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Revista Independiente
Hellinger
marzo 2006
Traducción
Patricia Sánchez
Editorial
De la mente al papel
Lo que hace felices a las personas
El sentimiento fundamental
La felicidad en la pareja
Los obstáculos para la felicidad
La
benevolencia hacia todos
El momento presente
El trabajo
Tomar a los padres
La reconciliación
Felicidad y desgracia
El niño herido
Hombre y Mujer
Como puede lograrse la relación de pareja
La relación sexual
El amor del corazón
La vida en común
El amor que dura
La perfección
Respuestas a los lectores
Tema: parejas en crisis
Ayudar a los niños
El amor oculto de los niños
El orden
Ejemplo: "la hija no quiere ir a la escuela"
Frases para pensar
La
sabiduría del caminante
Una atención benevolente
Pensamiento
El juego de la alternancia
Pensamientos personales
La orientación
¡Os deseo una cordial Bienvenida!
La
primavera ha vuelto. Como niña
que
sabe poesías es la tierra.
Sabe
una infinidad...Por el esfuerzo
de
este largo aprender recibe un premio.
Así es como Rilke saluda a la
tierra que se despierta tras un largo invierno en los "Sonetos
a Orfeo".
También nuestra alma sigue las
estaciones y sin embargo, en lo más hondo, sigue
idéntica en su esencia. Soporta el invierno, se alegra
con la primavera, transpira el verano y cosecha en
otoño.
Y no sólo nuestra alma, sino
también la de aquellos con los que tenemos una relación
profunda. Sin embargo, a veces para ellos es verano
mientras que nosotros nos imaginamos estar todavía en
invierno. O celebran la primavera mientras nosotros
estamos ya recogiendo la cosecha. Y a la inversa. Pero
cada estación conoce a las demás. Todas ellas forman
parte de un mismo círculo, de un mismo movimiento que
gira en torno a un centro común, completándose en
nuestras relaciones. A la dificultad, se añade la
esperanza, al calor el reposo, a la cosecha el
reconocimiento, a la alegría la fiesta, tanto tiempo
como duren.
Por lo tanto, los pensamientos e
historias que contiene este número van a llevarnos a
través del ciclo anual de nuestra alma y de nuestras
relaciones.
Siguen relacionadas unas con otras
hasta el final. Estimulan y dejan espacio. Pero en todas
ellas, la tonalidad básica sigue siendo la alegría.
Cambia el mundo, se transforma,
como figuras de nubes,
todo lo realizado vuelve
al seno de lo antiguo.
Por encima del cambio y del
movimiento,
Más vasto y más libre,
Dura todavía tu preludio,
Dios de la lira.
Ni los sufrimientos se conocen,
Ni el amor se enseña,
Ni aquello que en la muerte nos
separa
Nos es desvelado.
Sólo el canto por la tierra
Santifica y glorifica.
Así es como canta Rilke en uno de
sus "Sonetos a Orfeo".
Así también es como canta a la
Tierra en su poema sobre la Primavera.
Mi esposa Maria Sophie, yo mismo y
todos nuestros colaboradores, deseamos que gocéis con la
lectura de este número.
Vuestro siempre
Bert Hellinger
Lo que hace felices a las personas
¿Qué hace felices a las personas?
Extracto de un seminario de un día
"Ayuda para la vida" en Alemania, el 9 de julio de 2005.
Esta es la cuestión. ¿Quién es más
feliz? ¿Y cuándo hemos sido más felices?
El más feliz es el niño en el seno
de su madre. ¿Existe algo que dé mayor felicidad que
esta relación íntima? Esto sigue siendo válido para
nosotros actualmente.
Es en la relación con nuestra
madre – y después con nuestro padre – donde somos más
felices. A lo largo de nuestra vida, puede que haya
intervenido algo que nos haya alejado de nuestra madre.
Entonces ahora, nos falta algo.
El sentimiento fundamental
Hace unos años, una pareja de
terapeutas me invitó cuatro semanas a su casa. Eran unas
personas maravillosas, se llamaban Haimowitz.
Un día, mientras este terapeuta
animaba un grupo, declaró que cada ser humano tenía en
si mismo, un sentimiento fundamental y que la persona
siempre se quedará en este sentimiento fundamental
porque es ahí donde siente menos estrés.
Cada uno puede constatar
rápidamente donde se encuentra en su sentimiento
fundamental. Por ejemplo, nos imaginamos una escala
entre menos cien y más cien. El terapeuta dice que nunca
se puede cambiar este sentimiento fundamental y que
siempre volvemos a él.
Cada uno puede comprobarlo por si
mismo: ¿dónde os situáis en esta escala entre menos cien
y más cien? ¿Por debajo de cero y dónde exactamente? ¿O
bien por encima, y dónde? Cada uno lo sabe enseguida.
Cuando miro a la gente, me doy cuenta enseguida. Se
puede ver inmediatamente dónde se sitúa la persona en
esta escala de la felicidad.
Este hombre pues afirmó que no se
podía cambiar el sentimiento fundamental. Y sin embargo,
uno de mis descubrimientos revolucionarios ha sido que
podemos cambiarlo. Porque yo lo he podido hacer y eso me
ha hecho darme cuenta.
Un día participaba en un seminario
y el terapeuta – que se llamaba Kadis – trabajó
personalmente conmigo.
Todavía hoy le estoy agradecido.
Gracias a su ayuda, pude ver de pronto lo que mi madre
había hecho por mí. Me estremeció ver todo lo que mi
madre había hecho por mí. Siempre había estado ahí. Era
una mujer valiente. Fue absolutamente incorruptible,
bajo el régimen nazi. Cuando se negaron a darme mi
título de bachiller porque me habían fichado como
"perjudicial para el pueblo", fue a ver al director
y luchó por mí como una leona. Después de esto, me
dieron mi título de bachillerato. En esa época, ya hacía
un año que me habían alistado en el servicio militar. De
pronto, me di cuenta de que mi sentimiento fundamental
había subido setenta y cinco puntos. ¿Podéis
imaginároslo?
Por lo tanto, el vínculo con la
madre, crea la felicidad. Es una de las cosas que hace
felices a los hombres.
La felicidad en la pareja
¿Dónde esperan la mayoría de las
personas – y sueñan – encontrar la felicidad? En la
pareja por supuesto. Aquí también he descubierto algo
que abre nuevos horizontes.
¿Os lo cuento?
Cuando los dos componentes de la
pareja tienen una relación con su madre, son felices.
Algunas personas se sienten solas.
Algunas mujeres y algunos hombres viven con esta
soledad. Dicho esto, os resumo mi descubrimiento en una
sola frase: ¡sin madre no hay pareja!
Algunas mujeres dicen: quisiera
encontrar un hombre. No es así como funciona. Hay que
llevar primero a la madre en el corazón, y después, se
encuentra un hombre. ¡Sin madre, no hay hombre!
Naturalmente, esto también es
válido para el hombre. ¡Sin madre, no hay mujer! Pero
aquí no sé exactamente lo que pasa porque algunas
mujeres quieren ocupar el lugar de la madre y, de esta
manera, hacer feliz al hombre. Pero ya sabemos a donde
nos lleva.
Por lo tanto, el primer camino que
lleva a la felicidad es estar enraizados y, a partir de
ahí, nos liberamos y nos sentimos felices.
Los obstáculos para la felicidad
Naturalmente hay muchas cosas que
se oponen a la felicidad: todo lo relacionado con la
historia de la familia y los acontecimientos que han
sucedido.
Las Constelaciones Familiares, tal
como las propongo, muestran como podemos superar tales
obstáculos respecto al amor y a la felicidad.
Muchas personas siguen
pretendiendo lo contrario cuando son felices. ¿Por qué?
Porque piensan que así protegen su felicidad.
Mucha gente se imagina que tienen
que pagar por la felicidad. Pero ¡cuanto más se paga
para tenerla, menos se tiene, naturalmente!
Esto también es una idea que nos
viene de la religión.
Ejemplo: "Soy feliz"
La mujer le dice a Hellinger:
Tres hermanos y
hermanas de mi padre murieron cuando eran niños. El
padre de mi padre murió prematuramente y mi padre
también murió a los cuarenta y nueve años de un cáncer.
Hellinger:
Cuando pasan cosas así en una familia, el amor por los
suyos exige a menudo que se tome parte en su destino.
Hellinger a la mujer:
Cierra los ojos y ahora imagínate
a todos estos muertos. Primero a tu padre y después a su
padre así como a los hermanos y hermanas de tu padre que
están muertos.
Y les dices: "Os veo. Os llevo en
mi corazón. Os amo".
Después miras más allá de ellos,
muy lejos, hacia su destino.
Mientras tú miras más allá de
ellos, hacia su destino, ellos también se vuelven hacia
su propio destino – con amor. Y el Destino también les
mira con amor.
Después, apartan su mirada de ti
para dirigirla hacia su destino. En compañía del
destino, dirigen su mirada más allá de éste, hacia algo
más Grande, de donde todo viene y a lo que todo vuelve.
Y en ese momento, todo está bien.
Y le dices a uno de ellos: "yo voy
después, porque os quiero"... ¿te oye?
Después, miras tu propio destino y
junto con tus hijos le dices: "sí",
Y tu destino también se vuelve y
mira más lejos, hacia algo más Grande.
Ahora vuélvete hacia tus hijos y
diles: "podéis confiar en mí, me quedo".
Y se lo dices también a tu marido.
Se alegrará de que lo hagas. Le miras a los ojos y le
dices: "soy feliz".
Hellinger al grupo:
Ahora su marido irá bien y sus
hijos también.
Hellinger a la mujer:
¿Cómo vas?
La mujer:
Más libre,..., liberada.
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La "Benevolencia" hacia todos nos hace felices
¿Qué hace felices a los hombres?
¿Qué me hace feliz? ¿Y cómo ser
feliz?
Cuando me vuelvo hacia todos de la
misma manera. Volverse hacia todos no quiere decir amar
a todos de manera emocional sino dirigirse a todos con
respeto y animado por un amor espiritual. Eso es
volverse hacia todos participando en un movimiento de
creación que está trabajando detrás de todo, que se
dirige a todo de la misma manera.
No es posible considerarlo de otra
forma.
Cuando excluyo a alguien de mi
atención benevolente, pierdo la felicidad. ¿Cómo puede
un ser humano excluir a otro? Sólo es posible si se
siente superior.
Todos los que se sienten mejores
que los demás, excluyen a alguien. Todos los que juzgan
de manera negativa a alguien o le condenan, le excluyen.
Esta arrogancia nos viene de la moral.
Si lo pensamos bien, esta
arrogancia llega tan lejos que, en nombre de la moral,
los que se sienten superiores dicen a los demás: "éste
tiene derecho a vivir, este otro no".
¿No es monstruosa la pretensión
que se oculta tras esta moral? ¡Pero la gente
moralizadora no es feliz, seguro que no!
La felicidad nos viene de esta
disponibilidad para con los demás. Esta "disponibilidad"
es un trabajo y una cualidad de toda una vida. En el
fondo, no es nada más que "benevolencia" hacia cada uno.
Sentid un poco lo que pasa en
vosotros cuando os entrenáis en la benevolencia. Quizá
tengáis algo contra alguien. Ahora, mirad a esa persona
y decidle: "Te deseo lo mejor – desde todos los puntos
de vista".
Leo en la cara de algunos de los
que están aquí que ¡se sienten más felices!
La "benevolencia" nos hace
felices; la "malevolencia", por el contrario, nos hace
desgraciados, no sólo al otro sino también a nosotros
mismos.
Podemos comprobar y renovar esta
benevolencia con nosotros mismos. Yo compruebo a menudo
esta benevolencia en mí.
He comprobado que cuando caigo en
la agitación o en los celos, ya no estoy unido con mi
alma ni con mi corazón.
Vosotros también podéis sentirlo
inmediatamente. Entonces, por la noche me siento – si no
puedo hacerlo esa noche misma, lo hago como muy tarde al
día siguiente por la mañana – y me pregunto: "¿a quién
he negado mi benevolencia?"
Y, de pronto, aparecen esas
personas ante mí internamente y me vuelvo de nuevo hacia
ellas, simplemente con benevolencia. Con benevolencia,
sin juzgar, simplemente benevolente. Entonces, vuelvo a
encontrarme sereno.
Esta es otra manera de ser feliz,
por el camino de la Benevolencia.
El momento presente
Ahora, me gustaría decir algo más
sobre la felicidad.
¿Cuál es el secreto de la
felicidad? ¿Dónde encuentra su plenitud la felicidad?
En el momento presente.
La felicidad está entera en el
momento presente.
¿Y qué se opone a la felicidad? El
hecho de alejarse del momento presente. Ya sea porque
miramos atrás o porque miramos hacia delante.
Entonces, olvidamos el momento
presente.
Y al mismo tiempo, olvidamos la
felicidad del momento. Estar presente en cada momento es
una elevada disciplina en la que podemos entrenarnos.
Cerrad los ojos. Toda la vida está
sólo en el momento presente. En cada momento, la vida
está ahí en toda su plenitud. En cada momento, ahora,
está la plenitud de la vida.
Entonces abrimos nuestro corazón a
este momento, nos alegramos de este momento, agradecemos
este momento.
Aquí no hay nostalgia ni temor
tampoco. Todo temor se establece en el futuro. Toda
nostalgia pertenece al pasado. En el momento mismo, no
lamentamos ni tememos nada.
¿Por qué los niños son tan
felices?
¡Porque sólo viven el momento
presente!
El trabajo
Ejemplo:
Un hombre:
Se trata del trabajo.
Hellinger:
El problema del trabajo es fácil
de resolver. (Hellinger coloca primero al hombre y
después a una representante para el trabajo, enfrente de
él. El trabajo da un paso atrás y se da la vuelta).
No es extraño que no tengas
trabajo. ¡El trabajo no te quiere! Está contra ti porque
no le respetas. El trabajo huye de ti. Pero no es su
culpa. Ahora, ¿quién era el trabajo?
El hombre:
Cualquier cosa con la que no estoy
unido y por ello estoy sin motivación.
Hellinger:
¿A quién representa el trabajo
aquí? ¡A tu madre! Sin madre, no hay trabajo - ¿qué le
has hecho a tu madre?
El hombre:
En este momento, siento que se ha
alejado de mí.
Hellinger:
Mi pregunta era muy concreta.
El hombre:
Me he ido.
Hellinger:
¿Qué quiere decir eso?
El hombre:
Tengo poco contacto con ella. Me
he alejado de ella.
Hellinger:
¿Qué le has hecho realmente?
El hombre:
Me he apartado claramente de ella.
Hellinger al grupo:
Creo que va a seguir en paro. ¡No
hay nada que hacer! Sin madre no hay trabajo. El que se
aparta de su madre, se aparta del trabajo – y el trabajo
se aleja de él.
Hellinger al hombre:
Tú le has hecho algo y eso le ha
hecho daño.
Cierra los ojos.
(El hombre pone se cubre la cara
con sus manos y comienza a sollozar ruidosamente).
Hellinger
(después de un tiempo): ¿Vive
todavía tu madre?
El hombre:
Si. Mi padre ya ha muerto.
Hellinger:
Entonces, todavía tienes una
oportunidad. ahora, has entrado en contacto con ella,
está bien, es bonito, muy bonito.
Voy a hacerte algunas sugerencias
concretas.
Le escribes una carta. Recorres tu
infancia a partir de tu nacimiento y miras todo lo que
ha hecho por ti durante todo ese tiempo. Le escribes
eso, diciéndole que lo llevas en tu corazón. Todo lo que
te ha dado, lo tomas en tu corazón.
(El hombre asiente bajando la
cabeza).
Hellinger:
¡Exactamente!
Al final, le dices algo más: si
alguna vez me necesitas, estoy aquí para ti.
(El hombre está muy conmovido).
Hellinger:
Ahora, vas a encontrar trabajo muy
pronto.
(Ambos se ríen a carcajadas).
Hellinger al grupo:
Ahora es feliz. Es bonito. No hay
duda, las madres nos hacen felices.
Hellinger al hombre:
Bueno, lo dejo aquí.
Tomar por completo a los Padres
Hellinger al grupo:
Quisiera decir algo más en este
contexto.
A menudo, miramos a nuestra madre
y a nuestro padre y pensamos: hay algo que no iba. No
eran perfectos. Tenemos expectativas muy extrañas hacia
nuestros padres, como si tuvieran que ser como Dios. No
exactamente, todavía un poco mejor por supuesto.
Es terrible lo que hacemos a
nuestros padres con tales expectativas. Después creemos
que tenemos derecho a pedirles cuentas por ello, porque
no eran como Dios.
Hemos crecido y nos hemos vuelto
capaces de desenvolvernos en la vida porque eran
normales, con defectos, casi con los mismos que nosotros
tenemos.
Ahora, acabo de tener una extraña
experiencia interna.
Antes he contado como había
aumentado tanto mi sentimiento fundamental. Tomé a mi
madre en mi corazón, la tomé totalmente.
Lo sorprendente es que todo
aquello por lo que pensaba poder hacerle reproches –
decirle: "habrías debido hacer eso mejor" – todo ello
quedaba fuera.
Curiosamente, cuando tomamos a
nuestro padre y a nuestra madre tal como son en nuestro
corazón, siguen totalmente en nuestro corazón sin
aquello que nos hacía tener objeciones, fuera lo que
fuera.
Es una bonita experiencia. También
ayuda poder hablar así.
La reconciliación
Prefacio
Esta reflexión viene tras la
Constelación de un hombre, cuyo abuelo había llevado un
transporte de prisioneros a un campo de concentración.
Hacia el final de la guerra, el abuelo de este hombre,
murió en ese mismo tren durante un ataque aéreo.
Los perpetradores sólo pueden
descansar al lado de sus víctimas. Pero no pueden ir
hacia sus víctimas más que si ellas les dan un lugar.
Aquí, hemos podido ver lo difícil que era para las
víctimas.
Una de las víctimas permitió que
el perpetrador tomara contacto con ella. Después
estuvieron en paz entre ellos. La representante de esta
víctima invitó con la mirada a los que todavía no se
habían reconciliado. Que ella hubiera dejado un lugar a
su lado para el perpetrador no convenía a las víctimas.
¿Para quién es grave esto?
Es grave para las víctimas
mientras se nieguen a dejar un lugar para el
perpetrador.
Después, he añadido un
representante para Alemania. A menudo, hay otro
obstáculo para la reconciliación entre perpetradores y
víctimas. ¡Es Alemania, o más bien, lo alemanes!
Respecto a esto, me gustaría hacer
un pequeño ejercicio con vosotros.
Ejercicio:
"Reconozco que soy como
vosotros"
Cerrad los ojos y sentid
interiormente que pertenecéis inevitablemente a este
campo espiritual que es Alemania.
En este campo están presentes los
perpetradores, las víctimas y todos los que eran
incondicionales. Y todos están en ese mismo campo, de la
misma manera.
Nos exponemos a ellos, tanto a los
incondicionales como a los que pretendían no saber nada
y también a los que se distanciaban de todo ello como si
no pertenecieran a ese campo.
Y nos exponemos a los
perpetradores, a los soldados y a las víctimas de
cualquiera de los lados.
Nos exponemos a los perpetradores
pero también – por así decirlo– nos abandonamos a ellos,
abiertos a todo y compartimos su sentimiento,
exactamente como ellos; y les decimos:
"Reconozco que soy como vosotros,
sin distinción. Con humildad y amor, honro vuestro
recuerdo en mi alma. Os reunís en mi corazón con
el sufrimiento y la culpabilidad, con todo tal como ha
ocurrido".
Después, miramos más allá, hacia
algo más Grande, más allá del Todo, al que todos
pertenecen de la misma manera y al que han sido
entregados de la misma manera y donde todos están en
buenas manos de la misma manera.
Ante esta fuerza, nos detenemos,
inmóviles, con recogimiento, sin preguntas, simplemente
así.
Felicidad y Desgracia
En el momento en que una persona
deja en paz al pasado y no carga más con lo que
pertenecía a otros, estas personas están también en paz
y pueden seguir su propio camino. Por lo tanto, es grave
cuando algunas personas piensan después que deberían
hacer todavía algo por estos muertos.
Como por ejemplo: vengarlos o
encargarse de determinadas cosas en su lugar, o
compensar. De esta manera, se inmiscuyen en situaciones
que no les conciernen.
Esta es también una de las causas
que lleva a la desgracia y nos hace desdichados.
¿Habría quizá que explicar un poco
más lo que se está realizando en segundo plano?
La felicidad de la pertenencia
Una de mis tomas de conciencia fundamentales, se refiere
al funcionamiento de la conciencia.
Por así decirlo, he hecho bajar la
conciencia del cielo para traerla a la tierra.
De repente, me he dado cuenta de
que la conciencia es un instinto y no algo espiritual.
¡Un perro también tiene
conciencia!
¿Habéis observado que, a veces, un
perro puede tener mala conciencia? Por lo tanto, la
conciencia es un tipo de instinto. Sólo la encontramos
en las jaurías, en los rebaños.
Cuando un miembro de la manada
hace algo por lo que podría ser excluido, tiene mala
conciencia. Entonces, cambiará su comportamiento para
poder formar parte, de nuevo, del grupo.
Y ahora, si trasponemos eso a los
hombres, esto es lo que pasa.
La conciencia nos une a un grupo
que es importante para nuestra supervivencia, pero
también nos une con los demás grupos con los que
queremos relacionarnos.
La conciencia es un órgano de
percepción instintivo. Podemos compararla con el sentido
del equilibrio. El sentido del equilibrio también es un
órgano de percepción instintivo con el que podemos
constatar rápidamente si estamos en equilibrio o no. De
la misma manera, mediante la conciencia, podemos
percibir si todavía tenemos derecho de pertenecer a
nuestro sistema o no.
Cuando hemos hecho algo que podría
excluirnos, tenemos mala conciencia. Entonces, cambiamos
de comportamiento para poder pertenecer de nuevo a
nuestro clan.
Y si tenemos permiso para
pertenecer allí, nos sentimos felices e inocentes. En el
fondo, la mayor nostalgia del hombre es: su pertenencia.
Esta es la razón por la que no hay
mayor desgracia que la de estar excluido. ¿Y cómo
castigamos a los criminales?
¡Excluyéndolos por supuesto!
Los metemos en la cárcel o los
matamos.
La exclusión es lo peor que puede
existir.
El mayor bien es la pertenencia. Y
con la ayuda de nuestra conciencia, sabemos lo que está
bien para nosotros y para el grupo y lo que está mal
para nosotros y para el grupo.
La felicidad ciega
Voy a explicar esto un poco más en
detalle.
Para pertenecer a su sistema, un
niño es capaz de todo. La pertenencia es más importante
para él que su propia felicidad y su propia vida.
Mucha gente sacrifica su vida por
esta pertenencia.
Por ejemplo: los soldados.
Mucha gente comprometida con los
demás, están dispuestos a sacrificar su vida por la
comunidad - ¡como ellos dicen!. Pero, de hecho, se trata
de pertenencia. ¿Y cómo se les honrará especialmente?
Cuando hayan hecho algo por su grupo poniendo en peligro
su vida.
A veces, en nombre de la
pertenencia, una persona se dice interiormente
determinadas frases: por ejemplo, dice a su madre muerta
o a su padre muerto o a un hermano o a una hermana
muerta: "te sigo".
Entonces, puede que se enferme o
que quiera morir en su lugar. Lo vemos con la anorexia
por ejemplo.
Una niña anoréxica dice en su
corazón: "prefiero desaparecer yo antes que verte
desaparecer". ¿A quién se lo dice? A su querido papá. Es
lo que dice por regla general. La mayoría de las veces,
hace eso por su padre. Es amor y este amor viene de la
conciencia.
Cuando esos niños o adultos
mueren, todos tienen: "buena conciencia".
¡Se sienten inocentes y además,
felices!...
¡Dios mío, qué felicidad! ¡Y que
desdicha para aquel al que le dicen: "mejor yo que tú"!
¿Cómo se siente el padre al que su
hija le dice interiormente: "me muero en tu lugar"?
Esta dinámica viene de la
conciencia, haciéndonos felices e inocentes por una
parte y, por otra, oponiéndose a la vida. Por lo tanto,
no está en acuerdo con la vida. pero la Gran Felicidad
está en armonía con la vida.
La felicidad es más que el
sentimiento de inocencia
Otra de mis tomas fundamentales de
conciencia es también ¡que hay dos conciencias!: una
superficial y otra oculta detrás. En nuestra cultura
somos inconscientes de esta conciencia. Se trata de una
conciencia arcaica, la más antigua y que ha existido
antes de la conciencia moral que sentimos. Esta
conciencia es la conciencia arcaica del grupo. Ella
vigila que se respeten determinadas leyes dentro del
sistema.
La primera ley es: esta conciencia
no tolera ninguna exclusión.
Con la conciencia moral, excluimos
a personas sintiéndonos mejores que ellas. Con esta otra
conciencia, esto no existe. Todos los que pertenecen al
grupo tienen el mismo derecho de pertenencia. Es una ley
férrea en lo que la concierne.
Ahora, imaginad una época antigua,
en la que los hombres vivían en hordas. ¿Podían excluir
a alguien? ¿Era imaginable? Es esta conciencia la que
los mantuvo unidos. Nadie podía ser excluido, habría
sido lo peor que hubiera podido pasarle a la horda, ni
siquiera se les hubiera pasado por la cabeza. Todos
formaban parte del grupo.
¿Y qué hacían con los asesinos? Si
hubieran sido cristianos, les habrían matado o enviado
al desierto.
Todavía actualmente, existen
grupos arcaicos. Allí se manifiesta de lo que es capaz
esta conciencia original.
El año pasado, hablé con un jefe
indio en Canadá. Me dijo que, en su lengua, no había
palabra para "la justicia". Ellos no tienen el concepto
de conciencia tal como nosotros lo entendemos. Con
nuestro concepto de conciencia, gritarían enseguida
justicia. Al contrario, están en acuerdo con la
conciencia original. Le pregunté: "¿Qué hacéis entonces
con un asesino?".
Y me respondió: "es adoptado por
la familia de la víctima". Ahí no hay exclusión. Están
en resonancia con esta conciencia arcaica.
Esta conciencia actúa también en
nosotros, pero de manera ampliamente inconsciente. ¿Cómo
actúa? Cuando excluyo a alguien de mi corazón, me vuelvo
como él, exactamente como él.
Una cosa más, después alguien del
grupo se identificará con el excluido y lo representará
sin darse cuenta.
¡Eso es una intrincación! Viene de
esta conciencia arcaica y responde a otra ley
fundamental que es: todos los que han llegado después,
van después y eso desde todos los puntos de vista.
Esto quiere decir: todos los que
han llegado antes, tienen prioridad sobre aquellos que
han llegado después al grupo.
Por eso, las personas que han
llegado más tarde, no tienen derecho a tomar algo del
destino de una persona que estuviera allí, antes de
ellos.
Toda violación de esta ley es
severamente castigada con la desdicha.
La violación de esta ley conduce a
la desgracia.
Cuando alguien dice: "te sigo (en
la muerte)", viola esta ley.
Pero viola esta ley con buena
conciencia. Eso es lo extraño porque estas dos
conciencias se oponen entre sí.
¿Cómo alcanzamos la felicidad?
Dando prioridad a la conciencia
familiar. Eso implica que hay que renunciar a la
inocencia de la conciencia moral.
La conciencia familiar es mucho
más exigente. Es aquí donde estamos unidos a muchas más
personas. Las tragedias, todas las tragedias, incluidas
las tragedias familiares, vienen del hecho de que
alguien que ha nacido después, carga con buena
conciencia algo de alguien que ha nacido antes.
Como por ejemplo: queriendo vengar
o queriendo encargarse de algo de un ancestro. Todas las
tragedias terminan con la ruina de los héroes aunque
hayan tenido buena conciencia y hayan actuado por amor.
Por lo tanto, la felicidad es
mucho más que el sentimiento de inocencia, es mucho más,
¡es una hazaña!
Una hazaña del alma – que pasa a
través de la toma de conciencia -.
La Gran Felicidad
Cuando hablo de estas tomas de
conciencia mías y también cuando saco las consecuencias
que esto conlleva, enfado mucho a los moralistas.
Una vez más, esto dice mucho de la
otra conciencia. Esta conciencia que nos une a nuestro
grupo y nos separa de otros.
Peor todavía, nos hace enemigos de
los demás grupos.
Todas estas hostilidades se
alimentan de la buena conciencia.
Esta voluntad de aniquilamiento se
manifiesta, si llega el caso para algunos de ellos,
teniendo buena conciencia.
Esto no les hace felices, podemos
verlo. Pero quizá podamos reconocer más claramente lo
que significa finalmente la gran felicidad.
La realización de la Felicidad
El tema era lo que hace felices a
los hombres. ¿Pero qué pasa con las cosas difíciles que
las personas deben superar? Para responder a esto, hay
un poema de Rilke en los Sonetos a Orfeo, respecto a la
queja.
El poema dice:
Sólo
en el espacio de la celebración
cabe la queja,
la
ninfa de la llorada fuente,
la
que vela sobre nuestro abatimiento,
para que se aclare ante la misma roca
que sostiene pórticos y altares.
Mira, junto a sus hombros callados alborea
la luz de un sentimiento: que ella es la más joven
entre sus hermanas de alma.
El júbilo conoce, la nostalgia confiesa,
sólo la queja aprende todavía; con manos de niña
cuenta noches enteras el antiguo mal.
Mas de repente, de través, torpemente,
una constelación de nuestra voz sube
hasta el cielo, sin que su aliento se empañe .
Y, de repente, la queja se vuelve
feliz.
¿Conocéis la queja o la acusación?
¿O bien los reproches con los que se pasan noches
recapitulando todas las malas cosas del pasado.?
Por supuesto, es la receta para
ser desdichados.
Aquí, querría precisar algunas
cosas para ejercitarnos en liberar el camino de la gran
felicidad.
La felicidad tiene algo que ver
con la evolución interior. Cuanto más crecemos
interiormente, más colmados nos sentimos. Hay una
felicidad ligera que es contentamiento y alegría. Es una
bonita felicidad. Y hay una felicidad tranquila que está
simplemente en resonancia. Esta felicidad tiene fuerza y
no se detiene nunca. No está en peligro.
Para mí, lo importante es que el
crecimiento exige dos cosas: en primer lugar alimento y
después resistencia.
Todo crecimiento se afirma frente
a la resistencia. El árbol más viejo del mundo se
encuentra en California, en lo alto de una montaña
completamente hirsuta, en mal estado y tiene tres mil
quinientos años. ¿Cuál de los árboles felices puede
compararse con él en lo que a fuerza se refiere?
En nuestro culto al bienestar, nos
imaginamos generalmente que debemos ser alimentados,
alimentados y más alimentados todavía. Recibimos,
recibimos, recibimos y entonces somos felices.
Después está lo que nosotros
pensamos que debe ser:
¿Qué es una buena infancia?
¿Qué son unos buenos padres?
Dan, dan y dan más. Esto es lo que
llamamos buenos padres. Es la imagen ideal. Maldición si
no han dado bastante. Es por eso si tengo problemas
ahora. Es por su culpa.
Después, compongo canciones de
queja contra mis padres, que canto durante toda mi vida.
¿Qué pasa en ese momento? En realidad, todo lo que me
pasa, sea lo que sea que haya pasado, es una oportunidad
para ser más fuerte y crecer – yo digo sí a todo eso -.
En el momento en que estoy en
acuerdo con ello, todo es bueno. Es gracias a esa
aprobación que se convierte en bueno y se transforma en
fuerza. Si persisto en la negación o si me quejo, lo
pierdo. Cada ser humano del que me quejo está perdido
para mí. Si me quejo de mis padres, los pierdo. Qué
miseria de vida entonces, totalmente miserable.
Cerrad los ojos. Este es un
ejercicio para ser feliz.
Ahora, mirad a vuestra madre y a
vuestro padre tal como son, exactamente tal como son. Os
alegráis de verles exactamente tal como son. Y les
decís: "Sí", tal como son y "Gracias" por todo. Puede
que algunas cosas fueran diferentes de lo que hubiéramos
deseado. Miráis lo que ha sido difícil o doloroso. Y le
decís: "Sí, tomo en mi corazón todas esas cosas, tal
como han pasado, y haré algo con ello. Esto me ha
permitido crecer. Gracias".
Así, atravesamos nuestra vida
comenzando por la primera infancia y miramos todo
aquello de lo que queríamos desembarazarnos, por ejemplo
una enfermedad o una persona y le decimos: "te tomo en
mi corazón tal como eres. Tú me permites crecer. Me has
mostrado y me has dado algo importante".
Después miramos aquello de lo que
queremos desembarazarnos, como por ejemplo: una
culpabilidad que tenemos y le decimos: "Sí, formas parte
de mí; de ti saco una fuerza especial y una ternura
especial. Tienes derecho a quedarte conmigo".
Mas de repente, de través,
torpemente,
una constelación de nuestra voz sube
hasta el cielo, sin que su aliento se empañe.
Muchas personas quieren ser
perfectas como Dios, quieren ser como Dios.
Un ángel quiso hacer realmente eso
un día. ¿Y sabéis en lo que se convirtió? En un
demonio...
Vibrar al unísono
A veces, podemos ayudar a alguien
con una simple frase. ¿Cómo se puede hacer eso?
Voy a explicároslo y podréis
sentir de qué manera se puede llegar a ello. Yo utilizo
una imagen.
Imaginad que trabajo con una
pareja. El hombre está a un lado y la mujer al otro.
Ambos tienen la misma oscilación
vibratoria con su propia frecuencia y su propia altura.
Cada uno tiene su propia tonalidad. Aunque tengan una
resonancia diferente, oscilan juntos. Es una relación en
armonía.
Pero haciendo esto, ocurre algo en
el alma. Si se quedan únicamente a ese nivel, no basta.
Cada uno pasa simultáneamente a las armónicas agudas de
su nota. Cuanto más alto suben, más se parecen. Es a
este nivel espiritual, donde pueden vibrar al unísono.
¿Por qué os he contado esto?
Primero porque nos hace felices
poder compartir la vibración del otro en esta
experiencia.
Cuando alguien se me acerca y me
pide ayuda, respecto a un problema, primero entro en
vibración con él y me armonizo con su nota. Sin embargo,
no es la misma nota, sino una nota con armónicas
superiores donde, de pronto, vibramos al unísono.
Entonces, entra en juego algo espiritual.
En esta vibración común, a veces
percibo de qué se trata con la velocidad de un rayo,
para encontrar la solución. A menudo, no es más que una
frase, a veces sólo una palabra. Es todo lo que necesito
en ese momento.
Esta manera de ayudar a alguien,
de ayudarle en su vida, es el extremo condensado de este
trabajo.
Está lleno de benevolencia y de
respeto, sin necesidad de mantener una relación.
Cada uno sigue totalmente en si
mismo, en su campo. Y sin embargo, hemos vibrado juntos
por un momento.
Después, puedo retirarme. Eso sólo
puede hacerse con la benevolencia.
Entonces es un logro.
El pasado visto con un nuevo enfoque
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