Revista independiente Hellinger
Marzo 2009
De actualidad
Constelación clásica y constelación del espíritu
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Órdenes del amor entre padres e hijos y dentro del clan
De actualidad
Constelación clásica y constelación del espíritu Firmado por Amano Ursula Gessler y Jayin Thomas Gehrmann
Hace poco, hemos escrito en una carta circular que algunos consteladores reaccionan de manera resentida frente a la observación hecha por Bert Hellinger con respecto a la constelación clásica: según él, la constelación clásica ha quedado "parada" en comparación con su nuevo modo de trabajar con el "movimiento del espíritu". A raíz de esto, uno de los receptores de la carta nos contactó y nos preguntó en qué exactamente consiste la diferencia entre estas dos formas de constelación. Una buena pregunta. Nos habría gustado poder saltar a la pregunta siguiente, porque no nos sentíamos capacitados para responder satisfactoriamente y en dos o tres frases a esa pregunta.
¡Pues bien!, tomemos la pregunta siguiente: ¿Qué hace tan difícil responder de manera sencilla a la primera pregunta? Lo que, en un principio, llama la atención es que Bert Hellinger por un lado y los defensores de la constelación clásica por el otro han dejado de encontrar un terreno común de entendimiento. Eso se detecta en cuanto alguien pregunta, no por la diferencia entre ellas sino por cada una: ¿qué es la constelación familiar? y ¿qué es la nueva constelación?
A la primera pregunta, se recibe habitualmente como respuesta una descripción de lo que pasa en la constelación, sobre todo del fenómeno de la representación: personas escogidas al azar pueden, en su papel de representantes, comunicar algo de la persona sin siquiera conocerla. A lo mejor, viene una frase de introducción como "la constelación es una forma de terapia", seguida por una enumeración de las dinámicas y de los órdenes. Así, se presenta como método.
Posiblemente se diga también algo acerca de los modos de acción de la consciencia, aunque en muchos casos no se hable de eso, puesto que el interesado tiene ya mucho para cavilar y preguntar. Además, con toda probabilidad, una mayoría de consteladores no lo ven muy claro con respecto a la consciencia, la personal y la colectiva. Asimismo, uno no sabe con certeza si eso tiene tanta importancia.
La otra dimensión
Cuando Bert Hellinger define su nueva manera de trabajar, no describe un procedimiento. Habla repetidamente de la nueva constelación como la que alcanza otra dimensión, una dimensión del espíritu. Una dimensión en que todas las diferencias separativas se derrumban mientras que, a nivel de la consciencia, conservan tanta importancia. Obviamente, aquí la nueva constelación, la del espíritu, se distingue claramente de la anterior. Sólo que esa diferencia no es necesariamente visible en el nivel de aplicación práctica, en las etapas del trabajo. Para Hellinger, es más relevante el nivel en que actúa la constelación. Acerca del método, él da escasas indicaciones. Pero en aquella otra dimensión de la que él habla, además de la consciencia individual y colectiva, surge un tercer nivel de consciencia, la consciencia del espíritu. Esta consciencia sólo se puede intuir a partir de un amplio trasfondo filosófico-religioso.
Desde hace unos doce años ya, esa filosofía es esbozada a través de los cuentos y numerosos aforismos de Hellinger. Él la ha presentado extensa y sistemáticamente en sus libros La verdad en movimiento (2005) y Mística cotidiana (2008). En esencia, esta filosofía dice que todo lo que se mueve es movido por un "primer impulsor", llamado por Hellinger el espíritu- a sabiendas de que, al fin y al cabo, el dar nombre a algo es una limitación que traiciona lo nombrado.
Ese espíritu llama todo hacia la existencia mientras lo va concibiendo en el pensamiento. Y lo mueve mientras concibe su movimiento. En otras palabras, todo lo que hay es concebido y querido por el espíritu- exactamente como es. Por consiguiente, nada de lo que hay puede ser errado o malo. ¿Cómo podría el espíritu estimar alguno de sus pensamientos y por lo tanto su creación, mucho y otro pensamiento poco? Al igual que en el Sermón de la Montaña: Dios permite que el sol brille sobre los malos y los buenos y permite que la lluvia descienda sobre los justos y los injustos.
Sin embargo, Hellinger evita pronunciar la palabra Dios. Si la utilizara, se le opondrían demasiado lectores defendiendo la imagen de un Dios que conocen, que han integrado y en la que creen- en vez de comprobar por ellos mismos si la filosofía de Hellinger es convincente o no. Hemos averiguado en nosotros que el espíritu, así como él lo describe, corresponde casi enteramente a nuestra imagen de Dios. Casi ya que en alguno que otro detalle sentimos necesidad de argumentar. No obstante, cuando nos adentramos completamente en ello, sin ninguna reserva, percibimos en seguida el buen impacto.
Viejo y nuevo
Los órdenes y las dinámicas que todos los consteladores "clásicos" conocen siguen siendo visibles algunas veces en las "nuevas" constelaciones. Los órdenes sistémicos no han perdido su vigencia por la nueva forma de trabajo de Hellinger. Simplemente, los movimientos del espíritu alcanzan más allá de las fronteras de las leyes sistémicas. Algunos consteladores que no se sienten familiarizados con la filosofía de Hellinger (de la que tampoco quieren saber nada), preguntan de mala gana qué es lo que hay de diferente en la nueva forma de trabajar. Sólo ven lo conocido, no perciben lo nuevo.
En el trabajo de constelación clásica, los órdenes y las dinámicas ofrecen un instrumento específico para la acción, con el cual el constelador se orienta y que permite más comprensión a los participantes. En cambio, el desarrollo de los movimientos del espíritu puede parecer a menudo enigmático, o incluso caótico. En verdad, aquí también hay realizaciones típicas, por ejemplo cuando enemigos de guerra, o simplemente víctima y perpetrador, se encuentran y llegan a verse como iguales. Sin embargo, estos desenlaces no son el resultado de la intervención terapéutica del constelador sino que se producen por si solos. No se trata de un esquema de causa y efecto. El liderazgo del espíritu que mueve los representantes no resulta visible. Si no estamos familiarizados con la filosofía del espíritu de Hellinger y con sus métodos de trabajo respecto a los movimientos del espíritu, ¿cómo descubrir entonces que su maravilloso efecto está repleto de sentido?
Para muchos consteladores, la incomprensibilidad del trabajo con el espíritu es sospechosa, principalmente para aquellos que tienen una visión clásica del papel de terapeuta. A veces, ponen al frente los intereses de los clientes, argumentando que éstos ya no consiguen ver la relación entre su problema y el desarrollo de la constelación. Esa situación, según ellos, no permite una buena comprensión y por lo tanto no es ayuda para el cliente.
Nuestra experiencia con la nueva constelación de Hellinger es que ocurre con frecuencia que los observadores exteriores no pueden ver esa relación. A menudo, no se habla siquiera del asunto del cliente. O tal vez es mencionado y a continuación, Hellinger coloca el cliente, quizás solo y en persona. Luego sigue algo que conlleva el paso siguiente. Para el observador, todo parece confuso. Lo que, en cambio, cualquiera puede ver y percibir es cuando la constelación llega a su fin- sea por una solución, sea porque alcanzó un límite que se tiene que respetar.
Un observador que lo quiere entender todo, pierde los estribos. Los clientes en cambio se encuentran por lo general visiblemente conmovidos, a veces también profundamente afectados. Son los terapeutas los que opinan que deben entenderlo todo para poder luego explicarlo en detalle al cliente, es decir: aprehenderlo todo.
Comentarios
Hemos entrevistado a varios clientes que habían trabajado con Hellinger. Nos han hecho comentarios como el siguiente: "En el momento en que me he sentado a su lado, me ha venido una imagen de lo que iba a pasar en la constelación. Y eso mismo aconteció". El cliente no entiende tal vez cada detalle de la constelación, tal vez no sabe quién era aquel muerto ni quién se metió en medio para luego retirarse. Pero sí sabe: "Aquí se trata de mi asunto. Lo que pasa tiene que ver profundamente conmigo".
Si consideramos con toda seriedad que la constelación sigue un movimiento del espíritu, entonces la exigencia de querer comprender todo lo que ocurre- comprender a Dios, interpretar sus movimientos para explicarlos, querer apoderarse de ellos - es absurda. En Isaías está dicho: "Mis caminos no son tus caminos y mis pensamientos no son tus pensamientos". Pues bien, nos podemos armonizar con los movimientos del espíritu y podemos sentir si estamos en acuerdo con ellos o no, pero poner la mano encima, nunca.
Las diferencias
Hemos mencionado anteriormente cómo se manifiesta el que una constelación sigue el movimiento del espíritu o no. La posibilidad de que una constelación lo haga, si es que puede, depende directamente de si el constelador ha integrado la filosofía de Hellinger. Aquí van unas líneas escritas por Hellinger acerca de los primeros tiempos de su nueva forma de trabajo, que en aquel entonces aun se llamaba Movimientos del alma: "El alma busca y encuentra la solución por sí misma si se le deja su propio espacio y el tiempo, pero sólo si el que lleva la constelación está en sintonía con esta dimensión del alma y se deja guiar por ella".
Es posible observar y detectar si un constelador sistémico ha aprendido la lección. Todo aquel que haya hecho la experiencia de dejarse guiar puede averiguar si un constelador se deja llevar por una fuerza mayor. Para otros es más difícil reconocerlo. El constelador guiado en esa forma no actúa mucho, lo cual es observable. Aparentemente, está sentado y no hace nada.
Hellinger da un esbozo de las nuevas constelaciones:
"En vez de constelar una familia en la forma habitual, se colocan solamente una o dos personas, sea el cliente solo para comenzar, sea el cliente más alguna persona con la cual está en conflicto. De repente, están cogidos por un movimiento al que no pueden resistir. Este movimiento va siempre en la misma dirección, llevando a reunir lo que antes estaba separado. Al final, siempre es un movimiento del amor. Lo determinante aquí es que no hace falta prácticamente ningún guía de fuera".
¡Ningún guía de fuera significa ningún manejo por el constelador! Porque el guía viene por cierto de fuera, no viene por las personas que hacen de representantes. Es tarea del constelador el crear un espacio dentro del cual este guía de fuera pueda desplegarse y actuar - primero en él mismo, luego en todo el grupo. Eso es esencial.
Lo que no es esencial es el que el constelador comience el trabajo con una, dos o cinco personas a la vez. Menos gente mejor, pero no se puede presagiar si será una constelación clásica o nueva por el número de representantes al principio de la constelación. Lo que vale también: menos se hable, mejor. Tampoco es decisivo que el constelador deje hablar a la gente o que todo ocurra en silencio. Los movimientos de los representantes son muy lentos, como en un trance - casi siempre.
Por cierto, existen diferencias radicales a nivel metódico y práctico, pero sirven poco para presentar las diferencias entre los dos tipos de constelación. Eso sí, se puede aplicar un esquema de desarrollo típico para las constelaciones clásicas únicamente, las nuevas no lo permiten. Además, no es posible trazar siempre una demarcación clara entre ambas formas- especialmente ahí donde el constelador, entrenado a la nueva constelación de Hellinger, da "rienda larga" a los representantes así como autonomía para consentir a los movimientos surgidos de los impulsos interiores. Sin embargo, no abandona a los representantes a su suerte sino que se entrega igualmente al movimiento del espíritu. Lo hace de un modo distinto al de los representantes, que están conectados a una sola persona. El constelador, por su parte, se abre a la totalidad del movimiento y por tanto, en sintonía con los representantes, participa en ello.
Su primer paso es decidir en qué forma se iniciará la constelación, o sea quién o qué será colocado. Luego observa el movimiento de las primeras personas colocadas y escoge, si hiciera falta, los representantes suplementarios apropiados. Sigue el desarrollo de la constelación en sintonía con los movimientos que aparecen. Interviene también de otras maneras, por ejemplo solucionando una vinculación de un representante con otro y ayudándole a darse la vuelta hacia otro lado, o proponiendo una frase sanadora, clave en el proceso de traer a la luz algo importante y que permite hacer avanzar una constelación varada. Pero ante todo, el constelador decide del momento en que se termina la constelación.
La actitud interior
¿Qué es, pues, lo que caracteriza el movimiento del espíritu? Para empezar, requiere que el constelador mismo adopte una actitud interior apropiada al trabajo con el espíritu, es decir, que se abra a todos y a todo con benevolencia. Se fía, para guiar la constelación, de las sugerencias y el mando del espíritu. De esta manera, abre un campo espiritual en el cual los representantes y él mismo se encuentran orientados. Entonces, los representantes pueden manifestar físicamente lo que perciben como impulsos internos, traduciéndolos en movimientos visibles. Y finalmente, estos movimientos conducen a las soluciones que van más allá de los límites de la consciencia sistémica, para seguir la consciencia del espíritu.
En lo que se refiere al trabajo de constelación, se puede considerar la consciencia del espíritu como la esencia de la filosofía del espíritu de Hellinger. El espíritu está dedicado a todo lo que existe, de la misma manera benevolente. Podríamos también decir: Dios ama a cada parcela de su creación por igual. Como constelador, seguimos pues la consciencia del espíritu en la medida en que nosotros también nos encontramos dedicados a todo lo que hay, tal como es. A ese nivel ya no hacemos diferencia entre justo y errado. Ya no hay movimientos errados.
En eso, se vuelve caduco el concepto de "buena solución" que, en la constelación clásica, es una meta, así como un criterio de éxito o de fracaso de la constelación. Por eso dice Hellinger que él no trabaja con una perspectiva de solución sino con una perspectiva de movimiento. Es manifiesto que este trabajo ya no encaja en el marco de la terapia- más bien, parece que hemos vuelto al sentido etimológico de la palabra "terapia" como "servicio a lo divino".
Hellinger habló también de su nueva forma de trabajo como "filosofía aplicada". Eso fue desconcertante, porque desde 2004, había revuelto el mundo de los consteladores con nuevas nociones. Entretanto, queda clarificado que la "filosofía aplicada" describe de manera comprensible, exacta y adecuada el trabajo con el espíritu en las constelaciones. Los "movimientos del espíritu" se dan cuando el constelador hace uso en su práctica de la filosofía del espíritu de Hellinger.
La diferencia entre las constelaciones clásicas y las del espíritu no resulta muy clara, ni a nivel de método, en su aspecto práctico, ni a nivel filosófico-religioso. Si es posible perfilar con precisión la constelación clásica, no es posible hacerlo con respecto al movimiento del espíritu. Desde una comprensión filosófica-religiosa, se puede decir de la constelación del espíritu que está marcada por una consciencia espiritual - y eso no tiene ningún equivalente en el trabajo clásico de sistema al que se le pueda comparar. En él, sólo existen los órdenes sistémicos llamados "órdenes del amor" (el derecho a la pertenencia, el orden de precedencia, el equilibrio entre dar y tomar). Cuando estos órdenes son desobedecidos, surge el sufrimiento y cuando son restablecidos, empieza la sanación. La preservación de los órdenes en un sistema está a cargo de la consciencia colectiva. Dentro de ese marco y sólo en él, es decir en la esfera de dominio de la consciencia colectiva, las constelaciones sistémicas pueden tener muy buenos efectos.
Pero este marco tiene sus límites: la consciencia colectiva está dispuesta exclusivamente hacia los que pertenecen al sistema. Todos los demás quedan excluidos. Al fin y al cabo, la diferencia entre "nosotros" y "ellos" es la diferencia entre errado y justo, entre malo y bueno. Es reforzada por la consciencia sistémica (individual y colectiva), incitada y por cierto, no descartada. En cambio, la consciencia del espíritu se mueve más allá, abarcándolo todo.
En su concepto, la constelación clásica es más estrecha porque se detiene en las fronteras de los órdenes sistémicos. La nueva constelación del espíritu es más amplia porque acompaña de manera consciente el proceso de creación. Lo que Hellinger desarrolló hace veinte años como constelación de familias y lo que ha aprendido acerca de los órdenes sistémicos no se ha vuelto caduco. Pero él ha ido más lejos, progresando hacia un nivel de comprensión diferente, con una manera de trabajar transformada, alcanzando un ámbito más amplio de los efectos del trabajo de constelación.
Muchos consteladores en cambio se quedan con lo que han aprendido una vez y que han conseguido imponer a duras penas como método terapéutico.
En su conferencia en Barcelona (2008), dijo Hellinger:
"Ahí se quedan detenidos. La consciencia afecta también a los consteladores y coloca un límite para aquellos que quedan presos del círculo mágico de la consciencia. Ese linde de la constelación tiene un bonito nombre, un nombre seductor: clásico. La constelación familiar significa: quedarse inmovilizado".
Esta intervención desató cólera. "Quedarse inmovilizado" suena como una ofensa si alimentamos una mente de competidores: ¿quién avanza, quién es el mejor? ¿Y quién se ha quedado atrás? Esperamos haber aclarado que no se trata de esto. Es simplemente la constatación de un hecho, a saber que el maestro ha dado un paso hacia delante en el desarrollo y que los antiguos alumnos, que ya no lo entienden más, se niegan a acompañarle. Se quedan parados.
Todos los niños son buenos
Una velada con Bert Hellinger y Jürgen Fliege, en Stuttgart,
el 17 de septiembre de 2004
Hellinger: El tema que hemos escogido juntos es “Todos los niños son buenos”.
Si todos los niños son buenos, entonces todos los padres son buenos también. Ellos también fueron buenos niños. Esto delimita el marco en el que nos moveremos esta tarde. Cuando decimos:”Todos los niños son buenos”, oímos alrededor nuestro lo contrario, lo mismo que oímos cuando a veces digo:”Todos los padres son perfectos” Se desata en aquel momento, a menudo, un escándalo:” ¡No puede ser! ¡Si han hecho tal y tal cosa!” Es lo equivalente.
Para mí, todos los padres son perfectos. ¿Por qué? En la transmisión de la vida, lo han hecho todo bien, todos ellos tal y como son. En esa perspectiva, son todos perfectos. Lo que hayan hecho después es secundario.
Tenemos que recordar otra cosa. ¿Qué significa, en el fondo, ser bueno? Cuando nos cruzamos con gente supuestamente buena, ¿cómo nos sentimos? ¿Nos sentimos buenos? ¿O falta algo?
Las madres y Dios
En relación con esto, tuve una comprensión importante acerca de las madres y Dios. Es frecuente que, a través de nuestras expectativas y deseos con respecto a ellas, esperamos que sean como Dios. Pero como no son Dios sino que son personas comunes, les hacemos reproches. ¿Y, de paso, qué le hacemos a Dios? ¿Y qué hacemos a nuestras madres? Para mí, mi madre es una mujer común, ante Dios lo es también. Incluso yo soy una persona común, a su lado. Ambos, mi madre a mi derecha y yo a su izquierda, nos inclinamos ante una grandeza invisible y la descargamos de nuestras expectativas. Ante ella, nos inclinamos con devoción y respeto. Independientemente de lo que disponga para nosotros, está perfecto.
Tomar la vida
Ahora, haré un ejercicio con vosotros. Cerrad los ojos. Nos imaginamos que estamos, como niños, en presencia de nuestra madre y de nuestro padre y les miramos. De ellos nos vino la vida, entera, sin que ellos pudieran restar o añadirle algo. Nos abrimos interiormente y decimos a nuestra madre y a nuestro padre: "Gracias. Lo tomo todo de vosotros, tal como ha fluido desde vosotros hasta mí. Con todas sus puntas y ribetes, con todo lo que eso significa en mi destino. Asiento a ello tal como es, con amor. Así, te tomo en mi corazón, querida madre y tú también, querido padre.
Tomo la vida de vosotros al precio entero que os ha costado y que me cuesta. Cualquier precio está bien para mí. Y hago algo de la vida que me habéis regalado, para vuestra honra y para vuestra alegría. Y si me toca, la daré más lejos, como vosotros a mí, de una manera común, a niños comunes. Les quiero a ellos también tal como son, niños comunes. Son lo justo para mí”.
Fliege: Es cierto que existe ese momento y no es una terapia. Cuando nos despedimos de nuestra madre, a la hora de su muerte, la mejor ayuda posible para ese momento es inclinarse ante ella y decirle: "Madre, lo que me has dado me basta. Es suficiente para toda mi vida”. Si lo podemos decir así, la madre se puede ir. Pero si no lo conseguimos decir, se queda ella colgando entre cielo y tierra. No se trata de una situación terapéutica inventada. Ocurre efectivamente en la vida de cualquier individuo y lo espera como una ayuda al llegar a ese frontera.
Hellinger: Con respecto a ese tema, he hecho experiencias particulares en África. Entre los Zulús, con quienes he vivido y trabajado, no he encontrado a nadie que haya hablado despreciativamente de sus padres. Ellos no conocen esto. Para ellos, la vida es algo grande y es lo esencial. Cuando un Zulú se encuentra con otro, le dice “sakubona”, lo que significa “te he visto”. El otro dice a su vez “te he visto”. ¿Qué diríamos nosotros, a continuación? Preguntaríamos “¿qué tal?” Los Zulús se interesan por algo totalmente diferente. Preguntan “¿usafila?”,” ¿aún vives?” Y la respuesta viene “Sí, aún estoy aquí”. Estar aún en vida es, para ellos, lo esencial. Por lo tanto, podéis entender cuál es su actitud frente a sus padres. Cuando les miran, miran a la vida que han recibido de ellos. Y esto representa lo esencial.
Todos los niños son buenos
Ahora ¿qué hay de los niños? ¿Acaso son todos buenos también? La experiencia de muchos padres es que los niños no son como ellos esperan. Entonces dicen cosas como “es un niño difícil”, o incluso “es un niño malo”. ¿Qué palabra queda enganchada al niño? La palabra “malo”. Si decimos en cambio “todos los niños son buenos”, ¿qué les queda enganchado? La palabra “bueno”. Ahora sí, nos movemos en un campo muy distinto.
Nos quedaremos pues con que “todos los niños son buenos”. Sólo que, a veces, no comprendemos bien en qué son buenos y cómo aman. Ellos aman en un nivel oculto que tal vez no vemos y no entendemos. Cuando traemos ese amor oculto a la luz, de pronto cambia todo.
El secreto de una buena educación
Durante las semanas terapéuticas de Lindau, se me acercó en una fiesta una pareja que tenía dificultades con una hija de 16 años. La madre dijo:” Nuestra hija ya no se comporta como debe, le tengo que poner riendas y marcar los límites. Pero mi marido no me apoya. ¿Nos podría ayudar al respecto?”
Me acuerdo aún textualmente de eso porque esta discusión era particular. Le dije:” Os explicaré el secreto de una buena educación en tres frases”.
¿Os interesa conocer estas frases?
- La primera frase: En la educación de los niños, el padre y la madre valoran cada uno como correcto lo que en sus propias familias era importante o de lo contrario, faltaba.
- La segunda frase: El niño sigue y reconoce como correcto lo que para sus dos padres, era correcto o faltaba en sus familias respectivas.
- La tercera frase: Cuando uno de los padres se opone al otro en la educación de los niños, el niño hace una alianza secreta con aquel que está en posición de inferioridad.
Luego, hice con ellos un pequeño ejercicio. Les dije: “Imaginad a la hija, miradla y ved dónde y cómo os ama”. De repente, surgió un brillo en sus rostros. Para terminar, le aconsejé al padre decirle de vez en cuando a la hija cuánto se alegraba él al verla buena con la madre.
Lo que alegra a los niños
He descubierto algo importante acerca de los niños felices. ¿Qué niños son felices, o cómo pueden los padres hacer felices a un niño? Pues, cuando el padre ve y respeta en su niño a la madre. Y, a su vez, cuando la madre ve y respeta en su niño al padre. Eso hace feliz al niño.
Fliege: Exactamente, eso pasó la semana anterior. Mi mujer y yo estamos separados. Tenemos dos hijas, una de 20 y la otra de 18. Aquella tarde, decidimos en secreto encontrarnos con ellas para cenar. Claro, es la felicidad completa cuando los padres, que viven separados, se encuentran con ocasión de los pasos de maduración de sus niños y juntos, les honran. De pronto, los rostros se iluminan. Luego, vuelve el cotidiano y nos lleva por otros caminos, tal vez errados. Pero el camino correcto se nota cuando brillan los rostros. Ellos nos dan la prueba de que estamos en lo justo.
Hellinger: Antes de continuar, quisiera proponer un ejemplo más.
Una psicoanalista estaba presente en uno de mis cursos. Está separada. Me dijo:” Mi marido no se ocupa de los niños para nada”. Le pregunté:” ¿Lo respetas?” Contestó:”No”. Le dije entonces:”No es asombroso que no se ocupe de los niños”. A continuación, le conté el secreto de la felicidad de los niños. Dos años después, recibí una carta suya en la que decía: Mi marido se ha ido de vacaciones con los dos niños.
Había modificado algo y de pronto, todo fue mejor.
Hombre y mujer
Una vez, escribí una frase que con frecuencia es citada, pero tan sólo la primera mitad:”La mujer debe seguir al hombre”. Pero seguir no significa obedecer. Ella le sigue en su familia, en su idioma, en su cultura y permite que los niños lo hagan también. Eso es una gran concesión que la mujer le hace al hombre, una enorme concesión.
Y luego, la segunda parte de la frase: “El hombre debe servir lo femenino”. Esto indica que “todo lo que el hombre hace está al fin y al cabo al servicio de la mujer”. En cuanto la mujer y el hombre lo reconocen recíprocamente, en cuanto ella acepta que el hombre la sirve y ella le sigue, se ve cumplido un importante orden del amor que hace felices a los niños.
Fliege: ¿Sabe usted si este orden, muy anterior a nosotros, se deja perturbar por la revolución industrial, la píldora, la química, el entorno social?
Hellinger: Ese orden nos es predeterminado. Quedémonos, pues, con los niños felices.
Resonancia y disonancia
¿Qué pasa cuando enferma un niño? ¿Qué pasa cuando se vuelve difícil un niño? Hagamos un ejercicio conjunto, cerremos los ojos.
He aprendido mucho de Ruperto Sheldrake. Él describe los campos mórficos y sus efectos en nosotros. La familia, por ejemplo, se mueve en uno de esos campos, donde todos los elementos entran en resonancia entre sí. Sin embargo, cuando enfermamos, estamos en disonancia con algo o, de lo contrario, algo en nuestro cuerpo está en disonancia con nosotros. Busquemos sintonizar con eso…
¿Qué percibimos, dentro del cuerpo, que se encuentre en disonancia con nosotros? ¿Qué está enfermo o qué provoca molestia? Nos adentramos en el órgano que se encuentra mal o que causa molestia, o en el músculo, o en el hueso. Sintonizamos con ello hasta que podamos ver a quién mira la enfermedad. ¿A qué persona de nuestra familia mira la enfermedad? Siempre se trata de una persona que ha sido excluida, o alguien que rechazamos, o alguien que hemos olvidado o que nos asusta o que ha sido abandonada. A veces es un niño y muchas veces es un aborto. Miramos a esta persona con el mismo amor que le tiene la enfermedad que la está mirando.
Abrimos nuestro corazón y acogemos a esa persona en él, con mucho amor. Incluso tal vez, con tristeza. Ahora ocupa su lugar en nuestra alma. Sentís lo que esto genera en el cuerpo, la ligereza que de repente se instala y la paz que viene.
En la familia, ocurre lo mismo. Cuando acontece un desorden o surge una enfermedad, cuando un niño enferma o es autista, con frecuencia este niño está en resonancia con una persona rechazada. Dentro del niño, se activa el amor que le correspondería a esa persona. Y así como tenemos que cambiar algo en nosotros para sanar, algo tiene que cambiar en la familia para que el niño se encuentre bien. Cambiar significa en este caso que lo que está puesto al margen tiene que ser reintegrado y reconocido. Entonces, todo se encuentra bien para el niño.
Neuro dermatitis
Fliege: ¿Me permite una pregunta? Una hija mía padece neuro dermatitis desde niña. Hago el ejercicio con todos porque opino que Sheldrake tiene razón. Mi visión es similar y lo encuentro todo muy interesante.
Hellinger: Tengo cierta experiencia con respecto al trasfondo de la neuro dermatitis. Lo primero que he descubierto es que esa enfermedad viene por una maldición. Es decir que alguien está enfadado con el padre o la madre. Y este enfado se desplaza hacia uno de los niños, que lo recibe.
Un amigo mío se separó de su primera mujer. Ella quedó enfadada con él. Más tarde, él tuvo un niño que padeció neuro dermatitis. Pude ver que la enfermedad estaba relacionada con el enfado de la primera mujer. Si con razón o no, es irrelevante aquí. Ella le tiene enfado y eso es lo que actúa en ese caso.
Fliege: ¿Lo ve cómo un fenómeno, simplemente lo observa?
Hellinger: Es pura observación. Le daré otro ejemplo. Nos ayudará a entender lo que pasa con los niños.
En uno de mis cursos en que traté del tema de la neuro dermatitis, estaba una señora presente que me dijo: "Estoy separada de mi primer marido. Le nació hace poco un segundo niño y me ha invitado, con mi compañero y mi niño, para visitarles y conocer al bebé”. Le dije entonces:” Está muy bien, porque de lo contrario, tal vez tendría el niño neuro dermatitis”. A lo que ella contestó: “Pues, no me invitó cuando el primer niño y aquel sí, padece neuro dermatitis”.
Fliege: ¿Acaso es su intuición que le desvela esta respuesta o, porque lo ha observado una o dos veces, lo afirma sin reflexionar la tercera vez?
Hellinger: Estas comprensiones se desarrollan paso a paso en mí. He empezado por observarlo y lo he dicho. A raíz de esto, muchas otras personas lo comprobaron y han visto que existen incluso otras situaciones en que surge la neuro dermatitis, es decir no sólo en relación con parejas anteriores. Observé un ejemplo llamativo en México.
La bendición
En México, había una señora con una enfermedad intestinal grave, peligrosa para su vida. Su padre había muerto por la misma enfermedad. Y un tío, hermano del abuelo también. Al abuelo lo mataron en la revolución.
Constelé esa situación. El representante del abuelo manifestó una cólera increíble. Coloqué frente a él a su mujer y a su hermano. De repente, se vio en la constelación que el padre de la clienta no era niño del abuelo sino de su hermano. Se pudo ver claramente la ira del abuelo hacia todos, hacia su mujer, hacia su hermano y hacia el niño de ambos. Todos enfermaron, incluso la hija de este niño.
La pregunta era ¿cómo solucionar esto? Pedí al hermano del abuelo inclinarse ante él, luego a la abuela y también al niño de ambos. No hubo ningún alivio. Finalmente, la clienta enferma se arrodilló, estiró los brazos hacia el abuelo y le dijo:”Por favor”. Después de eso, el abuelo se desplomó, se tumbó en el suelo y cerró los ojos. Ya estaba reconciliado.
Se trata aquí de lograr la reconciliación con la persona que está enfadada y casi siempre con razón enfadada, de manera que la maldición se transforme en bendición.
La preocupación
Cuando los padres miran al niño y se preocupan, el niño no puede cambiar. La preocupación impide que el niño cambie. Con ella, el niño se ve encasillado en algo y con ella los padres evitan mirar lo que tendrían que ver. En vez de mirar a lo que pide ser visto y que es importante, miran hacia el niño. Y así, el niño está bajo una carga. Los niños son increíblemente sensibles, hay que acercarse a ellos con sumo respeto y cuidado.
Ayudar a los niños con cuentos
Cuando un niño tiene dificultades, a menudo leves como por ejemplo un estreñimiento o cualquier otra cosa, entonces se le cuenta una historia. Es mejor no hacerlo de manera patente, diciéndole: “Te cuento una historia”, pero se deja que alguien dentro de la historia cuente una historia. Por ejemplo, “Ayer me encontré con alguien que me dijo que se sentía perturbado. Le pregunté: ¿qué pasó? Me explicó que se había visto con un hombre que le había contado una historia”. Ahora, si le cuento la historia al niño, él no se dará cuenta que le va dirigida a él personalmente. Bueno, le cuento la historia y en ella, se presenta algo que tiene que ver con su problema. Pero no se menciona. Algunas frases precisas se pronuncian como “Para mí, eso no es difícil” o “Esto, lo resuelvo con facilidad”. Entonces, el niño repite esas frases dentro de él y, a continuación, cambia algo.
Esos son ejemplos, pues, de cómo se les ayuda a los niños. Veis también que todo eso sólo puede funcionar cuando la base es la aceptación que “todos los niños son buenos”. Es cuestión de modular la ayuda y, sobre todo, ayudar con respeto, con mucho respeto.
El amor ciego
Todo aquello es relativamente fácil. Pero existen niños que aman ciegamente. Lo mejor es que os cuente un ejemplo.
Di una vez un curso en una escuela grande de México. Había allí un alumno, entre 12 y 14 años, su maestra y sus padres. El joven tenía dificultades con la escuela y ya no quería seguir estudiando. Coloqué pues, a la maestra, al lado de ella puse al muchacho y en frente, a los padres. Miré al joven y le dije: “Estás triste”. Le saltaron las lágrimas de los ojos y su madre también se echó a llorar. Se pudo ver en seguida que su tristeza tenía que ver con la madre. Pregunté a la madre: “¿Qué pasó en tu familia?” a lo que respondió ella:”Mi hermana melliza murió en el parto”. Fue el elemento decisivo, es algo que uno siente en seguida. Coloqué a un representante para la hermana melliza, un poco al costado, con la mirada hacia fuera y con la madre del joven a sus espaldas. Le pregunté a la madre cómo se sentía en ese lugar y contestó:”Aquí me siento bien”. Eso demuestra claramente que quiere seguir a su hermana en la muerte.
Luego la puse otra vez en su lugar inicial y coloqué al joven detrás de la hermana melliza. Le pregunté qué tal estaba y contestó:”Aquí me siento bien”. Le pregunté también a la madre cómo se sentía al ver al niño allí. Su respuesta:” Me siento mejor ahora”. Esto nos muestra que el niño estaba dispuesto a morirse en su lugar. A nadie le asombra que no quiera seguir estudiando. ¿Para qué, si su deseo era morirse? Esa era la situación.
Detrás de muchas enfermedades y problemas de comportamiento de los niños yace esta dinámica precisamente. El niño dice en su corazón: “Te sigo en la muerte” o “Muero en tu lugar” o “Me enfermo en tu lugar” o “Expío en tu lugar”. El niño lo hace por amor. Es frecuente observar que los padres miran al niño pero no ven en absoluto que el niño ama ni ven cómo ama. El niño no puede cambiar nada. Tan sólo si los padres dan un paso, puede el niño también hacer algo.
En este caso, la solución era sencilla. Coloqué otra vez al joven en su sitio y a la hermana melliza al lado de la madre de él. De esta forma, ella fue reintegrada en el seno de la familia. Así, se encontraba la familia de nuevo entera.
Fliege: ¿Es necesario armar algo como un altar familiar, es decir materializar la presencia de la muerta, o basta con la pequeña constelación? Claro, no hay foto de la muerta que se pudiera exponer. ¿Debo hacer un lugar para ella en la casa o debo simplemente hacerle un lugar en mi corazón, o lo uno implica lo otro?
Hellinger: En el corazón, eso es lo esencial. En la constelación, la madre y su hermana estaban cara a cara para empezar, se miraron con mucho amor y se abrazaron muy fuertemente. Luego se colocó la melliza al lado de la madre. Formaba ya parte de la familia.
Pueden imaginarse cómo le va al marido cuando su mujer dice interiormente:”Me muero”. ¿Qué posibilidades existen aún en la relación de la pareja y qué puede hacer él? Pues nada, no puede hacer nada, está entregado al destino de su mujer. En esta constelación, pedí a la mujer que girase hacia su marido y que le dijese:”Ahora me quedo”. Esa fue la frase sanadora. Pudieron abrazarse con amor. Luego la madre giró hacia su niño y le pedí que le dijera: “Ahora me quedo y tú también puedes quedarte”. Al oír esto, su rostro se iluminó. Esa era la solución: la persona que había quedado excluida estaba reintegrada, permitiendo que se completara lo que estaba incompleto.
Cuadros médicos
Fliege: ¿Es posible sospechar la causa sistémica partiendo de un cuadro médico, en el caso de los niños? En el mío, Usted lo ha nombrado. En la neuro dermatitis, hay una maldición, una ira, una cólera que se desahoga y que puede tener su origen muchas generaciones atrás. Hoy en día, resulta que muchos padres dicen: me ha tocado un niño hiperactivo. ¿Puede Usted decirnos si sabe lo que hay detrás de la hiperactividad? ¿Qué significa para Usted ese cuadro de síntomas, según su experiencia? ¿Existe una correspondencia que siempre se vuelve a repetir?
Quiero mencionar otro cuadro de síntomas que se da, porque hay muchos trastornos de la alimentación entre los niños, desde el sobrepeso a la bulimia y otros cuantos. Me gustaría saber si, en su experiencia, Usted puede relacionarlos con un patrón típico, oculto e invisible.
Quiero también decir un par de cosas que me recuerdan su técnica de trabajo. Hace una hora, empecé a hablar del Maestro de Nazaret y del hecho que nunca contestaba directamente una pregunta sino que decía “Os cuento una parábola”. Cada vez que los discípulos querían una explicación, él permanecía en un silencio sepulcral. Se negaba a dar una solución. Posiblemente Usted aplica también es método, para no estropear el efecto de su medicina. Porque no se trata de un efecto superficial, como en el caso de las bromas. Se trata de no quebrar el ápice de la sanación.
Hellinger: Exactamente. Por eso, no podemos dar una explicación abierta, incluso después de la constelación.
Primero, contestaré la pregunta en general. La dinámica que se encuentra detrás de la frase “Te sigo en la muerte” o “Mejor yo que tú”, puede estar a la raíz de cualquier enfermedad. No son específicas de una enfermedad en particular. Puede ser cáncer, suicidio, cualquier cosa. Pero al conocer el significado de estas frases, se puede ayudar mucho. Muchos de los niños que enferman tienen miedo de que se muera el padre o la madre. Entonces, cuando uno de ellos dice “Me quedo”, esos miedos desaparecen y le puede ir mejor al niño. Pero es un paso que los padres tienen que cumplir primero en su corazón, deben decidirse para quedar.
Fliege: Cada vez que he buscado ver si había mujeres más guapas que la mía en el resto del país, a veces a más de 600 km de mi casa y de mis hijas, ellas enfermaban. No podían saber, desde Berlín, que me había encontrado con alguien en el metro de Múnich. Eso fue para mí una señal de que, como padre, llevaba un manto invisible que aparentemente se extendía, en ese respecto, también sobre mis hijas.
Hellinger: Eso es. No podemos escapar al campo del espíritu o del alma grande.
Usted ha hecho una pregunta concreta acerca de la anorexia. Eso es un caso especial. La anorexia está vinculada a la frase interna “Querido Papá yo desaparezco antes que tú”.
Esta frase se refiere casi siempre al padre, raras veces a la madre.
Fliege: ¿Y esto no tiene que ver con la moda?
Hellinger: Absolutamente nada.
Fliege. Bueno, Twiggy empezó con eso. Ahora están todas tan delgadas. ¿Y Usted dice que no tiene nada que ver con la moda?
Hellinger: No tiene nada que ver.
Fliege: Entonces, ¿por qué no funciona eso en Arabia, donde están tan gordas? ¿Lo entiende?
Hellinger: Existen, por supuesto, determinadas modas, pero cuando se trata de vida y de muerte, es casi siempre la misma dinámica.
He descubierto algo acerca de las mujeres muy gordas. Usted lo ha llamado sobrepeso.
Fliege: ¿En serio, cuando uno tiene un niño con anorexia, no se tiene que culpar la moda sino que hay que mirar si existe una historia de relación, que puede dar a pensar a la niña que su padre se va?
Hellinger: Si, exactamente.
Fliege: O bien el padre se quiere separar o, por otra razón, se quiere alejar de la madre.
Hellinger: A menudo, el padre quiere volver a su propia familia, a su familia de origen.
Volvamos al tema de las mujeres obesas. Lo he observado sólo en mujeres. No sé bien cómo funciona con los hombres. Pues bien, una mujer muy gorda come a su madre, que a la vez rechaza.
Fliege: Es el caso en mi familia. Somos seis niños, de los cuales tres son mujeres, bastante más corpulentas que Twiggy. Ellas rechazan a mi madre, aunque haya dado a luz a seis niños. Aquí, la observación es cierta.
Hellinger: Sí, hasta ahora es lo que he visto. La pregunta es: ¿Cuál es la solución? Siempre es la pregunta más importante para mí. En la meditación del principio, la he indicado.
“Querida mamá, te quiero como una mujer corriente. Yo también soy corriente, a tu lado. Me alegro de ti y te quiero cada vez más”. Eso es todo.
Fliege: Cuando Usted hizo la meditación con nosotros, tuve ese sentimiento: “Querida mamá, tú eres una mujer corriente y yo soy niño tuyo, corriente como tú. Retiro las exigencias que tengo sobre ti”. También he pensado: “Sin embargo, tengo dificultades en la vida. Tal vez no las tendría si tú fueses una mujer perfecta, madre. Porque así yo también sería perfecto”. ¿De dónde viene mi deseo de ser diferente?
Lo “otro”
Hellinger: De esto, puedo hablar mucho. Hace un tiempo, me senté a escribir un texto intitulado “Lo otro”. Si Usted observa, muy a menudo queremos que tal o cual cosa sean diferentes. Por ejemplo, que nuestra madre sea diferente, nuestro padre diferente, nuestros niños diferentes y que otra gente sea diferente, que haya sido de otra forma en nuestra familia, etc.
¿Qué pasa en el momento en que digo “eso tendría que ser diferente”? Pues, me encuentro en la imposibilidad de amar lo que hay. Entonces, lo que hay deja de darme fuerzas. El resultado es una inmensa pérdida para mí. Pero si digo:”Miro a ese “otro” tal como es en su diferencia, con amor. Me giro y miro a mis padres tal y como son. Así está todo bien para mí”. En aquel momento los tengo, así como a todos los demás. Pero en cuanto deseo que mis padres fuesen diferentes ya los he perdido.
Desde una perspectiva religiosa, es algo desorbitado desear que las cosas sean de otra forma de la que son, porque esto significa que me comporto como si lo supiera mejor que Dios, o como deseáis llamarlo. ¡Eso es descomunal!
Fliege: Eso pone en cuestión todas nuestras plegarias. Quiero decir, no sólo en la iglesia sino que también a nivel espiritual. Siempre tenemos ruegos y pedidos:”Querido Señor, vivo en Stuttgart y te quiero hacer un par de propuestas, va muy en serio. Dale salud a mi padre, salud al niño, no debería haber guerra y por favor, tómate tiempo para arreglar estos tres asuntos”.
Eso son tan sólo tres peticiones de Stuttgart hacia lo infinito, pero significan claramente que, con toda probabilidad, estamos fuera de lugar en ese tipo de espiritualidad y que nos hemos estancado en la ingenuidad o el infantilismo. No nos hemos transformado en oyentes adultos que prestan atención a los órdenes sino que el ruego y el pedido nos son tan propios que nos hemos pervertido en el rezo. Somos devotos pervertidos.
Hellinger: Aquí quisiera añadir algo. ¿Qué tal otro rezo? Por ejemplo:”Dejo a mi padre o a mi madre o a mi niño en las manos de Dios y me inclino ante lo que él hace”. Entonces, a todos les va mejor, también al niño. Llegamos aquí a un nivel de amor que actúa, pero sin seguir prescripciones. Es un amor desinteresado y sin embargo tremendamente potente.
En un curso en Praga, había una mujer que no quería vivir más. Le pregunté lo que había pasado. Me contó de un aborto. Le pedí pues, cerrar los ojos e imaginarse tomando al niño en brazos, depositándolo en el regazo de Abraham y diciéndole “por favor”. Es una imagen admirable, porque Abraham representa algo grande. Luego le pedí mirar a lo lejos, por encima de todo e inclinarse. Ese rezo tuvo un impacto increíble sobre esta mujer. En el fondo, era un rezo, pero muy distinto.
Otra comprensión actúa detrás de todo esto. Nada se pierde, todo permanece aquí. Permanece de un modo tal que algo mucho mayor lo recoge. Cuando sabemos esto, podemos ir más allá de lo que está muy cerca.
La buena voluntad
Se podría añadir algo sobre la buena voluntad. ¿Qué es la buena voluntad? La voluntad que libera algo bueno. Esa voluntad es benevolente. Cuando alguien posee esa buena voluntad, cuando es benevolente, cuando los padres son benevolentes con los niños, el maestro con el alumno, el ayudante con aquel que quiere ayudar, entonces, en su alma, está todo bien. El ser benevolente da un hermoso sentimiento interior.
Reflexionemos. ¿Qué hacemos a menudo cuando hablamos de los niños, cuando unos padres hablan de sus niños y cuando se preocupan? ¿Dónde está la buena voluntad, en el sentido que hemos mencionado? Pues, casi siempre, ha desaparecido y el niño lo percibe. Si soy benevolente, busco una buena solución, primero dentro de mí, de modo a estar con buena voluntad y a permanecer con ella y luego para los demás. Lo curioso es que al tener esa buena voluntad, es frecuente que no se necesite hacer nada, porque ella actúa. En la presencia de personas benevolentes, a cualquiera le va mejor y su alma se encuentra libre para hacer lo necesario. Esa buena voluntad hace bien a los niños y a los padres. Entonces, una cosa queda rápidamente patente: Todos los niños son buenos.
Fliege: Esa es una buena frase de conclusión.
Primavera y Semana Santa
Mística Natural
Extractos de una conferencia en Hamburgo, septiembre 2008
He escrito un libro sobre la mística natural, llamado “Mística natural”. Otro libro importante en ese contexto es “Pensamientos divinos. Sus raíces y sus efectos”. Os hablaré ahora de ellos para que sea una ayuda en la vida cotidiana.
Andar con el espíritu
Lo que observamos es que todo es causado por una fuerza del espíritu. En nuestro cuerpo por ejemplo, en cada segundo transcurren millones de procesos de naturaleza espiritual, todos controlados e inteligentes. Actúan juntos en todos los sentidos y en todo momento. Pero no sabemos nada de ello.
Y de la misma forma, en todas partes transcurre algo dirigido por una fuerza del espíritu, la misma que actúa en nuestro cuerpo. No pueden ser dos fuerzas distintas, que acaso se opondrían. Todo está sintonizado de una manera coherente. Aunque no lo queramos, estamos abarcados por aquellos movimientos. Incluso cuando pensamos que estamos haciendo lo errado, estamos en aquellos movimientos.
Estos movimientos no son siempre justos, si prestamos a la palabra “justo” el sentido de “algo bueno”. Son movimientos complejos, contradictorios a veces y construidos sobre oposiciones. La oposición sirve el desarrollo de aquello a lo que se opone. La pregunta es ¿conseguimos entrar en sintonía, de manera consciente, con los movimientos de este espíritu?
Asentir
¿Qué significa esto? Esos movimientos son movimientos que asienten. El espíritu que los concibe asiente a lo que concibe, obviamente. Nos armonizamos con esos movimientos en la medida en que asentimos a todo tal y como es, ni más ni menos. Por consiguiente, asentimos para empezar a nosotros mismos, tal y como somos, sin desear que algo dentro de nosotros sea diferente de lo que es.
En cuanto me viene la ilusión de que algo tendría que cambiar en mí, me comporto como ese espíritu. Pienso cómo tiene que ser ese cambio y considero que tiene que ser así. En cuanto decido mejorar las cosas, usurpo el lugar de los movimientos del espíritu.
Si lo miramos detenidamente, es una actitud extraña. Pero así somos. Cada juicio acerca de lo que está bien o mal es una insolencia frente a estos movimientos. Frente a ellos, no hay ni bien ni mal. Todo existe así como es y con sentido. En otras palabras, el andar consciente con el espíritu es el asentimiento a todo tal como es.
El conocimiento
Existen dos tipos de conocimiento. El primero es: conozco algo que existe. Por ejemplo, puedo contar el número de participantes aquí presentes. Tengo el conocimiento de cuántos han venido. Para eso, ellos tienen que estar ya aquí, para que los pueda contar y saber algo de ellos. Eso es el modo de conocimiento del que habitualmente hablamos.
El conocimiento del espíritu en cambio, es siempre nuevo, no se refiere a nada que ya esté aquí. Es siempre nuevo.
Además, los movimientos que nos mantienen en vida no son establecidos una vez para siempre, sino que se renuevan en cada instante. Siempre nuevos. Todo lo que transcurre en nosotros es siempre nuevo. No hay nada viejo. Todo lo que se mueve lo hace alejándose de algo ya existente hacia algo nuevo. De esta manera, estamos continuamente mantenidos en movimiento y en vida por este espíritu.
Este conocimiento del espíritu, por ser nuevo es primero. Es conocimiento creador. Nos podemos adentrar en el movimiento del espíritu con un conocimiento creador y eso se llama mística natural.
Al sintonizar con este movimiento creador, al pensar en modo creativo, nuestro pensamiento se alinea con el movimiento del espíritu. Entonces, conocemos de modo directo lo nuevo que a su vez sirve la vida y el amor.
Asimismo, todo lo que pensamos tiene efecto. Pero no siempre está en armonía con el movimiento del espíritu. Mucho de ello se encuentra en oposición, por decirlo así, al movimiento. Pero eso no tiene importancia. Si pensamos errado, esto sirve para educarnos, porque nos tocará sentir los efectos. Y así, maduramos y aprendemos. Sin deslices y sin errores, no puede haber desarrollo. Todo crecimiento se basa en fallos. La infalibilidad es lo peor que hay, porque todo se detiene ahí.
Eso constituye la mística, una mística muy corriente, surgida de la observación directa de lo que hay.
La buena percepción
Volvamos al conocimiento creador. A veces, en los talleres intensivos de una semana completa que ofrezco, dejo que los participantes practiquen el conocimiento y la percepción, en grupos de seis personas. Cinco de ellas se sientan en medio círculo y una se coloca frente a ellas. Las cinco personas, entonces, empiezan a percibir al que está delante y eso de una buena manera.
¿Qué significa percibir de buena manera? “Buena manera” tiene aquí dos sentidos. Todo lo que es esencial, tiene varios sentidos. Lo que sólo tiene un sentido está equivocado, sin desarrollo posible. Lo esencial tiene muchos sentidos.
Percibir de una buena manera significa aquí percibir de manera justa y considerarlo una buena percepción. Esa es la diferencia. Mirando a ese hombre delante de mí, veo su frente y su cabello. Eso no es una percepción, es mera observación. Aún no lo percibo como ser humano, tan sólo me percato en detalles de su persona. Sin duda, es objetivo pero no me sirve para mucho.
Ahora bien, si lo percibo de una buena manera, entonces le puedo decir algo de lo que percibo. La palabra sería: seguro. Percibo de él que está seguro. Esa es una buena percepción. A la vez, he operado algo, se ha puesto en marcha algo para él. Eso constituye una buena percepción, que a la vez es creativa.
Imaginad el alcance que tiene eso: cuando aprendemos a percibir de una buena manera, ¡cómo puede cambiar el mundo! Él, por ejemplo, se ha vuelto mejor. No le he piropeado, simplemente he dicho lo que hay y esto ha llevado más lejos. Se trata aquí de lo esencial en todo el proceso.
También puedo percibir a alguien de una mala manera. Si soy suspicaz y pienso internamente: “Bah, de donde sale éste tío...”, aquel se volverá peor por causa de mi mala percepción. Es una percepción igualmente creativa, pero de un modo totalmente diferente.
Percibir a la madre de una buena manera
Hagamos un ejercicio ahora, con el andar junto al espíritu. Cerrando los ojos, nos exponemos a nuestra madre. Ella se encuentra a cierta distancia de nosotros y, sin mirarla directamente, nos exponemos a ella con nuestra mayor superficie, uniformemente, hasta que la podamos percibir bien, como un todo. No todos consiguen soportar esa percepción porque en ella me transformo también, no sólo se transforma aquel o aquella a la que miramos. Esa percepción es también creativa con respecto a mí mismo.
Mientras me abro a mi madre de esta forma, con amor, me llega de repente un conocimiento, una palabra o una frase corta en que esa buena percepción está resumida.
Al pronunciar esa palabra o esa frase corta, su rostro se ilumina. Ella se siente bien percibida. Y con este conocimiento, algo en mí se ha transformado. Ella cambió y yo también. Eso es andar con el espíritu.
Sobre algunos de vuestros rostros, puedo notar que la buena percepción se ha dado.
Andemos por el camino de la mística natural. Por cierto, todo lo que digo aquí es mística, una mística muy natural, muy corriente. No hay nada sobrenatural en eso.
Mística significa: soy uno con todo. Es decir que el movimiento místico es un movimiento de unificación, natural y corriente. Lleva a los niños a unirse a sus padres, en un movimiento místico y ¡qué movimiento! Profundo, fuente de felicidad instantánea.
La mala percepción
Acerca de la mala percepción, os diré aún algo. Una preocupación es una mala percepción. Provoca exactamente lo que preocupa. Cualquier inquietud hace daño al otro, lo vuelve más frágil.
Los padres que se preocupan por sus hijos se oponen a su desarrollo. Su inquietud está en contra del amor.
¿Acaso he dicho demasiado? ¿Podéis sentir lo que la inquietud provoca?
Más que todo, la preocupación se opone al movimiento del espíritu porque su sentido profundo es: “debería ser de otra forma”. La preocupación es un desprecio hacia Dios. Toda preocupación es un ultraje a Dios, de la peor especie.
Si he tenido ahora una mala percepción, retiro todo lo dicho. Constantemente, tengo que ponerme a prueba y chequear mi permanencia en la percepción sencilla.
Nuestros padres integrados en un movimiento del espíritu
Al mirar a nuestra madre y a nuestro padre, los vemos como individuos corrientes. Nos solemos comportar con ellos como si sus vidas hubieran empezado con nuestro nacimiento, como si no tuvieran pasado. Pero sin embargo, en ellos está actuando todo lo que los hace así como son y cómo eran.
Cerrad los ojos.
Nos imaginamos primero a nuestra madre. Está ahí de pie y alrededor de ella están muchas otras personas, tal vez diez, doce, hombres y mujeres. No sabemos quiénes son. Y vemos cómo se inicia entre todos ellos un movimiento. Los movimientos del espíritu son muy lentos, muy recogidos. Todos son movidos por una fuerza exterior a ellos. Sólo miramos lo que pasa.
Después de un rato: Bueno. ¿Habéis podido percibir de otra manera a la madre? ¿Más plena? ¿Ramificada en muchas direcciones?
Os doy la posibilidad de hacer unas preguntas sobre lo que ha transcurrido.
La buena y la mala percepción en la imagen interna
Mujer: Tengo una pregunta acerca de la mala percepción. Es cierto que, en mi experiencia personal, he aprendido la mala percepción de niña. De niña no tenía aún la posibilidad de escoger la buena percepción, por ser dependiente y no tener capacidad para optar. Mi experiencia es que la mala percepción está metida en mi cuerpo e idéntica a mí. En mi vida, he estado ya en depresión grave, de niña incluso, por la difícil historia con mi madre. He estado siempre consciente de que mi percepción era negativa, pero no tenía cómo cambiar eso. Si alguien me hubiera dicho, en mis momentos depresivos, que: ah, tu percepción es mala, me habría suicidado por sentirme culpable.
Entretanto, me he formado como terapeuta. Mi pregunta es: me viene una angustia terrible cuando digo a la gente que pueden escoger la manera cómo perciben. Cuando toman consciencia de eso, llega una fase, así fue para mí, en que todo se vuelve peor antes de poder mejorar. Espero que en la mística natural como la describes, ese movimiento es también natural, que hace que en un comienzo es muy doloroso el descubrir que soy creadora de mi propia mala percepción.
Hellinger: Me ocuparé de esto, ahora.
La buena percepción se da en el instante, es directa. La mala percepción es también directa, instantánea.
Pero fuera de la experiencia directa, pensamos en imágenes. Nos guiamos por imágenes internas. Por ejemplo, tenemos recuerdos del pasado. Son imágenes hechas por nosotros. No existe un conocimiento del pasado, sólo hay reacciones acerca de algo del pasado y esas reacciones se cristalizan en imágenes internas.
Un ejemplo: me siento solo. Conoces ese sentimiento. Me siento solo y tengo imágenes internas. Las imágenes se refieren a algo que aconteció en el pasado, o tal vez en el presente o tal vez acerca del futuro. Esas imágenes liberan un sentimiento de soledad. El sentimiento refuerza las imágenes y luego ellas se concretizan. Pero sólo se trata de imágenes construidas por mí.
A la mujer: Ahora cierra los ojos y ve esas imágenes. Luego te das el permiso de ver otras imágenes del pasado, que también las hay, imágenes de alguien que estaba a tu lado, alguien que te ha sonreído, que te ha regalado algo, que te ha cuidado, que te ha traído algo porque se acordaba de ti. Hay muchas imágenes así.
De repente, te sientes conectada con aquella persona que acabas de ver y encontrar. Y con eso, cambia en seguida el sentimiento.
Te puedes incluso imaginar que alguien te está esperando desde hace ya un tiempo. Imagínate que vas hacia él, que le llevas algo, quizás le ayudas en algo, le dices que puede contar contigo, que estás dispuesta a cumplir algo por él, muy naturalmente. De inmediato, te encuentras en contacto, todo el tiempo. Al hacer algo por otro, dejo de sentirme solo, permanezco vinculado.
Gracias al cambio de las imágenes internas y al actuar correspondiente, desaparece ese viejo sentimiento, para siempre.
La mujer y el grupo se echan a reír.
He visto ahora el efecto de las nuevas imágenes. Tu pregunta está contestada.
La intranquilidad
Mujer: Ayer usted hablaba de la intranquilidad y de su contrario. Me gustaría retomar el tema, porque siento a menudo una gran intranquilidad en mí.
Hellinger: Hagamos juntos un pequeño ejercicio. Cierra los ojos.
Imagínate una rosa. La miras, la percibes, con toda calma tomas consciencia de su presencia. Y permaneces así, orientada hacia la rosa.
De pronto, la vista se amplía por encima de la rosa, a tu derecha, a tu izquierda, lejos y cerca, en lo profundo y en lo alto. Así te quedas, expuesta a todo, con la rosa en el centro. Luego, desde lo hondo de tu alma dices una palabra. La palabra es: sí.
En la Divina comedia de Dante, hay muchas descripciones de portales. Encima de uno de ellos, hay una inscripción: Aquel que pasa por aquí, abandona todas sus esperanzas.
¿Adónde lleva ese portal? Al cielo.
La mujer se ríe.
Te va mejor. Sobre el portal que lleva a la tranquilidad está escrito: sí.
El sí
Aún me gustaría hacer con vosotros algunos ejercicios que hacen feliz. El andar con el espíritu siempre hace feliz.
Cerrad los ojos.
Miramos a nuestra pareja o a otra persona que nos es próxima. Empezamos a percibirla de una buena manera. La percibimos tal como es, exactamente como es. Percibimos su secreto, su porvenir, el profundo movimiento del espíritu actuando en ella.
Nos olvidamos de lo viejo, de lo que era. La vemos solamente en su movimiento hacia delante y le decimos: sí. Sí, tal y como es, sin el menor deseo de que sea distinta de lo que es. Le decimos: tal y como eres, así te quiero. Tal y como eres, me alegro por ti.
Ya veo rostros felices, aquí.
Nos imaginamos que nuestra pareja nos dice lo mismo. Nos acepta tal y como somos. Se olvida de lo viejo, ve nuestro camino en el futuro hacia nuestro destino, nuestra realización, tal y como somos, tal y como nos adelantamos hacia ese futuro. Nuestra pareja nos dice: sí.
Son dos asentimientos simultáneos. Hay una linda palabra para describir lo que de ello surge: el cielo en la tierra.
Eso es percibir. ¿Queréis oír más acerca de la felicidad en la tierra? El secreto de la felicidad es el sí. En ese asentimiento, nuestros ojos empiezan a brillar. En ese brillo está el asentimiento.
La pareja es el hijo/hija de sus padres, madre y padre. Le decimos: a tu madre digo sí, tal como es y la quiero tal como es. Y me alegro por ella, tal como es. ¿Qué siente la pareja cuando le digo esto y lo mismo de su padre?
Como padre, él es el más grande, el más importante para ti y ella es la más grande y la más importante para ti. Tú estás entre ellos como hijo. Os digo sí a los tres, tal como sois. Me alegro por vosotros.
¿Qué siente la pareja? En seguida se le ilumina la cara. Si alguien nos dijera eso, se nos iluminaría también la cara. Nos sentimos conectados con algo mayor.
Todo eso es el andar con el espíritu. Se acaban las diferencias, se acaban los juicios. Todo se encuentra transportado por un hondo movimiento que sirve la vida y el amor. El sí es un movimiento del espíritu, un movimiento eterno.
Lo exacto
“Exacto” quiere decir: al grano. Justamente, porque la atención está focalizada en un punto, todo lo que hay alrededor está descartado. El que quiere saber algo con exactitud, quiere quedar fijado en un punto.
Pero la exactitud se opone al avance. Cada paso adelante es inexacto puesto que se aparta de lo exacto. El movimiento del espíritu se detiene en presencia de la exactitud. Por ser cada vez nuevo, ese movimiento es inexacto. Todo lo nuevo es inexacto. Sólo lo viejo es exacto, así pensamos. Pero eso, lo podemos olvidar.
Lo que significa “espíritu”
Hombre: Quiero hacerte una pregunta sobre el desarrollo de tu trabajo. ¿Por qué, en los últimos años, das el nombre de espíritu a aquello que es inexacto, que es sin nombre? ¿Por qué insistes tanto en ello?
Hellinger: Es importante que lo indiques. En el momento en que conozco el espíritu, dejo de comprenderlo. Posiblemente, es eso lo que quieres decir.
Tenemos conceptos específicos que nos permiten orientarnos y con los cuales nos manejamos. Esos conceptos son más o menos exactos.
Luego, hay cosas que no podemos entender para nada y sin embargo les atribuimos un nombre. Al hacerlo, perdemos el vínculo con ellas. Tomemos el ejemplo de la palabra Dios. En cuanto la pronuncio, pierdo el contacto con lo que se puede nombrar.
“Espíritu” tan sólo describe un movimiento, tal como lo podemos imaginar, el movimiento del pensamiento, pensado por un sujeto con respecto a un objeto, pero pensado de tal forma que el objeto pasa a existir.
Nosotros también llegamos a ver concretizados pensamientos nuestros. El hecho de pensar algo lo hace ser. Una nueva comprensión actúa en el instante en que surge, teniendo quizá un largo futuro pero actuando en seguida.
Aquí se trata para mí del movimiento de una fuerza de la que todo proviene. Para nuestra realidad, esa fuerza es un pensamiento. Es lo que llamo “espíritu”. Sin embargo, la palabra alemana “Geist” no lo engloba todo. Existe una traducción inglesa que Suzi Tucker me ha dado, la palabra “mind-spirit” la consciencia del espírituAbarca mucho más.
Pero en cuanto hablo del espíritu como si pudiera producir algo con él, me encuentro fuera de lugar. Gracias por haber hecho la pregunta.
Ayudar con una sola palabra
Existe la posibilidad que nosotros también, de semejante manera, percibamos con creatividad y entendamos con creatividad. Lo he demostrado aquí. Cuando se me ocurre de pronto una palabra, una palabra esencial, me encuentro entonces en un movimiento que pone algo en marcha, de inmediato. Entonces, la ayuda se limita a esa única palabra. Es todo. En cuanto encuentro esa palabra, se desarrolla todo como por si sólo hacia delante.
Lo haré con vosotros, en forma de ejercicio.
Cerrad los ojos y mirad a un niño, el vuestro propio o el hijo de alguien próximo. Os colocáis en el movimiento de asentimiento, en un movimiento del espíritu. Sin propósito, sencillamente. Esperáis una palabra, una sola palabra que el niño también está esperando. Cuando llega, decidla al niño. Y mirad el efecto que tiene en él. Siempre es una palabra que hace feliz.
Después de un rato: Bueno. Esas palabras tienen un efecto doble, para vosotros también, claro. Son movimientos del amor que se manifiestan en vosotros.
El futuro
Podéis hacer más preguntas.
Mujer: ¿Qué poder tiene el pasado para influenciar el futuro? La mujer empieza a llorar.
Hellinger: Bueno, tomaremos el tiempo necesario para eso. Cierra los ojos, visualiza ese pasado delante de ti e inclínate profundamente ante él. Espera hasta que te hayas calmado.
Luego levántate y vete alejándote despacio, muy despacio. Guarda el pasado en tu campo de visión pero retrocede muy lentamente.
Al cabo de un momento, la mujer se levanta y regresa a su sitio.
El adiós
Ahora, os diré en resumido lo que significa la mística natural. Significa el adiós al cielo. Y el adiós a lo alejado. No existe lo alejado, se encuentra cerca de nosotros.
Cuando buscamos a Dios por ejemplo- existen los que se llaman buscadores de Dios- ¿adónde nos vamos? Pues, siempre lejos de nosotros mismos. Aquel que se aleja de sí mismo, se aleja de lo esencial, de lo último que se manifiesta dentro de él. Lo esencial sólo se alcanza dentro de nosotros mismos porque es ahí donde se halla, en su totalidad. La condición es la total entrega al momento presente y a todo tal como es ahora. Entonces, es posible unirse a lo esencial, a lo último, ahora y dentro de nosotros mismos, en un movimiento unificador.
Y comoquiera que nos movamos en sintonía con él, ese esencial se mueve en nosotros y a través de nosotros. Este movimiento es siempre un movimiento de amor. Es un amor puro, sin ego, un amor encajado en un movimiento dedicado a todo igualmente: a cada ser humano así como a nosotros. Ese movimiento es totalmente sereno, no tiene meta, está en constante oscilación hacia lo nuevo. Y así, nosotros también sentimos el frescor del amor hacia otros, en cada momento nuevo y feliz.
Hellinger Sciencia
Órdenes del amor entre padres e hijos y dentro del clan
Orden y amor
El amor rellena el envase del orden. El amor es agua, el orden la vasija.
El orden recoge, el amor fluye. Orden y amor actúan en acorde.
Así como en un canto las notas se adecuan a las armonías, El amor se amolda al orden. Así como el oído resiste a las disonancias, aunque Se las expliquemos, A nuestra alma le cuesta el amor sin el orden.
Algunos tratan el orden como si no fuera más que una opinión, Sujeta al cambio y a la conveniencia de cada cual.
Sin embargo, el orden nos es predeterminado. Actúa, aunque no lo entendamos. No lo creamos sino que lo hallamos. Lo percibimos, tal como el sentido y el alma, Por sus efectos.
Los diferentes órdenes
De los efectos, pues, deducimos los órdenes del amor y de los efectos deducimos las leyes que hacen que en el amor iremos ganando o perdiendo. Así es como se ve que relaciones de la misma índole obedecen a los mismos órdenes, por ejemplo la relación de pareja. Y que relaciones de otra índole obedecen a otros órdenes. Por lo tanto, los órdenes del amor difieren entre hijos y padres y las demás relaciones dentro del clan. Son de una forma particular en la relación de pareja y de otra forma diferente en la relación de la pareja con sus hijos. Y son distintas también entre nosotros mismos y ese todo que nos abarca y que evidenciamos a nivel religioso o espiritual.
Padres e hijos
El primer orden del amor entre padres e hijos es que los padres dan y los hijos toman. Los padres dan lo que ellos mismos han tomado anteriormente de sus padres y lo que en la actualidad, toman de su pareja. Los hijos toman en primer lugar a sus padres como padres y en segundo lugar toman todo lo que, además, los padres les puedan dar. A cambio, los hijos dan más tarde lo que han recibido de sus padres a otros, particularmente a sus propios hijos.
Aquel que da tiene el permiso de dar porque antes ha tomado y aquel que toma tiene el permiso de tomar porque más tarde dará. El que llegó primero debe dar más, porque ha tomado más. El que llegó después debe tomar más aún. Luego, cuando haya tomado lo suficiente, le tocará dar al que llega después de él. Y de esta forma todos, los que dan y los que toman, se integran al mismo orden y siguen la misma ley.
Este orden es válido también para el dar y el tomar entre los hermanos. El que estaba primero tiene que dar al que vino después y el que llegó después debe tomar del mayor. El que da, ha tomado anteriormente y el que toma, deberá dar en el futuro. Por lo tanto, el primer hijo da a los siguientes, el segundo toma del mayor y da a los que le siguen y el más joven toma de los mayores. El hijo primero da más y el hijo menor toma más, por lo que cuida a menudo de los padres en su vejez.
Conrad Ferdinand Meyer describe de manera gráfica este movimiento de arriba hacia abajo en un poema:
La fuente romana
Asciende el chorro y al caer, riega por completo El cuenco marmolado de la fuente, Que a su vez, envuelto en aguas, desborda Y fluye hacia un segundo cuenco; Éste prodiga, de tan hinchado, al tercer cuenco Su marea y cada cual a la vez toma y ofrece, Vierte y descansa.
Honrar
El segundo orden del amor entre padres e hijos y entre hermanos consiste en que aquel que toma debe dar la honra al que le ha dado y a lo que ha recibido.
Aquel que toma de esta forma, alza hacia la luz lo que ha recibido hasta que ese resplandor ilumine al que ha dado, aunque luego siga fluyendo hacia más abajo, como la fuente romana cuyo cuenco inferior, bañado en aguas, espeja el cuenco superior y más allá, el cielo.
El tercer orden del amor en la familia es el orden de precedencia, similar al dar y al tomar de arriba hacia abajo, del anterior al posterior. Por consiguiente, los padres tienen la precedencia sobre los hijos y el hijo mayor sobre sus hermanos. El río del dar y del tomar, aguas abajo, así como el paso del tiempo entre antes y después no pueden ser detenidos, ni dar vuelta atrás, ni cambiar de rumbo, ni invertir su impulso. Por tanto, los niños se encuentran siempre por debajo de los padres, el posterior quedando después del anterior. El dar y el tomar, así como el tiempo, sólo puede fluir hacia abajo, jamás aguas arriba.
La vida
No se trata, en cuanto al dar y al tomar de los padres e hijos, de un objeto cualquiera sino, esencialmente, del dar y tomar de la vida. Al dar la vida a sus hijos, los padres les obsequian con algo que no les pertenece. Pero junto a la vida, les ofrecen su propia persona, tal como son, sin restar ni añadir nada. Por eso, dando la vida de esta forma, los padres no pueden agregarle nada ni dejar nada de lado, ni conservar nada para ellos mismos. Y de la misma manera, al recibir la vida de sus padres, los hijos no pueden agregarle nada ni restarle nada ni rechazar nada de lo que, con esa vida, les toca. Además de la vida reciben a sus padres. Son lo que son sus padres.
Los órdenes del amor exigen que el hijo tome su vida tal y como los padres la han dado, es decir como un todo y que asienta a ellos tal y como son, sin más deseos ni resistencias ni miedo.
Ese tomar es un acto humilde, que incluye el asentimiento a la vida y al destino, tal como me es determinado a través de mis padres, la aceptación de los límites que me son asignados y las posibilidades que me son abiertas, el sí a las intrincaciones en el destino de esta familia, en su culpabilidad, en su carga o su facilidad, sea lo que sea.
Podemos sentir en nuestro interior los efectos de ese tomar. Sentimos lo que ocurre cuando nos imaginamos arrodillados ante padre y madre, profundamente inclinados en el suelo con los brazos hacia delante y las palmas ofrecidas al cielo. Les decimos:”Os honro”. Luego nos incorporamos, les miramos a los ojos y les agradecemos por el regalo de la vida.
El rechazo
Algunas personas opinan que algo maléfico podría colarse en ellos si tomasen a sus padres de esta forma entera y eso les asusta. Como por ejemplo una particularidad de los padres, una discapacidad, una culpa. Entonces, se cierran también a las buenas cosas de los padres y no toman la vida como un todo.
Muchos de los que se niegan a tomar a sus padres de manera entera, buscan equilibrar esa carencia. Aspiran entonces a la realización personal y a la iluminación. Sin embargo, detrás de estas exploraciones se encuentra la búsqueda secreta del padre y de la madre que no se ha podido tomar. Pero el rechazo de los padres implica el rechazo de sí mismo y, por consiguiente, una sensación de ceguera, de vacío y de fracaso en la realización.
Algo particular
Falta aún tomar en cuenta algo más. Es un secreto. No puedo darle ningún fundamento razonado. Pero al hablar de ello, sube en mí un asentimiento inmediato. Cada uno de nosotros experimenta la presencia, en su interior, de algo particular que no le viene de sus padres. A eso, debemos decir “sí”. Puede ser algo ligero de llevar o algo difícil, algo bueno pero quizá algo malo. No lo podemos escoger nosotros. Sin embargo, sea lo que sea lo que hacemos u omitimos hacer, a favor o en contra de qué, estamos cogidos al servicio de algo, lo queramos o no. Lo vivimos como un deber o una vocación que no se radica en nuestro mérito, ni tampoco en nuestra culpa, aún si se trata de algo difícil o incluso cruel. Estamos sirviendo, cualquier sea la situación.
Las buenas dádivas de los padres
Los padres no sólo nos dan la vida. Nos alimentan, nos educan, nos protegen, nos cuidan, nos ofrecen un hogar. Y conviene que lo tomemos así, como lo recibimos. Es una manera de decirles:”Lo acepto todo, con amor”. Y a continuación, decimos:”Lo tomo con amor”. Esa es una manera de tomar que lo equilibra todo, porque los padres se sienten respetados. Entonces, ofrecen con aún más ganas.
Cuando tomamos así de los padres, por lo general es suficiente. Claro que hay excepciones, lo sabemos todos. Puede que no recibamos todo lo que deseamos ni en la cantidad que deseamos. Pero así es suficiente.
Cuando el niño es adulto, les dice a sus padres:”He recibido mucho y eso es suficiente. Lo llevo todo hacia mi vida”. Entonces, el hijo se siente satisfecho y rico. Y puede añadir:”Lo demás, lo hago yo”. Es una buena frase, que nos emancipa. El hijo dice a sus padres, a continuación:”Ahora os dejo en paz”. Así, se libera de sus padres y sin embargo los guarda dentro de él y los padres guardan a su hijo.
Pero cuando el hijo dice a los padres:”Me tenéis que dar aún más”, entonces se cierra el corazón de ellos. Ya no pueden dar con tantas ganas ni pueden dar tanto, porque el hijo reivindica. Él mismo, incluso cuando recibe algo ya no lo puede aceptar, porque de hacerlo tiene que renunciar a sus exigencias.
Cuando un hijo persiste en sus exigencias frente a sus padres, no se puede liberar de ellos. La exigencia ata el hijo a sus padres. Y a la vez, esa atadura hace que los pierde y los padres también pierden a su hijo.
Lo que es personal de los padres
Además de lo que son y dan, los padres llevan consigo lo que se han ganado como mérito o lo que han padecido como pérdida. Esto les pertenece personalmente. Los hijos participan de ello de manera indirecta pero los padres no pueden ni tienen el permiso para pasarlo a los hijos y los hijos no pueden ni tienen el permiso para tomarlo de los padres. Aquí, cada uno es el artesano de su felicidad o desgracia.
Si un hijo se atribuye los beneficios y las aspiraciones personales de sus padres sin haber proporcionado un esfuerzo propio ni vivido los obstáculos y el dolor de su destino, es como si reivindicara algo como siendo suyo sin pagar el precio por ello.
Cuando alguien de una generación más reciente se hace cargo de algo difícil en lugar de otro de una generación anterior, el proceso vivificador de dar y tomar en la familia se vuelve en contra de él. Eso pasa cuando un hijo toma la culpa de uno de sus padres, o una enfermedad, un destino particular, un compromiso, una injusticia. La carga pertenece a la persona de la generación anterior como parte de su destino y de su dignidad, bajo su responsabilidad. Y cuando ella la acepta y que nadie se la quita, esta carga puede ser fuente de mucha fuerza y de mucho bien. A la persona le pertenece decidir si luego desea brindar el provecho de ese bien a un descendiente, esta vez sin exigir el precio que por él ha pagado.
Ahora bien, si un más joven se hace cargo de un destino difícil en lugar de uno más mayor, aunque fuese por amor, entonces se entromete un descendiente en el destino personal de un antecedente, restándole a él, como a su destino, fuerza y dignidad. A consecuencia, les queda a ambos, del provecho de las dificultades, sólo el precio a pagar.
La arrogancia
El orden del dar y tomar en la familia se encuentra puesto con las patas arriba cuando un más joven, en lugar de tomar del más mayor y honrarle, se empeña en darle algo como si le fuera igual, o incluso superior. Eso se da cuando padres toman de sus hijos e hijos dan a sus padres lo que éstos no han tomado de sus propios padres o de su pareja. En ese caso, los padres toman como si fueran niños y los hijos dan como si fueran padres. Y el fluir natural del dar y tomar de arriba hacia abajo se invierte y mueve contra la gravedad de abajo hacia arriba. Un tal don, al igual que un arroyo intentando correr aguas arriba, no llega a su destino.
Hace poco estuvo en uno de los grupos de trabajo una señora cuyo padre era ciego y cuya madre era sorda. Ambos se complementaban bien. La mujer, sin embargo, opinaba que le tocaba cuidarles. Constelamos la familia, de la manera que suelo utilizar para traer a la luz algo oculto. Durante la constelación, la hija se comportó como si fuera ella la grande y los padres los pequeños, aunque la madre le haya dicho: “Yo puedo con tu padre” y que el padre le haya dicho:”Yo puedo con lo de tu madre y no te necesitamos”. La mujer estaba muy decepcionada. Se la había vuelto a colocar en su sitio de niña.
La noche siguiente, no consiguió dormir y me pidió ayuda. Le dije: “El que no consigue dormir, piensa que tiene que cuidar de alguien”. Luego le conté la historia de un joven que en Berlín, después de la guerra, cuidaba de su hermano muerto, para que las ratas no lo comieran. El niño estaba totalmente agotado por velarle. Se le acercó un hombre amable y le dijo:”De noche, las ratas también duermen”. El niño se durmió. Y la noche siguiente, la mujer también durmió mejor.
Cuando un hijo infringe el orden de precedencia en el dar y tomar, se castiga mucho, a menudo con fracaso y caída y sin reconocer la culpa y el vínculo con la infracción. Al dar y tomar de manera inapropiada, infringiendo el orden aunque sea por amor, el hijo no percibe su arrogancia y piensa hacer bien. Pero el orden no se deja dominar por el amor. Porque antes del amor actúa en cada alma un órgano de equilibrio que ayuda los órdenes del amor en el mantenimiento de su armonía y justicia, aunque sea al precio de la felicidad y de la vida. Por lo tanto, la lucha del amor contra el orden es el comienzo y el fin de todas las tragedias y sólo existe una vía de escape: comprender el orden y seguirle con amor. Comprender el orden es sabiduría y seguirle con amor es humildad.
La comunidad de destinos
Padres e hijos constituyen juntos una comunidad de destinos donde cada cual es dependiente del otro en muchos aspectos y donde cada uno debe contribuir, en función de sus posibilidades, al bien común. Aquí, todos dan y toman. Los hijos incluso dan a los padres, por ejemplo cuando cuidan de ellos en su edad madura y con todo derecho los padres esperan y toman de sus hijos.
El clan
La segunda relación importante para nosotros es la que surge de la relación con nuestros padres ya que no sólo pertenecemos a nuestros padres sino que, además de pertenecer a sus clanes respectivos, somos del clan constituido por los de ambos padres.
Un clan se comporta como si estuviera sujetado por una fuerza que une a todos los miembros, así como por un sentido interno de equilibrio y orden que actúa en todos los miembros igualmente. Aquel individuo que esta fuerza vincula al grupo y que ese sentido toma en cuenta, pertenece al clan. Y aquel individuo que esta fuerza descarta y que ese sentido no ampara más, deja de pertenecer al clan. Por lo tanto, se puede detectar, por el alcance de la fuerza y del sentido interno, quien pertenece a ello.
En regla general, son parte del clan los siguientes:
- El hijo y sus hermanos, muertos o nacidos muertos, abortados o abandonados.
- Los padres y sus hermanos, los muertos, los nacidos muertos o abortados así como los hijos nacidos fuera del matrimonio y los medio hermanos.
- Los abuelos.
- A veces incluso uno u otro de los bisabuelos
- Pertenecen también personas sin relación de sangre, entre otros los que han hecho sitio para alguien en el clan, por ejemplo las parejas anteriores de los padres o de los abuelos así como todos los que, con su infelicidad o muerte, han traído provecho a alguien en el clan.
La vinculación por el clan
Los miembros del clan están vinculados entre sí como si compartieran una comunidad de destinos en la que el destino difícil de uno de ellos les afecta a todos y les induce a querer compartirlo. Cuando, en una familia, un hijo muere a temprana edad, alguno de sus hermanos le quiere seguir. A veces incluso los padres o los abuelos quieren morir para seguir a un hijo o nieto muerto. Cuando un miembro de una pareja fallece, el otro a menudo le quiere seguir. Interiormente, los vivos dicen al muerto:”Yo te sigo en la muerte”. Muchos de los que tienen una enfermedad que amenaza su vida, cáncer por ejemplo, o que tienen accidentes graves, o que intentan suicidarse, se encuentran bajo la presión del vinculo de destinos y del amor ciego, diciendo en su interior:”Te sigo”.
A eso se añade la fantasía de que el uno puede remplazar al otro, es decir hacerse cargo del sufrimiento, expiación y muerte de otro, liberándole de un destino trágico. La frase interna que actúa detrás de ese comportamiento es:”Mejor yo que tú”. Cuando un niño ve que un miembro de su clan está gravemente enfermo, dice en su interior:”Mejor enfermo yo que tú”. O cuando un niño ve que otro lleva una culpa grave encima, por la cual debe expiar, dice entonces:”Mejor expío yo antes que tú”. O cuando un niño ve que alguien prójimo se quiere ir o morir, dice en su interior:”Mejor desaparezco yo antes que tú”. Lo llamativo en eso es que son los más jóvenes los que quieren remplazar a otro en el sufrimiento, expiación o muerte, es decir los niños, pero se da también dentro de las parejas.
Es de notar sin embargo, que este proceso se desarrolla de manera ampliamente inconsciente, sin que los implicados en él puedan percibirlo, ni los que actúan de reemplazantes ni los que supuestamente se benefician de esa ayuda. Pero aquel que conoce los vínculos entre destinos, puede liberarse de ellos. En las constelaciones familiares, esos vínculos aparecen con una claridad asombrosa.
La integridad
Estrechamente unida a la vinculación se encuentra la preservación de la integridad dentro del clan. Es decir que un sentido interno de orden, presente en cada miembro del grupo de una manera potente vela para que cada cual, perteneciente al clan, se quede, incluso más allá de la muerte. El clan abarca tanto a los vivos como a los muertos, generalmente hasta la tercera generación pero a veces también hasta la cuarta o quinta generación. Cuando un miembro se pierde para el clan, sea porque le fue retirada la pertenencia, sea porque fue olvidado, crece dentro del clan una necesidad irresistible de recuperar la integridad perdida. Y esto se produce cuando un miembro perdido es representado y traído a la vida por un descendiente, a través de una identificación.
Este proceso se desarrolla también a nivel inconsciente, llevando la carga de restablecer la integridad en primera línea a los niños. Os daré un ejemplo característico en ese sentido.
Un hombre casado se enamora de otra mujer y dice a la suya:”No quiero saber nada más de ti”. Si tiene hijos con su nueva esposa, uno de ellos representará a la primera mujer, luchando contra el padre con el mismo odio que la mujer abandonada siente, o quizás alejándose del padre con la misma tristeza que ella lleva. Pero tanto el niño como los padres, ignora que él la está “recordando” y validando.
La responsabilidad en el clan
En el clan, lo hemos visto, los inocentes responden por los culpables. Así, la injusticia hacia el más mayor o la injusticia del más mayor se transforma en algo bueno y equilibrado por el más joven. Más que todos, los niños son llamados primero, por una instancia superior, para restablecer el equilibrio. Esto se debe a que, dentro del clan, reina un orden de precedencia que impone al ancestro estar antes que el descendiente y al descendiente servir al que es mayor, dejando que el descendiente sea sacrificado para el bienestar del ancestro. Con respecto al restablecimiento del equilibrio, no existe equidad en el clan como es el caso entre iguales.
Un derecho igual de pertenencia
Pero sí que existe en el clan una ley de base que otorga a todos por igual el mismo derecho a la pertenencia. Sin embargo, en muchas familias, algunos miembros se ven rehusado ese derecho. Cuando un hombre casado tiene un hijo fuera del matrimonio, a veces dice su mujer:”No quiero saber nada de ese hijo, no pertenece aquí”. O cuando una persona de la familia ha tenido un destino difícil, como la muerte en el parto, eso asusta a los demás miembros que la dejan marginada, como si no formara parte del todo. O cuando un miembro tiene un comportamiento discrepante, le dicen los demás:”Eres una deshonra para nosotros, ya no eres de los nuestros”.
En la práctica, mucha de la moral presuntuosa implica que el uno dice al otro:”Tenemos más derecho a la pertenencia que tú” o bien “Tú tienes menos derecho a pertenecer que yo” o entonces “Te has jugado tu derecho a la pertenencia”. Ser bueno no significa más que “Yo tengo más derecho” y ser malo quiere decir “Tú tienes menos derecho”.
A los niños muertos o nacidos muertos se les niega a menudo ese derecho, por el hecho que se les olvida. Es posible también que los padres den a un niño nacido después el nombre del hermano muerto. Con eso le dicen al niño muerto:”Ya no perteneces aquí, tenemos un reemplazante para ti”. El niño muerto pierde hasta su nombre.
Cuando los miembros del clan niegan a un ancestro el derecho a la pertenencia por alguno de los motivos mencionados, algún descendiente, bajo la presión de su sentido interno de equilibrio, le imita y se identifica a él, sin darse cuenta y sin poder defenderse de ello. Todo rechazo de un miembro hace surgir en el clan un impulso irresistible hacia la búsqueda de la integridad perdida y la compensación de la injusticia, con alguien imitando y representando al excluido.
Con eso tiene que ver el que miembros que sobreviven a alguien muerto prematuramente viven con frecuencia un sentimiento de culpa, porque les parece injusto estar vivos. Para compensar la injusticia, restringen su vida pero no entienden el por qué.
En el clan rige un orden arcaico que incrementa la desgracia y el dolor en vez de impedirlos. Cuando, bajo la presión de una necesidad ciega, un descendiente desea compensar retroactivamente un suceso del pasado en lugar de su ancestro, entonces el mal no tiene fin. Este orden conserva su fuerza mientras permanece inconsciente. Pero si resalta a la luz, podemos realizar su propósito de otra manera y sin las consecuencias dolorosas. Entonces, intervienen otros órdenes más en el proceso que, en relación con la compensación, dan a los descendientes los mismos derechos que a sus antepasados. Llamo esos órdenes, los órdenes del amor. Sin embargo, al contrario del amor ciego que busca responder a lo difícil con lo difícil, este amor es sabio. Compensa de un modo sanador y da un término al dolor, con algo bueno.
Lo entenderéis con unos ejemplos. Primero en relación con la frase:”Te sigo” y luego “Mejor yo que tú”. Cuando alguien dice esas frases interiormente, le pido pronunciarlas en presencia de la persona interesada, a la que quiere seguir o para la cual esta dispuesta a sufrir, a expiar o a morir. Al mirar a esta persona a los ojos, ya no consigue decir la frase porque se percata de que esta persona también ama, y que no puede aceptar aquella propuesta. El paso siguiente es poder decir a la persona:”Tú eres el grande y yo el pequeño. Me inclino ante tu destino y acepto el mío, así como me toca. Dame tu bendición si me quedo y si te dejo ir - con amor”. Así, se encuentra vinculado a esta persona con un amor mucho más profundo, habiendo abandonado el deseo de seguirle o de hacerse cargo de su destino. Y aquella persona se transforma en un protector amable en lugar de amenazar la felicidad de su descendiente.
Cuando alguien quiere seguir a un muerto, por ejemplo a un hermano muerto a temprana edad, entonces le puede decir:”Eres mi hermano, te respeto como mi hermano. Tienes un lugar en mi corazón. Me inclino ante tu destino tal como fue y me mantengo fiel a mi destino, tal como es”. Con eso, los muertos se acercan a los vivos y les cuidan con amor en vez de que los vivos se vayan hacia los muertos.
Si acaso un niño se siente culpable por estar en vida cuando su hermano está muerto, le puede decir:”Querido hermano o hermana, tú estás muerto, yo sigo vivo un poco más, luego me moriré”. Entonces se acaba la arrogación con respecto al muerto y gracias a esto, el niño vivo puede seguir con su vida sin sentir culpa.
Cuando un miembro del clan se ha visto excluido u olvidado, se puede recuperar la integridad del grupo reconociendo y respetando al excluido. Esto es, primeramente, un proceso interno. Luego, una segunda esposa podría decir a la primera:”Tú eres la primera, yo la segunda. Reconozco que has hecho sitio para mí”. Si la primera mujer ha sido perjudicada de alguna forma, la segunda puede agregar:”Reconozco que has sufrido un daño y que tengo un marido a costa tuyo”. Puede añadir:”Por favor, sé amigable conmigo si tomo a mi marido y lo guardo, y sé amigable con mis hijos”. En las constelaciones, podemos ver cuánto el rostro de la primera mujer se relaja al mismo tiempo que asiente, porque se siente respetada. Con eso, el orden está restablecido y ningún niño necesita representarla.
Ahí donde reinan los órdenes del amor, se acaba la responsabilidad del clan para las injusticias ocurridas, porque la culpa y sus consecuencias permanecen con quienes les corresponden y, en lugar de la ciega necesidad de compensación por el mal, generando más y más dolor, se impone la compensación por el bien. Esto se da cuando los más jóvenes toman de los mayores, cualquier sea el precio, y cuando les honran sin cuestionar lo que hayan hecho, y cuando el pasado, bueno o malo, puede permanecer en el pasado. Los excluidos reciben entonces el derecho a la reintegración y, en lugar de causarnos angustia, nos brindan su bendición. Al concederles un lugar en nuestro corazón, que les corresponde, nos encontramos en paz con ellos y nos sentimos completos y enteros por tener con nosotros a todos los que nos pertenecen.