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Revista
Hellinger - Hellinger® Sciencia
Marzo 2008
Ayudar a los niños
El decir
Temas de actualidad:
en Semana Santa
Jesús y Caifás
Gracias por la nueva vida
La religión hoy
Hellinger Sciencia
La constelación familiar desde el espíritu en una frase
Amor al borde
del precipicio
Trabajo y profesión
Felicidad que permanece
El orden de
precedencia
Conocimientos
La armonía
Quién piensa, quién sufre, quién ama
Reflexiones
Frases
para meditar
La sabiduría
Ayuda a los niños
El decir
¿Qué
acontece cuando decimos algo?
¿Qué
provoca el decir la palabra justa?
Cuando un niño emite por primera vez la palabra Mamá,
¿os dais cuenta de lo que significa? ¿Os dais cuenta de
la diferencia con respecto a antes?
¿Qué
suscita esta palabra dentro de la madre? Ella cambia.
Algo en ella cambia por el hecho que su hijo le dijo
Mamá. En el niño también cambia algo cuando logra por
primera vez pronunciar esta palabra. La relación entre
madre e hijo y de hijo hacia su madre cambia.
Esta
palabra es creadora. En ella se alcanza otra forma de
relación. Al igual que cuando alguien le dice “tú” por
primera vez a otro.
Las cosas
¿Qué
ocurre con las cosas cuando las nombramos justamente? A
veces reflexionamos un largo rato acerca de algo, sin
lograr darle forma. Pero ni bien conseguimos concebirlo,
se concretiza en una realidad y puede ser dicho. Una vez
que está pronunciado, tiene un efecto particular. Cambia
algo. El que ha entendido algo, puede también decirlo.
Esta palabra tiene fuerza.
Hay
algo más para considerar. Una cosa que no recibe una
apelación correcta, no llega a la plenitud. Tomemos una
palabra muy sencilla, la palabra rosa. Al comprender lo
que la palabra rosa significa y al decirla, la rosa
tiene otro efecto. No es más la misma que antes. Con la
palabra una cosa incompleta, una relación incompleta se
eleva hacia más altura. Gracias a la palabra, le damos
un alma.
Las palabras importantes
En
las constelaciones familiares, ocurre con frecuencia que
una palabra de estas se da a conocer, o talvez una
frase. Alguna vez es tan sólo una palabra o una frase.
Que lo cambia todo. Sólo cuando el ayudante ha
comprendido cual es la palabra necesaria o la frase
necesaria, la puede ofrecer al cliente para que él la
pronuncie. Entonces cambia algo. Esta palabra y esta
frase son creadoras.
En
las constelaciones familiares y en la forma en que se
han desarrollado, el decir justo es algo que lleva hacia
delante en el momento justo. Estas palabras son una
bendición.
Frente a la palabra justa surgen a veces otras palabras,
por ejemplo las objeciones. Por eso, prestamos atención
a los efectos producidos por una palabra en el alma
nuestra y en la de otros.
Las
palabras importantes manan del silencio. Precisan de
tiempo hasta llegar a sazón y caen como frutos maduros
del árbol del conocimiento. Son palabras nacidas del
interior.
P
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Semana
Santa:
Jesús
y Caifás
Durante un congreso en Lyón se me
pidió decir y mostrar algo, durante una tarde, acerca de
nosotros y nuestros ancestros, y lo que nos dispone a
juntarnos y nos reconcilia. Hacía tiempo que me era
claro que la exclusión de un miembro de la familia
actuaba con frecuencia de un modo infortunado a lo largo
de los siglos.
Ismael e Isaac
Recuerdo
aquí, por ejemplo, la expulsión de
Ismael, hijo primogénito de Abraham, a favor del segundo
hijo de este, Isaac, y pienso
que tiene que ver, quizá, con la
exclusión del pueblo judío por parte de otros pueblos
hasta el día de hoy, a modo de expiación por la
injusticia causada a Ismael y a su madre Agar. Pienso
también en el conflicto entre Israel y sus vecinos
árabes, que se consideran los descendientes de Ismael.
Como siempre ocurre cuando un miembro es excluido de
esta forma, el efecto sería profundamente sanador en el
alma si el excluido y sus descendientes fueran retomados
nuevamente en el seno de esta familia y en el sitio que
les corresponde por nacimiento, el primero.
Caifás
y Jesús
Un conflicto semejante podría ser
la dolorosa historia de los judíos bajo los cristianos y
el antisemitismo ligado a ella, que aún hoy día está
vivo en los cristianos. Se trata del conflicto entre Caifás
y Jesús, entre los que se sienten pertenecer al judaísmo
que Caifás representa y defiende y los que han seguido
a Jesús. Aunque ambos pertenecen a la misma familia y
aunque los cristianos, por orden de precedencia, vienen
en segundo lugar, se han colocado en el primero. Es
importante ver que la exclusión fue mutua.
De ahí que tuve, hace mucho, la
idea de mirar este conflicto y resolverlo ahí donde
tiene su origen: entre Jesús y Caigas.
El camino de conocimiento del
espíritu
He
reflexionado mucho acerca de cómo se podría llegar a ver
la profundidad de esta relación y su repercusión. Pero
me resultó evidente, desde un principio, que la
comprensión de esta relación residía más allá de mis
posibilidades, y cuánto más lejos llegar a reconocer
como un movimiento del espíritu este movimiento que tan
monstruoso nos parece, en verdad,
reconocerlo como un movimiento de
entrega a todos, que acaba
uniendo lo que estaba desunido.
En
las constelaciones del espíritu tenemos la oportunidad
de vivenciar y ver actuar este movimiento que, por
cierto, pone en marcha los movimientos esenciales, más
allá de cualquier cosa que podamos imaginar y más allá
de nuestro pesar y de nuestra argumentación. Este
movimiento nos lleva por un camino de conocimiento que
nos era inaccesible hasta ahora.
Con
esta idea me he atrevido, frente a un gran público en Lyon,
a colocar a un representante para Jesús y otro para
Caifás frente a frente, y luego confiar plenamente en el
movimiento de este espíritu creador.
Por
supuesto no me habría lanzado en tal proyecto por
iniciativa propia. Al prepararme interiormente para este
curso, me fueron inspirados claramente estos dos
nombres. Con tanta claridad que tuve que apartar mis
miedos y, entregado en todos los aspectos, dejarme guiar
por el movimiento del espíritu.
Así
fue cómo se llegó a esta constelación que voy a
describir por separado.
La constelación
Al
igual que en una constelación del espíritu, no hacemos
aquí una configuración en el sentido habitual. Basta con
que los representantes simplemente
se coloquen. De repente están
cogidos por un movimiento que les impulsa de un modo
irresistible a hacer y mostrar lo que corresponde a la
situación de cada persona representada.
Escogí
pues, a un representante para Jesús
y otro para Caifás. Caifás era el sumo sacerdote que
declaró Jesús culpable y pasible de muerte,
entregándolo a Poncio Pilatos, procurador romano, para
que lo condenara a la
crucifixión ya que le incumbía al prefecto pronunciar
esta sentencia.
Después de conseguir a voluntarios para representar a
Jesús y Caifás, les dejé estar en pie, a alguna
distancia el uno del otro. A partir de allí, ellos y yo
nos abandonamos al
movimiento del espíritu.
El
representante de Jesús se comportó desde un principio,
hacia el sumo sacerdote judío, con total entrega y
dedicación. No expresaba ni la actitud de un enemigo ni
la de una víctima, sino más bien la de alguien que
pertenece ahí, sin reproches y sin demandas. Miraba al
representante de Caifás con amabilidad, de manos
abiertas aunque sin moverse. Simplemente, estaba
presente.
El
representante de Caifás cerró los puños, avanzó hacia
Jesús y le tocó el pecho con un pie. Jesús no
retrocedió. Permaneció en pie, sin cambio de expresión.
Caifás se dirigió otra vez hacia Jesús, le golpeó el
pecho con los puños, intentando echarlo lejos de ahí.
Jesús mantuvo una actitud amable y abierta, sin dejarse
perturbar por una reacción o un gesto de defensa,
presente y con las manos abiertas.
A
esta altura, decidí intervenir. Me acordé de la frase
del evangelio de Mateo, puesta en
la boca de la muchedumbre y dirigida al que Pilatoss les
había entregado:¡que su
sangre caiga sobre nosotros
y sobre nuestros hijos! No necesitamos saber si esta
frase fue realmente pronunciada o si viene del
evangelista. Porque al contemplar el destino del pueblo
judío bajo los cristianos, esta frase dice lo que fue la
realidad y tal vez haya
influido sobre ella.
Con
el fin de hacer visibles las consecuencias del
comportamiento del sumo sacerdote en cuanto a Jesús,
escogí a cuatro representantes para los judíos
torturados y matados por los cristianos. Los coloqué
tumbados en el suelo entre él y Jesús. Ellos
representaban a las innumerables víctimas desde aquél
tiempo, que murieron a fin
de cuentas como consecuencia de la decisión de Caifás
con respecto a Jesús.
El
efecto de esta intervención sobre Caifás fue
sorprendente. Repentinamente paró su agresividad.
Retrocedió, aunque sin mirar a los muertos. Sólo miraba
a Jesús. Y Jesús miraba a los muertos. Después de un
rato, Caifás también miró a los muertos. Arrodillándose,
se inclinó hacia ellos y empezó a sollozar.
El
representante de Jesús se mantuvo en actitud amablemente
abierta hacia él. Se sentó en el suelo, le miró y le
ofreció una mano. Al cabo de un rato, el representante
de Caifás se tumbó en el suelo, la cabeza posada en el
vientre de una de las víctimas. Expandió los brazos,
llorando y moviendo sin interrupción los labios, como
queriendo decir o gritar algo, sin que saliera ni una
palabra ni un sonido. La imagen que yo veía era que él
también estaba crucificado.
Un poco más tarde, rozó ligeramente la mano de Jesús con
un sólo dedo, retirándola de inmediato.
Luego, intentó levantar a
los muertos, como para resucitarlos. Jesús retrocedió,
alejándose de ellos. Quedó sentado en el suelo hacia el
otro lado, las manos siempre abiertas y la cabeza
inclinada. En este punto, interrumpí la constelación.
En
total esto duró unos 45 minutos, sin que se haya dicho
una sola palabra.
A
posteriori
De
cualquier modo que enfoquemos estos movimientos, es
indudable que no pueden surgir de la imaginación de los
representantes. En ellos actuaba un movimiento del
espíritu. Y al igual que todos estos movimientos, al
impulsar a los representantes hacia algo que sobrepasaba
su imaginación, actuaba al servicio del amor. Actuaba al
servicio de la superación de los contrarios, aquí entre
los judíos y los cristianos, al servicio de la paz.
Gracias
por la nueva vida
Quisiera trabajar con alguien
respecto a algo que nos abre a una nueva dimensión, una
situación particular. Si nos adentramos en ella, ganamos
algo para nosotros también, algo especial.
¿Quién era la persona que tosió?
¿Tú eras? Ven al lado mío.
La mujer se sienta al lado de él:
Me has contado algo de tu situación. Dilo a los otros.
Cuenta de tu tos y a lo que está ligada.
La mujer:
A los 18 años tuve una grave embolia, que fue
diagnosticada demasiado tarde. Se formó una trombosis,
fui operada y a continuación me encontré en coma durante
tres meses, clínicamente muerta. Desde hace 26 años
estoy con esta tos. Los médicos no saben de donde viene
y ya no me pueden ayudar. Mi corazón está mal, mis
pulmones y mis oídos también. Sufrieron los efectos de
los remedios que me dieron en aquél entonces,
según me
dicen. Sufro los efectos
secundarios. Ya no oigo
algunos sonidos y tengo acúfenos
en todos los registros, desde hace 26 años. A causa de
los acúfenos no oigo los
sonidos agudos pero tengo metido
dentro el
ruido de una obra en construcción,
constantemente. La tos, es mi pan de cada día.
Hellinger, al grupo:
le he dejado contarnos su historia para que podamos
entrar en resonancia con su situación, con compasión y
benevolencia. Me sintonizo también con su situación.
La pregunta ahora es: ¿qué es lo
más importante, lo decisivo? ¿Qué es lo que ella ha
dejado de lado, por ejemplo, que es esencial? A ello
quiero ir con ella, y con vosotros también. Entonces
veremos lo que surge de bueno de ahí.
A la mujer:
¿de acuerdo?
La mujer:
sí.
Hellinger:
Entonces, ¿qué es lo esencial, lo que ha quedado
apartado?
La mujer tose con fuerza.
La tos dice:
he vuelto a nacer y me he despertado a una nueva vida.
Ella mira a Hellinger y se echa a
reír.
Hellinger:
Esto es lo más importante en una situación así. Tu vida
se había concluido, y de repente, te has despertado.
Esto es una segunda vida, una nueva vida.
Viernes Santo. El Viernes Santo ha
venido a mí por primera vez. ¿Qué fue olvidado, pues,
que es esencial? Agradecer por la nueva vida.
Ella asiente con la cabeza.
Hellinger:
Ahora cierra los ojos. Te doy unas imágenes. Estás en
coma, clínicamente muerta. Viene un ángel, un ángel
luminoso que te roza los dedos. Detrás de él, actúa un
amor infinito. Entonces, él te despierta. Abres los
ojos, respiras hondo, miras a tu alrededor y dices:
estoy de vuelta.
Luego cierras otra vez los ojos y
miras este amor infinito, que te ha dado una vida más.
Él te dice: Te la brindo otra vez, entera, desde el
comienzo. Es un regalo total. Ella no te puede costar
nada porque te la ofrezco, con mucho amor.
La mujer asiente y llora.
Hellinger:
Di: “Ahora la tomo entera, en su plenitud. Y serviré”.
La mujer abre los ojos, mira al
cielo y dice: Sí. Luego mira a Hellinger y ríe.
Hellinger:
Bueno, y ahora ¡adelante! Que te vaya muy bien.
Al grupo:
En nuestro trabajo damos con
frecuencia con situaciones donde alguien estaba como
muerto, en situación de peligro de muerte, y la persona
regresa. A lo que no tenemos en cuenta es el
agradecimiento. Entonces, la persona dice: he vencido la
enfermedad. Otra persona dice: mi vida me es nuevamente
brindada. Gracias. Con esta vida haré algo bueno, al
servicio de la vida.
A veces es así que los padres se
olvidan, cuando un hijo ha estado a punto de morir – por
ejemplo, cayendo al agua , ahogado ya a medias e
inconsciente, y salvado – los padres se olvidan que su
hijo les es ofrecido por segunda vez.
Al abrirse a esto y al dar las
gracias, surge entre su hijo y ellos una relación muy
distinta, una relación de mucho valor.
La religión
hoy
La
religión como búsqueda del vínculo
con aquel poder creativo del cual
dependemos, tal como lo percibimos dentro de nosotros y
en nuestra vida, es común a todos los hombres, sea la
que sea la forma que adopte en las diferentes
comunidades humanas. Simplemente porque la religión se
evidencia como esencial para nuestra vida.
La religión en común
La
religión en común así como las convicciones que la
acompañan, las esperanzas y los miedos, son lo que unen
un grupo mucho más allá de los vínculos
familiares. Su religión se torna
una gran familia, abarcando a la vez muchas familias y
transmitiendo a sus seguidores el sentimiento de una
seguridad completa que se prolonga más allá de sus vidas
en este mundo.
Dicho de otra manera, nuestra religión nos une a muchos
otros, tanto por una fuente y un origen comunes como por
un futuro común después de la vida y de la muerte. La
religión derrota nuestra idea de que con la muerte se
termina nuestra vida así como nuestra existencia. La
religión nos lleva hacia algo después de esta vida.
Religiones del mundo
La
pregunta es, ¿acaso es posible que la religión de un
grupo lo lleve por encima de las religiones? Es decir,
¿existe una religión que una a todos los seres humanos
de un modo religioso, más allá de las fronteras de cada
religión especifica?
Nos
debe incitar a reflexionar el hecho de que muchas
religiones se abren sólo para sus seguidores y excluyen
a los demás. Tenemos la opción de separarnos de ellas o
convertirnos a ellas. Si nos es posible apostatar o
cambiarnos a ellas, entonces de la misma manera podemos
abandonar su Dios o, al revés, convertirnos a él. Siendo
así, ¿es posible entonces que estas religiones nos
conecten con la fuente original del poder creador de
toda vida? ¿O tal vez estas
religiones usurpan su lugar?
También existe la idea de que está en conformidad con la
religión que haya una sola para todos los hombres.
Algunas religiones vienen incluso con la pretensión de
ser la religión para todos, de tornarse la religión
universal, sea a través de la obra misionera pacífica o,
más a menudo, por la fuerza. Estos intentos contradicen
la esencia de la religión, que nos quiere poner en
contacto con aquella fuerza creadora de la cual todo
proviene y que, por lo tanto, es ecuánime hacia todo lo
que desea y lo que sustenta.
En
consecuencia, muchas personas pertenecientes a muchas
religiones están en busca de una forma religiosa que les
ponga en relación directa con otras personas sin pasar
por las religiones oficiales a las que, no obstante
pertenecen y a las que quieren mantenerse fieles. Porque
esta forma religiosa no se opone en absoluto a las
formales. Simplemente, lleva a uno de un modo especial
hacia más lejos que las religiones y permite que uno se
vincule con muchas otras personas, integrando incluso a
los que se colocan fuera de toda religión.
La otra religión
¿Qué
caracteriza esta religión? En primer lugar, es una
religión personal y es una religión interior. Existe sin
imágenes y sin una enseñanza particular. No se apoya en
ninguna revelación y, puesto que es personal, no conoce
ni inclusión ni exclusión.
En
segundo lugar, es espiritual. Es decir, no está ligada
ni al tiempo ni al espacio. No conoce ni ritos ni
fiestas ni tiempos sagrados. Es interior y espiritual.
En
tercer lugar, se atiene al principio de que todos los
hombres son iguales ante aquel poder del que reciben su
existencia. ¿Cómo podría este poder favorecer a los unos
en oposición a otros ya que todos son movidos y
mantenidos en movimiento por él, en cada instante?
En
esta religión, sabemos que somos todos amados por igual
por esta fuerza, guiados por igual y acogidos por igual.
Esta
religión es la verdadera religión del amor. Sobrepasa lo
que, dentro de muchas religiones, aún nos separa los
unos de los otros.
Esta
religión es humana, generosa, humilde y quieta,
benevolente y quieta, y con amor da paz.
P
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Hellinger Sciencia
La constelación familiar desde
el espíritu, en una frase
Modos de proceder
¿Cómo transcurre? Un
cliente presenta un problema y nombra algunas personas
relacionadas a ello. Generalmente son los padres, la
pareja y los niños. Estos son los más cercanos. Pueden
ser otros también. Yo avanzo entonces de modo sistémico.
Quiere decir que me imagino las personas que forman
parte de ello, y me abro a todas de manera igual. Me
coloco a cierta distancia, sin propósito y sin temer
nada. Luego, espero una señal.
Esta señal ayuda a cada
uno de manera igual. Es decir, no se dirige únicamente a
lo que ayuda al cliente. Al contrario, ayuda a todos
igualmente. Y esto demuestra que la frase que surge se
origina en un movimiento del espíritu.
Una vez encontrada y
dicha la frase, todo termina. ¡Ni una palabra más!
Cualquier palabra suplementaria estropearía la fuerza de
esta frase. Esta es la forma más hermosa de ayudar a
alguien. Se sitúa aún por encima de la constelación del
espíritu. Pero sólo cuando, en la imagen interior,
logramos estar presentes a todos de igual manera.
Me gustaría mucho
practicarlo con vosotros, lo mejor siendo en una
supervisión. Es decir, no para vuestros asuntos
personales sino por un cliente vuestro, tomando su caso
como ejemplo y demostrándolo. Bueno, no lo demuestro
sino que aprendemos todos a adentrarnos en un movimiento
de ayuda como éste.
Todo lo que surge de
aquello, es para nosotros una ayuda en mucos aspectos.
Nos introduce a una actitud totalmente distinta. Queda
obvio que no podemos desear nada. No podemos inventarnos
estas frases. Nos son brindadas por las vías
fenomenológicas de conocimientos.
Bueno, ¿he sido claro en
lo que he dicho? ¿Quién tiene un caso para presentar?
Caso: Un joven de 12
años tiene una manía.
Hellinger, a un
participante: ¿De qué se
trata?
Participante:
Un joven de 12 años ha venido a vernos, a mi mujer y yo.
Tiene una manía nerviosa. Parpadea con frecuencia y una
mano se le sacude involuntariamente.
H:
¿Quién ha venido a verte?
P:
La primera vez vino la madre con él y su hermano.
H, después de un
rato de pensar: Él nombró
solamente a los jóvenes y su madre.
Al
participante: ¿A quién has dejado de lado?
P:
El padre ha venido con ellos la segunda vez.
H:
Bien.
P:
La segunda vez hemos trabajado sólo con los padres.
H:
Bien.
Al grupo:
Ahora imaginemos lo siguiente: cuando el joven hace
estos movimientos, con los párpados y la mano, y cuando
seguimos su mirada, ¿adónde vemos que él mira? ¿A qué
persona mira él? ¿A qué persona, a la cual los padres no
miran? En lugar de mirar a aquella persona, miran al
niño.
El participante
aprueba con la cabeza.
H, al grupo:
Nos representamos todo el sistema ahora: los que
pertenecen a ello y al que talvez espera que se lo mire,
que espera que se le tenga compasión y amor. Esto sería
el trasfondo.
Bueno, ahora cerremos los
ojos y con esta actitud nos giramos hacia todo el
sistema, dedicados a todos con amor. Y esperamos, a ver
si surge la palabra o la frase apropiada.
Hellinger se adentra
en un recogimiento profundo.
Después de un
rato: Tengo la frase, una
frase sorprendente, que nadie se puede inventar.
Al participante:
Cuando los tres están nuevamente contigo, hazle decir al
joven a sus padres: “olvidadme también”.
El participante
aprueba, conmovido.
H:
Luego los mandas sin más a casa. Has percibido la fuerza
enseguida.
Al grupo:
Lo hemos podido ver en su rostro. Nosotros también hemos
sentido la fuerza
Al participante:
Al joven le va mejor.
El hombre aprueba.
H:
Está bien. Después de un rato, al grupo: Habéis
notado, estas frases no se inventan, son totalmente
distintas de lo que podríamos imaginar.
Caso: Hombre de 40
años, con diarrea
H, al grupo:
¿Podemos seguir con estas terapias ultracortas?
Una mujer se presenta.
H, a esta mujer:
No hay prisa. Estos son procesos meditativos. Los
alcanzamos con tranquilidad, todos alcanzamos la
tranquilidad.
Después de un
momento: Ahora estoy dispuesto
para lo que viene.
P:
Se trata de un hombre de 40 años que hace dos años que
padece diarrea. A nivel físico no se ha comprobado nada.
H:
¿Sabes algo de su familia?
P:
Perdió a su madre a los 16 años. Ella sufría una grave
depresión desde que el padre se había marchado. El padre
se fue porque tenía una relación difícil con la hija y
la pegaba.
H:
¿Éste es el padre del hombre?
P:
Era su padre.
H:
¿La hija era la hermana del hombre?
P:
Sí.
H:
¿La madre murió de depresión?
P: Vivía en la cama y
deseaba morir. Al final, tuvo una embolia.
H:
Las personas son: este hombre, su madre, su padre y su
hermana, cuatro. ¿Quién de ellos necesita la mayor
dedicación?
P:
El padre.
H., al grupo:
Esto es importante para nosotros, ahora. Él es quien fue
excluido. Lo tomamos ahora en nuestra alma. Nos
disponemos ahora frente a esta familia con dedicación, y
esperamos sin temor y sin intención.
Más tarde:
Tengo una frase.
A la mujer:
El hombre dice esta frase,
pero queda abierto a quién la dice. Cuando te viene a
ver, haces una sesión corta con él, una meditación.
Luego le dices la frase. Y él se levanta y se marcha.
Pues, le haces sentarse a
tu lado y le dices: “Cierra los ojos. Ahora visualizas
a toda tu familia: el padre, la madre, tu hermana y tú
mismo. Ellos se quedan a cierta distancia. Y sientes con
quien estás más ligado. A aquél, le dirás una frase. Te
la digo yo. Luego te levantas y te vas, sin más
palabras”. La frase es: Por favor, quédate.
La mujer asienta.
H:
¿Está bien?
P:
Sí.
Caso: Un joven de 15
años se lastima y tiene ataques de pánico.
H., a la
participante: ¿Y aquí, de que
se trata?
P:
Se trata de una familia donde los padres están
separados. El hijo de 15 años se provoca heridas y tiene
ataques de pánico.
H:
¿Quién ha venido a verte?
P:
Los tres.
H, al grupo:
Bueno, aquí hay sólo tres personas importantes: el
padre, la madre, el hijo.
A la
participante: ¿Con quién vive
el joven?
P:
Alternadamente con cada padre, pero de momento más con
el papá.
H, al grupo:
Ahora, imaginemos esta situación. Nos abrimos hacia
todos con la misma dedicación, y nos abrimos al joven y
a su amor.
Después de un
rato, a la participante: ya
tengo la frase. Está cifrada. Tú dices la frase en
presencia de los padres. Tú les dices cual es la frase
secreta del hijo. Y les dices que cuando has pronunciado
la frase se tienen que marchar, sin hablar más. Dices a
los padres lo que el hijo dice interiormente: mejor yo.
¿Cómo te parece?
La participante se
ríe.
H:
¡Pues, lo vemos! Bien, eso era todo.
P:
Gracias.
H, al grupo:
Acepto un caso más. Luego basta.
Caso: una clienta de
35 años sólo consigue alimentarse con comestibles
líquidos
H, después de
una corta pausa de recogimiento, al grupo:
Puede ser también que tal vez, ninguna frase surja. Esto
puede tenar varias razones.
Tal vez tenemos demasiado
afán, entonces perdemos el contacto con este movimiento
del espíritu. Esto es aquí el peligro, cuando trato un
caso detrás del otro. Entonces, se vuelve como un
ejercicio. Esto es peligroso, en el sentido que puede
que no venga nada.
A la
participante: ¿Sí?
P:
La clienta tiene 35 años: Desde la juventud padece de
una enfermedad que se manifiesta con que no puede tragar
nada de comida sólida. Se traba en su garganta. Por
esto, sólo puede ingerir cosas líquidas.
H:
Bueno, esto es el problema. ¿Quién ha venido a verte?
P:
Ella misma ha venido.
H, al grupo:
Debemos ahora integrar, en nuestro interior, a quien
falta en el conjunto. Sin entrar en detalles, nos
imaginamos a esta familia, con los hermanos.
A la
participante: ¿Ha muerto algún
hermano a corta edad?
P:
Esta mujer no conoce a su padre.
H:
Esto es una información importante.
Después de un
momento: Me ha venido una
frase asombrosa.
A la
participante: Le puedes decir
que se imagine que está diciendo a su madre una frase.
Pero no la dice en alto. Sólo interiormente. La frase es
así: me quedo a medias.
La participante
aprueba con la cabeza y se ríe.
H:
¿Está bien?
P: Gracias.
H, al grupo:
Fijaos adónde nos lleva, finalmente, la constelación familiar
desde el espíritu.
Caso: Cliente de 37
años está hace un año sin sensaciones y paralizado del
lado derecho
P:
El cliente tiene 37 años. Desde hace un año, está sin
sensaciones y paralizado del lado derecho. Su historia:
tenía un año cuando su madre se ahorcó.
H:
No quiero saber nada más.
Al grupo:
Nos ponemos en resonancia con esta situación y esta
familia.
Hellinger se
retira en un recogimiento profundo. Después de un rato,
al grupo: Otra frase extraña.
Al participante:
Pues, cuando te venga a ver de nuevo, le pides cerrar
los ojos e imaginarse: él es un niño pequeño, y ahí está
colgada su madre. Mira cómo cuelga y le dice: yo
también.
El participante
asiente.
H:
¿Está bien?
P:
Gracias.
El movimiento interior
H, al grupo:
Estas frases se ubican más allá de la ayuda. Llevan al
individuo a contactar con un movimiento interior. En
cuanto está en contacto con este movimiento, éste le guía.
Pero no sabemos hacia donde, ni lo queremos saber. La
persona queda entregada a este movimiento.
Cuando una frase de estas
nos es brindada – y siempre es un regalo – estamos
enseguida desligados del cliente, sin preocupaciones.
Estamos libres de inmediato. A esto nos lleva al final
la constelación desde el espíritu.
Ahora bien, cuando os
viene un cliente y se sienta a vuestro lado y vosotros
os abrís a él, os viene alguna vez una frase o una
palabra, sin que él haya dicho nada. Es una linda
experiencia. Entonces os dais cuenta que estáis guiados.
En una constelación es lo
mismo, cuando no sabemos cómo seguir, una intuición
sobre el próximo paso a dar nos es regalada así. Quizá
también una frase, que alguien debe decir.
Meditación
Cerrad los ojos. Nos
dirigimos a nuestra familia y a todos los que pertenecen
a ella. Nos colocamos en nuestro lugar, precisamente en
nuestro lugar. Ahí nos quedamos. Percibimos el vínculo
con cada uno y sentimos cómo los destinos de esta
familia nos esperan, cómo esperan algo de nosotros, que
al final trae paz.
Mientras nos abrimos a
todos, así como a sus destinos, permaneciendo en nuestro
lugar, esperamos hasta que al cabo de un rato, podemos
decir a todos una frase, nuestra frase. No decimos la
frase sólo para ellos, esta frase nos abarca también. No
somos nosotros quien les decimos la frase, porque la
frase que nos es ofrecida nos afecta también. Y gracias
a que la frase nos afecta y que podemos asentir a ella,
todos se encuentran aliviados. Esta frase nos vincula en
lo más profundo a todos ellos.
Después de un
momento: Quizás habéis
encontrado una frase así. Os doy un ejemplo para una de
estas frases. Alguien dice, mirando a todos: Me quedo.
Otra frase sería: ¡Qué lindo que seáis tantos!
Amor al borde del precipicio
Hellinger, a una mujer:
¿De qué se trata en tu caso?
Mujer: En mi familia hay
psicosis, estoy atrapada yo también. He sido internada
tres veces en un psiquiátrico.
H, al grupo: ¿Habéis
notado cómo ha hablado conmigo? Me ha mirado derecho a
los ojos y me ha expuesto su problema con claridad. Se
trata pues de un problema serio y me parece que tengo
permiso para trabajar con ello.
A
la mujer: Lo haré. Se te
ve con cara de infeliz.
Ella se ríe. Hellinger con ella.
H: ¿Haremos algo por
esto también?
M: ¿Quieres decir que
podemos cambiar algo de lo infeliz? Sí, sería bueno.
H: Haré lo mejor que
puedo para esto.
Al grupo: He trabajado a
menudo con la psicosis. Si ahora lo hago con ella,
tendremos un buen ejemplo con aprender a tratar la
psicosis de otra manera.
Hellinger escoge a alguien como representante.
Al grupo: Voy a probar
algo que nunca he hecho hasta ahora.
A
la representante: Tú
representas a la psicosis.
La representante de la psicosis se vuelve intranquila.
Se mueve de derecha y de izquierda, se pone los puños en
jarras y mira al suelo. Luego deja caer las manos y da
un paso hacia el frente.
De nuevo planta los puños en las caderas. Sacude con
fuerza la cabeza, mira hacia arriba, se agacha hacia el
suelo e intenta tocar con las manos a alguien que ella
se imagina ahí. Rápidamente se endereza de nuevo.
Repite los mismos movimientos: mirar arriba luego al
suelo, plantar los puños en jarras, soltarlos otra vez y
volverse de ambos lados. Se cubre los ojos con una mano,
se da la vuelta hacia la derecha como si quisiera
empujar a alguien.
Hellinger escoge a otra
persona y la coloca frente a la psicosis. Le dice que no
sabe a quien representa.
La representante de la psicosis le da la espalda con
miedo y empieza a temblar. Luego, paso a paso y de
costado, se dirige hacia ella, parando a medio camino y
alejándose otra vez, de costado. Al hacer esto, suelta
sonidos angustiados, igual que un niño.
H, a la psicosis: dile
“por favor”.
Ps: Por favor.
Lo dice con una voz aguda y llorona de niño. Sigue
lloriqueando con esta voz pero sin pronunciar palabra
ninguna. Tiembla, de vez en cuando estira la mano hacia
la otra persona y la retira otra vez. La segunda
representante sigue
impasible en su lugar.
Ahora la representante de la psicosis se acerca a la
otra, pasa a su alrededor, se esconde detrás de ella y
se
queda cerca de ella.
Después de un rato, gira en torno a la mujer. La mujer
gira con ella de frente, y mira con mucha reserva. La
psicosis se aleja, manteniéndose de frente y fija su
mirada en ella. La mujer retrocede lentamente,
alejándose de la psicosis.
H, a la mujer: Di a la
psicosis: por favor.
Mujer: Por favor.
Al poco rato, la psicosis da unos pasos más lejos. La
mujer hace lo mismo.
Después de un momento, se dirige lentamente hacia la
psicosis. Pero ésta retrocede, manteniendo la distancia
entre ellas. Luego, las dos se acercan muy despacio y se
inmovilizan a unos dos metros de cada una.
Hellinger pide a otra mujer tumbarse boca arriba entre
las dos mujeres. Ella representa a un muerto.
La psicosis empieza a temblar violentamente y mira con
persistencia a la muerta. Se aproxima a la muerta y, por
encima de ella, estira una mano temblando hacia la otra
mujer, que a su vez mira a la muerta. En cuanto a la
muerta, se aleja de la psicosis y mira hacia la segunda
mujer de pie. La psicosis se dirige despacio hacia ella,
dejando de lado a
la
muerta y se para detrás de ella.
Esta segunda mujer tiene la mirada intensamente fijada
en la muerta ahora.
La psicosis da un paso atrás y se gira hacia otro lado,
como si hubiera cumplido con su tarea de poner en
contacto a las dos mujeres (una muerta y otra viva). Se
va calmando.
La mujer viva se acerca a la muerta, la cual le tiende
la mano. Se arrodilla a su lado y coge su mano. Acto
seguido, la psicosis retrocede aún más. Se pone de
rodillas, sentada en sus talones y, frente a las
otras
dos, se inclina profundamente. La mujer viva se ha
recostado al lado de la muerta. Ambas se miran a los
ojos y se abrazan entrañablemente.
La psicosis sigue arrodillada y se ha dado completamente
la vuelta, mirando para otro lado.
¿Qué es lo que lleva a la psicosis?
H, al grupo: Querría dar
unas aclaraciones acerca de mi experiencia actual
referente a la psicosis. Una psicosis, aquí más que todo
la esquizofrenia, se da en familias donde
ha ocurrido un crimen, un crimen dentro de la familia. A
menudo, este evento se ubica muchas generaciones atrás.
Y desde luego no queda ningún recuerdo del suceso. Pero
en el campo del espíritu de esta familia está preservada
la memoria del evento y sale a la luz.
En
esta constelación, pudimos ver que la representante de
la psicosis estaba totalmente desorientada por toda
clase de sentimientos. En cuanto coloqué una persona
suplementar, pudimos ver que esta persona y la psicosis
se encontraban atraídas mutuamente de manera
significativa.
A
esta mujer: No sabemos
quien es esta persona. Tal vez pertenece a una generación
anterior.
Al grupo: Las dos se
atraían, y había la misma palabra clave para las dos. La
palabra “por favor” de parte de la psicosis hacia esta
mujer y la misma palabra de esta persona hacia la
psicosis. La psicosis le decía a la mujer:”por favor,
haz algo” y la mujer le decía a la psicosis: “por
favor, ayúdame”. La psicosis estaba, por lo tanto, a su
servicio.
Luego probaron reunirse pero no funcionó. Algo lo
impedía. De repente se hizo claro que entre las dos
yacía un muerto. Por esto, coloqué
a une persona representando
a un muerto en el suelo. En cuanto se encontró tumbado y
la mujer pudo mirar al muerto, la psicosis
pudo retirarse. Había cumplido con su tarea.
A
la mujer: Pudimos ver
con claridad que la psicosis había terminado su trabajo.
Al grupo: ¿Por qué se
vuelve alguien sicótico? Pues, cuando está intrincado a
la vez con dos personas en oposición, que están sin
reconciliar. En mi experiencia actual, siempre se trata
de un asesino y de su víctima. No están aun
reconciliados con amor. En la constelación que acabamos
de ver, han conseguido por fin reunirse. Lo que quedaba
sin reconciliar se ha vuelto a encontrar y el problema
que estaba sin resolver se ha solucionado.
A
la mujer: Cuando, en una
familia, se da un problema así, en cada generación
posterior un miembro de esta familia debe representar a
los que quedaron sin reconciliar, y se vuelve de una
manera o de otra sicótico, como probablemente lo sabes.
La mujer asiente.
Pero
no están enfermos. Están a la búsqueda de una solución
con amor. Todos buscan una solución con amor. La
psicosis busca también una solución a través del amor.
Quiere juntar nuevamente a los que quedaron separados
sin reconciliación y que se han visto excluidos de la
familia, por causar angustia a los demás. Es por esto
que nadie les mira más.
Al grupo: Lo que hemos
visto aquí es una bella imagen del movimiento del
espíritu y cómo, gracias a la psicosis, ha logrado
conectar lo que estaba separado.
A
la mujer: Es probable
que la psicosis haya representado aquí a varias personas
simultáneamente. No obstante hemos podido observar su
función con mucha claridad y precisión. ¿Y cómo te va
ahora?
La mujer: Me va mejor.
H: Ahora acércate a la
representante de la psicosis y abrázala.
La mujer se arrodilla frente a la representante de la
psicosis, que aun está en el suelo, de cuclillas, y
cubre su cara con las manos. La psicosis mira hacia
arriba y le alcanza las manos, pero después de un rato
las deja caer de nuevo. La clienta gira la cabeza al
costado y mira el suelo. Se inclina profundamente hasta
reposar la cabeza en el regazo de la psicosis. Se echa
a llorar con fuerza. Al cabo de un rato se endereza y
saca las manos de delante de su rostro, mirando a la
psicosis a los ojos. Otra vez gira la cabeza de lado y
mira el suelo. Más tarde la psicosis se desplaza hasta
estar arrodillada al lado de la clienta. Y con ella mira
al suelo.
La clienta desea tocar la espalda de la psicosis pero no
se anima a hacerlo. Al cabo de unos instantes la roza
con cuidado, apoya su cabeza en el hombro de la psicosis
y le sujeta el brazo.
Un poco más tarde, la psicosis gira la cabeza hacia
ella, ambas quieren tocarse en la mejilla. En ese
instante la psicosis se retira y mira nuevamente al
suelo. Estos movimientos se repiten varias veces.
Entonces la clienta se sienta frente a la psicosis y le
toma de las manos. Después de un tiempo aparta la
mirada, luego la dirige de nuevo hacia la psicosis.
Ambas sueltan las manos. La psicosis mira otra vez al
suelo.
Luego se da la vuelta. La clienta se sienta a su lado en
el suelo. La psicosis quiere poner la mano en la espalda
de la clienta, pero rápidamente la retira. Ambas se
miran detenidamente. La clienta coloca la mano a la
espalda de la psicosis y siguen mirándose intensamente.
La psicosis mira al suelo otra vez. La clienta retrocede
un poco y da un profundo suspiro. Después de un rato, la
psicosis se levanta, dando unos pasos atrás. La clienta
también se levanta. Ambas miran el mismo punto en el
suelo. Y de nuevo se van mirando. Se miran a los ojos y
cada una retrocede un poco.
La clienta se da la vuelta y mira a las dos personas
tumbadas en el suelo. Las dos están boca arriba, la
cabeza hacia la otra, mirándose y tomadas de la mano. La
clienta se gira hacia ellas y da unos pasos atrás. La
psicosis también se aleja.
H, a la mujer: Ahora,
mira por encima de ellas dos, más allá a lo lejos.
La clienta echa un vistazo rápido hacia lo lejos y
vuelve a girarse hacia la psicosis.
H:
Ahora, mira también más allá de la psicosis, a lo lejos.
El rostro de la psicosis se aclara. Se retira de un lado
mientras la clienta se gira hacia el grupo.
H: Ahora, mira a todos
en el grupo.
Se gira y empieza a llorar.
H, a la mujer y a las representantes:
Quedaos así como estáis. Quiero explicar algo.
Al grupo: Estos
movimientos eran de una increíble belleza y profundidad.
Eran tan exactos. Nadie los pudo inventar. Las dos
estaban envueltas por algo muy potente y movidas por
ello.
Pues
bien, ¿qué hemos visto aquí? Entre la clienta y la
psicosis pasó algo parecido a lo que aconteció antes
entre las dos mujeres en el suelo. La psicosis
representaba al asesino, y la mujer a una víctima. La
mujer se comportó en víctima, y se comportó hacia la
psicosis como una víctima. De esta misma forma es
tratada la psicosis en las familias donde se dan casos
de psicosis. Las familias demuestran hacia la psicosis
esta misma actitud interior de exclusión y miedo como
hacia el asesino. Y tratan con frecuencia al familiar
sicótico como el asesino trata a su víctima. Desconocen
lo que en realidad la psicosis carga como lastre en su
lugar, y adónde les quiere llevar.
Al
final, la psicosis quería que se la dejara en paz. En
cuanto se la vio y se la reconoció, aunque
incompletamente, se pudo retirar.
A
las representantes:
Gracias a todas.
A
la mujer: Siéntate a mi
lado. ¿Cómo te va ahora?
M: Aun mejor.
H: Suena todavía a pobre
infeliz.
M: ¿Por qué dices esto?
Empieza a reírse alto.
H: Esto suena mejor.
La mujer sigue riéndose, mirando a Hellinger.
H: Claro, tenemos que
pensar también que la psicosis es algo especial para
muchos. Con sólo mencionar: soy sicótico, ya se asustan
los demás. ¿No es esto maravilloso?
La mujer sigue con la risa y aprueba.
H: Lo has disfrutado
también. Claro, lo has disfrutado.
Al grupo: Es así como
los sicóticos muestran que están también identificados
con el asesino.
La mujer asiente.
Al grupo: Creo que ya
hemos visto lo suficiente. Ahora, todo esto actuará
dentro de nosotros. La representante de la psicosis fue
extraordinaria. Estaba realmente conectada con el
movimiento del espíritu y la pudimos seguir en todo
momento. Para mí, fue increíblemente exacto y hermoso.
No había hecho nunca una cosa así, configurar una
representante para la psicosis.
Las psicosis, un problema familiar
Después del suceso desencadenador, en cada generación
debe un miembro de la familia volverse sicótico. Este
miembro se hace cargo de lo que corresponde a otros. En
cuanto se ha vuelto sicótico, el resto de la familia
está alivi |