Revista independiente Hellinger
Junio 2008
Semana Santa
Dedicado a Dios
Ayudar en sintonía
Cómo lograr las relaciones
Respuestas
- El conocimiento
-
La promesa
Situaciones de la vida
Sólo el amor tiene futuro
Hellinger Sciencia
-
« Tú y yo, los dos» Un ejercicio para tartamudos
- Anomalías del habla
- Un niño pierde el habla
Respuestas
Asentir para vibrar en sintonía
Sabiduría en el camino
La serenidad
Semana Santa
Dedicado a Dios
Dedicado a Dios significa: perteneciente a Dios. Significa también: sacrificado a Dios. Lo que se sacrifica a Dios se ve retirado del uso del hombre, reservado sólo para Dios. Luego, como señal de que pertenece a Dios, es a menudo destruido, por ejemplo derramado o quemado.
Detrás de eso se halla la idea de que Dios necesita y desea lo que le sacrificamos. Esa es la primera idea, más bien primitiva, que hay. Otra idea, más elevada, es que el sacrificio es reconocimiento y aceptación de que todo pertenece a Dios, sobre todo la vida. En el sacrificio, se le dedica algo y a ello se suma la petición de que tengamos el permiso de conservar lo que nos es necesario para vivir.
De los animales sacrificados, a no ser que fuese un holocausto, la mejor parte se quemaba o se ofrecía a los sacerdotes. El resto se consumía. La parte del sacrificio libremente ofrecida al consumo se consideraba un regalo hecho por Dios a aquel que reconocía su dominio, confirmándolo a través del sacrificio. A cambio, Dios ofrecía su bendición, una bendición adquirida con el precio del sacrificio. Bendición, en ese contexto, significa que Dios protege la vida y la hace perdurar.
Detrás de todas estas ideas actúa la experiencia de que nuestra vida corre peligro, de que depende de fuerzas que nos la brindan, la dirigen y la determinan. Esa experiencia de la dependencia está al origen del sentimiento religioso.
Una segunda experiencia, que se suma y se sobrepone a la primera a veces hasta anularla, es la experiencia de la relación humana donde, en la medida en que renunciamos a lo propio para dárselo a otro, nos encontramos en la expectativa de una contrapartida, con la exigencia incluso de recibir algo a cambio. Cuando al sacrificio se suma esta exigencia, está la dependencia hacia Dios no sólo reconocida sino también suspendida. Con el sacrificio, cojo nuevamente las riendas de mi vida y transformo a Dios en un servidor.
Detrás del sacrificio y de las ideas asociadas a ello, está la imagen de un Dios comparable a los hombres. Se le atribuye sentimientos y necesidades parecidas a las nuestras. Por cierto, los sacrificios sólo tienen sentido si imaginamos a Dios igual a nosotros, sólo si creamos a Dios a nuestra imagen. Sin esas ideas en el trasfondo, los sacrificios pierden todo su sentido.
En ausencia de estas imágenes nuestras, no necesitamos reservar nada en especial a Dios, ningún lugar sagrado, ningún templo, ninguna supuestamente sagrada casa de Dios. Sin estas imágenes, tampoco existen tiempos sagrados. Porque todo lo que es de este mundo, todo lo denominado mundano, está en manos de los poderes que nos llevan, igualmente cerca y lejos. Entonces, todo y todos están dedicados a Dios, pero sin sacrificio.
Frente a esas fuerzas, cualquier sacrificio es prepotente.
Cómo lograr las relaciones
La mayoría de los problemas son de relaciones. Nuestros problemas, casi siempre, tienen que ver con relaciones. El problema surge porque existen fuerzas actuando en la relación. Son movimientos de la consciencia que desembocan en dificultades. Aquí, distingo tres consciencias diferentes, las tres al servicio de la relación y al servicio del amor. Los problemas surgen cuando, dentro de una consciencia, se da una desviación del amor.
Alejamiento
Gracias a nuestra consciencia, percibimos rápidamente cómo nos debemos comportar para poder seguir en la pertenencia. Por ejemplo, si nos dirigimos a nuestro padre, nos comportamos de otra forma que cuando nos dirigimos a nuestra madre y si nos dirigimos a nuestra madre, lo hacemos distintamente que con el padre. Con la ayuda de nuestra consciencia, adaptamos en un santiamén nuestro comportamiento de modo a permanecer en sintonía con cada uno de ellos. Si acaso nos desviamos de ello, los padres se extrañan: “¿Qué te pasa, pues?” dicen. Como consecuencia, nos sentimos con mala consciencia y modificamos nuestro modo de ser, con el propósito de volver a sentirnos aceptados.
La culpa, en este caso, es vivida como un alejamiento del amor y por lo tanto, como un miedo a perder la pertenencia, arraigado en esta culpa. Al revés, al percibirnos seguros de nuestra participación al grupo, nos sentimos bien e inocentes y tenemos buena consciencia. La inocencia aquí significa: “Sé que estoy en el amor.” En el fondo, es muy sencillo.
No obstante, como hemos podido ver en el ejemplo del padre y de la madre, la consciencia cambia constantemente, en función de la gente y de los grupos a los que queremos o debemos pertenecer. Es decir que en cada grupo, el alejamiento del amor es diferente. Y por lo tanto, en cada grupo, los problemas cambian. En cada grupo nuestro amor se debe orientar de otra manera.
El vínculo
Nuestra consciencia está esencialmente al servicio de nuestro vínculo al grupo, por encima de todo al servicio del vínculo con nuestra familia, que representa el grupo más importante en términos de supervivencia. Por eso, lo hacemos todo por pertenecer a ese grupo en particular. Incluso, a veces, estamos dispuestos a morir para seguir en la pertenencia. En realidad, el vínculo a este grupo va más allá de la muerte e incluye aquellos que han muerto hace mucho ya. Ellos siguen en el grupo. Lo sentimos en nuestra consciencia y nos comportamos con el objetivo de permanecer vinculados a ellos.
Un ejemplo de eso son los perpetradores suicidas. Matan a otros y a ellos mismos para conseguir una mayor pertenencia en sus familias en las que, a pesar de su muerte, son admirados como héroes. Lo principal, en su caso, es pertenecer incluso después de morir.
El rechazo
En realidad, es todo muy sencillo, lo podemos comprender sin dificultad. Por otra parte, al sentirnos vinculados a nuestra familia nos sentimos separados de otros. Y para seguir en el vínculo con la familia, es frecuente que tengamos que rechazar a otros. ¿Por qué lo hacemos? Por amor a nuestro grupo. Aquí, la concepción del amor es muy estrecha y da nacimiento a problemas. Al descartar a otro, al alejarse del amor, los problemas surgen.
¿Cómo solucionarlos? Pues, reintegrando a los rechazados en nuestro amor.
Ayudar con amor
Si alguien se nos acerca y nos dice, supongamos, que tiene dificultades con su madre y que no la aguanta, ¿qué hace él? Rechaza a esta persona y la excluye de su amor. Esto es un problema.
Si le hacemos caso y le pedimos que nos cuente más acerca de su madre, talvez acabamos también rechazándola y nos encaramos con el mismo problema que él, por desdeñar a alguien, por apartarnos del amor a otro. ¿Qué podemos hacer luego? ¿Podemos ayudarle a resolver su problema?
¿Qué importa más aquí?
En primer lugar, que renunciemos a alejarnos del amor. Por ejemplo, dándole a su madre un lugar en nuestro corazón. Él lo notará en seguida. Sentirá que tomo a su madre en mi corazón.
A continuación, intento traerlos lentamente a encontrarse de nuevo. Yo me quedo en el amor y él accede al amor.
La exclusión y sus efectos
La causa común de muchos problemas son las personas rechazadas o excluidas a las que no se mira. Casi siempre están en el origen del problema. Pero es frecuente que no sólo el individuo que padece el problema sino que su familia también excluye a alguien. Es cierto que a veces la exclusión es una decisión personal, pero en la mayoría de los casos, la ha decidido otro miembro familiar y no se sabe más quién fue ni quién es la víctima. Entonces, el excluido se apodera de uno u otro y lo utiliza para obtener su reintegración.
¿Cómo acontece esta “toma de poder” sobre alguien? Pues, en muchos casos, a través de una enfermedad. ¿Cuál es nuestra actitud, cuando estamos enfermos? Nos queremos deshacer de la enfermedad. Un impulso de exclusión frente a ella se manifiesta en nosotros, recordando la expulsión de un individuo. Por lo tanto, ayudamos al enfermo si vamos con él en busca de alguien rechazado por él mismo o por otros en su familia. Al encontrar a esta persona y al aceptarla de nuevo en el seno familiar, se da un increíble efecto sanador. El movimiento fundamental de la sanación está al opuesto de lo que creemos: en lugar de deshacernos de algo, lo aceptamos y lo integramos. Es el retorno, si lo entendemos. Si los terapeutas supieran el buen efecto de esta acción, podrían ayudar con mayor eficiencia.
Ejercicio: el amor infinito
Cerrad los ojos e imaginad a alguien que os pide ayuda y que os necesita. Lo imaginad, junto a todos los que se relacionan con él y con los que, talvez, tiene problemas. Entonces vemos que ninguno de ellos pudo ser de otra forma que lo que es, que ninguno pudo actuar de otra manera. Al mismo tiempo, vemos que, así como son, están amados y escogidos para un servicio noble. Nos vemos entonces con ellos, en el mismo nivel. Miramos a todos con respecto y benevolencia y permanecemos reservados. Más que todo, contenemos nuestra curiosidad porque aquí se da algo mucho más grande. E inmediatamente sentimos el efecto en nuestra alma, cuánto más maduros nos encontramos, más llenos de amor, más humanos y en armonía con nosotros mismos.
Respuestas
El conocimiento
Dijiste una vez lo siguiente: la percepción es lo importante en este trabajo. Todo lo demás sigue cuando consigo percibir. Hoy hablaste del topo y de la hormiga y has mencionado que ellos también poseen una percepción, distinta de la nuestra. Esta percepción corresponde a un campo determinado y por lo tanto, es limitada. ¿Podrías comentar algo más sobre la diferencia de percepción?
A nivel del espíritu, no hay más percepción. A nivel del espíritu hay el conocimiento. La percepción es más patente y tiene su ámbito, claro. Pero sin embargo, confiar sólo en la percepción es insuficiente. De allí, nos vamos al nivel del conocimiento.
Haré un comentario con respecto al conocimiento. El conocimiento es nuevo, no se manifestó antes. Es importante hacer la diferencia. ¿Cómo llegamos a un nuevo conocimiento? Si quiero saber más acerca de algo que ya existe, pues no es nuevo. Lo nuevo es creador, inédito en el pasado. Llegamos a este conocimiento cuando nos hallamos en sintonía con un movimiento del espíritu, un movimiento de creación. En este movimiento, nos abrimos a lo que viene, sin conocerlo de antemano. Y de repente, viene el conocimiento. Es lo que acontece, por ejemplo, cuando me surgen esas frases. Ellas son conocimientos y no percepciones. Son un conocimiento repentino, que desencadena algo. Los conocimientos tienen un efecto por si mismo. Acontecen y actúan. Ésta es la diferencia con la percepción.
La promesa
Tengo una pregunta con respecto a la promesa, a su modo de atarnos y a la manera de librarnos de ella, según las circunstancias.
Hellinger: ¿Me puedes dar un ejemplo?
Antes de venir aquí, mi madre me dijo varias veces por teléfono: Cuida por favor que no te vuelvas demasiada lista. Después de escucharla un par de veces - sin reaccionar – le respondí con ligereza: Sí ya me las arreglaré para impedirlo.
Risas en el grupo.
Hellinger: ¡Qué lindo doble sentido! Se nota que el espíritu te vino al rescate.
No lo entiendo.
Hellinger: El grupo ha entendido. Que te lo expliquen luego.
Os diré algo acerca de la promesa.
No cualquiera se merece una promesa. Pero, si a pesar de todo, este alguien me la exige, se la doy pues. Y luego, hago lo que es justo.
La persona que pide una promesa no la merece. Pero se la doy. Entonces ella está contenta y yo me encuentro libre.
Me acuerdo de una anécdota, que aconteció en Los Ángeles en el Instituto de Terapia Primal de Janov. Me llamaron al despacho antes de que comenzara mi trabajo allí. Me presentaron un contrato de diez páginas, con todas las condiciones, el porcentaje de mis ganancias que tendría que pagarle a Janov, etc.…No lo miré atentamente. Pero lo firmé enseguida. Así obtuve mi paz.
Otros colaboradores dijeron que no podían aceptar eso y se rebelaron. Entonces, Janov se vengó con ellos. Conmigo no pasó nada puesto que yo había firmado.
Posiblemente, mi comportamiento parece inmoral. ¿O talvez, estoy más bien en el amor?
Pues bien, estas son cosas sencillas. Pero ¿qué acontece cuando alguien ha hecho una promesa a Dios? Aquí está la verdadera pregunta. Muchos niños le prometen algo a Dios. Casi siempre, es la promesa de coartarse. Los votos, por ejemplo, son promesas. No pueden existir votos frente a Dios. ¡No puedo, con una promesa a Dios, obligarle a hacerme un favor!
Lo mismo es válido para una promesa de matrimonio. Una promesa de matrimonio es algo serio, por supuesto. Pero nadie tiene el derecho a decir más tarde, si algo sale mal:”Pero me lo habías prometido…” y reclamar. No puede haber quejas con respecto a esas promesas. Si a pesar de todo uno lo hace, es que ya ha perdido al otro.
Esto es el contexto más amplio en que debemos considerar la promesa. Mirad por ejemplo lo que cuesta la fidelidad a la bandera, ¡cuantas vidas se ha llevado!
Me encontraba hace poco en Buenos Aires. En la bahía está hundida, desde la última guerra, la fragata blindada Conde Spee. Después de la tragedia, el capitán del barco se encontró en tierra, tendió la bandera de guerra del Reich en el suelo, se tumbó en ella y se pegó un tiro. Algo loco. Él temía volver a su país y pasar por cobarde por haber sobrevivido.
Así pues, la promesa tiene un peso. Distanciarse de ella implica lo siguiente: uno abandona el grupo que fomenta el sentido del honor. Todo lo que tiene que ver con el sentido del honor conlleva algo loco en sí. “Para la gloria de…” es siempre una locura.
Sin embargo, se puede acceder a un nivel más elevado y decir: “Soy fiel a la vida, tal como es”, esto hace una gran diferencia. También se puede decir: “Soy fiel al amor”.
El intercambio
¿Como empieza una conversación?
Con silencio y luego, con escuchar, con escuchar mutuamente. Entonces, es posible un intercambio en la conversación. ¿Qué enriquece una conversación? El uno cuenta de una experiencia propia, una experiencia que le ha traído algo y permite que el otro participe de ella durante la conversación. Por eso, el otro no responde con prisas. Deja que la experiencia de su compañero actúe en él y la compara con su propia experiencia, talvez semejante, quizá con algo más. Se lo dice al otro. El otro también permite que actúe en el, esto pone algo en movimiento en su foro interno. Lo comenta con el otro. Esto es un dialogo, gracias al cual cada uno sale enriquecido. Es cierto, hablan de si mismo, pero de un modo recogido, hablan de tal forma que el otro tiene la oportunidad de hacer una experiencia. Es un hermoso intercambio.
El que se derrama en palabras hacia el otro, no escucha. Es incapaz de escuchar y por lo tanto queda aislado, perdiendo eso que busca.
Hablar demasiado
¿Acaso tiene algo que ver la necesidad de hablar de si mismo con otros con la búsqueda de la propia madre?
El que esta centrado se queda consigo y habla poco. Algunos de los que hablan mucho vienen de una situación en la cual se han sentido abandonados. Detrás de sus muchas palabras está el pedido: « Mírame » o « Escúchame » o « Ámame ».
Pero el hablar mucho provoca lo contrario. El que ahoga a los demás con lo suyo, se queda solo. Para el interlocutor, es excesivo.
El espacio intermedio
¿Existe la posibilidad de abrirse, cuando uno participa en un dialogo justo?
En cierta forma, sí. Cada uno avanza un paso más allá de sus límites. Pero no se invaden mutuamente. Se encuentran en un espacio entre dos, un espacio común entre los dos.
Poseemos una divisoria doble. La primera es la frontera de la piel. Nadie tiene permiso para violarla, sería muy grave. Y además, existe un espacio común en una relación. La relación se ubica en el espacio común y este espacio tiene su frontera. No cualquiera puede penetrar allí.
Existe en una familia un espacio protegido propio de la familia y aun más protegido es el espacio de la pareja. No obstante, es posible ampliar aquellos espacios, permitiendo a ciertas personas su acceso. Por ejemplo, en el matrimonio, la familia del hombre y la de la mujer se reúnen en este espacio, haciéndolo un tanto más grande.
A nivel del espíritu se consigue alcanzar más lejos que este ámbito. No es el caso en la relación directa, ésta queda limitada, salvo en el respecto hacia otros. Las culturas ajenas por ejemplo, agrandan el espacio, sin necesariamente tener que encontrarse en concreto con la nuestra, pero no obstante siendo presentes. Es difícil demarcarlo con claridad, es mejor no hacerlo, pero sentimos igual donde están los limites.
La curiosidad
¿Cuándo es la curiosidad útil y cuando puede resultar dañina?
Pues, la curiosidad nos permite conquistar el mundo. Detrás de ella actúa un afán de conocimiento. Cada vez que buscamos la expansión, nos mueve la curiosidad. Queremos conocer algo nuevo. Es un impulso muy importante en los niños, que les incentiva a hacer preguntas de todo tipo.
Pero la curiosidad es totalmente distinta si con ella me inmiscuyo en los asuntos de otro. Entonces, lastimo su esfera íntima y gano poder sobre él. Esta curiosidad está en contra de la vida. El respeto hacia otro exige que no busque forzar su frontera y que me quede conmigo.
Lo percibo desde el sentir: en qué medida lo que uno dice o pregunta sirve la vida y la evolución, en qué medida es adecuado o se opone al amor.
Aquí tenéis un ejemplo. Cuando un hombre le dice a su mujer: « ¿Qué pasó en tus relaciones anteriores? », ¡esto perjudica el amor! Incluso cuando él le cuenta de sus relaciones pasadas, lastima el amor. Hay asuntos que deben permanecer con uno mismo.
Lo privado es, si lo miramos bien, algo divino. Tiene que ver conmigo y el espíritu, con el movimiento que el espíritu impulsa dentro de mí. En realidad, sólo he mencionado aquí algo acerca del amor, acerca de uno de los órdenes del amor.
El equilibrio
Quisiera saber como alcanzar el equilibrio.
Tu pregunta es: ¿como llegar a un equilibrio? Aquí por supuesto, se comprende el equilibrio en un sentido más amplio. Bueno, cierra los ojos y abre ambas manos, un poco más alto. En una de las manos tienes a tu madre, en la otra a tu padre. Sientes donde está el peso más grande, en la una o la otra mano. Luego las equilibras hasta sentir que están iguales de peso, hasta alcanzar el equilibrio.
Después de un rato: Ahora, les dices a las dos: Si.
Después de un rato: Y a las dos, les dices: Gracias.
Fumar
¿Que hay detrás del fumar? ¿Cual es tu experiencia?
Es una pregunta sencilla. ¿Lo debo decir, realmente? ¿Lo aguantaran los fumadores, si lo digo? Los que no lo quieren escuchar, pueden salir de la sala.
Es algo muy sencillo. Bueno, quien fuma, quien bebe, quien come demasiado, quien se vuelve adicto. Siempre es la misma situación de base: a estos, les falta alguien. El cigarrillo, la bebida, el comer mucho, lo que sea, es un sustituto para aquel que falta. Cuando encontramos lo que nos hace falta, nos olvidamos del sustituto.
Pero esto va ligado a cierta dificultad. Si te lo digo, tienes que decidirte a aguantarlo durante cuatro semanas. Lo que te propongo ahora está conectado al placer. No es una renuncia, más bien tiene que ver con un placer profundo.
¿Aun me pueden escuchar? ¿Lo quieren saber de verdad?
Bueno, pues lo diré. Pero los fumadores tienen que prometerme que lo aguantarán durante cuatro semanas, aguantarlo con todo el placer durante cuatro semanas.
Os explico: el fumador enciende su cigarrillo, aspira con gusto una profunda bocanada y dice a la vez: ahora te tomo en mi corazón.
No es una renuncia, al contrario, uno fuma con mayor placer. Nadie dice: tienes que dejar de fumar.
Bueno. También hay fumadores inveterados. Con ellos hay que usar métodos más radicales. No sé como es aquí, en México. Pero en la Unión Europea, en cada paquete de cigarrillos esta inscrito: fumar es mortal. ¿Aquí también? Pues, en todo el mundo está aceptado que fumar mata. Con respecto al fumador inveterado, hago una propuesta. Él toma un cigarrillo de su cajita, mira la etiqueta, mira el cigarrillo y dice: Muerte, te venceré.
Ayudar a los padres ancianos
Se trata del asunto de la ayuda. ¿Hasta que punto pueden ayudar los hijos a sus padres, sobre todo cuando se trata de casos graves o de fase terminal?
Una familia en la cual todos se ayudan, así como los padres nos han ayudado, siempre disponibles, es la ayuda al servicio de la vida. Es algo noble. Cuando los padres son mayores o enfermos, se encuentran a veces desamparados, igual que niños. Entonces, los hijos dicen: « Ahora os ayudaremos, de la forma en que lo necesitéis, estaremos disponibles para vosotros ». Es grande.
Pero muchos hijos tienen miedo de ayudar a sus padres. Esto tiene que ver con que los hijos no ven realmente a sus padres y los padres no ven realmente a sus hijos. He visto un día una película. Estaba el violinista Yehudi Menuhin sentado junto a su madre anciana. Ella lo trataba como si fuera un niño de cinco anos. Era molesto presenciar eso. Él también, frente a ella, se comportaba como un niño de cinco anos. Así era, no por maldad.
Cuando los padres miran a sus hijos, lo que ven son niños de cinco anos, a pesar de que sean adultos. Se nota esto por ejemplo, en los consejos que les dan. Y cuando estos hijos se encuentran frente a sus padres, se sienten como niños.
A la hora de necesitar cuidados, los padres a menudo tratan a sus hijos como chiquillos, como si nada hubiera cambiado entretanto. Y los hijos también se sienten infantiles. Entonces temen comprometerse al cuidado de sus padres porque no se sienten maduros para aquello.
Existe una frase que se puede decir a los padres cuando nos confrontan a esta necesidad. Primero la pronunciamos internamente. « Querida madre, querido padre, en cuanto me necesitéis, estaré a vuestra disposición y haré todo lo posible por vosotros – de la manera justa ».
Esto es la diferencia. Esto da fuerza a los hijos para hacer lo justo y trazar un límite a los padres.
El próximo hombre
Soy una viuda sin hombre.
¿Desde cuando?
Hace unos diez anos.
¡Te voy a decir algo provocador! Una mujer que queda viuda tanto tiempo, sigue enojada con su marido.
La mujer asiente.
Algo me ha impresionado. Existe un libro póstumo de Sigmund Freud, publicado años después de su muerte, en el cual analiza el caso del presidente americano Wilson.
Describe su situación de viudo, después de la muerte de su mujer. Y como se volvió a casar al año. Luego, Freud interpreta lo que esto significa. El casarse un año después demuestra que Wilson había amado mucho a su primera esposa.
Recuerda pues, el amor por tu marido. Recuerda su amor por ti. Esto fue un gran amor.
Y ahora, abre los ojos en busca del siguiente.
Sólo el amor tiene futuro
Alguien contó que había oído a dos personas comentando lo siguiente: ¿Como habría reaccionado Jesús si, al dirigirse a un enfermo diciéndole « levántate, camina y vete a casa », el enfermo le hubiera contestado « no quiero »?
El primero sugirió que, para empezar, Jesús se habría callado para luego girarse hacia sus discípulos y comentarles « Aquél le da mas honra a Dios que yo ».
A veces recuerdo esta historia, cuando me doy cuenta que no me resulta siempre fácil cuando alguien me pida ayuda. Ignoro si estoy en armonía con el, no se si tengo permiso para ayudarle o si una fuerza de otra envergadura desea otra cosa para él de lo que yo me imagino. Si lo dejo sin más, ¿es eso amor? Pues, es otro amor. Hoy os hablaré de este otro amor.
Amor y vida
Os saludo a todos en esta velada, con el tema siguiente: « Sólo el amor tiene futuro ». La pregunta es:¿qué amor? Y ¿qué es el amor, en realidad?
El amor es vida y la vida es amor. Vivir significa estar en relaciones duraderas. Nacemos de una relación de amor, la de nuestros padres. Este amor está al principio de nuestra vida.
Luego, crecemos y nos desarrollamos en relaciones, todas relaciones de amor. Cuando tenemos problemas, ¿cual es la causa de nuestros problemas? Casi siempre es una relación. Casi siempre es un problema de amor.
Pero todos hemos hecho la experiencia de que no todo amor tiene futuro. Entonces, ¿cual de ellos lo tiene? Existe un bonito poema de Rilke, que introduce su libro de horas.
- Vivo mi vida en círculos crecientes
- que van ampliándose a pesar de los eventos..
- Talvez no consiga llevar el último a cabo
- pero sí, intentar lo quiero.
El crecer en círculos crecientes es, para Rilke, circular en torno a Dios, en torno al más profundo conocimiento de Dios. Es un circundar con amor. También podríamos ponerlo así:
- Vivo mi vida en círculos crecientes
-
que van ampliándose a pesar de los eventos.
-
Talvez no consiga llevar el último a cabo, aquel amor
-
que abarca todo en su corazón sin discriminar,
-
pero sí, intentar lo quiero.
El primer círculo del amor: tomar con amor
¿Qué significa para nosotros el primer círculo del amor? Pues, representa aquel amor que nos ha hecho nacer, el amor de nuestros padres antes de nuestra concepción, antes de nuestro nacimiento. Es un amor del cual sólo tomamos. Los padres dan con amor y nosotros lo tomamos todo.
Haré una meditación con vosotros, a modo de ejercicio.
Podéis cerrar los ojos, si os apetece.
Nos imaginamos a nuestros padres como una pareja de enamorados. Nos imaginamos cómo se encontraron, con amor. Cómo nos concibieron, con amor. Luego nuestra madre quedó embarazada.
Los padres se preocuparon, ansiosos por nuestro bienestar. Y durante nueve meses se alegraron. Antes mismo de que hayamos percibido la luz del mundo, nos cobijaron continuamente en sus pensamientos. Nuestra madre nos sintió, dedicada a nuestro ser con amor, con esperanza, talvez incluso con angustia ante el parto.
Luego nacimos. Entramos en el espacio del mundo y nuestros padres nos vieron. Se miraron a los ojos, luego a nosotros y dijeron: « nuestro hijo ». Y nos aceptaron como tal.
Así fue cómo se transformaron en nuestros padres y nosotros en su hijo. buscaron un nombre para darnos y nos brindaron el suyo.
Ahora, les miramos con amor, así como ellos nos miraron con amor. Aceptamos la vida de ellos con todo lo que esto incluye. La tomamos al precio completo, al precio que les costó y que nos cuesta. Les decimos « sí » y « gracias ».
Observamos y sentimos lo que esto provoca en nuestra alma, lo que esto provoca cuando los aceptamos simplemente como son.
A través de ellos, aceptamos también un destino determinado, porque ellos también tienen padres que a su vez tienen padres. La vida ha fluido por todas estas generaciones, hasta alcanzarnos a nosotros. Ninguno de ellos pudo agregarle algo a la vida. Ninguno pudo quitarle algo a la vida. Todos lo hicieron bien. En el tomar y dar la vida, todos fueron perfectos. Todos fueron buenos.
Abrimos nuestro corazón a esta vida que nos llega, gracias a estos padres. Sentimos el amor, el suyo y el nuestro. Esto es el comienzo del amor, el primer circulo del amor.
Errores de los padres
Algunos querrán comentar que los padres también tienen sus defectos. Que no lo han hecho todo bien. Que habrían también podido y debido ser de otra forma. En el momento en que pensamos esto, perdemos a nuestros padres. El amor que existe a raíz de nuestra existencia, que la ha hecho posible y que la ha llevado adelante ya no puede fluir.
Únicamente aquel amor que ve a los padres tal como son y consiente a ellos tal como son, que acepta la vida así como ha fluido de ellos hacia nosotros, sólo aquel amor puede crecer.
De lo contrario, nos quedamos discapacitados en el amor, sin posibilidad de progresar en él.
Querida madre
Hace un tiempo, le escribí a mi madre una carta, en el pensamiento. Hacía tiempo que había muerto.
La miré con amor y le dije:
Querida madre,
Eres una mujer corriente, como miles de otras mujeres. Te quiero como una mujer corriente. Y como una mujer corriente, has hecho errores, muchos errores. Tus errores me han hecho así como soy en el día de hoy, porque los he aceptado y porque te quiero con todos tus errores. ¿Qué sería yo sin tus errores? ¿Qué pobre infeliz sería, sin fuerzas? Te quiero así como eras, una mujer corriente. De esta manera, te tomo en mi corazón. Así te quiero. Eres la correcta para mí. Ahora te ofrezco algo, algo muy particular. Me desprendo de mis expectativas hacia ti, las que van más allá de lo que se puede exigir de una mujer corriente. He recibido todo lo que necesitaba y está bien para mí. Tú puedes ser la que eres, simplemente.
Yo también puedo ser el que soy, tal como soy. También soy corriente, igual que tú. De esta forma estamos tú y yo unidos en el amor.
Lo imperfecto, una fuerza
Numerosos adultos se quejan de su madre o de su padre y sugieren que habrían tenido que ser distintos. ¿Qué ocurre en ellos entonces? Se viven desconectados del verdadero y profundo amor.
Lo notable es que estas personas tienen expectativas con respecto a los padres como sólo las podemos tener con respecto a Dios. Como si nuestra madre y nuestro padre debieran ser iguales a Dios: es decir perfectos. Pero ni siquiera Dios es perfecto.
¿Talvez me paso con lo que digo? Dios es imperfecto. La fuerza motora detrás de todo lo que se mueve es imperfecta. La fuerza creadora es imperfecta. Lo perfecto deja de ser creador. Hasta en Dios existe este movimiento, eternamente creciendo. Solo así me lo puedo imaginar. ¿Y tendrían que ser nuestros padres perfectos? Para mí, pueden ser como son, los acepto tal como son.
El segundo círculo del amor
Contemplo mi infancia y todo lo que he vivido durante aquel tiempo: lo bueno y lo difícil. Y asiento a todo lo que pasó, tal y como fue. Gracias a ello, pude crecer, por ser todo así como fue. Crecí gracias a que pude aceptarlo. Esto es el segundo círculo del amor: tomar, sencillamente tomar.
Con frecuencia, nos rebelamos contra nuestros padres, o talvez nos hacemos cargo de algo en su lugar, pensando que les debemos ayudar. Frente a ellos nos vemos como los grandes y en nuestro sentimiento y ante nuestra mirada les achicamos.
Quien se rebela ante sus padres, consigue rebelarse porque ellos le están continuamente dedicados. Sólo pueden rebelarse los que tienen un hogar. El “sin hogar” no puede rebelarse. La presunción que a veces se perfila en esta rebelión es, en el fondo, debilidad y mediocridad.
¡Pues no! ¡Quedémonos en nuestro lugar de hijos y tomemos de los padres todo lo que nos dan! Así logramos crecer en el segundo círculo del amor, hasta alcanzar el punto de sentir el impulso para dar más lejos lo que hemos recibido.
El tercer círculo del amor: dar con amor a la pareja y a los hijos
Entonces, nos separamos de los padres, pero colmados con todo lo que, con su amor, nos han brindado. Sólo entonces estamos capacitados para una relación de pareja y para relaciones en que se trata de dar y de tomar en la misma medida, relaciones basadas en un intercambio equivalente.
Cuando la pareja llega a tener hijos y a ser padres, logran dar más lejos lo que han recibido de sus propios padres. Son capaces de dar porque antes han tomado. Esto sería el tercer círculo del amor, el camino de crecimiento en el amor.
Haré un ejercicio con vosotros, podéis cerrar los ojos.
Mirad a vuestra pareja, a la que estáis vinculado o casado desde hace muchos anos, quizás. O quizá, estáis aún buscando una pareja, hombre o mujer, con la cual deseáis crear una familia. Imaginad lo que a menudo ocurre. Dos personas que se enamoran, potentemente atraidas, totalmente ciegos. Es una sensación hermosa. Ahora bien, ¿contribuyen al amor o esperan algo de él? ¿Están maduros para dar y tomar o están llevados por su enamoramiento a juntarse y, ¡ojala! más tarde a crecer y a ver al otro tal y como es? Con esto empieza el amor verdadero entre hombre y mujer, el amor « a segunda vista ». Pero observamos también que muchas relaciones de pareja fracasan. Una de las razones es que uno u otro en la pareja, o ambos, no han cruzado completamente los dos primeros círculos del amor, no han tomado todo de los padres.
A veces, a la mujer quejándose por no encontrar a un hombre, le digo esta frase provocadora: « Sin madre, no hay hombre ». La persona que no ha tomado a su madre sólo puede amar en la superficie, no consigue amar profundamente.
Ahora miremos a nuestra pareja y volvamos a nuestra infancia. Miramos a nuestros padres y lo que nos han dado a lo largo de los años. Les decimos « Gracias. Ahora tomo de vosotros todo lo que me habéis ofrecido, así como me lo habéis dado. Acepto todo, incluso lo difícil. Lo tomo todo en mi corazón. Todo lo que fue tiene la posibilidad de ser así como fue ». De repente sentimos cómo nos fortalecemos con esta aceptación.
Una vez tomado de los padres, miramos a nuestra pareja y percibimos el cambio que toma posesión de nosotros, realizamos cuánto mas capaces somos de amar. Con menos expectativas, menos ilusiones, pero los dos pies en la tierra y con la fuerza necesaria para lo que esta relación nos brinde a lo largo del tiempo, así como lo que nos exija. Habiendo tomado de ellos, podemos volcar hacia los hijos nacidos de nuestra pareja todo el amor que nos ha venido de nuestros padres. Si no tenemos hijos, volcamos este amor hacia algo que hacemos al servicio de la vida.
Las pruebas del amor
Alguien podría argumentar: « Todo esto suena muy ideal. ¿Pero que tiene que ver con la realidad? Mi mujer es así o asa, su familia es así o asa, etc. ». Pues sí, estas son las pruebas del amor. El amor profundo tiene que recorrer un camino, un sendero de purificación.
Tengo un amigo en Polonia, es psicoterapeuta. Me contó que juntó a jóvenes de muchas culturas distintas. A Judíos y a Palestinos, a Musulmanes y a Cristianos. Después de un tiempo, se llevaban muy bien. En el Caucaso, donde existen comunidades en conflicto, fue a buscar a jóvenes de diferentes pueblos. Ellos también, al cabo de poco tiempo, simpatizaron.
Le pregunté cómo había procedido para llevarlos hacia esta armonía. Me contestó que había sido muy fácil, había hecho con ellos un ejercicio. Y ahora lo hago con vosotros.
Meditación: el amor puro
Cerrad ahora los ojos. Imaginad que tenéis un nombre, vuestro nombre y vuestro apellido. Luego dejadlo de lado, abandonadlo... ¿Acaso falta algo? ¿Os sentís disminuido por eso? O, a lo mejor, este nombre resulta irrelevante frente a lo esencial.
Habéis también tenido éxito en vuestras vidas. Pues dejadlo de lado, y comprobad si algo le falta a lo esencial. Mirad luego vuestra religión o vuestro idioma, vuestros deseos y expectativas. Dejadlos de lado y comprobad si algo cambia por eso, si habéis perdido algo con eso.
Cuanto más soltamos aquí una cosa tras la otra, más se profundiza nuestra concentración en lo esencial, en el núcleo de nuestro ser. En aquel lugar, somos realmente « yo » y realmente presentes.
Recogidos de esta manera, recogidos en nuestro ser esencial, miramos a nuestra pareja. Hacemos lo mismo con respecto a ella. Desviamos la mirada de lo accidental, de lo que nos hace topar contra ella, un comportamiento quizá, o cualquier otra cosa. Lo soltamos todo, a su familia también, sea como sea, hasta conseguir percibirle en el núcleo de su ser, ahí donde está completo y presente.
De núcleo a núcleo, se da una relación totalmente otra y un amor de diferente índole.
¿Qué es pues, lo que impide este amor? Lo irrelevante, lo accidental. ¿Qué abre la puerta al amor profundo? Lo esencial. Llegar ahí necesita una purificación. Y ahí encontramos un amor puro.
En la pureza de este amor, todo lo que nos alegra encuentra su lugar. La alegría que surge de este núcleo del ser es la alegría perfecta, plena.
El cuarto circulo del amor: un amor que lo abarca todo
Quisiera ir con vosotros a otro nivel más del amor. Existe un cuarto círculo, totalmente distinto. Habitualmente, cuando amamos a alguien, algunos aspectos de él nos gustan. Otros aspectos no nos gustan y los rechazamos. Igual que para nosotros mismos, algunas partes de nosotros nos complacen e incluso las ostentamos. Otras partes nos molestan y las negamos, las reprimimos. Nos gustaría deshacernos de ellas. Sin embargo, somos completos únicamente cuando cada aspecto puede obtener su lugar. Para explicar esto, os leeré una pequeña historia. Mientras escucháis, podéis sacar alguna conclusión respecto a su significado.
La posada
Un hombre pasea por las calles de su tierra. Todo aquí le suena conocido y un sentimiento de seguridad le acompaña – así como una pizca de tristeza. Porque mucho le quedó ocultado y numerosas veces se topó con puertas cerradas. Estuvo tentado de dejar todo atrás y mudarse lejos, muy lejos de allí. Pero algo lo retuvo siempre con firmeza, como si estuviera luchando con algún desconocido, sin lograr soltarse antes de recibir su bendición. Así pues, se siente preso entre avanzar y retroceder, entre quedarse y marcharse.
Llega a un parque, se sienta en un banco, sintiendo el respaldo, respira profundamente y cierra los ojos. Deja estar su largo combate y abandonándose a la fuerza interior, siente descender la calma en él y afloja, como un junco en el viento, en sintonía con la diversidad, el amplio espacio, el largo tiempo.
Se ve a él mismo como una casa abierta. Cualquiera que lo desea puede entrar y el que entra trae algo, se queda un rato – y luego se marcha. En esa posada es un continuo entrar, traer, quedarse – y marcharse. El nuevo visitante trae consigo algo nuevo y con el tiempo se hace viejo. Y llega el momento en que se va.
A aquella posada llegan muchos desconocidos que eran olvidados o excluidos desde hace mucho. Ellos también traen algo, permanecen un momento – y se van. Cualquiera de ellos, al llegar, se encuentra con los que llegaron antes que él y los que llegan después de él. Ya que son muchos, todos deben compartir. El que tiene un lugar, conoce sus límites. El que quiere algo debe acomodarse con lo que hay. El que ha venido tiene la posibilidad de desarrollarse, mientras se queda. Pudo entrar porque otros se fueron y se marchará en cuanto otros lleguen. De esta forma, en aquella casa hay sitio y tiempo para todos.
Mientras la persona está ahí sentada, se siente como en su casa, en confianza con todos, los que vinieron y siguen viniendo, los que trajeron algo y aún traen algo, los que quedaron y aún están, los que ya se fueron y los que ahora se marchan. Esta persona percibe cómo lo incompleto de antes se siente ahora entero, percibe cómo la lucha llega a su término y cómo la despedida se vuelve posible. Espera aún el momento oportuno. Luego abre los ojos, hecha un vistazo al rededor, se incorpora – y se marcha.
Hellinger Sciencia
« Tú y yo, los dos» Un ejercicio para tartamudos
Hellinger, al grupo: Cerrad los ojos. Id hacia los miembros de vuestra familia, hacia cada uno de ellos, en cada generación. Id hacia cada uno: hacia los malos, los buenos, los perpetradores, las víctimas, los muertos prematuros, los exilados, los olvidados. Mirad a cada uno y decidle: tú y yo, los dos- tú y yo, los dos- tú y yo, los dos.
Largo silencio.
Sobre todo, decidle a la madre y al padre: tú y yo, los dos. Y a cada niño también: tú y yo, los dos.
Otro largo silencio.
Eso es un ejercicio importante para los tartamudos: ejercitar el decir « tú y yo, los dos ».
Largo silencio.
Está bien.
Reconciliación en el alma
Para mí, fue impactante descubrir que, en las anomalías del habla, se hace visible una situación sistémica. Es decir que, en una familia, se dan dos tendencias opuestas. Más precisamente, que tiene que ver con distintas personas que no logran encontrarse. Esta imposibilidad de encuentro se manifiesta en una anomalía del habla.
Quiero aclarar algo fundamental. ¿Cómo crecemos? ¿Cómo estamos guiados de la estrechez a la amplitud, de la limitación a la autonomía - hasta ser completo? El proceso de crecimiento se desarrolla de tal manera que absorbamos en nosotros de modo progresivo algo que anteriormente había quedado excluido y al que no habíamos dejado sitio, integrándole y concediéndole el lugar que le corresponde.
Así comienza, muy sencillamente.
Cerrad los ojos, haremos un ejercicio. Imaginad a vuestros padres, la madre y el padre. ¿Cual de ellos se encuentra más cerca, cual de ellos más lejos? ¿Cual de los dos es mejor aceptado, o menos? Entonces, coged aquel de los dos que está menos cerca y tomadlo plenamente no sólo en vuestra alma sino también en vuestro cuerpo. Y sentid lo que cambia. -Quedad ahí hasta que ambos, padre y madre estén igualmente aceptados, amados y reconocidos. Ambos de mismo valor, sin diferencia.
Damos un paso mas, mirad a la familia de la madre y a la del padre. ¿Cual de las dos está más cerca? ¿Cual de ellas más lejos? Ahora bien, acercad a la que se encuentra más alejada de vosotros hasta aceptarla completamente, amarla y reconocerla. Sin ningún juicio, más allá del bien y del mal.
Luego, sintamos lo que pasa en nuestra alma y miremos a lo que talvez no queremos ver. A lo que talvez deseamos apartar. A lo que no respetamos. Lo miramos y lo tomamos con amor en nuestra alma – con todo lo que conlleva, la culpa personal quizá, la enfermedad u otra dificultad - y le damos un lugar a todo.
Entonces quizás bajamos del cielo a la tierra y nos introducimos en el conjunto tal y como es, sin deseo de cambiar nada ni de tenerlo de otra forma, sino tal y como es. Así, nos reconciliamos con todo, en nuestra alma.
Ahora podéis mirar a vuestros clientes, sobre todo a aquel que tiene dificultades para hablar. Hacéis lo mismo para él. Tomáis en vuestra alma aquello que él rechaza, excluye y no quiere ver y consentís a ello. De modo que el proceso de integración que es necesario para él se cumpla primero en vuestra propia alma. Observáis luego cuanta más fuerza tenéis al encontraros con él. Tomáis a sus padres y a su familia dentro de vosotros, tanto los perpetradores como las víctimas de su familia, igualmente a todos y sin establecer juicios. Tomáis también su culpa, su destino tal y como es y os inclináis internamente ante él, asintiendo a todo. De este asentimiento surge la fuerza indispensable para brindarle la ayuda apropiada a su situación, a su familia y a su destino, con el debido respeto en el apoyo que se le ofrece.
Ejemplo: tartamudeo y esquizofrenia
La clienta, una mujer de edad, quiere decir algo y tartamudea.
Hellinger, al grupo: Tartamudea porque quiere alcanzar algo a toda costa.
A la mujer: Ponte primero a gusto al lado mío. Ella se ríe.
Al grupo: ¡Por Dios, que excitación! Ambos se echan a reír.
Hellinger, a la mujer: ¿Que edad tienes?
Clienta, tartamudea tanto que apenas se la entiende: Sesenta.
Hellinger: ¿Cuantos sesenta?
Cliente: con fuerte tartamudeo: Sólo un cero.
Hellinger: No te he entendido. Mírame amablemente a los ojos. ¿Qué edad tienes?
Cliente: sin tartamudeo: Sesenta.
Hellinger: Con amabilidad todo se hace mas leve. Pero detrás se esconde una angustia. - Mírame. Cuando miras, no necesitas tener miedo, ¿lo sabias? Ahora te escapas de nuevo con la mirada. Ella le mira.
Así, bien. Esto se llama felicidad. Ella le sigue mirando con amabilidad. Cierra los ojos.
Hellinger pone el brazo en sus hombros. Luego le coloca una mano sobre los ojos.
Al grupo, después de un rato: No está acostumbrada a esto.
La sigue sujetando. Un poco mas tarde, le coge el brazo y lo coloca al rededor de él mismo. A continuación, escoge una representante para su madre y lleva a la clienta frente a ella. Unos instantes mas tarde, se aproxima con la clienta unos pasos mas hacia la madre.
Hellinger: mas tarde: Dile a tu madre « Por favor ».
Cliente: Por favor.
Hellinger: más tarde: « ¡Soy tan pequeña aun! ».
Cliente: con fuerte tartamudeo: ¡Soy tan pequeña aun!
Hellinger la guía lentamente, más cerca de la madre.
Hellinger: a la representante de la madre: Quédate muy centrada. Quédate con lo que hay.
Luego, escoge una representante para la madre de la madre y la coloca detrás de ella.
Hellinger: sin prisas, a la madre: Dile a tu hija: « ¡Soy tan pequeña aun! ».
Madre: ¡Soy tan pequeña aun!
Hellinger la gira hacia su madre. La madre y su madre se miran mucho tiempo, sin tocarse. Hellinger coloca detrás de la madre de la madre a su madre (abuela de la madre).
Hellinger: a la madre de la madre: Dile a tu hija « ¡Soy tan pequeña aun! »
Madre de la madre: ¡Soy tan pequeña aun!
Hellinger gira a la madre de la madre hacia su propia madre. Luego escoge una representante para la bisabuela de la madre. La coloca detrás de la abuela de la madre y gira a esta hacia ella. Luego escoge una representante para la tatarabuela de la madre y gira a la bisabuela hacia ella. La tatarabuela se ve muy dura, con la mirada desviada al costado. Al cabo de un rato, la bisabuela de la madre se acerca a su madre. Las dos se abrazan. Hellinger las desprende la una de la otra y coloca a una persona tumbada de espaldas entre las dos. La bisabuela de la madre se agacha hacia la muerta y se tumba a su lado. Se abrazan.
Hellinger: a la clienta: Sigue tu movimiento, así como lo sientes.
La clienta va hacia la mujer muerta y la bisabuela de su madre. Las tres se abrazan con ternura.
Unos instantes más tarde, Hellinger les pide levantarse y colocarse en torno a la persona muerta. Sólo la tatarabuela y la clienta se mantienen a parte. La muerta mira a cada una de las que están.
Hellinger: a la tatarabuela de la madre: ¿Qué te pasa?
Tatarabuela: Me parece que......
Hellinger abre el círculo de las mujeres y pide a la muerta girarse hacia la tatarabuela. Obviamente, es una hija suya. La tatarabuela le coge las manos, pero la muerta aparta la vista y mira al suelo.
Hellinger: a la tatarabuela: Dile a la muerta « No me importas ».
Tatar.: No me importas.
La muerta deja caer la cabeza.
Hellinger: a la tatarabuela: Dile « No te deseo ».
Tatar.: No te deseo.
La muerta solloza.
Hellinger: a la tatarabuela: Aquí vemos lo que no quieres.
Hellinger lleva a la muerta hacia la clienta. Ésta la toma en brazos mientras sigue sollozando. Hellinger dispone a las madres en fila. Luego, desprende el abrazo de la clienta y la lleva frente a la tatarabuela. La clienta cierra los puños. Entonces, la tatarabuela cierra los ojos, se agarra del vientre, se arrodilla despacio y se inclina profundamente. La clienta la toca con amor. Hellinger pide a la muerta arrodillarse también al lado de la tatarabuela. La abraza con amor. La clienta las toca a las dos.
Cuando la muerta y su madre se abrazan, Hellinger lleva a la clienta frente a su madre.
Cliente: a la madre, tartamudeando: Te perdono lo que me has hecho, quiero hacer las paces contigo.
Hellinger la acerca aún más a su madre y las dos se abrazan. Las demás madres se acercan y forman un círculo a su alrededor. La tatarabuela de la muerta y su hija se quedan apartadas.
Hellinger: después de un rato: Bueno, lo dejamos aquí. Gracias a todas.
Explicaré ahora los pasos que me han llevado a este proceso.
La primera imagen era la siguiente: la clienta no tiene acceso a su madre. Al abrazarla, me he puesto en su situación, en su madre y en su padre. He sentido que la madre estaba ausente.
A la clienta: Así lo he percibido.
Cliente: sin tartamudear: Ella estaba internamente ausente. Aunque físicamente presente, estaba internamente ausente.
Hellinger: ¡Hablas muy bien!
Al grupo: Pues bien, sintiendo esto, pensé que iba a colocar madre e hija cara a cara. La representante de la madre se comportó primero como una terapeuta y la quiso ayudar. Pero esto lo falsifica todo. Le tuve que recordar de mantenerse recogida.
A esta representante: Luego lo has hecho bien.
Al grupo: Todo deseo de ayudar impide la ayuda. Es una agresión a los movimientos del alma. Estos ya no pueden mostrarse. Por eso, a veces es difícil para los terapeutas hacer de representantes. A no ser que estén ya educados y maduros en una actitud reservada.
A la representante de la tatarabuela de la madre: Lo has hecho muy bien. Se podía ver en ti la agresión de la última madre en la fila de los ancestros. Ahora se te ve muy distinta.
La representante asiente y ríe.
Luego, he visto que no venia ningún movimiento de la madre hacia su hija. Esto permite concluir que ha faltado también el movimiento entre la madre y su propia madre. Por eso he colocado a su madre detrás de ella. Entre ellas también había algo perturbado. Y así siguió, hasta llegar a la tatarabuela. Ella mostró claramente esta dureza subyacente en las otras. Además, apartaba la vista. Estos comportamientos en una fila de ancestros dan claramente a ver que hubo un crimen. No hay que engañarse.
Entonces he colocado a una víctima delante de ella. Se hizo patente que la clienta estaba atraída por esta muerta. Ella mostró lo que la tatarabuela de su madre le había negado a la víctima.
Luego he puesto a la clienta frente a esta antepasada. Cerró los puños. Esto indica que estaba doblemente identificada: con la víctima y con la perpetradora. En la esquizofrenia, se ve esta dinámica y aparentemente también en el tartamudeo.
Cuando la tatarabuela se agachó hacia la víctima, la clienta las tocó a las dos.
A la clienta: De repente, las dos encontraron un lugar en tu corazón. El antagonismo y el conflicto en ti entre la víctima y la perpetradora se acabaron. El amor hacia ambas pudo por fin fluir en ti. Te han hecho falta sesenta años para llegar a esto.
Cliente: con tartamudeo: Fue mi decisión determinada...
Hellinger: Mírame con amabilidad. Así, bien. Eres en realidad una persona muy amable. Mírame a los ojos.
Cliente: con tartamudeo: Estaba determinada a resolver este problema. Sin tartamudeo: Y aún si acontece en el último tercio de mi vida, lo quiero ver resuelto.
Risas y aplausos en el grupo.
Hellinger: Así es.
Al grupo: El parentesco entre esquizofrenia y tartamudeo se hizo obvio en esta constelación.
A la clienta: Después de esto, todas las madres te pudieron acoger con amor en su círculo.
Cliente: No conozco ningún caso de crimen en mi familia.
Hellinger: Claro que no. Esto paso hace cinco generaciones.
Cliente: Claro, de esto no sé nada.
Hellinger: Obviamente, no sabes nada. Pero en una constelación así, se hace luz.
Al grupo: Un crimen dentro del sistema, cuando alguien es matado por otro del mismo sistema, por ejemplo un hijo por su madre o una mujer por su marido, tiene efectos en muchas generaciones. Ya he visto efectos en la 13° generación.
A la clienta: Claro que no sabes nada de esto. Pero has percibido el sentimiento, la compasión. ¿No te pareció bonito?
Cliente: He tenido siempre la necesidad, por lo menos en los últimos anos, de acercarme a mi madre y demostrarle mi comprensión. Pero no era posible entenderme con ella.
Hellinger: Claro que no. Te has cargado con algo que un niño no debe tomar. Y por eso, están todos intrincados, todos los ancestros están intrincados – estaban. Ambos se ríen.
Bueno, dejo ahora que esto actúe en tu alma. Toma a la ancestra y a su víctima de igual manera en tu alma – con amor. Ambas de igual manera.
Cliente: Espero que, con tiempo, el tartamudeo se libere. Esto era mi objetivo.
Hellinger: Con el tiempo. Espera un poco más. Estas aún demasiado acostumbrada al tartamudeo. La otra manera de hablar es aún muy inhabitual.
Cliente: sin tartamudeo: Si, muy inhabitual.
Risas y aplausos en el grupo.
Hellinger: Así lo dejamos.
Anomalías del habla
El destino y el sufrimiento de los que padecen anomalías del habla han encontrado hasta ahora poca atención en el trabajo de constelaciones familiares. ¡Cuánto más pues, me ha alegrado recibir una invitación para un seminario de dos días con pacientes del habla y sus terapeutas! Hacia tiempo que deseaba encontrar respuestas a la pregunta de qué tipo de intrincaciones se disimulan detrás de este mal y qué soluciones existen para los pacientes. Mis expectativas con respecto a este seminario fueron mas que colmadas, puesto que se dio a ver que prácticamente todas las anomalías del habla son condicionadas por el sistema, entera o parcialmente.
Tartamudeo y esquizofrenia
Individualmente, se ha visto que, detrás de muchas anomalías del habla, se encuentran conflictos sin resolver en la familia, por ejemplo que alguna persona no tiene derecho ni a la pertenencia, ni a la palabra, por haber sido descartada u ocultada. O talvez, se da la situación de dos personas enfrentadas sin reconciliarse, un perpetrador y su victima. A consecuencia de esto, un descendiente representa a ambos simultáneamente y, por este motivo, no puede conceder la palabra a ninguna de ellas. Empieza entonces el tartamudeo.
Gracias a esto, se pudo ver que, con frecuencia, el tartamudeo tiene un trasfondo similar al de la esquizofrenia. Mientras que en la esquizofrenia el conflicto se revela en el trastorno mental, en el tartamudeo se ve afectado el habla. La solución pues para el tartamudeo es la misma que para un esquizofrénico. Las personas que se han quedado sin reconciliar están colocadas cara a cara hasta poder reconocerse y reconciliarse. Cuando se hace claro donde está el conflicto, los afectados actuales pueden soltarlo y liberarse de ello.
Tartamudear por miedo a una persona interiorizada
El tartamudeo, sin embargo, puede tener otras causas. Se puede observar frecuentemente que, antes de hablar, el tartamudo echa un vistazo a un lado. Esto significa que mira una imagen interna, es decir: a una persona interiorizada ante la cual se asusta y anta la cual empieza a tartamudear. Si en una constelación, el tartamudo puede encontrarse abiertamente con esta persona y honrarla hasta ser aceptado y amado por ella, entonces consigue mirarla a los ojos y expresarle con claridad lo que siente y lo que necesita de ella.
Tartamudear por un secreto en la familia
A veces, detrás del tartamudeo o de otras anomalías del habla, se oculta un secreto que quiere hacerse ver pero que causa angustia a la familia, como por ejemplo un hijo del que nunca se habla. Si en una constelación se abre el secreto y se lo mira, pues ya nada se opone al hablar normalmente. Es una causa frecuente de trastornos del habla en los niños, por la necesidad deseada u obligada de los padres de ocultar algo. Sólo si los padres consiguen hablar abiertamente de ello, tienen los hijos la posibilidad de soltar su problema.
Descargar el peso
Encaro estos problemas desde una perspectiva sistémica. Los veo incluidos en algo mayor. Entonces, se presentan las soluciones.
Tanto en psicoterapia como en las profesiones de ayuda, supongamos la logopedia, el terapeuta trabaja directamente con el cliente, sentándose frente a el. Y con esto se pierde de vista que el cliente es miembro de una familia. Cuando este campo inmenso queda excluido, se llega rápidamente a una frontera. Sin embargo, en cuanto se penetra este campo grande con el cliente, se presentan posibilidades totalmente nuevas. Solamente entonces, lo que el logopeda utiliza como ejercicios puede desplegar un efecto apropiado. El ejercicio es un paso importante hacia la solución. Pero es un elemento que debe integrarse en algo de mucho mayor alcance.
Gracias al procedimiento sistémico, todos se encuentran aliviados, más que todo el cliente, pero también el terapeuta.
Reconciliar los opuestos
Lo que pasa en constelaciones de personas con problemas del habla tiene un matiz de locura. Os diré algo acerca de la locura.
Alguien se vuelve loco cuando no puede unificar dos cosas. Habitualmente es así cuando dos personas se afrontan. El loco debe entenderse con las dos pero no lo puede porque estas dos personas están en conflicto. Entre ellas hay algo sin resolver, como por ejemplo entre un perpetrador y su victima. Cuando alguien representa a los dos, enloquece. Comúnmente se dice: es esquizofrénico.
En las anomalías del habla, es similar. Sobre todo en el tartamudeo, porque en el sujeto hay dos personas enfrentadas que quieren hablar al mismo tiempo. Una esta en contra de la otra, quiere decir algo pero no se le deja. Una persona quiere algo y la otra está en contra. Esto lleva al tartamudeo o a otra problemática del habla.
Habiendo trabajado en ello, me vino la imagen de que la anomalía del habla tiene algo loco y que se puede levantar el obstáculo cuando los que están confrontados en el alma de la persona son conducidos hacia una reconciliación. Entonces, las palabras se reconcilian también y aparecen como un todo, como algo unido.
Una condición previa es que en el ayudante acontezca también algo parecido. Él debe reunir en su alma a los que están en oposición.
Ayuda a los niños
Un niño pierde el habla
Hellinger, a una ayudante: ¿Cuál es tu asunto?
Ayudante: Se trata de un niño de cinco años que visiblemente está perdiendo el uso de la palabra.
Hellinger: ¿Cómo lo notas?
Ayudante: Quiere decir algo, empieza a tartamudear, se pone muy tenso luego sale corriendo y se esconde.
Hellinger: Bueno.
Visualizo al niño y también a su madre y a su padre y miro al secreto. Aquí hay un secreto. El secreto es un muerto. ¿Lo puedes percibir?
Ayudante: Hace poco, vi al padre. Tiene un miedo pánico, porque él también, de niño, perdió el habla. estuvo en un internado desde pequeño y no ha vuelto a hablar.
Hellinger: Esto remonta a muy lejos. Hay un perpetrador en la familia. El perpetrador tiene miedo de que su acto salga a la luz. Me abro ahora a aquello que pasó, a esa situación.
Después de un rato: Tengo unas palabras sencillas. ¿Trabajas con el niño solo?
Ayudante: Sí.
Hellinger: ¿Qué edad tiene?
Ayudante: Cinco años y medio.
Hellinger: Puedes imaginártelo, está sentado a tu lado. Le rodeas con un brazo, lo que posiblemente ya haces y ambos miráis hacia delante. Luego le haces repetir: Papá, nosotros dos.
Esto te ha llegado enseguida. He visto el buen efecto en ti.
Eso es para el niño. Luego trabajas con el padre y lo guías hacia el secreto que está detrás. Se trata con certeza de un crimen. Pero puede haber acontecido hace mucho tiempo, puede incluso que tenga que ver con la guerra, por ejemplo.
¿Lo puedo dejar allí?
La ayudante aprueba con la cabeza.
Respuestas
Asentir para vibrar en sintonía
Experimentamos nuestro propio ser a través de los sentimientos. O sea, me siento humano gracias a mis sentimientos, primariamente. ¿Verías un peligro en que, por tu filosofía, las exigencias por parte de la gente vayan aumentando y que, por consecuente, nosotros corramos el riesgo de apartar nuestros sentimientos por un tiempo, con la idea de volvernos más espirituales aunque no lo seamos aun?
Hellinger: Voy a abordar esto desde otro contexto. Cuando nos movemos o nos dejamos mover en el ámbito del espíritu, entramos en un estado de sintonía. Tú por ejemplo, asientes a ti mismo cuando entras en aquel ámbito. Y alcanzas una sintonía con otras personas, tu madre quizá, o cualquier otra. Así, asentimos.
La sintonía está en el espíritu pero se mueve algo en el alma. Y por lo tanto es percibida, sentida. Gracias a esta sintonía en el espíritu, alcanzo una vibración. Lo puedes comprobar.
Tomemos un ejemplo: el asentimiento a tu madre. Se crea una vibración de sintonía con tu madre y esta sintonía alcanza a tu madre en forma de vibración. El movimiento se origina en el espíritu, luego se propaga como vibración en el alma y el cuerpo y mas lejos, alcanzando al otro. Es decir que el otro también empieza a vibrar y te responde. Esta vibración te llega. ¿Me sigues?
Si, perfectamente.
Eso es un ejemplo fácil. Cualquiera lo puede comprobar. Abordemos algo más complejo ahora.
Imagina a alguien del que opinas: ¡uy, qué tipo! Pero a nivel del espíritu, entras en sintonía con él, tal y como es. Exactamente tal y como es. Te entregas a esta vibración, que luego le alcanza a él y él responde a su vez. En este intercambio de vibraciones se produce lo siguiente: un poco de ti se hace parte de él y, en su respuesta vibratoria, algo de él se hace tuyo.
Bueno, he tomado un camino indirecto. ¿He contestado tu pregunta?
Gracias, si.
Algo más. Claro, esto no tiene nada que ver con seguir mi sentimiento. A menudo el sentimiento esta fuera del blanco. En cambio, cuando el movimiento se inicia a nivel del espíritu y de ahí abarca el sentimiento, entonces éste se encuentra transformado de inmediato, espiritualizado.
Lo podemos comprobar incluso con alguien que viene a buscar nuestra ayuda. Tenemos a veces la sensación que aquello es demasiado para nosotros. Nos encontramos en una vibración extraña y la persona lo nota en seguida.
Pero si te acercas a ella con tu asentimiento a ella como es y no sólo a ella sino incluso a sus padres, a su situación, pues es un proceso espiritual. De pronto empiezas a vibrar y ella te sigue. Con eso, las puertas del éxito se te abren.
La nada
¿Puedes decir algo acerca de la nada ?Me obsesiona ese tema desde que oí la historia del mercader y del monje. Entiendo todo lo demás en ese cuento pero la nada me resulta inexplicable.
Hellinger: Es una pregunta difícil. Pero bueno. Se trata de la nada y hemos de diferenciarlo de lo nada.
Son dos nociones totalmente distintas.
Puedes observar con facilidad lo siguiente: Todo lo que es, está rodeado por algo que no es. Supongamos: tu saber está rodeado por un no-saber. El no-saber, tu no-saber, comparado con tu saber, es infinito. Eso vale para todos. Haré un ejercicio contigo y los demás, para que veáis lo que esto significa.
Imagina un objeto delante tuyo, cualquier cosa y de este objeto sabes todo, absolutamente todo. ¿Cómo te sientes respecto a ello? ¿Te sientes más grande o más pequeño?
Más pequeño.
Eso es, porque falta el no-saber. Es decir, la nada le da a lo que es, una plenitud. Si considero lo mismo en términos teológicos y pregunto a alguien: ¿crees en Dios?, esto significa: ¿crees en algo?, ¿crees entonces en algo grande o algo pequeño?
En algo pequeño.
Exactamente, porque todo lo que es, es pequeño. Lo esencial, que nos permanece oculto, eso está en la nada. Nuestro anhelo más profundo no se dirige hacia el existir, por más que sea la vida eterna, sino hacia la nada. En la nada, nos disolvemos en algo infinito. Sólo entonces, alcanzamos nuestra meta.
Me he alejado del tema. Lo voy a reducir ahora a un asunto más banal, algo habitual. ¿Estás casado?
Sí.
¡Me lo haces fácil! Cierra los ojos. Mira a tu mujer y a lo que sabes de ella, a lo que también intuyes de ella y te alegras por aquello. Por supuesto.
Ahora y al mismo tiempo, miras a su nada, aquello que no conoces y no intuyes. Y la miras también con tu nada, que ella no intuye y que tú tampoco puedes intuir.
Cuando la llames, dentro de un rato, serás distinto. ¿Está bien?
Sí.
Sabiduría en el camino
La serenidad
Sereno es aquel que puede soltar la preocupación o el tumulto del corazón al sufrir un insulto, una humillación o una calumnia. Sereno es también aquel que puede dejar atrás viejos sueños, exigencias del pasado y reproches remotos, liberando su corazón y brindándole sosiego, recogimiento y disposición para lo que ahora se perfila y se ofrece.
Sereno se encuentra aquel que perdona, permitiendo que lo pasado sea pasado, sin arrastrarlo al presente. Esta serenidad es fuerza sin emoción, una actitud de entrega recogida abierta hacia el instante presente y el futuro.
Manejar los pensamientos
Mujer: A veces, hay pensamientos que no quiero tener porque me temo que después se hagan realidad.
Hellinger: Es cierto. Si piensas en ello, eso mismo pasa.
Mujer: ¿Qué debo hacer, pues? ¿Dejar que pase?
Hellinger: lo puedes manejar. La pregunta es: ¿Cómo? En sintonía con un movimiento del espíritu.
Imagina que viene alguien hacia ti por la calle, talvez un tipo desagradable. Si piensas “ahí va un tipo desagradable”, él lo nota en seguida. Pero si piensas: “él también se mueve por ese espíritu. Me dirijo a él con la misma benevolencia que el espíritu”, él lo nota también. Entonces, has logrado mover algo con tu pensamiento. No por ti sola sino en sintonía con un movimiento del espíritu.
La rabia
Sólo los niños se enfurecen. Los adultos no, a no ser que se vuelvan niños de nuevo. Esa rabia proviene de una decepción. Un adulto actúa sin rabia pero con fuerza, creando orden con fuerza.
Depresión
¿Cómo actuamos con un depresivo? Mirando a sus padres y dejando que brille el sol sobre ellos.
Limites
Con respecto a los límites, existe una frase muy sencilla que podemos decir, cuando se presenta el caso: estoy aquí y tu ahí. Punto.