Bert Hellinger

¿Hacia dónde me tengo que dirigir? Hacia la próxima acción conveniente, instante tras instante. Entonces, lo que me guía es mi actuar, porque sólo la acción conveniente es el cumplimiento de mi vida, exigida por ella y fijada por ella, de tal manera que todo continua, y precisamente ahora.

Revista independiente Hellinger

Septiembre 2007  

 

Editorial

           ¡Lo que cambia en la Hellinger Sciencia!  

Ayudar a los hijos

  • La adopción enfocada desde el Espíritu
  • Hijos abortados

Hombre y Mujer

             Te quiero   

Temas de actualidad

  • Recordar a los muertos: los muertos
  • La muerte, un umbral           

 Respuestas a cartas de los lectores

 Hellinger Sciencia

              Las distintas consciencias y la "nueva" constelación familiar

Las bases, el origen del amor

  • Las madres
  • Ver a la madre desde el espíritu

 Aforismos      

  

 

 

¡Lo que cambia en la Hellinger Sciencia!

 

Estimado lector,

La Hellinger Sciencia es el nuevo traje de la revista Hellinger. La Hellinger Sciencia es la ciencia de nuestras relaciones y el método Hellinger es la aplicación de esta ciencia. Se presentó el concepto Hellinger Sciencia por primera vez en diciembre 2006 durante la jornada de Reit im Winkl “Lo que permanece y lo que se va”.

Se ha visto que los conocimientos penetrantes de Bert Hellinger en los órdenes del amor han quedado evidenciados en prácticamente todos los ámbitos de las relaciones humanas y que tomar en consideración estos conocimientos permite encontrar soluciones que anteriormente nos estaban inaccesibles en esta forma.

Estos conocimientos escapan a la arbitrariedad de deseos personales u opiniones, lo cual queda claro cuando se pasan por alto o se niegan estos órdenes. En otras palabras, se demuestra que se trata en la Hellinger Sciencia de una ciencia de significado universal para nuestras relaciones. La Hellinger Sciencia es una filosofía basada en una observación precisa y una experiencia. Coloca bases nuevas para aspectos esenciales de las relaciones humanas y permite superar muchas limitaciones de nuestro amor. Permite también  vencer numerosas imágenes preconcebidas acerca de Dios, el bien y el mal, la justicia y la injusticia, el pecado y la virtud.

Describiremos estas relaciones con ejemplos variados. En este número encontraréis un informe sobre el lugar justo en el rango de los hermanos. Se ha visto que los hijos abortados y los hijos abandonados pertenecen también a la familia. Cuando se les cuenta como parte de la fratría, dándoles así su lugar entre sus hermanos, nos percatamos de los efectos profundos que esto produce sobre nuestro bienestar y el de nuestros hijos. Sólo habiendo encontrado el lugar justo, podemos sentirnos a gusto.

La índole de esta revista  cambia en realidad muy poco. Queda orientada hacia el amor en lo cotidiano, hacia el amor logrado entre hombre y mujer, entre padres e hijos, en el trabajo y en la profesión.

Vuestro

Bert Hellinger    

 

Ayudar a los hijos  

La adopción enfocada desde el Espíritu

El niño adoptado también tiene padres, como cualquier otro niño. El niño adoptado también ha recibido la vida de unos padres en particular. Él pertenece a esta familia tanto como los otros miembros de ella. Él está vinculado a esta familia, sea cual sea su destino, y todos los demás miembros de esa familia estarán afectados por su destino. Ellos forman parte de él, como si su destino fuera el de ellos. La adopción no cambia nada, de ninguna manera.

Para este niño adoptado valen estos padres que le han sido dados como parte de su destino, tal como son y tal como es para él. Tanto los reproches hacia ellos, cargándoles con culpa como las exigencias ulteriores a su respecto, se oponen a esta fuerza del espíritu que mueve a ambos, padres e hijo, y que hace que nadie puede ser como ellos son.

¿Cómo puede y debe entonces arreglárselas un niño, a nivel del espíritu, con su destino de hijo entregado para la adopción? ¿Cómo puede y debe este niño manejar su destino de un modo que le permita reconocer y aceptar como valiosa esta grandeza que se le exige, tal como es?

El otro amor

El niño se puede representar a sus padres, aúnque no los conozca. Sólo tiene que percibirlos dentro de él, y en seguida sabe todo de ellos, ya que están presentes en él. Están presentes en su cuerpo puesto que en él siguen vivos. Están presentes en su alma también. El niño siente como ellos, lleva alguna carga como ellos, y tal vez por ellos. Él está intrincado en el destino de ellos y de su familia. Él sufre como ellos, tiene esperanzas como ellos y espera una sanación como ellos. Se siente culpable como ellos, quiere expiar como ellos, incluso por su abandono.

Igual que sus padres, este niño sólo podrá liberarse de la intrincación y sus consecuencias en un plano del espíritu, al lograr conectarse con aquella fuerza y su movimiento, más allá de las dificultades que ocupan el frente de su vida. Esta fuerza les abarca a todos con la misma dedicación y les toma a su servicio para una meta que les sobrepasa. Es un servicio que rinden y que les hace crecer, así como a otros. La adopción es algo difícil para todos los que participan de ella, y se transforma en destino para ellos, llevándoles a más humanidad, más amor, más humildad y más grandeza.

La despedida

Propongo ahora un ejercicio interior que puede ayudar al niño adoptado a despedirse de sus padres con amor. Esta despedida requiere dos cosas: primero, el tomar, el tomar incondicional de todo lo que le ha sido dado a través de sus padres. Segundo, la renuncia, la renuncia completa a pedir más, y para siempre.

¿Cómo llevar a cabo este ejercicio en la persona?

El niño cierra los ojos y se imagina a sus padres ante él. Se han amado como hombre y mujer. No podían hacer de otra forma. Cualesquiera que fueran las circunstancias, una fuerza mayor los tomó a su servicio. Quiso que de ellos fuera transmitida la vida a este niño. El niño mira pues a su madre y a su padre tomados al servicio de esta fuerza. Y mirando más allá de ellos, se inclina profundamente ante la fuerza que percibe. Él toma consciencia que, a través de sus padres, esta fuerza le brinda la vida y el amor de ellos y también con amor lo cuida. El niño se entrega completamente a aquella fuerza y su movimiento, y dice:"Sí, lo acepto todo de ti, lo acepto como la vida que me das gracias a estos padres. Abro mi alma y mi corazón para este regalo. Lo conservo con fervor y respeto. Lo sigo adonde quiera llevarme. Gracias."

Luego el niño mira a su madre, tal como es, tal como esta fuerza la ha tomado a su servicio, al precio que le ha costado y al que le cuesta quizá aún ahora. Y le dice:"Querida madre, lo acepto todo de ti, al precio que tiene, tu precio y mi precio. Me vale a cualquier precio, el tuyo y el mío. Gracias.

Aunque me hayas abandonado para siempre, te he tomado como mi madre, que me ha sido dada por esta gran fuerza con todo amor. Tú también me puedes tener siempre. Te pertenezco aún. Si alguna vez me necesitas, tienes que saberlo: tú sigues siendo mi madre y yo tu hijo."

Luego el niño mira a su padre, tal como es, tal como esta fuerza lo ha tomado a su servicio, al precio que le ha costado y al que le cuesta talvez aún ahora. Y le dice:

"Querido padre, lo acepto todo de ti, al precio que tiene, tu precio y mi precio. Me vale a cualquier precio, el tuyo y el mío. Gracias.

Aunque me hayas abandonado para siempre, te he tomado como mi padre, que me ha sido dado por esta gran fuerza con todo amor. Tú también me puedes tener para siempre. Te pertenezco aún. Si alguna vez me necesitas, tienes que saberlo: tú sigues siendo mi padre y yo tu hijo."

Después de un rato, el niño mira nuevamente a su padre y le dice:" Querido padre, te veo como mi padre y me veo como tu hijo. Te veo también como hijo de tu padre y de tu madre, vinculado a ellos con amor, y veo su destino y todo lo que han cargado de sus familias. Junto a ti, estoy vinculado a ellos y al destino que tuvieron que aceptar. Te dejo con ellos, así como te corresponde. Y me veo vinculado a ellos también.

No obstante miro más allá, a aquella fuerza que los mueve de forma tal y de la cual están al servicio. Yo también me entrego a ella y junto con vosotros digo "sí". Y "gracias". Y os dejo allí, tal como esta fuerza os atrae y os acoge con amor."

El camino

A continuación, el niño mira a aquellos que lo han recogido y que le han permitido quedar en vida. Les dice: "Me habéis sido brindados, así como sois. Me habéis aceptado cuando para mis padres yo era demasiado. Ahora sois para mí madre y padre. Ahora sois mis padres. Me habéis sido dados como segundos padres. Os tomo tal como me habéis sido regalados, al precio que les cuesta y que me cuesta, cualquier sea el destino que os ha hecho mis nuevos padres.

Luego mira el niño por encima de ellos a aquel poder que lleva todos los destinos en las manos, así como los diseña. Se inclina ante esta fuerza que lo mueve todo. Se entrega a ella y dice:"Sí. Lo tomo todo de ti, mi vida y mi destino. Me dejo llevar y guiar por ti. Cumplo con lo que has elegido para mí y con el rumbo que das a mi vida. Gracias."

El momento presente

¿Cómo y dónde está ahora este niño? ¿Sigue abandonado? ¿O se siente aceptado de un modo maravilloso? Se siente vinculado con el pasado y sus orígenes, tan lejos como lo pueda percibir. En cada fibra de su cuerpo se siente unido a sus ancestros y su energía de vida. Se siente unido a aquel poder del espíritu que los ha tomado a su servicio así como eran y así como son. Nadie, en este servicio, era mejor o peor, más pobre o más rico. Todos eran igualmente amados y dedicados al servicio de la vida.

Y este niño se sabe igual a ellos. Se sabe amado y acogido. Se siente presente en cada instante, totalmente presente, en toda plenitud, amado y junto a todos, unido.

 

Hijos abortados

 

Para muchas parejas y muchas familias los hijos abortados traen un destino particular. Si logramos coincidir con su vibrar, y ellos con el nuestro, se ven acogidos y recibidos en la familia. Entonces, en vez de originar un destino difícil, lo que a veces acontece, ellos nos brindan un buen destino.

En relación con esto hay que reflexionar en algo importante. Lo peor no es al aborto en si. Lo peor para el niño no es el aborto. Lo peor es que ha sido objeto de rechazo.

Si nos detenemos a mirar el curso de la vida, no sólo la nuestra sino la vida como una totalidad, entonces vemos esto: la vida sigue porque otros se mueren. Los que se mueren se entregan al servicio de la vida. También un niño abortado se ofrece a servir la vida, desde su alma- porque claro, tiene un alma.

Rilke escribió un hermoso soneto, el segundo soneto a Orfeo. Estos sonetos están dedicados a una joven bailarina, precozmente fallecida. Así va el poema:

Ya partida de aquí siendo aún niña, Lejos de esta suerte de canto y lira, Resplandeciendo tras su velo de primavera, Su lecho se hizo en mi oreja.

Orfeo canta, y esta muerta vibra en el oído de Rilke. Ella oye gracias a él y duerme, ausente al mundo. Rilke cuenta de si mismo en este soneto: todo lo que me pasa, todo lo que siento y percibo, ella lo percibe a través de mí. Luego cuestiona: ¿dónde está su muerte? Mirad. Ella resucitó y se durmió. Durmiendo, vive el mundo.

Ella vibra al unisono, vibra con todo lo que pasa. ¿Acaso le falta algo? ¿Acaso le puede faltar algo?

Si nosotros también podemos dejar reposar en nuestra oreja los hijos abortados o abandonados y si escuchamos el canto de Orfeo, nos unimos a ellos y ellos no se pierden nada.

Aquí no sólo miro al padre y la madre de un niño abortado. Miro a mucho más y vibro junto a mucho más. De esto resulta una felicidad diferente, una felicidad plena en la cual los vivos y los muertos vibran juntos en la vida en su totalidad.     Hombre y mujer   Te quiero

En el fondo, he terminado con mi trabajo sobre la relación de pareja. He dicho mucho acerca de los distintos caminos y de lo que actúa dentro de la pareja. ¡Cuán indescriptible es en realidad la relación de pareja! Maravillosa y profunda. Y conectada con tantos destinos. Maravillosa y grande. Así es como la contemplo.

Hay parejas que se dicen: te quiero. El hombre lo dice a la mujer  y la mujer al hombre. Hay personas que no se animan en decirlo. Los que toman en serio el amor, a menudo no se atreven a decirlo. Intuyen lo que significa el pronunciar estas palabras: te quiero.

Intuyen lo que resuena con esta declaración, lo que despierta de angustia por una parte y de aceptación y compromiso por otra parte. Cuando el hombre, consciente del alcance profundo, le dice a la mujer: te quiero, ella lo puede aceptar si percibe lo que significa en realidad cuando ella le responde: sí, te quiero. ¿Qué acontece en las profundidades de sus almas? Algo increíble. De repente acaba algo. Todo lo que existía antes se disuelve. Y empieza lo nuevo, lo inmenso.

¿Quién en el hombre ama a la mujer y quién en la mujer ama al hombre?

¿Quién, en los dos, ama al otro tal como es?

Dios ama, o lo divino, o aquel espíritu que pone todo en movimiento y lo mantiene así. El amor es un poder celeste, literalmente para mí. En el amor del hombre y de la mujer se concretiza la vida. Cuando ambos consuman este amor en el acto sexual, se produce la más elevada concretización de la vida – y del amor. A la vez, es el acto religioso más profundo, el más inconmensurable que se pueda dar. Es el acto más espiritual que exista. El amor se sitúa entonces en la cúpula.

¿En qué quedan pues las nimiedades del día a día? Cada uno le dice al otro, simplemente: sí, te quiero.  

 

Temas de actualidad

Los muertos

Todos los santos y todos los muertos   ¿Dónde están los muertos? ¿Acaso han desaparecido? ¿Acaso, con su muerte, se ha terminado todo? Cuando plantas y animales mueren, no cuestionamos si aún siguen presentes, salvo en sus semillas o sus brotes, o en los seres vivos que se alimentan de ellos. ¿Pero, cómo es para nosotros, los humanos? ¿Están nuestra alma y nuestra parte espiritual sujetos a un desvanecer de misma naturaleza? Tal vez no se asemejan a la corporalidad en el ciclo de la muerte, quizás no están ligados a otros, cumpliendo con una función de alimento y de nutriente. Tal vez subsisten de manera diferente, sin soporte material.

Nuestra experiencia con los muertos nos lleva en esta dirección. A veces nos aparecen muy vivos en nuestros sueños, como si estuvieran aún presentes y como si quisieran algo de nosotros que aún les falta. Quizás un reconocimiento o una despedida con amor, para lograr por fin la separación. A veces tenemos que poner orden en cosas que no les deja descansar en paz y les mantiene atados a esta vida. Al hacer por ellos lo que todavía necesitan, al cabo de un rato se alejan como si pudieran finalmente quedar con los muertos y encontrar ahí la paz.

De la misma manera, hay vivos atraídos por los muertos. Sienten nostalgia de ellos y desean reunirse con ellos. Por ejemplo, una madre a veces está atraída por su hijo muerto o un niño por su madre fallecida. Aspiran a la muerte como medio para reunirse con los seres amados que echan de menos. Para ellos, estos muertos están aún presentes y su propia muerte es una continuación de la vida de ellos en este mundo.  

Otros experimentan una irresistible atracción hacia la muerte, como si un muerto o una muerta los estuviera arrastrando potentemente hacia ellos. Pareciera como si estos muertos hallaran tranquilidad únicamente teniendo a un vivo cerca o con ellos. Pero tal vez no es el vivo como persona que desean ver a su lado sino sus pensamientos de cariño, su atención y su agradecimiento. Por ejemplo, cuando un niño que temprano perdió a su madre- incluso durante el parto- la mira con amor y le dice desde su corazón "gracias", el anhelo de la madre de encontrarse unida a su hijo en la muerte, acaba. Y el niño deja de percibir el arrastre que lo capta hacia esta muerta.  

Un proceso similar existe entre el perpetrador y su víctima, como si el perpetrador estuviera atraído por su víctima. Y algunas víctimas no encuentran sosiego mientras no tienen a su perpetrador tumbado a su lado. Aquí también la víctima se calma cuando siente la mirada de amor del perpetrador, un amor que no vacila ante la propia muerte y que reconoce que el verdadero progreso hacia la reconciliación pasa por una muerte que los hace parecidos y los reúne.  

¿Habré hablado ahora de los muertos o sólo de los vivos? No lo sé. Me pasa que no siempre puedo diferenciarlos. ¿Acaso no están ambos presentes, en formas distintas, el uno palpable y el otro disimulado a nuestra mirada?  

Los muertos permanecen en el misterio. Nos resultan apartados y próximos a la vez. Tal vez paseamos entre ellos, sin sospecharlo. Pero muchas veces dan a conocer su presencia de un modo potente o angustiador- auxiliando o destruyendo. Vemos que a veces toman posesión de los vivos, por ejemplo de los curanderos, a través de los cuales llevan a cabo acciones curativas asombrosas. Luego el curandero despierta y no sabe lo que ha hecho en especial sino que otro, un muerto, a veces conocido, ha hablado y actuado en su lugar.  

Tal vez algunas de las grandes personalidades de la historia, de los que trajeron suma desgracia a un sinnúmero de gente, sufrían la influencia de tales muertos que, por una parte les concedían mucho poder y por otra les protegían secretamente. Tampoco lo sabemos por cierto. Simplemente nos obliga a más cautela en nuestro juicio. Al mismo tiempo, aviva nuestra angustia al realizar más íntimamente nuestra impotencia.  

Pero frecuentemente experimentamos la presencia de los muertos en el cotidiano en forma amistosa y entregada, sobre todo los muertos de nuestra familia. Ellos nos acompañan un trecho de camino como si estuvieran aún entre nosotros, hasta llegar a soltarnos.

Y nosotros, siguiendo su ejemplo, les soltamos.   La otra pregunta es: ¿qué queda para nosotros que aún estamos en vida, teniendo en permanencia a la muerte en nuestra perspectiva así como ella nos tiene ante su ojo? Y precisamente cuando más la tememos o la echamos a un lado, cuando más queremos ahogar su llamada. Pues nos queda ponernos en sintonía con lo que será, tal como será. Entonces estamos en el ahora y el aquí, con toda confianza.    

La muerte un umbral

¿Cuál es este estremecimiento que sentimos cuando, recogidos, oímos la palabra "muerte" y nos abrimos al movimiento interior que esto provoca? Nos situamos frente a algo inquietante y desconocido, que nos atrae a la vez que nos asusta. Es parecido al sentimiento de tener que cruzar un umbral más allá del cual nos espera algo totalmente diferente. Este paso se asemeja tal vez a un nacimiento.

Al nacer, nos encontramos también propulsados a través de una angostura, el hilo de vida, fundamento de nuestra existencia matricial seccionado y nosotros expulsados hacia la verdadera vida. En aquel entonces el proceso era inconsciente pero aún así estuvimos cogidos por un movimiento que tocó cada célula de nuestro cuerpo.

En cambio, la muerte se nos presenta en cada momento cara a cara. Toda la vida estamos frente a este portal y nos preguntamos: ¿qué nos espera cuando lo crucemos?

Quizás estemos propulsados a través de él, repentinamente, inesperadamente, como en un nacimiento. Tal vez lo crucemos estando recogidos, porque nada nos retiene. Tal vez otro nos empuje por él como si fuera verdugo. ¿Marca esto una diferencia? No lo sabemos. Tampoco sabemos si lo que hubo aquí sigue ahí y se lleva a cabo.   Al enfrentarnos a esta puerta, tomamos consciencia de nuestra impotencia. Realizamos cuan pequeños y entregados estamos en lo último.   ¿Qué nos queda, pues? Nos queda la vida, el tiempo que dura. En vez de tener la mirada fija en el paso hacia la muerte, nos podemos girar hacia la vida y tomarla en su plenitud con gratitud y alegría. Al término de una vida llena, miramos con más serenidad este umbral, dispuestos para el paso siguiente, cuando, finalmente,  la puerta se abra ante nosotros.    

 

Respuestas a cartas de los lectores

Lo que ayudó

Querido Bert,

Hace años, he quedado convencida por tu modo y tu método, claros como el cristal. Estoy feliz de poder beber de la fuente misma.

Me constelaste con mi hijo. Él padecía un trastorno del habla. Trajiste a la luz la intrincación con mi padre en la Legión extranjera, su primer amor y su hijo. Mi hijo habla ahora sin defecto y claramente, ¡está liberado! Gracias.

Carta de una madre a Bert Hellinger, en diciembre 2006.       Hellinger Sciencia   Las distintas consciencias y la "nueva" constelación familiar     Cuando alguien desea entender y resolver un problema personal o una relación de pareja o la relación con un hijo apoyándose en las constelaciones familiares, reconocemos enseguida cual de las consciencias en prioridad desencadena y mantiene pendiente el problema. Reconocemos también lo que este problema requiere del individuo y  su sistema para encontrar una solución. 

Por lo tanto es importante considerar las distintas consciencias en estrecha relación las unas con las otras y todas al servicio de nuestras relaciones. Se disponen  la una con respeto a las otras y se complementan, de modo que debemos llegar a ver un problema y su solución vinculados a más de una consciencia y, finalmente, a todas.

Si por ejemplo alguien nos pide ayuda, podemos reconocer en el acto qué consciencias y de qué manera están implicadas en su problema, así como la solución que sugieren. Al revés, cuando un ayudante tiene un problema con un cliente, se puede hacer la pregunta de qué consciencias en él son parte de su problema y lo que ofrecen como solución.

La consciencia del espíritu

Contemplo aquí la constelación familiar desde el final de su camino evolutivo, es decir desde la visión de la consciencia del espíritu. Mirando hacia atrás y considerando el camino recorrido, vemos con más claridad el significado de las otras dos consciencias. Reconocemos también el límite de cada una. La consciencia del espíritu nos lleva más allá de estos límites.

 

La diferencia entre las consciencias

¿Cuáles con las principales diferencias entre las consciencias, y qué determina sus límites? Pues, esencialmente el alcance de su amor.

La consciencia personal sirve al vínculo con un grupo restringido de personas. Excluye a las que no pertenecen al grupo. No sólo vincula sino que también separa, no sólo ama sino que también rechaza.

La consciencia colectiva va más allá de la personal. Ama a los que, dentro de la familia o de grupos asociados, han sido rechazados y excluidos. La consciencia colectiva quiere la reintegración de los excluidos, devolviéndoles el derecho de pertenencia. Por lo tanto, su amor alcanza más lejos, sin descartar a nadie.

No obstante, no enfoca el bienestar del individuo. Si lo enfocara, no apremiaría a un inocente, que al fin y al cabo no tiene nada que ver, con representar a un excluido, obligándole a cargar con algo pesado. Aquí se ve que esta consciencia no es personal sino colectiva, interesada más que todo en la integridad y el orden en el grupo.

Los movimientos del espíritu en cambio están dirigidos a todos en igual medida. El que llega a armonizarse con los movimientos del espíritu no puede sino dedicarse a todos igualmente, con benevolencia y amor, sea cual sea el destino de ellos. Este amor no conoce fronteras. Supera las diferencias entre bien y mal, entre mejor y peor. Supera desde luego las fronteras entre consciencia personal y consciencia colectiva. Se pone a disposición tanto del individuo como de todos los miembros de su familia y de los demás grupos al que pertenece. La consciencia del espíritu cuida de este amor. Entra en juego cuando nos apartamos de él.

 

La constelación del espíritu

¿Qué significa todo aquello para las constelaciones familiares? ¿Cómo se muestra este amor en la constelación?

En primer lugar, hemos de subrayar el hecho que los movimientos del espíritu en las constelaciones se hacen visibles  de manera sorprendente. Se revelan en la experiencia de los representantes y se dan a ver a cualquier mirada atenta. En otras palabras, estos movimientos son inicialmente percibidos por los representantes y luego, a través de sus reacciones, son observados por las personas presentes que a su vez,  pueden sentirse cogidas y abarcadas por ellos.

Por lo tanto, el procedimiento en las constelaciones del espíritu es distinto del que muchos asocian con las constelaciones familiares. Aquí ya no se dispone la familia escogiendo representantes para los distintos miembros que la constituyen y ubicándolos en el espacio. Aquí sólo se coloca a una persona, por ejemplo el cliente o su representante, quizá otra persona más, su pareja por ejemplo. Pero sin definir su relación espacial mutua, como se hace habitualmente. Se deja alguna distancia entre ellos. No hay ni intereses ni propósitos. El cliente o su representante y la otra persona se disponen en el espacio, simplemente.

De repente se ven cogidos por un movimiento que no pueden manejar. Este movimiento viene de fuera, aunque también se lo experimenta como viniendo del interior. Estas personas se viven en armonía con un movimiento que, a través de ellas, pone algo en marcha. Pero sólo se produce esto si permanecen recogidas, sin intención propia y sin miedo ante lo que salga a la luz. En cuanto interfieren ideas propias, por ejemplo ayudar a alguien o la aprensión de lo que pueda surgir y adónde tal vez lleve, se esfuma el vínculo con este movimiento del espíritu. Al mismo tiempo se pierde el recogimiento de los observadores y se les nota intranquilos.

A partir del movimiento de los representantes se puede definir si otra persona debe ser introducida. Por ejemplo, la mirada hacia el suelo de uno de ellos indica la presencia de un muerto. Un representante más es escogido para tumbarse frente a aquel que mira al suelo. Si la mirada se pone intensa en una dirección dada, otra persona será colocada ahí donde va la mirada.

Los movimientos de los representantes son muy lentos. Cuando se aceleran, quiere decir que se interpuso una intención propia y se perdió la sintonía con el movimiento del espíritu. Aquella persona salió del recogimiento y debe ser remplazada por otra.

Más que todos, el supervisor de la constelación debe dejar a un lado sus objetivos y comentarios. Él también se deja tocar por el movimiento del espíritu. Interviene sólo cuando siente con claridad el próximo paso a dar o cuando surge una frase para él o para un representante. Además, le llegan constantemente indicaciones por parte de los representantes sobre lo que ocurre en ellos y adonde sus movimientos les llevan. Si acaso un representante retrocede ante el muerto tumbado frente a él y aparta la mirada, al cabo de un rato el supervisor interviene y lo guía de vuelta a su sitio. De ninguna manera, en este modo de proceder,  puede el supervisor abandonar el proceso  a los movimientos del representante. Igual que los demás, él está al servicio de los movimientos del espíritu y les obedece sin resistencia, interviniendo de un modo particular o pronunciando alguna frase.

¿A qué llevan estos movimientos del espíritu finalmente?

Llevan a que se junte lo que antes estaba separado. Son siempre movimientos de amor.

No es necesario llevarlos invariablemente hasta el final. Basta con ver adonde apuntan en cuanto se manifiestan. Por eso, estas constelaciones se quedan a menudo sin terminar y abiertas. Es suficiente que estos movimientos se hayan puesto en marcha. Podemos confiar que irán más lejos. No sólo nos indican la solución a un problema determinado sino que también representan el paso decisivo hacia la curación, y al igual que una curación, piden habitualmente su tiempo. Son el inicio de un movimiento sanador.

La constelación familiar en sintonía con los movimientos del espíritu implica que el constelador permanezca en contacto con ellos. Implica en primer lugar que él se encuentre más allá de la frontera de discriminación entre bien y mal y, con el mismo amor, esté dedicado a todos de igual manera. Sólo logra este estado cuando ha aprendido a prestar atención, dentro de él, a estos movimientos, y cuando consigue percibir rápidamente su alejamiento del amor. Un  ejemplo de alejamiento sería cuando interiormente atribuye a alguien la culpa por un acto, o cuando tiene lástima a otro por lo que tiene que sufrir. Vivimos constantemente en nosotros estos alejamientos del amor. Pero al aprender la observación de los movimientos de la consciencia del espíritu y a someternos a su disciplina, muy pronto nos vemos restablecidos en el contacto con ella y en su amor por todo tal como se presenta.

La consciencia personal

Las fronteras más estrechas contra el amor son trazadas por la consciencia personal. En efecto, nuestras diferenciaciones habituales entre el derecho a pertenecer y la pérdida de este derecho son decididas y sancionadas por esta consciencia.

Obviamente esta diferenciación tiene un propósito que sirve la supervivencia y, dentro de ciertas condiciones, no puede ser remplazada por otra cosa. Esta consciencia establece sus límites más que todo en los hijos. Para ellos, el cumplir con sus exigencias con respecto al pensar y al comportarse es de una importancia vital, incluso ante la desconfianza de los que, a raíz de su pertenencia  a otro grupo, siguen otra consciencia personal. Esta fidelidad a su consciencia personal les puede llevar a negar o a combatir la de otros.

Así como esta consciencia, la buena consciencia, hace la vida posible y segura, en la misma medida amenaza la supervivencia por los conflictos que genera entre nuestro grupo y otros, y por las oposiciones teñidas de muerte que desencadena.

Hay más, la necesidad de compensación  se asienta también en la consciencia personal. Esta necesidad es un movimiento de la consciencia, otorgándonos una buena consciencia cuando retribuimos con igualdad los que nos han dado algo, restableciendo un equilibrio entre dar y tomar. La buena consciencia nace también cuando damos más lejos lo que hemos recibido alguna vez.  Conforme a eso, sentimos mala consciencia cuando tomamos sin dar a cambio algo de nosotros o cuando imponemos pretensiones que no nos corresponden.

Aquí, de igual forma, juega la consciencia personal un papel fundamental al servicio de nuestras relaciones, haciendo posible la satisfacción de esta necesidad y sirviendo nuestra supervivencia, aunque dentro de ciertos límites.

La consciencia personal sirve, dentro de la compensación, nuestro vínculo con la familia y nuestra vida, así como sirve lo contrario cuando traspasamos sus fronteras, llevándonos a la muerte.

En lo que se refiere al vínculo familiar, la consciencia personal lleva a la separación de otros grupos y hasta a conflictos graves con ellos, como la guerra. En lo que se refiere a la necesidad de compensación, la extensión de esta necesidad a los daños recibidos y a las heridas causadas conduce hasta la represalia mortal, por ejemplo la venganza.

En la misma orientación se encuentra la necesidad de expiación, despertada por el dolor y los daños que hemos ocasionado a otros y por los cuales nos cargamos con sufrimiento, nos limitamos y nos dañamos.

Con relación a esto, se puede señalar la expiación a través de un representante. Tomemos el ejemplo de un niño que expía por sus padres, pero también el caso de padres que desplazan sobre el hijo la carga que les toca a ellos, llevándolo a la enfermedad o a la muerte, como lo observamos frecuentemente en las constelaciones. Generalmente se produce esto en ambos lados de modo profundamente inconsciente, porque aquí  la consciencia colectiva también se superpone.

En todos los casos se trata de una compensación que se opone a la vida, que la daña o hasta la sacrifica – con toda buena consciencia y con sentimientos de inocencia.

¿A qué tenemos que prestar atención en las constelaciones familiares de modo a quedar dentro de las fronteras de la consciencia personal favorables a la vida? Pues, tenemos que haber dejado atrás la diferenciación entre bien y mal. Si al constelar estamos aún presos de la seducción de la consciencia personal, rechazando a otros, como el cliente, servimos de modo muy reducido la vida. Entonces, al igual que esta consciencia, servimos por una parte la vida y por otra la muerte.

La consciencia colectiva

¿Y en lo que se refiere a la consciencia colectiva, qué hemos de observar?

En primer lugar pues, cuidar de que nadie sea excluido, ni en la familia del cliente ni en la nuestra. Y que tanto él como nosotros busquemos a los que lo han sido, para poder mirarles con amor y reintegrarles con amor. Logramos esto exclusivamente cuando hemos renunciado a diferenciar el bien del mal, y cuando aceptamos abarcar en nuestra visión los hijos sin nacer, aunque nos cueste. Aquí hace falta valentía y claridad.

En segundo lugar, debemos respetar el orden de precedencia en la familia. Esto significa ante todo que estamos conscientes que, por ayudar, llegamos a ser un miembro efímero de aquella familia y por lo tanto ocupamos el último sitio. ¿Qué pasa cuando un ayudante se comporta como si le correspondiera el primer lugar, hasta por encima de los padres del cliente? Pues, fracasa. El cliente también fracasa al transgredir el orden de precedencia y al apoyar tal vez el ayudante, ocupando por ejemplo junto a él una posición opuesta a los padres.

La violación del orden de precedencia puede incluso amenazar la vida, en los casos en que el cliente toma a cargo algo que corresponde a sus padres, lo que, respecto al orden, no le incumbe. Interiormente les dice “yo en vuestro lugar”.

Esta violación del orden puede revelarse peligrosa para el ayudante también si pretende hacerse cargo de algo en lugar de su cliente. Esto significa que se alza por encima de cliente tal como éste se alza por encima de sus padres y tal como él mismo de niño tal vez intentó colocarse por encima de sus propios padres. Pero lo más grave de consecuencias es cuando el ayudante se arroga el poder de cambiar el destino de su cliente o de protegerle contra él.

Únicamente dentro del orden de precedencia queda el ayudante con su fuerza y el cliente encuentra la solución apropiada a su caso. En lo que se refiere a la consciencia colectiva, debemos mantenernos dentro de sus fronteras a la hora de constelar,  ya que estas son amplias y abiertas.

Conclusión

La consciencia del espíritu nos guía, en las constelaciones, más allá de los límites de la consciencia personal, gracias a su amor para todos. Nos protege también del descuido de los límites de la consciencia colectiva puesto que está dedicada a todos de manera igual. Preserva el orden de precedencia en particular y nos ayuda, gracias a los movimientos del espíritu, a ver a todos como parecidos y de igual condición, y nosotros por debajo de todos.

En las constelaciones del espíritu nos ubicamos siempre en el amor, en el amor total.

La constelación del espíritu es la única al servicio permanente e integral de la vida, del amor y de la paz.

 En el “desarrollo nuevo” de las constelaciones familiares, se abren profundidades que hasta ahora habían permanecido prácticamente inaccesibles. Al mismo tiempo se revelan soluciones que en las constelaciones anteriores se habían dado a ver muy excepcionalmente. Por lo tanto, seguimos adelante en estos nuevos modales y forma de  constelaciones que actúan sobre todos los participantes de manera benéfica.

Toda diferenciación entre bien y mal se disipa en esta nueva forma de las constelaciones  avanzadas. Aquí se manifiesta el orden cósmico, en el cual todo lo inacabado en el alma aspira a su integridad, en todos sus niveles y todas sus facetas.     Las bases: el origen del amor Las madres

Lo peor que le puede pasar a un ser humano es la falta de madre, o la vivencia de estar separado de la madre y de rechazarla. Cada movimiento de rechazo a la madre es un movimiento de rechazo a la vida y al amor.

El que rechaza a su madre o le tiene rencor, sea cual sea el motivo por ello, se ve cortado de la vida y del amor. Esto quiere decir que al buscar el amor más tarde, no lo encuentra. En cuestiones de amor todo viene a través de la madre. Ella es el fundamento del amor y  el fundamento de la vida. Por esto trato estos asuntos con sumo respeto.

El secreto de la vida, como lo revela la maternidad, es grande y hondo. Por lo general no aguantamos esta grandeza y por lo tanto hacemos lo posible por resistirle. Pero no existe nada más grande, absolutamente nada, nada más intenso, más vivo y ningún amor mayor. No existe nada semejante. Todo encuentra su fuente en la madre.

El camino hacia la madre es el comienzo de la felicidad. Esto vale también para la relación de pareja. Parejas que carecen de la relación a la madre o que la rechazan, no logran el amor. Dicho de otra manera, también el amor entre hombre y mujer se inicia con la madre, tanto para el hombre como para la mujer, de igual manera.

El respeto hacia la madre es el fundamento de este trabajo de constelaciones. Lo cual implica que nosotros mismos hayamos alcanzado este lazo de proximidad con nuestra propia madre. Ella es la condición sine qua non para el éxito en este trabajo. Aquel que no está en la transparencia con su madre no tiene que meterse. Porque lo que vemos es que a menudo despierta la irritación en los clientes hacia sus madres. Con consecuencias graves. Sólo el que se encuentra en armonía con su madre, con amor y respeto, puede arriesgarse en este trabajo, es habilitado a practicarlo. Lo puede hacer de manera segura porque se encuentra conectado  también con las madres de los otros. De esta conexión le vienen a él fuerza y bendiciones.  

Ver a la madre desde el espíritu

Con frecuencia estamos presos de nuestro sentimiento hacia la madre y tenemos emociones insólitas hacia ella, más que todo porque los hijos guardan pocos recuerdos. Más tarde en terapia ciertos recuerdos suben a la superficie, habitualmente los negativos. Entonces uno se acuerda por ejemplo de cinco aspectos difíciles de la madre, después que ella lo ha cuidado a uno durante veinte años, día tras día. ¿No les parece esto asombroso? Esto viene de que no la soportamos. No soportamos su plenitud.

En este trabajo que hacemos, hago a menudo un ejercicio para aprender a ver a la madre desde el espíritu, a partir de un movimiento del espíritu. Entonces cambia mucho. Lo haré con vosotros, tomando un desvío. Imaginemos que alguien ha sido abandonado y luego adoptado. Siente anhelo por sus padres, les tiene enfado y lo descarga con frecuencia sobre sus padres adoptivos por respetar a sus padres biológicos. Se siente abandonado y con carencias. Esto es el esquema habitual, que se ve reforzado por las personas que le quieren ayudar. Ellas le tienen lástima y dicen “pobre niño, ¿qué le habrá pasado?”

Pero ¿quién aquí tiene más fuerza? ¿Un niño así, u otro que tiene todas las oportunidades? Si lo observamos bien: ¿quién es más fuerte? ¿quién puede actuar mejor? ¿quién es capaz para más? Esto es evidente.

Les enseño la manera como lo podemos madurar interiormente a través del ejemplo de un niño adoptado.  

 

Aforismos

La presión

¿Cómo ponemos a otro bajo presión? Pues, al desplazar hacia él lo que nos corresponde hacer a nosotros mismos. La solución es: dejamos la presión ahí donde pertenece.

Ayudar

¿Qué significa “ayudar” para algunos? Quiere decir  “¡Se como yo!” Sólo que después, a aquellos les va mal.

Dar

A veces, dar resulta fácil ya que nos hace sentir grande. Pero tomar, simplemente tomar, especialmente de la madre y del padre – sobre todo de la madre – esto sí que cuesta. Pero rinde mucho.

La preocupación

El que se preocupa se vuelve débil o debilita a otro. Nadie puede ser diferente de lo que es.

Saber

Querer saber significa: querer adquirir poder. Lo tengo entonces bajo control. Andar con el espíritu significa: me dejo guiar, sin poder. El poder se ancla entonces en otro sitio.

Ayudar a los hijos con historias

Un ejemplo:

Alguien se pone en camino y avanza ligero. Sabe adonde se dirige. Sigue avanzando en la misma dirección, llega a un cruce y de repente no sabe más como seguir. Cambia de dirección, sigue buscando y alcanza un bosque. Se detiene vacilando, y dice:” Entrar ahí me resulta demasiado difícil.”

No obstante, cobra ánimo, entra en el bosque y avanza tanteando. Pero cae la oscuridad y él ya no sabe qué hacer. Se tumba, se duerme y empieza a soñar. En el sueño se ve caminando en un bosque. Luego oscurece y él ya no sabe qué hacer, se tumba y se duerme. También en este sueño empieza a soñar con que está andando en un bosque oscuro. Esta vez, se dice a si mismo en el sueño: “Vamos a ver, ¿hasta donde llegaré?” La oscuridad se hace cada vez más profunda y tanteando, sigue avanzando despacio. De repente, da con el camino que hace mucho estaba buscando y de una vez se despierta.

Esto es un ejemplo de ayuda con historias. ¿Cómo hacerlo? Alejándose del problema y contando una historia, simplemente. La historia, sin embargo, no dice de qué se trata, sólo pone algo en movimiento. Sólo así alcanza la meta.

Claro, esto era una historia hipnótica en la cual alguien se duerme, tiene un sueño en el que tiene un sueño en el que sueña. Y así, esta persona se ha alejado de todo lo que se había  imaginado y que le pesaba. De repente, en el último sueño, encuentra algo. No se dice lo que es.

No hace falta más. En el alma se mueve algo que despierta esperanza. Esto es todo.

Estas historias son siempre nuevas. Se nos ocurren cuando nos encontramos en sintonía con alguien, por ejemplo un niño. Permanecen llenas de misterio y generales. Lo principal es que, gracias a ellas, algo se pone en movimiento.

La benevolencia actúa: una historia verdadera.

Una mujer, que hace años atendió uno de mis cursos, me escribió una carta sobre el asentimiento al otro tal como es, y lo que para ella esto significó.

Querido Bert,

De niña rezaba cada noche:”mi corazón es puro, nadie lo puede ocupar salvo Jesús”.

Desde que tú lo ocupas, desde 1983, cada vez más gente lo ocupa también. Gracias a la sabiduría y el amor tuyos, he aprendido a ir al encuentro de la gente y a acogerlos.

En el 2000, me encontraba tan desesperada que no pude entender y aplicar  las palabras que me habías mandado: “Sin esperanzas, uno lo tiene todo”, aceptarlo tal como es para que el alma encuentre serenidad y adquiera fuerza. Esta situación duró aún un año. Desde entonces, tu aforismo actúa y lo transmito a todos mis amigos.

Mi oración de niña “Amado Señor, haz me devota para que llegue a tu paraíso” ya no me vale, porque llevo la responsabilidad de lo que hago. Esto me fortalece, ya no soy una víctima manipulada, y dejé de sentirme expuesta al poder de la víctima. Esto me ha liberado mucho de mis angustias.

Sigo convencida de que, gracias a ti, he encontrado la alegría de vivir y mi vida ha sido salvada durante el rapto en Cachemira.

Me sentía muy vinculada al hombre con el arma en la espalda, pensaba en su familia y su necesidad de actuar de esta forma, como paquistaní víctima de los indios (no lo sé exactamente, no lo pude discernir entre tantos grupos políticos). Las palabras que espontáneamente surgieron de mi corazón “yo sé que eres una buena persona”, le llevaron a bajar su arma y a conducirme a salvo, donde me mantuvo alejada de los otros raptores.

Espero que esto no le haya causado problemas. Seis semanas más tarde, un noruego fue decapitado y otros cinco hombres desaparecieron para siempre.

Te saludo con cariño.

Anka

La despedida

Haremos un ejercicio. Cerrad los ojos. Entrad en vuestra vida y mirad a vuestras relaciones. ¿Cuál de ellas espera aún ser lograda? Esperad desde el interior una señal. ¿Cuál es el primer paso a dar para lograr aquella relación?

Las relaciones encuentran el éxito a través de una despedida lograda. ¿Qué significa aquí “despedida”? Despedida significa: nueva vida.

La felicidad

¿Cómo conseguir la felicidad? Siempre gracias a una relación. La relación lograda es felicidad alcanzada.