Instituto de Constelaciones Familiares / Brigitte Champetier de Ribes

16-17-18 de Febrero, CÓRDOBA (ARGENTINA)

Enfermedad mental, adicción, en jóvenes y adultos.

Vídeo de Brigitte sobre el tema

  • Abierto a todos
  • Apuntes disponibles en el Área Privada de cada uno
  • Curso de 18 horas
  • Horario: Viernes y Sábado 9:30 - 13:00, 15:30 –19:00, Domingo 9:30 –13:30
  • Lugar: Sociedad Menorquina . Córdoba
  • Organiza: Lic. Norma Hayes norma@insconsfa.com y hayesnor@hotmail.com, cel. +54 9 351 5083830


La enfermedad mental según la visión sistémica: “el amor al borde del precipicio”.

La nueva Medicina y la enfermedad mental.

El trastorno mental al servicio del sistema familiar: al servicio de los secretos del sistema familiar. El enfermo es tomado para la reconciliación entre perpetradores y víctimas de generaciones anteriores.

Los secretos familiares. ¿Cuándo un secreto es peligroso? ¿Cómo se transforma un secreto en fuerza y amor para el sistema familiar?

El destino sistémico de los niños. Los trastornos infantiles y los trastornos tomados en lugar de los padres.

Extracto del libro de Brigitte Champetier de Ribes “Constelar la enfermedad desde las comprensiones de Hellinger y Hamer”.

La enfermedad es un movimiento del amor del espíritu que nos lleva hacia la vida, deshaciendo el largo camino que hemos seguido para alejarnos de ella. La enfermedad sólo aparece cuando nos hemos negado una y otra vez a afrontar conflictos, con los que la vida nos retaba hacia más.

(…)

El amor del espíritu es amor a los opuestos como son. Es la fusión de los opuestos. Es reconciliación. Necesita los opuestos para su posterior reconciliación. El amor del espíritu crea las condiciones de ese amor mayor, o sea las condiciones de su propia existencia: crea opuestos para que se combinen y al combinarse originar esa energía superior. La enfermedad es una de las dinámicas del espíritu, es una dinámica de reconciliación generadora de salud, de Energía y de Amor del espíritu.

La enfermedad es el resultado de nuestro rechazo a la vida y a la vez una propuesta de solución tanto de nuestro sistema familiar como de nuestro sistema corporal.

(…)

La enfermedad nos muestra siempre a alguien o algo que fue excluido. Su mensaje es “el espíritu que te lo ha dado todo te pide que reincluyas a alguien que fue excluido por ti y por un ancestro, para poder seguir adelante con plenitud”.

Como todo sistema vivo, la consciencia familiar busca mantener su equilibrio y utiliza mecanismos “ciegos” de compensación cuando el equilibrio está en peligro.

Cuando alguien se coloca por encima de la consciencia familiar, rechazando a otro con su desprecio y sobre todo cuando este desprecio ha causado la muerte, la consciencia familiar crea un fenómeno que recuerda esta exclusión, que materializa el desprecio y quede a la vista de todos para que se pueda reparar.

Y uno de estos fenómenos es la enfermedad.

La enfermedad en sí es temida, despreciada, desterrada u olvidada por los “sanos” como lo fueron los excluidos por los “buenos”. Y el enfermo tiene el mismo rechazo, enfado y desprecio como aquellos “buenos”. El dúo enfermo-enfermedad muestra, varias generaciones después si hace falta, el desorden que trabó la transmisión de la vida en esta consciencia familiar. Es el espejo del dúo excluidor-excluido creado y querido por el espíritu para introducir más fuerza y amor en ese campo gracias a la reconciliación esperada entre perpetrador y víctima. Y al no darse esa reconciliación se espera que el espejo, por compensación, se reconcilie con su enfermedad y su vida para que se produzca esa inyección de energía en el campo.

(…)

Sobre las adicciones

(…) Las adicciones provienen de una fidelidad a una persona despreciada, en general a un hombre despreciado por su mujer. Por ejemplo, una mujer no se repone de la muerte de su primogénito y deja de ver a los demás, en particular a su marido; lo excluye de su vida, y este marido se vuelve alcohólico. El segundo hijo se hace alcohólico por fidelidad a su padre y a su madre; al beber dice a su madre: «Soy tan despreciable como papá».

La solución está en la reinclusión del despreciado, y a menudo en la honra de las mujeres de la familia a sus hombres. Habitualmente, ambos padres del adicto están en intrincaciones complementarias, y él mismo está intrincado, reemplazando a un excluido o a veces retenido por ese excluido. La madre suele odiar a lo masculino y no ha tomado a sus propios padres. Será necesario hacer que el enfermo mire con amor a la vez a ambos progenitores. Esta mirada sana la relación entre los padres, cuando el padre puede decir a la madre: «Te elegí con toda tu ira asesina».