Instituto de Constelaciones Familiares / Brigitte Champetier de Ribes

Encontrar nuestro lugar

Si estás solamente tú.

Imaginas que te colocas frente a tus padres. Tu padre está a la derecha de tu madre. Puedes colocar una hoja de papel en el suelo para cada uno.

Ahora, te pones en tu madre y luego en tu padre para sentir cómo te ven. Si uno de los dos te siente igual o más grande es que no estás en tu sitio.

Entonces colocas otra hoja, cerca de los padres, para el excluido al que reemplazas. Te pones encima para sentir.

Luego vuelves a tu lugar, te conectas con la mirada con ese excluido y le dices “estoy ocupando tu lugar, pero sólo soy su hija.” Esperas un poco.

Una vez hecho, te pones de nuevo en tu madre y tu padre para ver cómo te perciben. Si uno de ellos te sigue sintiendo igual o más grande que él, colocas una nueva hoja para otro excluido al que reemplazas también, y haces y dices lo mismo que antes.

Y repites esto hasta que tus padres te perciban más pequeña que ellos mismos. Y verás que el abrazo a los padres ya no tiene obstáculos.

A veces los padres te ven pequeño, pero uno de ellos o tú, está mirando al suelo. Entonces también colocas una hoja para este muerto excluido u olvidado y le dices “estoy ocupando tu lugar, pero tú estás muerto y yo estoy vivo”. Si no es suficiente es que hay más muertos, añades otra hoja y dices lo mismo a ese otro muerto.

Si sois varios: cuatro personas.

Tú haces de ti mismo. Alguien hace de tu madre, otra persona de tu padre. Y la cuarta persona es un comodín, que va representar a cada excluido al que tú reemplazas.

Te colocas frente a tus padres, y el “comodín” aparte.

Los padres dicen cómo te sienten. Si la mirada de uno de ellos va por encima de tus ojos, es que te ve más pequeña, si la mirada va a tus ojos es que te ve como un igual, si la mirada va debajo de tus ojos es que te ve más grande que él.

Si uno de tus progenitores te ve igual o más grande que él, el “comodín” se coloca detrás de los padres, o a su lado. Tú te conectas con la mirada con ese excluido y le dices “estoy ocupando tu lugar, pero sólo soy su hija.”

Esperas a que el comodín se retire o desvíe la mirada.

Entonces los padres vuelven a mirar cómo te sienten y lo seguís haciendo hasta que tus padres te vean más pequeña que ellos.

Es bueno volver a hacer este ejercicio cada vez que ha ocurrido algo difícil en tu vida, pues no sabemos cuándo se hacen activos los vínculos con los excluidos, y posiblemente la dificultad surgida es para ver a este excluido y liberarle.