Revista - Hellinger® Sciencia

 

 

Marzo 2010

 

Editorial

 

El amor

 

Movimientos del espíritu

 

El comienzo

 

Contemplaciones

            El vacío

 

Hombre y mujer a semejanza de Dios

 

Editorial

 

“¿Puede haber un poco más…?”

Hablamos a veces del retorno de lo mismo. Cada mañana, se levanta el mismo sol. Cada noche, brillan las mismas estrellas. Sin embargo, aunque parezcan iguales, las experimentamos siempre distintas y de una nueva manera.

 

Día tras día nos encontramos con las mismas personas. Cuando nuestra actitud es abierta, los vemos cada día con otros ojos. Cada día el amor se renueva cuando, con el retorno de lo mismo que amamos, crecemos con los otros. Porque junto con la seguridad de lo conocido, lo que aun no fue y es nuevo atrae y hace feliz.

 

En esta revista, muchas cosas parecen ser iguales. Algunos buscan a veces lo mismo, por ejemplo la sabiduría en el camino o las frases para meditar. Pero cada vez es distinto y nuevo.

Rilke describe el retorno de lo mismo, que siempre trae algo nuevo, con una linda imagen: “Vivo mi vida en círculos crecientes”. Así contemplo también esta revista, creciendo, la misma pero cada vez distinta. Tal vez os pasa lo mismo, cuando la abrís. Un círculo nuevo, del que podemos crecer. Ahora, con el comienzo de la primavera, vivimos este crecimiento de muchas maneras, incluso dentro de nosotros.

 

Sin embargo, este nuevo círculo es el último, porque este número es el último de la revista. Como todo, ella también tuvo su momento. Tomé esta decisión hace más de un año, porque veo que ha cumplido con su servicio. Pero permanezco más adelante en contacto con vosotros, con nuevos informes y contribuciones que encontraréis en mi página web bajo www.hellinger.com. Sólo lo que se detiene puede ir más lejos, de otra manera. Encontraréis más información al final de la revista bajo los títulos de “Retrospectiva y visión”.

 

Con Sophie mi mujer, y todos nuestros colaboradores, os deseamos con este número mucha alegría así como la felicidad de la dedicación y del amor diariamente renovados, gracias a los que crecemos.

 

 

 

El amor

 

En “Caminos del amor”, Viena 2009

 

Existe el dicho: El amor es un poder del cielo. Pero más precisamente, su sentido es: El fuego es un poder del cielo, cuando lo cuidamos, bien cuidado. Cuando lo dejamos libre, prende un incendio mortal.

El fuego del amor, con el que a menudo iniciamos una relación de pareja, se transforma a veces en un incendio mortal. A eso, le llaman divorcio o algo semejante.

Es curiosa la pujanza que actúa cuando el amor del principio se voltea. Es el mismo amor de siempre, sólo que presenta su otra cara. El odio es el amor decepcionado, surge de la misma fuente.

 

El amor íntimo hacia la madre

 

Existe un amor cercano, sumamente cercano. El amor más íntimo que hayamos conocido fue el amor de nuestra madre, el amor más cercano que pueda existir.

 

¿Qué ocurre con ese amor, para que llegue a ser decepcionado? Ocurre que esperamos más de lo que es posible. Me invade una compasión profunda hacia las madres cuyos hijos las han elevado a la altura del señor Dios. ¡Ay de ellas si no igualan a Dios! ¡Pobres madres!

Eso es el amor decepcionado. Oscila entre el rechazo y el deseo de muerte. A veces, algunos niños hasta desean la muerte de su madre. Eso es el amor decepcionado.

 

Pero si los hijos dicen a su madre:”Lo tengo todo, me ha sido obsequiado con abundancia”, eso es cierto. Esa es la verdad, de lo contrario la persona no estaría aquí sentada. Todo aquel que se encuentra sentado aquí lo ha recibido todo. Si reconocemos que hemos recibido todo lo necesario, podemos decirle a la madre:”Eso basta, eso es suficiente. Todo lo demás me lo busco y lo encuentro en otra parte”. Entonces, el amor puede continuar, un amor totalmente humano, nada de exageración, y la madre se encuentra libre.

 

El amor entre hombre y mujer

 

El siguiente amor grande, el examen del amor, es la pareja. La pareja comienza para muchos con expectativas enormes. La otra persona es alzada a las nubes, las dos personas se alzan mutuamente a las nubes. A eso se le dice “enamoramiento”. “Enamorado” significa en las nubes y no en la tierra.

 

¿Lo podéis percibir, por vuestra experiencia propia? Claro, no dura mucho, y ambos se caen pronto por los suelos, decepcionados. Cada uno revela ser distinto de lo esperado. Entonces, quizás llega la próxima pareja, y comenzamos otra vez con el enamoramiento, desde cero. ¡Alguna vez tiene que lograrse! Estos son los sueños y las ilusiones del amor.

 

En cuanto al amor, se mantiene cerca del suelo, bien abajo. Desde el suelo, miramos a nuestra pareja, tal como es, sin el deseo de que sea de otra forma. Ese es el amor profundo, el asentimiento a su riqueza y a sus límites. Con eso puede empezar la felicidad.

 

Algunas personas opinan que existen compañeros o compañeras ideales. Si fuera cierto, ¿qué pasaría luego? El uno no tendría nada más que hacer, el otro lo haría todo. Con el compañero ideal, me transformo de nuevo en niño.

 

Gracias a Dios, el compañero ideal no existe y debemos conformarnos con uno muy corriente. Pero a veces los sueños de una pareja ideal aún persisten. El amor verdadero se mantiene con los pies en la tierra y asiente al otro tal como es. Aquí se inicia la relación de pareja. En ese sentido, es una relación corriente. Cuanto más profunda y terrenal es, tanto más potente es su fuerza.

 

La sede del amor

 

La vida y el amor van juntos. Si buscáis sentir en vosotros, en vuestro cuerpo, ¿dónde se asienta la fuerza de vida, la verdadera fuerza de vida? Comenzad desde arriba, en el cráneo, y bajad lentamente, hacia muy abajo. ¿Dónde se ubica la fuerza creadora de vida? ¿Dónde se sienta Dios en nuestro cuerpo? Muy abajo, por debajo del vientre se concentra la fuerza de vida, la profunda fuerza. De ahí, se eleva y vuelve, una y otra vez. Se concentra vuestra fuerza en aquella profundidad, abajo del todo.

 

Así es también con el amor. Su sede está abajo, donde se concentra. Se reúne en nuestro sexo, en el entorno de nuestro sexo. Ahí está su fuerza. Y de ahí se eleva hacia la luz. Sólo cuando amamos a nuestra pareja desde esa profundidad, nos encontramos inmensamente unidos a ella. Sólo en la profundidad, estamos al servicio de la vida.

 

Miramos ahora a nuestra pareja con ese amor, desde la tierra, con su irresistible fuerza creadora. Y recibimos con la misma profundidad el amor de nuestra pareja.

En ese sentido, pensándolo y sintiéndolo completamente, no importa a qué mujer el hombre ama, ni importa a qué hombre la mujer ama. Lo principal es que hay un hombre y hay una mujer. Eso es lo decisivo, está muy abajo y posee la fuerza completa. Desde ahí, luego se puede desplegar lo demás.

 

Igual a la raíz que en lo recóndito de la tierra se ahonda, para luego apremiarse hacia arriba, crecer, florecer y dar su fruto, así es con el amor entre hombre y mujer. Viene de abajo y se mantiene abajo. No lo podemos cosechar como una flor. Una flor cosechada se marchita.

¿Me podéis seguir? ¿Lo podéis percibir? Así, el amor se transforma en fuerza de vida, sin ilusiones, sin expectativas exageradas, andando con un movimiento que avanza, trae amor y sigue adelante.

 

El extravío de la vida, el extravío del amor

 

Deseo decir algo acerca del extravío de la vida y del amor. El extravío de la vida se aleja del suelo. Observad a las personas que desean subir a las alturas, alcanzar el cielo, encontrar la iluminación, aquellas que quieren tocar lo último, la realización espiritual. ¿Dónde están? ¿Acaso en la tierra? ¿Están en la vida? ¿Están vinculadas a la vida o se alejan de la vida?

 

¿Dónde está lo espiritual establecido? En el cuerpo, abajo. Ahí, está asentado. Sin esa conexión, perdemos la conexión con la fuerza creadora real.

 

El vínculo espiritual más profundo que exista, la manifestación divina más generosa que exista, es el vínculo directo con los movimientos de la vida en nuestro cuerpo, en cada momento. Él nos exige el más profundo recogimiento, el cual no va hacia arriba sino hacia abajo, hacia los movimientos de la vida que, en cada momento, sostienen y hacen avanzar la misma vida, como en la relación de pareja donde hombre y mujer se unen para formar una misma carne.

 

Trato de imaginarme cómo un hombre puede ser espiritual sin una mujer. ¿Dónde se encuentra? ¿Está con los pies en la tierra? ¿Cuánta fuerza tiene? ¿Qué sabe del amor y de la vida? Comparado con esto, lo demás tiene un bajo coste.

 

La profundidad de la vida en nosotros y la sintonía con sus movimientos de amplia plenitud, ambos en combinación con fuerzas creadoras son perceptibles en nuestra profundidad, en nuestro cuerpo, en el fondo de nuestro cuerpo. De ello surgen nuestros movimientos de vida en conexión con todos los otros seres vivos, en los que la misma fuerza actúa. El andar con este movimiento de vida, que incluye a todas las otras formas de vida, es el amor. Es el amor verdadero, lleno de fuerza, pleno y feliz.

 

¿Dónde está, pues, la sede de la felicidad? En la profundidad de nuestro cuerpo.

 

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Movimientos del espíritu

 

 

del Curso intensivo México 2008

 

Otro ámbito

 

Quiero decir algo sobre el espíritu. No sabemos lo que es. Algunos se imaginan que el espíritu es algo concreto, que de una manera concreta conecta con cada uno de nosotros de un modo en particular. Si me lo imagino así, cuando intento reflexionar acerca de ello, es evidente que este espíritu creador se conecta con todos de una manera semejante. Por lo tanto, me despido de la idea que él se dedica a mí en particular. Está dedicado a todos igual que a mí, en particular hacia cada uno.

 

Cuando nos sentimos tomados por un movimiento sutil, así como os sentís tomados al ser representantes en la constelación, en realidad somos abarcados por otro movimiento. Ese movimiento no es personal sino que se encuentra al servicio de muchas otras personas al mismo tiempo. En sintonía con estos movimientos, podemos sintonizar con otro amor, que sobrepasa nuestro Yo. Es decir que no podemos aplicar este amor al Yo personal, de manera exclusiva, sino que nos sentimos acarreados en el caudal de un amor infinito.

Y así, nos sentimos guiados a otro ámbito, totalmente distinto, un espacio espiritual y una consciencia universal. De ahí, recibimos comprensiones que van más allá de nuestro pensar. Lo habéis comprobado en los ejercicios que hemos hecho aquí. En aquel espacio, a la hora de ser tomados por los movimientos del espíritu, podemos dejar atrás todo lo que se opone al amor hacia todos, en particular la culpa.

 

Bueno y malo

 

En este nivel, la culpa ya no tiene sitio. Aquí nos libramos de todas las tentaciones de expiación por una culpa. Percibimos dentro de nosotros dos movimientos opuestos. No sólo nos sentimos buenos. Los movimientos del espíritu producen lo bueno, aquí en el sentido de que sirven a la vida. A la vez, pueden ser destructivos cuando aniquilan algo por hacer sitio para lo nuevo. En ese sentido, las guerras son también movimientos del espíritu. Me conmovió lo que me contó Angelika: en la cultura azteca, a partir de los 52 años, se regalaba todo para crear espacio para lo nuevo. En la religión judía existe también ese movimiento: el desasimiento para acoger lo nuevo.

 

La crueldad

 

En sintonía con un movimiento del espíritu, podemos percibir dentro de nosotros, en nuestra alma, algo cruel. Entonces, lo queremos vencer, lo queremos echar. Pero todos nosotros estamos guiados en movimientos que producen daños, aparentemente producen daños. Pues, en los movimientos grandes, éstos sirven al avance y a la continuación de la vida.

Pues bien, cuando advertimos aquello dentro de nosotros, cuando sentimos esa agresividad en nosotros, asentimos a ella como a un movimiento del espíritu. Entonces, el antagonismo de bueno y malo en nuestra alma se ve elevado a un movimiento más grande. Sólo de esta manera podemos unirnos realmente al movimiento del espíritu. Es una experiencia mística de unión. Es una mística completa, en la que todo tiene un lugar y todo, en definitiva, sirve al amor. Alcanzamos de esta forma una actitud religiosa bien diferente. Con ella, nos volvemos felices y logramos asentir a todo tal como es.

 

Buenos y malos espíritus

 

Hay otra cosa más que me da para pensar. Por ejemplo, esta canción que se cantó aquí, para llamar a los buenos espíritus. Parece que existe un ámbito más allá de lo humano, donde vive una gran variedad de seres espirituales que, al servicio de la fuerza mayor, nos vienen a apoyar.

Tenemos, por cierto, la creencia de la existencia del ángel de la guarda. No es una mera idea. Muchas personas han vivido la experiencia del ángel  repentinamente  presente y a su lado.  Quiere decir que, en lugar de una conexión directa con la fuerza espiritual, nos podemos dejar acompañar por buenos espíritus.

 

Hoy es el día de todos los muertos. Existe la experiencia de que los muertos no están idos. De un modo espiritual, están presentes. Ellos también nos acompañan en ese movimiento.

La pregunta es: ¿Existen también espíritus malos? Es una creencia muy difundida de que actúan también fuerzas malas. Es cierto que vemos en las constelaciones familiares que los representantes de muertos quieren a veces atraer a los vivos en la muerte.

 

¿Me podéis escuchar aún? He hablado ya demasiado.

Pero comparto de buena gana mis reflexiones y mis comprensiones al respecto.

 

En las constelaciones vemos que, por un lado, los muertos toman posesión de los vivos. Vemos también que algunos vivos se dejan poseer por los muertos, ambos de buena manera o de mala manera. Muchos sanadores se sienten poseídos por un muerto que, a través de ellos, cura a otros. Estos sanadores no están consigo mismos, otra fuerza actúa a través de ellos. Luego, ellos despiertan y no saben lo que han hecho. Esto es la prueba de que hay personas poseídas por espíritus buenos – claro que son buenos-. Pero son muertos. El sanador a veces hasta conoce sus nombres. Pues bien, la experiencia de un mundo de espíritus que tienen efectos en nuestras vidas es común.

 

Algunos espíritus tienen efectos terribles cuando atraen a un vivo a la muerte o lo empujan hacia la locura.

 

La paz de los muertos

 

¿Qué vemos en las constelaciones? Pues, que si damos espacio a los movimientos del espíritu, algo cambia para estos muertos. Finalmente, sueltan a los vivos y cierran los ojos. Entonces, dejan a los vivos en paz. Y más. A continuación, se transforman en ángeles de la guarda para los vivos. Es decir que para estos muertos, algo tiene que ordenarse, de parte nuestra para ellos. Ordenarse significa siempre: los tomamos tal como son en nuestro corazón, incluso a los llamados criminales. A ellos también se los toma en el alma.

 

Ahora, notad que es un movimiento del espíritu aquél que lleva a todos los seres humanos tal como son, sea cual fuese su culpa y su destino, hacia ese movimiento mayor. Esto se logra sólo si conseguimos llevar juntos en nuestra alma el Bien y el Mal, como movimiento del espíritu hacia una unidad mística, de la que acabo de hablar.

 

Ahora bien, a saber si los buenos y los malos espíritus eran anteriormente personas, o si existen otros espíritus más, esto no lo sé. Me quedo más bien con los muertos. Así, me mantengo íntimamente vinculado con este otro mundo, y con él a esta fuerza eterna.

 

Las imágenes de Dios

 

Este espíritu eterno, esta fuerza divina – aquí la llamo divina – no es algo que podamos asir con nuestros conceptos de Dios.

 

Me voy a permitir una afirmación audaz. Todas nuestras imágenes de Dios, del buen Señor, del Juez, son agravios a Dios. Son una arrogancia, porque ese Dios es bueno y malo y sobre todo terrible. El supuesto Dios de amor es un Dios temible, ante el cual todos deben tener angustia.

Este espíritu eterno, este movimiento espiritual no permite ninguna imagen. No permite ninguna religión. No permite ningún ritual. ¿Qué es eso? ¿Qué buscamos con el ritual? ¿Acaso queremos influenciar a Dios? Aquí tampoco se da una casa para Dios ni un intermediario. Sólo hay una experiencia del amor hacia todos.

 

Luego, ¿necesitamos tener miedo? ¿Debemos pedir a esa fuerza que ayude a otro? ¿Somos capaces de amar más que esta fuerza? Aquí también se acaba el pedir, el desear y el temer.

¿Cómo encontrarnos con esta fuerza? ¿Se encuentra fuera o dentro de nosotros? ¿Puede acaso moverse algo en nosotros que no sea por esta fuerza?

 

¿Qué es entonces el servicio a Dios? Acompañamos ese movimiento de vida en nosotros. ¿Cuál es el súmmum de la actitud religiosa? Nos mantenemos presentes ante este espíritu eterno, presentes sin movimientos personales, presentes tal como somos.

Esa es la culminación, para todos.

 

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El comienzo

 

 

¿Existe un comienzo, un origen, por decirlo así? ¿O cada comienzo sólo es un recorte de un movimiento que ya empezó antes que él? ¿No es incluso, un final antes del próximo comienzo, haciendo sitio para él?

¿Qué significa, pues, cuando decimos: “Empecemos”? En el fondo, quiere decir: “Seguimos”. ¿Qué pasa con nosotros cuando tomamos consciencia de que somos sin comienzo, y en ese sentido, también sin fin? Pues, permanecemos en el instante, nuevos en cada instante, en un movimiento que nos lleva más allá de cada comienzo y de cada fin.

Con este conocimiento, nos experimentamos, en cada comienzo, llevados por un movimiento sin fin. En él, olvidamos nuestro comienzo porque en el mismo momento nos alegramos por nuestro comienzo siguiente, con el que nuestra vida prosigue.

 

El comienzo es también a veces una aurora. Así, en cada nueva mañana, el sol se levanta. Pero sólo en apariencia, sólo para nosotros se levanta y se pone el sol. Él mismo no se aparta de su propio movimiento, la tierra girando en torno a él.

Cuando nos surge una luz, es igualmente un comienzo, porque de esta forma, un movimiento puede dar un paso.

¿Qué pasa cuando terminamos? Pues, es también un comienzo, dentro de un movimiento.

 

Nos alegramos por un comienzo cuando lo hemos estado esperando durante mucho tiempo, cuando marca una nueva etapa en nuestra vida, sobre todo cuando nos ha exigido una larga preparación. Y ese comienzo es una continuación, como todo en la vida.

 

¿Cómo manejar de buena manera cada comienzo? Cuando se trata de un comienzo significativo,  nos detenemos un instante en nuestro interior.  Miramos hacia los movimientos que lo hicieron posible y los integramos en ese comienzo.

¿De qué forma? Con agradecimiento y confianza.

 

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El vacío

 

El vacío no es ni de arriba, ni de abajo. Sin embargo, está. Está presente, aunque vacío. Todo lo que hay parece estar relacionado con él, pues él atrae a todo lo que hay.

De ahí que el vacío no puede tener un comienzo, como si surgiese de algo preexistente. Tampoco es imaginable que tenga un fin porque entonces se movería hacia una meta y dejaría de existir al alcanzarla.

 

El vacío siendo vacío, no conoce el movimiento. Sin embargo está aquí, con la capacidad de llevar al movimiento otra cosa, de modo que esta cosa se desplaza hacia él y se disuelve en él, tan vacía como el vacío.

A la vez, todo lo que aquí se encuentra, proviene del vacío. Pasa de la nada a la existencia.

 

Aquí se terminan mis imágenes. Pero si tomamos en serio estas reflexiones y reconocemos que son decisivas, las reflexiones contrarias nos parecen ilógicas, contrariando nuestro sentimiento más interno y su orientación, perceptible en lo más profundo.

 

La pregunta se nos presenta de si nos atrevemos a revisar nuestras imágenes de lo Último, que tiene que ser aceptado como actuando detrás de todo, teniendo en cuenta estas reflexiones y por lo tanto, deduciendo las consecuencias de ellas para nosotros mismos y nuestra vida.

Entonces, ¿se da algo mejor o algo peor? ¿Existe un cielo? ¿Existen los elegidos y los condenados? ¿Existe un sí o un no? ¿Tienen aún un lugar aquí nuestras ideas de culpa y expiación? ¿No se sienten vacías? Pues, ¿de dónde viene nuestra vida y adónde va nuestra muerte?

 

Sin embargo, nos debemos preguntar: ¿a qué sirve entonces todo lo que hay? ¿Acaso tiene sentido? ¿Puede el vacío aumentar o menguar gracias a lo que hay?

Más que todo, nos debemos preguntar: ¿puede el vacío darle a lo que hay, sin que haya un ser? ¿Acaso están el vacío y el ser en una relación complementaria que hace que no hay el uno sin el otro?

Sólo junto al ser es el vacío imaginable y sólo junto al ser podemos percibir sus efectos.

Al final ¿aumenta el vacío gracias al ser? ¿Acaso el vacío se desprende del ser para, al retomarlo, experimentarse más amplio y enriquecido?

 

Por supuesto, estoy consciente que aquí nuestro pensamiento lógico nos falla. No obstante, aún sin respuesta a esas preguntas, vivimos en nuestro sentir la atracción hacia el vacío.

Curiosamente, en ese movimiento hacia el vacío, nos percibimos como más en lugar de menos. El movimiento del ser hacia el vacío nos hace más vastos. Lo vivimos como un movimiento hacia lo infinito, como si el vacío fuese una manifestación de fuerzas que sólo tocan el infinito porque son vacías.

 

Interrumpo estas reflexiones aquí.

Mi pregunta es: ¿qué nos queda de ello para nosotros y nuestra vida? En nuestro día a día, nos movemos paso a paso hacia ese vacío. Ante todo, en nuestros pensamientos, en nuestra curiosidad, en nuestro asentimiento o rechazo, en nuestras metas y en todo lo que relacionamos con nosotros, como si fuera permanente.

Paso a paso, nos sentimos de repente unidos a algo infinito, sin ser capaces de aprehenderlo. Nos sentimos unidos a un amor infinito, igualmente vacío. Vinculados a  él,  nuestro amor se vuelve vacío, también infinito. Lo experimentamos sin fronteras, presente y no presente, con todo lo demás presente y no presente, infinitamente vinculados y no vinculados, con ello unidos y también solos, infinitamente solos y con ello disueltos y unidos.

 

  

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Hombre y mujer a semejanza de Dios

 

 

¿Qué felicidad nos espera? ¿Adónde se dirige nuestro anhelo por una felicidad completa?

 

En la época en que leía aún novelas, era siempre lo mismo. Algo empezaba, luego los protagonistas se casaban, luego el libro se terminaba. Los pasos decisivos de la niñez hacia la juventud se orientan siempre en la misma dirección, hacia una relación de pareja realizada.

 

La Hellinger Sciencia es una ciencia de las relaciones humanas. Comienza para nosotros, a nivel del sentir, con la relación entre hombre y mujer. No hablo primero de la madre y del padre, porque incluso la relación entre nuestra madre y nuestro padre empieza como relación de pareja. Toda vida humana surge de una relación entre un hombre y una mujer. Eso es el fundamento.

 

Lo podemos observar mejor desde el punto de la práctica, en el sentido de: ¿qué es lo que junta una pareja y la mantiene junta? Voy todavía más lejos.

La relación de pareja es un invento de Dios. Después de seis días, ajetreado en la creación del mundo, Dios dijo: “Hagamos el Hombre a nuestra semejanza”. ¿Qué se proyectó a partir de esta palabra? Un hombre y una mujer.

Es decir, el ser humano no fue creado para sí mismo, fue hecho hombre y mujer. Solamente el hombre y la mujer juntos responden a la imagen que tiene Dios del humano.

 

¿Me podéis aún seguir?  ¿Acaso hay algo más que decir sobre hombre y mujer?

 

Una mujer sólo es concebible con un hombre, y un hombre sólo es concebible con una mujer. Sin embargo son diferentes el uno del otro, fundamentalmente diferentes.

 

Cuando miramos de más cerca la relación de pareja en nuestros tiempos, nos preguntamos cómo es que hombres y mujeres, después del comienzo de la relación en que estuvieron enamorados, tienen dificultades de ver al otro completamente, tal y como es. Se resisten a eso. Por ejemplo, cuando mujeres se encuentran con un hombre y deben reconocerlo como uno igual, se resisten a ello. ¿A qué se oponen, en realidad? Se oponen a su propia plenitud.

Lo mismo acontece con el hombre. ¿Qué le impide reconocer enteramente a la mujer tal como es? Se opone pues, a su propia plenitud. Esto requiere que el hombre reconozca que es incompleto y que la mujer reconozca que es incompleta.

Es decir, el hombre a la semejanza de Dios es completo con la mujer, y la mujer a la semejanza de Dios es completa con el hombre. Esto presupone algo en nosotros mismos y lo vamos a practicar ahora: los primeros pasos hacia una relación de pareja lograda, en el sentido más amplio.

 

Meditación

 

Cerrad los ojos.

Miramos a nuestra pareja, tal y como es.

Si entre vosotros hay un hombre que vive solo, pues mira a una mujer, tal como es. Si hay una mujer que vive sola, pues mira a un hombre, tal como es.  Miramos al otro sin idea preconcebida, sin el deseo por ejemplo, de que sea diferente de lo que es, sin que el hombre quiera que la mujer sea distinta de lo que es, ni que la mujer quiera que el hombre sea distinto de lo que es.

Miramos ahora atentamente a la pareja, tal como es, y vemos en ella la otra parte de la imagen que Dios se hace del Hombre en su integridad. Nos experimentamos ante el otro como una mitad, sólo como una parte posible de lo humano, igual que, al mirar la media luna en el firmamento, debemos esperar para contemplarla entera.

 

Miramos a nuestra pareja como la mira Dios, con la imagen del ser entero, en la que él reconoce y quiere igualmente a hombre y mujer, tal como cada uno es.

 

Ahora, observamos lo que ocurre en nuestra alma cuando miramos al otro como Dios lo mira, con el asentimiento total al otro, tal como es, incluso en sus diferencias. De repente, reconocemos en nuestra pareja la parte que nos falta para ser entero.

A la vez, nos quedamos con nosotros, tal y como somos, hombre o mujer.

 

Asentimos a lo que somos, así como Dios nos ha visto a la hora de crearnos, cada uno correcto pero incompleto. Ante Dios de esta forma, nos volvemos como hombre y mujer completos y nos percibimos enteros.