Instituto de Constelaciones Familiares / Brigitte Champetier de Ribes

La fuerza está en la sintonía

Si tenemos costumbre de ello, hacemos una meditación o una visualización.

Nos centramos, mejor con los ojos abiertos, mirando en la lejanía.

Tomamos conciencia que estamos rodeados por todos los demás seres humanos. Basta con pensarlo una vez.

Nuestra intención es mirarlos. A los ojos. Sin intención. Sin juicio. Tal y como son. Mirar a todos. Una vez pronunciada nuestra intención internamente, dejamos hacer nuestro cuerpo.

No imaginamos a nadie voluntariamente, dejamos hacer.

Como en constelación dejamos que nuestro cuerpo esté dirigido por un movimiento involuntario, muy lento. Estamos sin intención, en nuestro movimiento también.

Nos dejamos guiar unos minutos, hasta que el mismo movimiento nos lleve de nuevo a nuestra vida y nos haga saber que el ejercicio se ha terminado.

Disfrutaremos entonces de una inmensa fuerza, muy serena, y de un profundo sentimiento de amor y respeto hacia todos los seres humanos.

Acabamos de practicar la mirada del El amor del espíritu (haz click aquí para leer este texto), como lo llama Bert Hellinger.

También habremos vivido una profunda sanación, gracias al “movimiento puro” que hemos permitido.

A veces, nos vendrán a la mente, involuntariamente, personas concretas. Las incluimos y las miramos, sean quienes sean, por extraño que nos parezca. Nuestro inconsciente, o algo más grande, o el Campo, nos están pidiendo que incluyamos también a estas personas.

La sintonía entre las personas es una gran herramienta de armonización y sanación para todos.

Todos juntos en la vida.