cuando el hombre reconoce que él es tan sólo una de las partes del ser humano y reconoce que necesita a la mujer para ser una persona completa, cuando además, respeta a la mujer con esa perspectiva, la respeta con reverencia, pues se experimenta en la mujer a sí mismo. Vive su plenitud en la mujer.

Lo recíproco es válido, claro. Sólo cuando la mujer reconoce que ella puede personificar  tan sólo una parte de lo humano, que la otra parte sólo se encuentra en el hombre y que, en el hombre, ella busca, encuentra y toma lo que le falta, pues se experimenta como completa.

 

Verse en el otro

 

Pues bien, el amor entre hombre y mujer es un proceso de re-conocimiento. El hombre descubre en la mujer su entereza y la mujer descubre en el hombre su plenitud. De ahí que  la Biblia menciona la unión sexual como siendo un proceso de re-conocimiento. Es decir que, en la unión sexual, el hombre descubre a Dios. La Biblia dice de Adán:”Y él re-conoció a su mujer y ella le dio un hijo”. La relación sexual y la unión es un re-conocimiento de Dios, con todo lo que eso implica.

Esa visión nos permite ver y a amar al otro de una manera profunda.

 

Meditación: el género

 

Ahora, lo practicamos y completamos nuestra relación de pareja en un movimiento interior. Cerrad los ojos.

 

Miramos a nuestra pareja, tal como es, así como es. Le miramos detalladamente, como hombre o como mujer. Asentimos a su particularidad, tal como es, sea hombre o mujer. El hombre asiente a su mujer como mujer, tal como es y con todo lo que pertenece a ello, con toda la grandeza que pertenece a ello. Porque lo más grande en el ser humano es su género. Es lo más grande, en el que se hace visible el aspecto creativo, el aspecto divino.

 

Así, asentimos a nuestra pareja, privilegiando esta perspectiva, como mujer con esta característica esencial, como hombre con esta característica esencial. Tomamos a nuestra pareja con su género antes que todo y nos dedicamos a  reconocerle de una manera que nos permita reconocer nuestra propia plenitud. Tomamos consciencia de nuestra pareja y nos reconocemos en ella con reverencia.

 

La intimidad

 

La relación de pareja es algo íntimo. Es importante respetar esa intimidad. Quiero decir que la intimidad de la relación queda, para la pareja, un secreto. Por ser tan grande, se mantiene en secreto.

Cuando empezamos a contar algo de ello, ¿os dais cuenta de cómo algo sufre en el alma, el respeto, la profundidad, el amor?

 

Por eso es importante, si acaso viene una pareja a pedir ayuda por su relación, que respetemos su intimidad. Es decir que no hacemos preguntas, ninguna pregunta. Se respeta como un secreto.

Cuando una persona me quiere decir algo acerca de su relación sexual, le indico de inmediato que no escucho. No lo quiero saber. Por respeto a esta pareja, no lo quiero saber.

 

La constelación familiar

 

En lo cotidiano, sea en nuestro caso o en los demás, la relación de pareja es compleja. Mucho depende de lo que hemos vivido en nuestra vida, sobre todo con nuestros padres. Por ser una culminación, la relación de pareja presupone un logro anterior. Esto se refiere en prioridad a la relación con nuestra madre y con nuestro padre.

 

Existen muchas experiencias, incluso en las constelaciones familiares, que nos permiten sobrepasar los desequilibrios que han ocurrido en el pasado, de modo que la relación de pareja pueda lograrse bien. En ese sentido, la constelación familiar está, en muchos aspectos, al servicio de la pareja y de su felicidad.

 

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Hellinger Sciencia

 

 Órdenes del amor entre hombre y mujer en relación

con lo que lo sostiene todo

 

Me dedicaré primero en detalle a los órdenes del amor en la relación de hombre y mujer, y empezaré con lo básico.

 

Hombre y mujer

(…)

Como primer orden del amor entre hombre y mujer, es básico que el hombre quiera a la mujer para ser su mujer y que la mujer quiera al hombre para ser su marido. Si en una relación de pareja, el hombre o la mujer desean a la pareja por otros motivos, como por ejemplo el placer, o el alimento, su riqueza o su pobreza, su educación o su sencillez, por ser católico o evangélico, o porque quieren conquistarle, o protegerle, o mejorarle, o salvarle, o porque le quieren como quien dice tan graciosamente, para ser padre o madre de sus hijos, en esos casos el fundamento de la relación está edificado sobre arena y el gusano ya se encuentra en la manzana.

 

Padre y madre

 

El segundo orden del amor entre hombre y mujer es aquel que dispone a marido y mujer en función de un tercero, y que completa su masculinidad y su feminidad respectivas con un hijo. Con eso y sólo con eso, el hombre se transforma en hombre completo gracias a la paternidad y la mujer en mujer completa gracias a la maternidad. Y sólo en el hijo se hacen uno el hombre y la mujer en el sentido pleno, de manera indeleble y a la vista de todos.

 

Sin embargo, rige que su amor de padres hacia el hijo sólo prolonga y corona su amor de pareja. Porque su amor como pareja precede el amor como padres, y al igual que las raíces el árbol, su amor de pareja sostiene y sustenta su amor como padres.

 

Cuando, a partir de eso, su amor como pareja fluye de todo corazón, entonces fluye de todo corazón su amor de padres hacia el hijo. Cuando, al revés, su amor de pareja mengua, mengua también su amor como padres. Sea lo que sea lo que el hombre y la mujer admiren y amen en su pareja, lo admiran y lo aman en su hijo. Y lo que les irrita y molesta en ellos o en la pareja, les irrita y les molesta igualmente en el hijo.

Por lo tanto, lo que los padres consiguen aplicar como respeto, amor y ayuda hacia su pareja, lo consiguen aplicar también con su hijo. Y lo que no les sale bien en la pareja con relación al respeto, al amor y a la ayuda en la pareja, no les resultará con el hijo.

 

Pero si su amor como padres de un hijo prolonga y corona su amor de pareja, entonces el hijo se siente mirado, tomado, respetado, amado por ambos padres, y se siente bueno y normal.

 

El deseo

 

Una pareja se acercó a un conocido terapeuta para pedir su ayuda. Le dijeron: “Cada noche hacemos todo lo posible para cumplir con nuestra responsabilidad en la perpetuación del género humano y sin embargo, a pesar de todos nuestros esfuerzos, no hemos podido realizar esta noble tarea. ¿Qué habremos hecho mal y qué debemos aún aprender y hacer?”

El terapeuta les contestó que tenían que escucharle atentamente y en silencio, para luego, sin hablar entre ellos, volverse directamente a casa.

Asintieron a ello. Luego él les dijo:”Cada noche hacéis todo lo posible para cumplir con vuestra responsabilidad en la perpetuación del género humano y sin embargo, a pesar de todos vuestros esfuerzos, no habéis podido realizar esta noble tarea. ¿Por qué no dejáis simplemente libre paso a vuestra pasión?” Les indicó la salida.

Se levantaron, apresurándose hacia casa, como si no podían aguantarse más. En cuanto se encontraron a solas, cayeron las máscaras y se amaron con pasión y placer. Al cabo de quince días, la mujer estaba embarazada.

 

Otra mujer, ya de madura edad, un día que le dio un ataque de pánico por la cercanía de lo irremediable, colocó un anuncio en el diario: “Enfermera busca viudo con hijos para matrimonio”. ¿Qué perspectivas de intimidad tenía esa relación? Ella habría podido escribir también:”Mujer desea hombre. ¿Quién me desea a mí?”

 

El cumplimiento

 

La timidez en nombrar por su nombre lo que nos es más íntimo y en quererlo como una prioridad en nuestra relación de pareja, está relacionado con que, en nuestra cultura, la consumación del amor entre hombre y mujer parece a muchos como una cosa indecente y una necesidad indigna.

 

Y sin embargo, es el mayor cumplimiento posible del ser humano. Ningún otro cumplimiento humano se encuentra tan en sintonía con el orden y la plenitud de la vida, ningún otro cumplimiento humano nos toma a su servicio de tal manera abarcadora para la totalidad del mundo. Ningún otro acto humano nos brinda tan dichoso placer ni tan amoroso sufrimiento a continuación. Ningún otro acto humano implica tan profundas consecuencias ni tantos riesgos, arrancándonos lo último y otorgándonos conocimiento, sabiduría, humanidad y grandeza, ningún acto más que cuando un hombre toma con amor y reconoce a una mujer y la mujer toma con amor y reconoce a un hombre. Frente a eso, cualquier otro acto humano parece ser sólo una preparación y ayuda, o una consecuencia, tal vez una añadidura, o incluso, un sustituto y una carencia.

 

El cumplimiento del amor entre hombre y mujer es, a la vez, el acto más humilde. En ninguna otra parte descubrimos así nuestra desnudez ni nos exponemos tan indefensos, con nuestra vulnerabilidad. Y lo que protegemos con tan profundo pudor es el lugar en el que hombre y mujer se encuentran con amor, mostrándose en la intimidad y la confianza.

 

El cumplimiento del amor entre hombre y mujer es el acto más valiente. Porque,  al unirse para el resto de sus vidas y aunque estén al principio de su relación, abarcan ya con la mirada la meta, viendo sus limitaciones y encontrando su medida.

 

El vínculo

 

Con la consumación del amor, el hombre deja atrás, como dicen las hermosas palabras de la Biblia, a padre y madre para atarse a su mujer y de dos carnes hacer una. Lo mismo vale para la mujer. Esta imagen se corresponde a un proceso en el alma que experimentamos como real a través de sus efectos, porque provoca un vínculo que, incluso a pesar de nuestra voluntad, demuestra ser imposible de anular y, por lo tanto imposible de reproducir.

 

Uno podría objetar que un divorcio y una nueva relación a continuación prueban lo contrario. Sin embargo, una segunda relación actúa diferentemente que una primera. Un segundo hombre y una segunda mujer perciben el vínculo que existe entre su pareja y el primer hombre o la primera mujer. Eso se muestra en que un segundo hombre y una segunda mujer no se atreven a tomar a su nueva pareja plenamente como su primera pareja, y a conservarla. Lo que pasa es que ambos viven la segunda relación como culpable frente a la primera. Eso es válido también cuando la primera pareja ha muerto, porque la verdadera separación se actualiza con nuestra propia muerte.

 

De ahí que una segunda relación se logra sólo si el vínculo con la pareja anterior es reconocido y honrado, y si la pareja posterior guarda presente en la mente su posición de segunda pareja, en deuda con la primera. A pesar de todo, un vínculo con una segunda pareja nunca llega a ser equivalente, en el sentido original, al vínculo con una primera pareja. Es por eso que una separación de la segunda pareja es vivida generalmente con menos culpa y menos compromiso que cuando la ruptura de una primera relación.

(…)

 

La carne

 

Lo especial, y en sentido profundo lo indisoluble de un vínculo entre hombre y mujer, nace de la consumación de su amor. Sólo ello hace del hombre y de la mujer una pareja, y sólo ello los transforma en padres. Amor espiritual o reconocimiento público de su relación no son suficientes para ello. Por eso, si esa consumación es perjudicada, en el caso de que el hombre o la mujer hayan sido esterilizados antes de la relación por ejemplo, no nace ningún vínculo aunque ambos lo quieran. Ese tipo de relación se queda sin compromiso y las personas, en caso de separación, no sienten ni culpa ni obligación.

 

Si la consumación del amor es perjudicada posteriormente al comienzo de la relación, por un aborto por ejemplo, entonces se produce una ruptura en la relación, aunque el vínculo se mantenga. Si luego el hombre y la mujer quieren permanecer juntos, deben decidirse una segunda vez el uno para el otro así como para una vida en común, como si fuera una segunda relación. Porque la primera está, por lo general, terminada.

 

En el cumplimiento del amor se ve la superioridad de la carne sobre el espíritu, y se muestra su veracidad y su grandeza. Sin embargo, estamos a veces tentados de menospreciar la carne con respecto al espíritu como si lo resultante del instinto, de la necesidad, del anhelo y del amor fuera menos que lo que la razón y la voluntad moral nos ofrecen. Y justamente, el instinto demuestra su sabiduría y su fuerza ahí donde lo razonable y lo moral alcanzan sus fronteras y fracasan. A través del instinto actúa un espíritu más grande, un sentido más profundo, ante el cual nuestra razón y nuestra voluntad moral se asustan y se escapan cuando las cosas se ponen complicadas.

 

Cuando un niño se cae al agua y un hombre salta detrás de él para salvarle, no lo hace por haber reflexionado ni ponderado, tampoco por moral. No, de ninguna manera. Lo hace por instinto. ¿Es por eso menos correcto, menos valiente o menos bueno?

Cuando un pájaro le canta a su hembra, uniéndose a ella, cuando hacen su nido, empollan, crían a sus polluelos, los calientas, los protegen y los guían, ¿acaso es menos maravilloso por ocurrir de modo instintivo?

 

La falta

 

Para que una relación entre un hombre y una mujer cumpla con lo que promete, debe el hombre ser hombre y permanecer hombre, y debe la mujer ser mujer y permanecer mujer. Por eso, el hombre debe renunciar a apropiarse lo femenino como suyo y renunciar a tomarlo como si pudiera él hacerse mujer o ser mujer. Y la mujer debe renunciar a apropiarse lo masculino como si fuera suyo y renunciar a tomarlo como si pudiera ella hacerse hombre o ser hombre.

 

En la relación de pareja, el hombre coge sentido para la mujer sólo cuando es hombre y permanece hombre. Y la mujer coge sentido para el hombre sólo cuando es mujer y permanece mujer.

 

Si el hombre pudiera desarrollar y poseer lo femenino, no precisaría de mujer; si la mujer pudiera desarrollar y poseer lo masculino, no precisaría de hombre. Eso es por qué muchos hombres y mujeres, habiendo desarrollado en sí las especificidades del otro género, viven solos. Se bastan a sí mismo.

 

Hijo del padre e hija de la madre

 

A los órdenes del amor entre hombre y mujer pertenece pues, la renuncia. Esta renuncia empieza en la infancia ya. Para crecer como hombre, el hijo debe renunciar a la primera mujer de su vida, es decir su madre; para crecer como mujer, la hija debe renunciar al primer hombre de su vida, es decir su padre. Para ello, el hijo debe salir pronto de la zona de influencia de la madre para adentrarse a la del padre; la hija debe salir pronto de la zona de influencia del padre para volver a la de la madre. El hijo en la zona de influencia de la madre se vuelve sólo mancebo o Don Juan pero no hombre; en la zona de influencia de su padre, la hija permanece niña o se vuelve amante pero no mujer.

 

Cuando el hijo de la madre se casa con la hija del padre, él busca un sustituto para su madre y la encuentra en una amante; y ella busca un sustituto para el padre y lo encuentra en un amante. En cambio, si el hijo del padre se casa con la hija de la madre, forman más bien una pareja segura.

(…)

 

Seguir y servir

 

Un orden del amor entre hombre y mujer pide que la mujer siga al hombre. Es decir que ella le siga en su familia, en donde vive, en su círculo, en su idioma, en su cultura, y que ella asienta a que los hijos le sigan también. No puedo justificar ese orden, sin embargo sus efectos confirman su autenticidad. Sólo basta con observar familias donde la mujer sigue al hombre y sus hijos a su padre con otras familias donde el hombre sigue a su mujer y los hijos a su madre. Pero incluso aquí, existen excepciones. Por ejemplo, si en la familia del hombre hay destinos o enfermedades graves, entonces es más seguro y conveniente que él y sus hijos se vuelquen a la zona de influencia de la mujer y de su clan.

Por supuesto, aquí también rige el intercambio. Para completar este orden del amor entre hombre y mujer, corresponde que el hombre sirva a lo femenino.

(…)

 

Un todo que sostiene

 

Los órdenes del amor que nos han acompañado en previas relaciones afectan también nuestra relación con la vida y con el mundo visto como un todo, así como afectan nuestra relación con el misterio que se esconde detrás de ello.

Por lo tanto, nos podemos relacionar con el todo misterioso como un hijo con sus padres, con lo cual buscaremos a un Dios padre y a una Madre grande, tendremos fe como un niño, esperanzas como un niño, confiaremos como un niño y amaremos como un niño. Igualmente, nos asustaremos frente al todo misterioso como un niño y tal vez, como un niño tendremos miedo de saber.

 

O, en cambio, nos relacionamos a ello como a nuestros ancestros y a nuestro clan, nos reconocemos de la misma sangre en una comunidad de santos, pero también, como en el clan, reprobados o elegidos por una ley implacable, sin que entendamos su dicho y sin poder influenciarla.

 

O entonces, nos comportamos frente al todo misterioso como frente a un igual en el grupo, nos convertimos en su colaborador y su representante, nos embarcamos en negocios y tratos con ello, nos asociamos a ello, y arreglamos con contratos las obligaciones y tareas, el dar y el tomar, la ganancia y la pérdida.

 

O también, nos comportamos con el todo misterioso como si fuera una relación de pareja, donde existe un amante y su querida, un novio y su prometida.

 

O nos comportamos con el todo misterioso como padres con sus hijos, decimos lo que no está bien y lo que hay que mejorar, ponemos en duda su obra, y cuando no nos gusta este mundo tal como es, buscamos solos o con otros, librarnos de él.

 

O finalmente, cuando nos relacionamos con el misterio de este mundo, dejamos atrás los órdenes del amor que conocemos y nos olvidamos de todo, como si fuéramos ya como los ríos alcanzando el mar y como todos los caminos llegados a su meta.

 

 

 

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La  aflicción: cáncer de piel, quemaduras graves

 

 

 

Hellinger a Constanze: ¿Cuál es tu asunto?

 

Constanze: Desde hace medio año, tengo un cáncer de piel y también estoy quemada.

 

Hellinger: ¿Qué quiere decir eso?

 

Constanze: He estado quemada por un fuego, hace tiempo.

 

Hellinger: ¿Qué edad tenías entonces?

 

Constanze: 26 años.

 

Hellinger: ¿Qué pasó?

 

Constanze: Fui a una fiesta de carnaval disfrazada de algodón de azúcar con una hermana mía de mujer-globo. Otra mujer tocó el globo con un cigarrillo. El globo reventó y de repente yo era una antorcha. Un hombre supo qué hacer. Arrancó la cortina y me envolvió. Me había quemado un 70 por ciento y por poco me muero. Me quedé casi un año en el hospital. Las numerosas cicatrices que tengo ahora me han cambiado la vida.

 

Hellinger: ¿De qué manera te la han cambiado?

 

Constanze: Frente a los hombres. Dejé de verme bonita, por todas las cicatrices. Eso pasó dos semanas antes de mi viaje a América, donde me iba a encontrar con mi novio de la época. Él me vino a ver al hospital.

Todo me fue difícil en la vida y ahora tengo un cáncer de piel. Mi vida, realmente, es pesada.

 

Hellinger: Hace poco, alguien dijo:”A los que están en la aflicción, no se les puede ayudar”. ¿Qué pasó en el incendio? Casi te mueres, dijiste. ¿Qué pasó en realidad?

 

Constanze: No me fui a América a encontrar a mi novio. Me quedé en casa. Me quedé para siempre en casa, en la empresa de mi familia. Eso es lo que pasó.

 

Hellinger: Bueno, eso era pura aflicción. ¿Y ahora, qué pasó realmente?

 

Constanze: Todos se han ocupado de mí. Todos mis hermanos se han ocupado de mí. Han venido a verme.

 

Hellinger: ¿Cómo le va a tu alma, cuando hablas de esto?

 

Constanze: Tiembla.

 

Hellinger: Eso es. La mía también temblaría.

 

Constanze: Pero no sé por qué tiembla.

 

Hellinger: Dile a tu alma:” Tú estabas conmigo”.

 

Constanze: Tú estabas conmigo.

 

Hellinger: Y ahora, ¿cómo le va a tu alma?

 

Constanze: Ella piensa: estoy todavía contigo.

 

Hellinger: Y tú, ¿estás con ella?

 

Constanze: Ella se ha retraído.

 

Hellinger: Exactamente. Se retrae delante de ti. Tú no has honrado su obsequio.

 

Constanze: ¿Su obsequio? ¿De haber quedado a mi lado cuando me estaba quemando?

 

Hellinger: Y de que estás sana de nuevo.

 

Constanze: Sí.

 

Hellinger: ¿Qué te pasa cuando brindas un regalo valioso a alguien y esa persona lo descarta? ¿Cómo sientes eso?

 

Constanze: Eso me hiere, me vuelvo triste.

 

Hellinger: Y ¿qué pasa entonces?

 

Constanze: Me retraigo.

 

Hellinger: Eso es. Pierdes fuerzas.

Ahora te he indicado un camino.

 

Constanze: ¿Un camino? ¿Aceptar un regalo valioso?

 

Hellinger: ¿Has aceptado mi regalo?

 

Constanze: Yo querría otro regalo.

 

Hellinger: Eso es. El alma. Estás desconectada de tu alma.

¿Qué te ayuda ahora, con tu cáncer?

 

Constanze: Pues no lo sé. Sólo pienso: esto es una señal.

¿El cáncer?

Pensé que una constelación familiar podría ayudar.

 

Hellinger: Sin alma, aquí nada puede funcionar.

 

Al grupo: Quiero comentar algo respecto a la psicosomática.

Ahí, muchas personas se imaginan que la enfermedad proviene del alma y que la enfermedad se va cuando uno arregla el alma. Con esto, conciben el alma como algo que se utiliza para curarse, igual que tragarse una medicina y sanarse. Pero no le gusta al alma que se la utilice como remedio. Su propósito se extiende mucho más allá. Lo que importa es que se obtenga su apoyo para que nos ayude. Por ejemplo, honrándola y abandonándonos a su liderazgo y a su destino, aunque ello pase por una enfermedad.

 

A menudo ocurre que la psicosomática es atendida como si se tratara no del alma y del cuerpo sino del yo y del cuerpo. Pero eso entonces, no sería psicosomática sino ego-somática, para decirlo así. Cuando se dice por ejemplo: “Esto está condicionado por el alma, tienes que sobreponerte a ella”, uno no se refiere al alma sino al yo.

Uno se debe adaptar al alma. Ese ajuste es algo muy humilde y esta humildad sana.

 

A Constanze: ¿Lo has entendido?

 

Constanze: Trato de entender.

 

Hellinger: Te dejo un poco de tiempo, ¿sí?

Al grupo: Lo que acabo de decir acerca del enfermo vale, naturalmente, para el terapeuta. Se tiene que alejar de lo que ha previsto y entrar en sintonía con el alma del cliente. Debe sentir el movimiento del alma, seguirle el paso y ayudarle de manera efectiva frente a las imágenes y deseos del enfermo. Cuando entonces el alma se entrega, se da algo que produce buenos efectos. Uno se mantiene con los pies en el suelo y confía en las fuerzas que vienen de dentro.

En muchos casos, vienen clientes o pacientes diciendo: Ayúdame, configura mi familia, para que me vaya mejor. Esto es una llamada a un poder imaginario del terapeuta. Si éste cae en la trampa y actúa como si tuviera ese poder, el alma no podrá vibrar en acuerdo. El trabajo está condenado a fallar.

 

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