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Revista
Independiente Hellinger
Junio 2006
Ayudar a los niños con cuentos
Mamá, hoy duermo sola
Hombre y Mujer
Vínculos anteriores permanecen
Los campos del alma
El movimiento profundo del amor
La desilusión
La comunidad de destinos
Las bases
Los
órdenes del amor: la medida del amor
Temas de actualidad
Ver a los padres como son, humanos
Mirando con lupa
La rabia
Ayudar
a los niños con cuentos
Relato de Günter Schricker
Mamá, hoy duermo sola
Una madre soltera presenta su
problema con respecto a su hija de nueve años, que sufre mucha
angustia: “Cada noche viene a mi cama. La debo llevar cada día a la
escuela y recogerla con puntualidad. Hasta cuando quiero llevar la
basura abajo, me tiene que seguir.”
Esta madre atendió un curso
conmigo. Salió a lucir en una constelación que estaba habitada por
un anhelo secreto de muerte. Hasta entonces sólo había percibido el
deseo naciente de alejarse por fin y dejar todo tras ella. El nexo
entre su deseo y la causa de ello resaltó durante la constelación.
Una de sus hermanas había nacido muerta. En la familia se la olvidó
del todo, ni siquiera recibió un nombre.
Ahora la mujer pudo tomar a su
hermana en su corazón y percibir su energía buena. Su deseo de
marcharse y de morir acabó.
Al volver a su casa después del
curso encontró a su hija con la abuela, jugando a los dados en la
mesa de la cocina. La niña alzó la mirada y le dijo:” Mamá, hoy
duermo sola.”
Así es como fue, y así quedó.
Hombre y mujer
Vínculos anteriores permanecen
Hoy en día consideramos
como normal - y nos comportamos en consecuencia- que la
relación de pareja sólo abarca un hombre y una mujer.
Los dos se quieren, se atraen mutuamente y forman
pareja. Pero fácilmente perdemos de vista que cada uno
viene de una familia en particular, cada uno de ellos
tiene otros padres y otros antepasados. En cada familia
ha pasado algo distinto y estas realidades se prolongan
en la relación de pareja. Ambas partes provienen de un
campo energético propio, de un sistema familiar distinto
del cual, en muchos aspectos, se hacen cargo. Por lo
tanto ninguno de ellos es libre.
Cuando a esto se agrega
el que uno, o mismo los dos, ha estado comprometido
anteriormente a otra pareja con la cual talvez ha habido
hijos, este pasado se junta al presente de mil maneras.
Se junta a los niños y al padre o a la madre de los
niños. Precisamos considerar que cada participante en
estas relaciones quiere y debe poder permanecer de una
forma determinada. Ninguno puede exigirle al otro en el
nuevo lazo que renuncie a aquellas relaciones previas.
Esto se comprueba a veces cuando la pareja no consigue
vivir junta a pesar de desearlo.
Los
campos del alma
En una familia
considerada aquí en su sentido amplio, es decir
incluyendo a los antepasados, todos están vinculados
como si tuvieran un solo alma grande. La podemos nombrar
también "un campo del alma". En éste alma grande están
presentes todos los que en otros momentos han formado
parte de ella, también los muertos, todos los muertos.
Por ejemplo, forman parte los niños abortados y los
niños precozmente muertos. Pertenecen también a este
campo del alma los que han sido apartados y de los
cuales se ha ignorado todo. En este campo permanecen
presentes. Todos están allí con todos, en resonancia
recíproca.
Al mismo tiempo se da
en este campo un movimiento que requiere con insistencia
reunir a los separados. A raíz de éste, dos movimientos
distintos sirven aquel propósito: uno de ellos es el que
lleva a un vivo hacia los muertos, uniéndolos en la
muerte. A menudo es éste un movimiento del amor y sin
embargo, en lugar de la vida, lleva hacia la muerte.
Pero a la vez se da aquí el otro movimiento, el otro
tipo de amor, que nos mantiene en vida. Puedo por
ejemplo acoger en mí a un excluido, acogerle dentro de
mi alma con amor. Como consecuencia, en vez de atraerme
hacia la muerte, por ser reconocido me brinda protección
en mi vida. Esto es un movimiento contrario, un
movimiento sanador.
Estando nosotros
enredados de tantas maneras, es evidente que nuestras
ilusiones con respecto a una existencia plena y feliz no
logran hacerse realidad. Justamente porque estamos
enredados. Pero en cuanto consentimos a estos vínculos
del destino, cosa que ellos nos piden, ganamos una
profundidad especial, una profundidad lograda a través
de la renuncia. En aquel instante, obviamente, crecemos.
Nos hacemos más humanos, nos relacionamos con la
totalidad y tenemos otra fuerza.
El
movimiento profundo del amor
El movimiento profundo del amor,
el comienzo del amor es: tomar, tomar, tomar todo así como es,
sencillamente tomar. Más que tomamos y más ricos nos volvemos. Esto
es el comienzo del amor. Cuando hemos tomado mucho, rebalsa el amor.
Pero no antes.
Los niños a menudo quieren dar
demasiado pronto. Aman a sus padres y desean hacer algo por ellos,
cosa que no les corresponde. Aquí también vale que primero importe
que tomen en lugar de dar. Tomar, tomar, tomar es el principio de
todo amor que sirve la vida.
A continuación, a los veinte
años aproximadamente, el niño no aguanta más el tomar, sin más.
Entonces se junta con una pareja y se ve dispuesto y capaz de dar.
No es más como un niño que sólo toma. Ha tomado tanto ya, que ahora
puede dar. Entonces acontece el intercambio pleno, maduro entre
hombre y mujer en el amor. Un intercambio con dar y tomar.
Esto querría decir con respecto
a un importante orden del amor en la relación entre hombre y mujer.
La
desilusión
¿Por qué
estamos desilusionados con respecto a nuestra pareja?
Pues porque esperamos del otro algo que no puede
dar. Porque tenemos expectativas que van más allá de lo
común. Estas expectativas se originan muy a menudo en la
infancia. Y más específicamente, relacionadas con la
madre.
Hay un
ejercicio al respecto, que permite superar esta
desilusión. Podríamos, por ejemplo, sentarnos una tarde y
tomar cinco hojas de papel, no menos de cinco, y empezar
a visualizar nuestra pareja, rellenando las hojas con
todo lo que hemos recibido de él o de ella. Cinco largas
páginas, que por cierto no bastarán. A medida que vamos
escribiendo, vamos vislumbrando más, cada vez más. Es un
bonito ejercicio.
La
comunidad de destinos
Contrariamente a lo que imaginamos a menudo acerca del
amor romántico, muchas otras fuerzas actúan dentro de
una relación. En el amor romántico, los dos están en
cierta forma cegados el uno
por el otro, cegados quiere
decir que no ven nada. La atracción mutua es tan
exclusiva que el mundo alrededor queda como ignorado. El
amor romántico no se mantiene por mucho tiempo, porque
pronto se manifiesta el entorno.
Veo
también la relación de pareja en conexión con otro
aspecto. Cada sistema familiar lleva consigo un destino
particular así como un desorden particular. El desorden
se manifiesta porque algunos de los que pertenecen al
sistema no están reconocidos como perteneciendo.
Entonces ejercen una presión hasta que se los reconozca.
Y esta presión del campo obliga más tarde a un niño a
representar a estos
excluidos, sin por lo tanto que sea consciente de ello.
Con frecuencia, se trata de una pareja anterior de los
padres o abuelos que ha sido apartada, tal
vez por haber muerto pronto. Quizá
también haya muerto una mujer en el parto. Estas
personas quedan sin que nadie las mire en su sistema,
porque su destino asusta a lo demás. Pero más tarde, se
manifiestan en un niño. El niño no sabe que está poseído
por algo y que se encuentra intrincado en el destino de
otra persona.
Al
no resolver el problema de la exclusión de una persona,
el niño pues, al ser adulto,
se busca una pareja que le ayude así como a su familia a
solucionar este problema. Es decir, el sistema de la
mujer busca, a través de la mujer, en el sistema de un
hombre la solución para un asunto pendiente. Y también
quizás al revés. El hombre y su sistema buscan, a través
de la mujer y su sistema, una solución para su problema.
Así, inician ambos una comunidad de sistemas en la cual
cada uno mira hacia el otro para una solución.
Asistí
en Suiza a un ejemplo
extraordinario al respecto. Un hombre tenía un hermano,
muerto de hambre en la guerra. No había suficiente
comida para la familia. El
hombre estaba muy vinculado a su hermano y temía perecer
de hambre también, temía que fuera éste
su destino. Y ¿qué hizo? Se casó con una mujer
anoréxica. Ella debía morirse de hambre en su lugar.
Pues, se dan este tipo de intrincaciones. A veces nos
llevan en direcciones que parecen monstruosas. Les daré
otro ejemplo de un curso con parejas en Washington. Una
mujer vino sin su marido a una constelación de pareja.
La configure a ella y
delante de ella un hombre para su marido. El hombre
empezó a temblar por todo el cuerpo, un obvio pánico a
la muerte. Le pregunté a la mujer: ¿acaso has pensado en
matarle alguna vez? Me respondió: sí. Su hija, que
también estaba presente, había intentado ya quitarse la
vida. Pues, en esta familia había un fuerte potencial
agresivo. Cuando algo así sale a la luz, están algunos
tentados de decir: “una mala
mujer”. No lo digo. Pero a ella le dije:” en tu familia
tuvo que haber ocurrido algo
especial”. Después de una pausa, ella vino hacia mí y me
dijo:” mi padre participó en la fabricación de la bomba
atómica”. Y añadió: me pregunto también por qué me he
casado con un japonés”. ¿Cuál era aquí la intrincación?
La guerra entre Japón y EEUU se continuaba en esta
pareja. Ninguno de los dos estaba consciente de ello.
Esto es una comunidad de destinos. Puede llevar a la
muerte.
Cuando se reconocen estos vínculos del destino, surge de
repente una buena solución para ambos.
Entonces ambos encuentran su
paz. A esta pareja, después,
le ha ido de maravillas. La hija se fue a Japón
un poco más tarde. Estudió allí y
se desarrolló.
La
relación de pareja y toda relación humana íntima tienen
una profundidad increíble. Cuando nos exponemos a todas
sus dimensiones, descubrimos otra forma de amar y de
relacionarnos. Mucho más profundo y abierto a todo.
Como
ya he dicho, siempre se
trata de reintegrar a los que fueron excluidos.
Este
es el movimiento principal, el
que lleva, en una relación, al
orden y a la felicidad para todos.
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Las bases:
los órdenes del amor
La medida
del amor
No es
cosa rara que se den dificultades con el amor. Una de
ellas es que existe la idea que el amor tiene poder.
Que, por ejemplo, gracias al amor se puede alterar un
destino. Esta idea es presuntuosa. En lugar de servir la
vida, con frecuencia se opone a ella.
Lo
apoyaré con un ejemplo sencillo. ¿Cómo les va a niños
cuyos padres se preocupan por ellos? ¿A estos niños, les
va mejor o peor? ¿Tienen más o menos fuerza para vivir?
Muchos padres piensan que se preocupan por sus hijos
porque los aman. Pero si los padres renuncian al poder
del amor con el cual se sienten el derecho de interferir
en la vida de sus hijos, los niños pueden al fin
respirar. Por lo tanto, miramos al amor que sirve la
vida en vez de poner la mirada en lo que está cerca y
que nos preocupa, y miramos hacia algo más grande.
Una vez
estuvo conmigo una madre con su hijo de 5 meses. Se
sentó al lado mío, apretando el niño en sus brazos. Le
dije: “mira una vez por encima del hijo, a lo lejos”.
Eso hizo, miró a lo lejos. Y de repente el niño de 5
meses, suspiró profundamente. Se giró hacia mí y me
sonrió.
Quiere
decir que el amor tiene una medida. No sólo los padres
pierden a veces la medida del amor. Los niños sobre todo
la pierden. No la conocen. Entonces se hacen cargo de
algo en lugar de sus padres, porque piensan de esta
manera salvar a sus padres. Esto es una idea increíble.
Pero así son los niños.
Y tiene
que ver con que el niño no conoce un orden esencial del
amor, o sea que los que están antes tienen la
precedencia sobre los que vienen después. Quiere decir
que los padres preceden a los niños, el primogénito
precede al segundo etc. Existe también un orden de
origen. Este orden de origen prohíbe que un niño se
preocupe por sus padres o los quiera salvar.
Existen
dos dinámicas de fondo en el amor, el amor ciego, que en
los niños se opone a la vida. La primera es que un niño
que ha perdido muy pronto a uno de sus padres o de sus
hermanos, le dice:”yo te sigo”. A menudo por ejemplo, un
mellizo quiere seguir a su hermano o hermana en la
muerte. Eso es amor, pero un amor que hace peligrar la
vida. No es un amor que permite lograr la vida.
Luego se
da una prolongación de esta dinámica, cuando el niño
percibe que uno de sus padres se quiere ir o morir. Este
mismo padre frecuentemente se encuentra en la dinámica
de “yo te sigo” y quiere irse o morir. Entonces en su
interior el niño dice:” yo en tu lugar”. Esto también es
amor, pero un amor que lleva a la muerte.
Aquí
corresponde que honremos el destino de cada cual tal y
como es, sin interferir, incluso sin tener el deseo de
interferir. Esto es otro amor completamente distinto. Es
un amor sabio y tiene fuerza. Sabe respetar cierta
distancia y dejar que el otro viva su destino así como
le viene. También deja que nuestro propio destino de
desarrolle sin la presión de preocupaciones exageradas
para cambiarlo.
Así
vemos que el amor grande, el que sirve la vida, nos
exige algo. Nos exige más que todo renunciar al poder.
Temas de actualidad
Ver a los padres como son, humanos
El tomar a los padres tales como son y
tomar todo lo que de ellos nos viene, se encuentra a veces
obstaculizado por algo, siendo este algo una expectativa nuestra que
alcanza mucho más lejos de lo que un ser humano corriente puede dar.
Los colocamos en cierto modo al lado de Dios y nos enfadamos
cuando no son iguales a Él. ¿No les parece esto raro? Esta
expectativa nos impide tomar todo lo que los padres nos han podido
dar y lo que nos han dado en verdad.
Algo más se interpone en este tomar.
Los padres son gente común y corriente, igual que nosotros, y como
tales han hecho muchos errores. Pensamos que lo han hecho mal. Hay
padres que pegan a sus hijos. Hay situaciones que han llevado a
abuso de niños. Entonces estos niños hacen reproches a sus padres y
dicen tal vez: “No quiero saber nada más de vosotros” o se comportan
de una manera similar. Rechazan el amor y, por encima, se sienten en
su derecho.
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Mirando con lupa
La rabia
La rabia se manifiesta de
diferentes maneras, útil o devastadora, fuerte o débil. Aquí
presento algunos de estos aspectos bajo la lupa.
1. Alguien me ataca o me causa
una injusticia y reacciono en función de ello con cólera y rabia.
Esta rabia hace posible que me defienda con fuerzas o que me oponga.
Me hace capaz de manejar la situación, es positiva y me fortalece.
Esta rabia viene al caso y por esto tiene medida. Se disuelve en
cuanto alcanza su meta.
2. Me pongo rabioso y enfadado
cuando me doy cuenta que no he tomado lo que habría podido o
tenido que tomar, o que no he reclamado lo que habría podido o
tenido que reclamar, o que no he rogado por lo que habría podido o
tenido que rogar. En vez de hacer frente y buscar o tomar lo que me
hace falta, me enfado y me pongo rabioso con las personas de las
cuales no he tomado o reclamado o rogado cuando lo habría podido o
tenido que hacer.
Esta rabia es un sustituto para
la acción y la consecuencia de una dimisión. Ella me
paraliza, me hace sentir inapto y débil y perdura durante mucho
tiempo.
Del mismo modo, esta rabia actúa
como defensa contra el amor. En lugar de exteriorizar mi amor, me
vuelco hacia los que quiero con rabia. Ella se origina en la niñez,
cuando surge como consecuencia de un movimiento interrumpido. En
situaciones similares posteriores, trae el recuerdo de lo anterior y
de ello tira su fuerza.
3. Estoy enfadado con alguien
porque le he hecho algo de daño y no lo quiero admitir. Con esta
rabia me protejo de los efectos de la culpa. Los proyecto sobre el
otro. Esta rabia también es un sustituto para la acción. Me paraliza
y me debilita.
4. Alguien me da tanto y en
cantidad tan grande que no se lo puedo devolver. Sólo me queda el
peso de ello. Entonces me defiendo del donante y sus dones
enfadándome con él. Este enfado se expresa en forma de reproches,
por ejemplo de los niños hacia sus padres.
Es el sustituto para el
tomar y dar las gracias. Nos paraliza y nos deja vacíos.
O talvez se
manifiesta como depresión. La depresión es la otra cara del
reproche. Es también un sustituto para el tomar, el dar y el
agradecer. Nos inmoviliza y nos vacía. Nos mantiene, después de una
separación, en un duelo sin terminar, cuando aún nos sentimos en
deuda en el dar y tomar, frente a los muertos o a los que se han
separado de nosotros. Puede también que nos sintamos, como en la 3ª
forma de la rabia, presos de nuestra culpa y sus consecuencias.
5. Algunos sienten una rabia que
pertenece a otros pero que hacen suya.
Un ejemplo sería : cuando en
un grupo un participante reprime su propia rabia, al cabo de un
tiempo otro participante se siente fastidiado, a menudo el más
débil, que a la base no tiene motivo para serlo.
En familia, el
elemento más débil es un niño. Cuando una madre está encrespada con
el padre pero no lo deja entrever, casi siempre un niño se enoja con
él.
El más débil no sólo se hace
cargo de la rabia sino que a veces la rabia lo toma como blanco: cuando un subordinado siente ira hacia su superior sin poder
exteriorizarla, la vuelca hacia otro más vulnerable. O cuando un
hombre se pone rabioso con su mujer sin dejarlo aparecer, a menudo
carga a su hijo con ello.
No sólo puede transferirse la
rabia de un individuo para otro, como de padre a hijo, sino que
también puede que el destinatario sea un representante para el
verdadero destinatario, es decir que este papel es desplazado de una
persona con fuerza a otra más frágil. Con lo cual, una hija que se
hace cargo de la rabia de su madre hacia su padre, dirige esta rabia
contra alguien que percibe como más vulnerable que su padre, por
ejemplo su propio marido.
En grupos se nota que la rabia
transferida no se dirige a los responsable como lo sería el jefe del
grupo, sino que recae sobre el más débil que, de esta forma, asume
el rol de bode expiatorio de los fuertes. En las transferencias de
rabia, los actores se sitúan fuera de si mismos, siendo presuntuosos
y sintiéndose en su derecho. Pero actúan desde una fuente de energía
y de derecho que les es ajena y que no les permite ni el éxito ni la
fuerza. Las víctimas de las transferencias se sienten por igual
presuntuosas y en su derecho porque saben que sufren una injusticia.
Ellas igualmente quedan sin fuerzas y sin éxito en su dolor.
6. Existe una cólera que es virtud y
valentía.
Es una
fuerza de penetración atenta y recogida, al servicio de la miseria y
de la necesidad que, con osadía y sabiduría se enfrenta a los
poderosos y a los que ejercen mucho peso. Sin embargo esta cólera es
sin emoción. Si lo requiere la situación, actúa provocando daño al
otro, sin temor y sin maldad. Es pura energía agresiva. Es el fruto
de una larga disciplina y práctica y surge no obstante sin esfuerzo.
Se expresa incluso como capacidad para negociar estratégicamente.
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