Revista independiente Hellinger
Diciembre 2008
Navidad
La gracia
La bondad
Frases para cada día
Sabiduría andando
Curiosidad y comprensión
Ayuda para vivir
La espera
Adicciones
Sobrepeso y fumar
La vida
Sabiduría en el camino
El conocimiento
Mística natural - conferencia y preguntas
Frases para meditar
El afán
Ir a lo esencial
Te tomo en mi corazón
Un eco dentro de ti
Hellinger Sciencia
Los límites de la consciencia
Navidad
La gracia
La gracia es vida. Todo lo que con la vida nos es brindado, es gracia. En ese sentido, nuestros padres son la primera gracia. Son una gracia siempre presente, que nos acompaña en toda nuestra vida. Una gracia que nunca nos deja.
La gracia es un regalo. No la ganamos ni tampoco la perdemos. En esto, es grande y asimismo, nos prueba que es un regalo de la vida sin “pero” ni “cuando”.
La pregunta es: ¿Somos capaces de aceptarla en su grandeza como un regalo que tomar? ¿Podemos acogerla con gratitud y amor y alegrarnos por ella a lo largo de nuestra vida? Y a la par ¿alegrarnos por todo lo que nos viene junto a ella, es decir por nuestros padres tal y como son? Y ¿podemos alegrarnos por los muchos otros que han hecho nuestra vida rica y plena?
¿Cómo respondemos de la mejor manera a esa gracia? Pues, logrando que los demás nos perciban al igual que una gracia, como un regalo del amor que de lejos surge y los alcanza a través de nosotros. La gracia es infinita.
¿Acaso puede existir un pecado o una culpa frente a esa gracia? En su presencia, se disuelven de inmediato y son integrados en el amor, que todo lo abarca magníficamente.
¿Y qué pasa con aquellos que, por nuestra culpa o pecado, sufren? ¿Acaso pueden caer fuera de la gracia? ¿Acaba la gracia ante ellos? ¿O talvez ella transforma, por más difíciles que sean, sus vivencias en algo preliminar que luego pueden dejar atrás?
La gracia, por ser divina, no tiene ni principio ni fin. Está simplemente presente, siempre presente, sea lo que encontremos en nuestro camino y lo que con nosotros acontezca. Esa gracia permanece.
La bondad
La bondad desea lo bueno a cualquiera. A nosotros también. La bondad permite que sea bueno algo, tal cual, aunque nos avergoncemos por ello, aunque los demás se avergüencen por ello.
Siendo bondadosos, nos volvemos tolerantes. Colocamos una mirada más indulgente sobre los demás y nosotros mismos. En otras palabras, lo que hubo tiene permiso para quedar en el pasado, sin aferrarse a la memoria y sin que, una y otra vez, se vuelva a remover ni a mencionar.
La bondad nos hace a todos disponibles para el amor ahora.
Frases para cada día
Diciembre
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La alegría es la respuesta.
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La alegría es movimiento.
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La alegría es íntima.
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La alegría invita.
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Alegría es vida.
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La alegría olvida.
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La alegría precisa de cercanía.
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La alegría hace pleno.
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La alegría comparte.
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La alegría festeja.
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La alegría es atenta
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La alegría busca.
Enero
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El que escucha con su corazón, entiende.
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La vida significa vivir ahora.
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La alegría es contagiosa.
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Sólo al caer en tierra el fruto maduro, libera lo que sirve para el futuro.
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La felicidad humilde permanece.
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Pensamientos buenos hacen feliz.
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El amor espera.
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Lo que madura no tiene prisas.
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Compasión quiere decir: soportar lo que el otro sufre.
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Sin esperanzas, lo tenemos todo.
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La ayuda es silenciosa.
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Progresar es inevitable.
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Se aprende a nadar en al agua.
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El alma es vasta.
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La cabeza altiva es cansina.
Sabiduría andando
Curiosidad y comprensión
Gracias a su curiosidad, el recién nacido conquista su mundo. Cuanto más curioso es, más sano y energético se encuentra.
Gracias a su curiosidad, el niño experimenta también sus límites. Así es cómo el niño quemado aprende por lo que le ha costado que la placa de la cocina arde. Sin embargo, quiere aprender, hacer experiencias propias. Se niega a que le expliquen todo y a que le impidan comprobar por si mismo. Sólo lo que, por curiosidad, vivenciamos, se integra en nosotros y está directamente accesible para nuevas tareas, sin que tengamos que reflexionarlo mucho.
Siendo curiosos, estamos ya poniendo mano a la obra. La curiosidad actúa detrás de cada investigación y, poco a poco, pone el mundo a su disposición.
Las comprensiones en cambio, son regaladas. De repente surgen, a menudo incidentalmente. Con ellas no alcanzamos ninguna frontera y tampoco nos podemos quemar los dedos. Ellas nos toman a su servicio. Por lo tanto, no las podemos conservar para nosotros, están para otros también. En cuanto nos apoderamos de ellas, pierden su fuerza. Más que todo, dejan de progresar. Porque las comprensiones son inacabadas y abiertas y avanzan sólo si, en nuestro interior, permanecemos también inacabados y abiertos.
Por eso, la comprensión se resiste a cualquier tentativa de absorción dentro de un sistema. Se escapa del curioso, dejándole que se queme los dedos contra ella porque, siendo un regalo, implica la espera paciente así como la humildad que reconoce los límites y los acepta. Con esto presente, puede que la comprensión se vierta en nosotros.
Ayuda para vivir
La espera
“¿Qué esperas?” decimos a veces a alguien que está vacilando.
Tal vez espera una intuición, tal vez un apoyo, y a menudo anhela el amor inspirador.
Casi siempre, lo que esperamos es el buen momento. A veces tarda. ¿Qué hacemos entretanto? Pues, nos centramos, y juntamos nuestras fuerzas para actuar en el buen momento, cuando finalmente llega.
En ese sentido, la espera es un tiempo de plenitud, dirigido hacia delante, siempre hacia delante hasta que aparezca lo que hace el actuar posible y necesario.
También ocurre que esperemos en vano. Esperamos algo que deseamos, sin que ello se pueda aproximar. Pero lo que se puede acercar, se acerca. Es cuestión de esperar.
Todo lo que tiene que venir viene, con o sin nuestro deseo. Viene porque no hay otra opción. Así es como llega nuestro fin, sin siquiera que tengamos que esperar. Con toda certeza, llega.
Entonces, ¿qué esperamos? Pues, más que todo, esperamos la felicidad. Esperamos su venida, pero tal vez ya está. Cuando esperamos la felicidad, es frecuente que se hace desear. Lo que ya hay, ¿por qué esperarlo? Lo que está muy lejos nos exige más paciencia. No sabemos cuándo llega. Pero lo que se halla cerca, ya está al alcance, incluso la felicidad cercana.
Inesperadamente aquí está, totalmente. ¿Cuándo? En cuanto lo amamos.
Más
Todo desarrollo está orientado hacia el “más”: más vida, más amor, más felicidad, más éxito, más posibilidades, más conocimiento y comprensiones. En el “más”, podemos ver un movimiento creativo a la obra. Siendo un movimiento de creación, sólo conoce el “más”. ¿Cómo podría ir menguando un impulso creativo?
Sin embargo, nos limitamos a nosotros mismos, en el servicio del “más”. En el proceso de juntar las fuerzas, desatendemos otras cosas y las dejamos atrás: el “más” entonces se vuelve” menos”. El “más” es en realidad distinto del “mucho”, es mucho más que el “mucho”. Es más de aquello que sirve la vida.
Por ejemplo, la disciplina es por una parte “menos” y por otra “más”, porque hace posible más. El recogimiento es también “más” y “menos”. Alcanza más porque es un menos, menos de los aspectos accesorios que reducen el avance en lugar de incentivarlo. Incluso en el amor, el menos es a veces “más”, menos expectativas y menos sueños. Y, claro, menos errores, menos engaño y menos desgaste son “más”.
El poder “menos” no es nunca un “más”, tampoco el saber “menos” o el comprender “menos”.
Pero sobretodo, algo se vuelve “menos” cuando hay exclusión. La ilusión que logramos recibir más y alcanzamos más cuando le quitamos algo a otro, nos lleva casi siempre a “menos” en vez de “más”.
El “más” es inclusivo, incluyendo cada vez más. Se enriquece y se completa gracias a lo otro. Este “más” reunifica en vez de separar, siendo un “más” de amor hacia todo tal y como es, hacia todo tal y como se mueve y se expande. En ese sentido, es necesario un “más” en la oposición, para llevar a todos hacia delante. En esta oposición se encuentra el conocimiento, y crece con ella. Por supuesto, sólo cuando esta oposición permite la inclusión y renuncia a la exclusión.
El movimiento hacia “más” se dirige a todo y a lo último. Aquí se transforma en un movimiento del espíritu que nos lleva hacia aquel espacio donde todo ya está incluido y que nos abarca. Aunque nosotros empezamos apenas a tomar consciencia de ello.
Para el espíritu que todo lo crea en acorde con su pensar amoroso, no existe ni “más” ni “menos”. Sólo hay el todo.
Nos quedamos abiertos a ese todo, en nuestro movimiento hacia “más”. Con ese todo presente a nuestra mirada, con todos, cada vez más presentes a todo, con amor.
Feliz
Ser feliz significa ser extenso. Al sentirnos feliz, nos estiramos, respiramos hondo y con más libertad. Cuando nos sentimos feliz, brillan nuestros ojos. Perciben mejor y con mayor amplitud lo que ante ellos se presenta y lo capturan para volcarlo en nuestro foro interno, donde se hace aún más vasto y más abundante.
Cuando estamos feliz, nos encontramos relacionados con lo mucho, y unido a ello. Cuando estamos feliz, nuestro yo baja sus fronteras, porque estamos en la felicidad con muchos otros.
Al ser felices, estamos más libres. Dejamos atrás lo del pasado, somos optimistas y miramos hacia el futuro.
A veces, disfrutamos los recuerdos en silencio, los recuerdos de una hermosa fiesta quizá, pero probablemente, más que todo, los recuerdos felices de nuestra infancia. En un momento de bajón, con sólo traer esos recuerdos a la superficie, se ilumina nuestro rostro.
¿Pueden esos recuerdos alejarnos de nuestra situación actual? O quizás, en el momento presente nos permiten conectar con la alegría y el buen humor nos impulsa a mirar hacia delante, hacia lo que hay ahora para estar feliz.
Sobretodo, se es feliz en el espíritu. Al ser feliz, nos sentimos parte integrante de un movimiento que nos alza hacia arriba y hacia lo lejos. Abandonamos en ello lo difícil de nuestra vida, lo que nos arrastra y nos retiene, lo dejamos atrás. Se trata ahí de un movimiento del espíritu.
Somos felices estando en ese movimiento, un movimiento potente, juntos con muchos otros. Como cuando bailamos. Felices, entramos en una vibración que contagia todas las fibras de nuestro cuerpo, haciéndolo cantar con nosotros.
Sobretodo, la gente feliz canta, canta al unísono, vibrando en una gran melodía, en un canto de los planetas, en un ritmo infinito, en el pulso de la vida, en el pulso de toda vida y de todo amor.
Adicciones
Sobrepeso y fumar
¿Puedes decirnos algo más acerca del sobrepeso?
Claro que lo puedo. Me pregunto si debo hacerlo. Ya he dicho algo al respecto a una persona en este curso.
Una persona come más de la cuenta cuando le hace falta alguien. Porque alguien falta, ella come. Es lo mismo con los fumadores. Al fumador, le falta alguien.
Por cierto, he desarrollado un método estándar para ayudar a los fumadores. ¿Lo queréis oír? Por una parte, es muy fácil y por otra, me pregunto cuántos lo aguantan.
Mi propuesta al fumador es: toma el cigarrillo, inhala una bocanada con placer y di: “Te tomo en mi corazón”. Eso es una intervención estándar para los que fuman. En cualquier caso, está vinculada con el placer.
Es la primera opción. Por otro lado, está la cajita de cigarrillos donde consta: Fumar mata. Cuando el fumador lo ve, coge un cigarrillo, lo mira y dice:” Muerte, te venceré”. Eso es también una opción. Cada vez que coge un cigarrillo, lo mira y dice:”Muerte, te venceré”.
Pero tu pregunta se dirigía a otra cosa.
Es cierto.
En casos de mujeres con sobrepeso, mi observación es: ellas comen a la madre que han rechazado.
La mujer asienta.
Por eso, el hecho de comer tiene aquí un matiz de agresividad. Ahora, te he dado la solución, muy sencilla. Pero te daré otra frase más. Cierra los ojos.
Miras a la madre y dices interiormente:” Tú en primer lugar”.
Después de un rato: ¿Cómo te sientes?
La mujer parece dudar.
Bueno, te sientas en la mesa, coges la cuchara, miras a la madre y dices:” Tú en primer lugar”. Eso es como un pequeño ritual. Es una opción, pero no parece haberte impresionado.
La mujer protesta.
No te ha hecho ningún efecto. Lo digo en serio. Puede ser que esto tenga que ver con otra cosa, algo completamente diferente. Habría que mirarlo con atención. De todos modos, te he dado unas pistas.
Te doy aún una indicación. A la hora de ir a la cama, te desvistes y te miras en el espejo con amor, luego dices:”Todo de mi madre”. ¿Sí?
Gracias.
Al grupo: Ahora le llegó.
La vida es permanente, aunque no nos parezca así, a nosotros personalmente. Porque lo que vemos es que la vida un día se acaba, para cada ser vivo.
Entonces, ¿de qué manera sigue la vida? Sigue pues, yendo más allá de cada ser existente. La vida permite que todo ser vivo surja de ella, pero ella en cambio no se deja agotar por ellos ni pierde su consistencia cuando estos se mueren.
¿Quién, entonces, vive en realidad la vida, en qué participan los que la viven? La vida es la creación más extraordinaria de un espíritu increado y pensante que, en un despliegue infinito de variaciones libera la vida de sí mismo y la mantiene en existencia de manera creativa.
¿Qué ocurre con los seres vivos, a la hora de su muerte? ¿Termina ahí su existencia o, de alguna manera, sigue más lejos? ¿Acaso se encuentran abarcados por ese movimiento de creación, en un más allá? ¿O tal vez, lo van acompañando simplemente, en otras formas, aún con él en ese movimiento? ¿Cuál es la diferencia que se instala entre ellos y los que aún están aquí como nuestros interlocutores? Porque en verdad, estos están aquí gracias a que aquellos estuvieron una vez aquí, aquellos que todavía están presentes en los que ahora viven.
¿Qué pasa con nosotros, cuando fallecemos? ¿Fallecemos o simplemente seguimos vivos en otro ámbito y de otra manera? Contemplado desde el cuerpo, ya es obvio pero ¿qué ocurre con nuestro espíritu después de la muerte? ¿Qué ocurre con nuestra consciencia? ¿Existe aquí también una transformación del individuo hacia lo más extenso? ¿Qué es lo que se transforma, en el espíritu y en la consciencia? Tal vez el espíritu empezó pequeño y fue creciendo, fue desarrollándose hasta alcanzar una meta en la que se detiene. Se detiene en tanto que nuestro cuerpo pero subsiste después diferente, recogido por algo que ya estaba antes que él y más allá de él, desde siempre. Algo que se hace cargo de reabsorber el espíritu, abrazándolo en su movimiento. Quizá es eso el proceso de transformación, que también afecta nuestro cuerpo al morir.
- O Vida, Vida, hermosa temporada
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Por luchas y paradojas enriquecida;
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Como senda sinuosa,
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A menudo ardua y dolorosa,
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Y repentinamente, las alas desplegadas
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Hasta más no poder, a un ángel parecida.
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O misteriosa, o nuestra Vida.
Aún hay algo para pensar. ¿Con qué otra discriminación está relacionada nuestra diferenciación entre vida y muerte? ¿Desaparece acaso aquella diferencia cuando la nuestra se esfuma?
Nuestro proceso interior frente a la distinción entre vida y muerte es idéntico al que existe en nosotros tratándose del bien y del mal. Pues, en nuestra representación de ello, el bien tiene un derecho a vivir y a quedar. En cambio, el mal debe desaparecer y morir. Al hacer una diferencia entre bien y mal, interferimos en el gran movimiento de la vida. Queremos que se borre algo que es parte de ella. Y por lo tanto, con esa actitud nos ubicamos ya en la muerte y morimos, aunque estemos aún en vida.
¿Qué ocurre en nuestras vidas, si renunciamos a esas diferencias? Pues, ella sigue su curso, en su plenitud y en sus transformaciones, y con toda creatividad.
Sabiduría en el camino
El conocimiento
- Lo que he discernido, ahora lo conozco
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Y me siento familiarizado con ello.
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Quedará conmigo, ya no lo puedo perder.
De mí, forma parte.
- El conocimiento difiere de la comprensión:
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El conocimiento se puede adquirir,
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La comprensión es regalada.
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Adquirimos el conocimiento y el discernimiento
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A través de la experiencia y de las lecturas,
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Pero sobretodo por nuestros logros y nuestras fallas
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A la hora de experimentar.
- El conocimiento es abundante, la comprensión es profunda.
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El conocimiento tiene que ver con el saber,
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Y se da bien con el actuar.
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En ese aspecto, el conocimiento está relacionado
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Con la comprensión. No obstante, el actuar desde la comprensión
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Se distingue del actuar desde el conocimiento.
- Actuar desde la comprensión nos permite crecer.
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Actuar desde el conocimiento nos lleva
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Más que todo hacia un éxito exterior.
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Sin embargo, el uno y la otra no se excluyen, al contrario.
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Quizás sean gemelas.
Conferencia del 05.09.2008 en Hamburgo
Me alegro poder estar aquí y compartir con Ustedes experiencias sobre el tema de la mística, una mística definida aquí como mística natural. Muchos relacionan la palabra "mística" con imágenes religiosas y concepciones específicas con respecto a Dios. Por lo tanto, vengo a hablarles de mística natural.
Estamos, para esta conferencia, en la casa Rudolf Steiner. Rudolf Steiner era un místico natural. Es decir: se encontraba sintonizado con un movimiento amplio por el que se dejaba guiar y del que le venían comprensiones que alcanzaban mucho más lejos de lo que se conocía y que hoy día aún actúan. Aunque fuera un místico, sin duda, no hablaba de teosofía y menos de teología, sino de antroposofía: la sabiduría del hombre. Porque en el hombre tal como es, se desvela lo sumo que el ser humano puede experimentar en lo más hondo de él mismo.
El primer Actor
¿Cómo llegué a esta primera imagen de la mística natural? Hace dos años, estuve muy enfermo. En aquellos días, leí un libro sobre Maestro Eckhart, pero no era un libro de misticismo. El autor era un filósofo y, en su obra, demostraba que Maestro Eckhart era esencialmente un filósofo y que sus experiencias místicas estaban relacionadas con comprensiones filosóficas. En la época en que él ejercía de magíster en Paris, se conocieron las primeras traducciones de Aristóteles, hechas por un tal Averroes, de origen árabe, que había escrito un largo comentario en árabe sobre la obra completa de Aristóteles, comentario luego traducido al latín y publicado. Todo esto figuraba en una sola página del libro sobre Maestro Eckart. Todo lo que Aristóteles había dicho estaba ahí, resumido en una página. Me resultó sobrecogedor.
Nos encontramos ahora en plena mística natural y quiero describirles los sucesivos pasos que han llevado desde el movimiento interior hasta la mística natural. Aristóteles observó que todo lo que existe se encuentra dentro de un movimiento. Él concluye que debe de existir una fuerza de la que todo movimiento es generado. Nombraba esta fuerza "el primer actor". ¿Pero que significa esto? ¿Qué mueve este actor? ¿Acaso existe algo antes que él, que él pueda mover? Y sobretodo, ¿cómo surge el movimiento de todo lo que existe? El movimiento es generado por el pensar de un espíritu. Aristóteles lo nombra "noûs". "Noûs" es más que nuestra palabra "espíritu", es a la vez inteligencia y espíritu, las dos cosas unidas.
Esta fuerza espiritual que todo lo mueve, debe ser una fuerza intelectual porque todo lo mueve de un modo inteligente en todos los aspectos y en relación con todo lo demás, de una forma coherente. Aristóteles concluye: este espíritu piensa y lo que piensa, es.
Todo lo que piensa, así como lo piensa y en la medida en que lo piensa, viene a existir, todo. No hay nada, dentro de lo que es y se mueve, que no sea pensado por esa fuerza espiritual.
Aplicación práctica
Bueno, lo que acabo de describir en el plano filosófico, lo aplico en mi trabajo. Por ejemplo, cuando trabajo con alguien que quiere solucionar problemas conmigo, coloco a unos representantes, sin mencionar de qué se trata. De repente, están cogidos por un movimiento irresistible. Cuando varios representantes se reúnen, las partes que estaban separadas encuentran cómo juntarse. Esto se da gracias a un movimiento del espíritu que anula la diferenciación entre bien y mal, entre pertenecer y no pertenecer, entre elegido y maldito.
Consecuencias
¿Qué nos dice eso? Nos dice, pues: todo está bien. Así como está, es como está pensado y deseado, sin diferencias. ¿Aun me pueden seguir? Esta fuerza espiritual se alza por encima, muy por encima de lo que intentamos captar con nuestras imágenes de Dios. Ella es la verdadera y auténtica fuerza creadora. Para ella no hay bien ni mal, correcto ni errado, no hay perpetrador ni víctima, no existe ninguna de las categorías en las que partimos nuestro mundo. Cuando nos movemos con ese movimiento, sintonizando con ello, se derrumban todas estas diferenciaciones. El entrar en este movimiento es un fenómeno natural, un proceso de conocimiento en el que esta certeza se toma en serio, en todos sus aspectos.
¿Qué es lo que entonces se acaba, cuando lo tomamos en serio? Toda religión, toda moral deja de ser. ¿Entienden ahora la magnitud de la mística natural y la manera como lo pone todo cabeza abajo?
El paraíso
Yo fui teólogo y en cierta forma lo sigo siendo, así como familiarizado con la Biblia. Ahora la miro con otros ojos. Puedo observar en filigrana a través de las imágenes que en ella se hilvanan y los procesos particulares que están descritos, porque no le tengo miedo a Dios. El Dios que asusta a muchos en realidad es un ídolo. Es uno entre muchos, de lo contrario no podría ser celoso. Es sólo el Dios de un grupo, no es un Dios para todos. De lo contrario, no podría haber algunos elegidos y otros descartados. Aquel Dios es la réplica de nuestra imagen interior del bien y del mal, hecho a nuestra imagen.
He vuelto a leer la historia del paraíso. He comprendido algo. Adán y Eva comieron del árbol del conocimiento, influenciados por la serpiente y como consecuencia fueron arrojados del paraíso. Se dice de qué conocimiento se trataba. Era el conocimiento del bien y del mal. ¿Acaso se trata de un conocimiento? Si lo comparan con lo que he dicho antes, ¿se puede concluir que esto es un conocimiento? ¿O más bien, es una apostasía del movimiento del espíritu, en que decidimos de repente quién es bueno y quién es malo? Y como última consecuencia, decidimos quién tiene derecho a vivir y quién no. El conocimiento, supuesto conocimiento del bien y del mal, es el comienzo de todos los crímenes. Y empezó muy pronto con Caín y Abel. Caín mató a su hermano Abel. ¿Por qué? Porque dijo: Dios prefiere a mi hermano. En realidad, él proyectó sobre Dios su propia discriminación entre bien y mal y mató a su hermano. ¿A quién mató en realidad? A Dios, claro, ¿a quién más?
Talvez me he aventurado demasiado lejos ahora. No tengo derecho a decirlo todo. Todas la guerras, todos los conflictos graves, surgen porque unos dicen: Somos buenos y vosotros no. O, aún más precisamente: nuestro Dios es el verdadero y el vuestro es falso.
Toda ese exterminio ocurre en nombre del bien contra el mal. Sólo tenemos que mirar lo que acontece hoy en día. No quiero ni mencionar nombres. Lo saben mejor que yo.
Ahora bien, entrar en el movimiento del espíritu, ir más allá de la diferencia entre bien y mal, avanzar con la misma entrega a todo tal como es, eso es un movimiento de paz, el verdadero movimiento de paz. Y es el verdadero movimiento de amor sin discriminación. . Eso es también la mística natural, libre de las imágenes reductoras que tenemos. Incluso, libre de las imágenes reductoras de Dios que tenemos. ¿Qué nos ocurre cuando nos dejamos apoderar por ese movimiento? El supuesto conocimiento del bien y del mal desaparece, con todas sus consecuencias. ¿Y entonces? Entramos de nuevo en el paraíso, donde Dios deambula entre la gente. Eso era el paraíso: Dios deambulando entre la gente, como uno de ellos.
La diferenciación entre bien y mal se radica en nuestra consciencia. ¿Quién hace la diferencia entre bien y mal? Pues, nuestra buena consciencia. Sólo la buena consciencia decide entre quien merece pertenecer y quien no.
Los movimientos de la consciencia, que se nos manifiestan al sentir culpa o inocencia, tienen una validez reducida. Nos hacen conocer, en cada momento, lo que tenemos o lo que podemos hacer para seguir en la pertenencia a nuestra familia. La inocencia no es más que el sentimiento de seguridad al saber que tengo permiso para formar parte de ella. El que discrepa de ella, en cambio, siente mala consciencia, la cual no es más que el miedo de haber perdido ese derecho de pertenencia. En otras palabras, la consciencia nos ata a nuestra familia y nos separa de todas las otras. Lo que separa, en realidad, es la buena consciencia. Aquel que goza de una buena consciencia, rechaza a los demás. De lo contrario, no podría tener buena consciencia. Aquel que tiene mucha moral, desea algo malo al otro.
Todo moralista decide sobre la vida y la muerte. Al condenar moralmente a alguien, en verdad dice: Puedes vivir, o no puedes vivir. Y hasta más: tú iras al paraíso y tú iras al infierno. Allí se llega. ¿Dónde está entonces el amor? ¿Dónde está la felicidad? ¿Dónde está la paz y la alegría? Todo está sacrificado.
La justicia
Ahora bien, no estoy seguro de poder seguir hablando. Ya he dicho demasiado. Os cuento un corto ejemplo que os dejará asombrados. Hace un tiempo, estuve en Canadá con los indios. Se organizó un curso con ellos. Un jefe indio me contó que, en su idioma, no existe la palabra justicia. ¿Os podéis imaginar eso? No hay palabra para la justicia. Le pregunté entonces: ¿Qué pasa cuando alguien comete un crimen? Y me contesta: "La persona es adoptada por la familia de la víctima".
Claro, y nosotros pensamos en ser justos. Afirmamos que queremos ser justos y, más que todo, nuestro Dios ha de ser justo. Vuelvo a mencionar el primer actor. ¿Cómo puede ser justo, él? Si todo se genera a través de él, ¿cuál es el sentido de que sea justo? Cuando exigimos de Dios que sea justo, ¿aún es Dios? Si tiene que ponerse al servicio de la justicia, así como nos lo imaginamos, entonces el verdadero Dios es la justicia y el otro Dios está a su servicio. ¿Y qué significa la justicia: te mato. Eso es justicia.
No nos debemos engañar. Cuando alguien lucha por una justicia en contra de otro, ¿qué pasa en su corazón? ¿Qué desea? La muerte del otro. No tengo dudas. Yo sé que es así y me he vuelto muy prudente. Todos los que piden justicia, desean la muerte de otros. Cuando apelan a la justicia de Dios, ¿qué debería hacer él? Debería matar a alguien. Y más, debería dejarle asarse en el infierno para la eternidad. Sí, sí, exactamente eso. ¿Qué hacen pues, los bienaventurados en el cielo? Tienen su mirada puesta en el infierno, todo el tiempo. No pueden de otra forma. ¿Y eso es la felicidad en el cielo? Prefiero irme de vuelta al paraíso, a donde la diferencia entre bien y mal se acaba, en otro plano.
La percepción
La consciencia que nos vincula a un grupo decide lo que podemos hacer y lo que no. Decide lo que podemos percibir y lo que no. Por eso, todos los que, dentro de un grupo, están presos para bien o para mal, están ciegos. Temen percibir algo distinto de lo que les autoriza el grupo.
¿Cuál es su miedo? Miedo a ser repudiado, ni más ni menos. Por miedo a Dios, los creyentes se aferran a todas esas imágenes de Dios, más absurdas si cabe. Aquel que se queda atrapado en ese miedo, rechaza siempre a otros, en nombre de Dios.
El ghetto
¿Cuál es la mayor desgracia de Occidente? Pues, nadie antes que yo ha entendido la dinámica de la consciencia. Todos estaban en el ghetto de la consciencia, toda la cristiandad, todos los filósofos, presos por la consciencia. Hasta el punto de definir la consciencia como la voz de Dios en el alma, a seguir a todo precio. Pero todos los que se combaten en guerras lo hacen con una buena consciencia, sólo que distintas buenas consciencias se confrontan. Lo he desenmascarado. Eso es lo que abre camino para un movimiento interior del amor que supera todas las diferencias.
Las víctimas
He aquí un ejemplo, muy sencillo. Me encontraba una vez en Israel. Existe ahí una excavación de una época anterior a la colonización de Canaán por las tribus judías. Había ahí un gran altar cuadrado, destinado a los sacrificios de niños. Aparentemente era la costumbre, en aquellos tiempos, el sacrificar el primer hijo a Dios para que luego las bendiciones divinas fluyeran sobre los padres. Más tarde hubo en Jerusalén un templo local, el templo de Moloch, donde los nobles de Israel peregrinaban desde la región de Judea para ofrecer su primogénito en sacrificio. El ídolo era un horno. Se calentaba y luego se echaban a los niños dentro mientras los padres cantaban tan fuerte que no oían más los gritos infantiles. Los profetas se han opuesto a esas prácticas. También existe la historia de Abraham, que tuvo que sacrificar a su hijo Isaac. Esa era la idea acerca de lo que a Dios le complacía. Ulteriormente, la historia fue modificada pero hoy día, cuando los niños la escuchan, sienten la misma angustia de ser matados.
La madre
¿Dónde se manifiesta lo mejor ese espíritu eterno y creador? ¿Cuál es la manifestación más grandiosa de Dios? La madre.
¿Soportamos ver en ella este espíritu creador a la obra, presente en cada detalle que nos trae la vida? Existe en la Biblia un rezo de Jesús que dice: "Padre nuestro que estás en el cielo". Hasta ahora no he visto nunca un padre sin una madre. El padre existe, a condición de que haya una madre. ¿Dónde está la madre, pues? Cuando digo: "Padre nuestro, aquí estás junto con mi madre. Me inclino profundamente ante el misterio de la vida". ¿Observáis la diferencia? Eso también es mística natural.
¿Pero qué hacemos luego? Estoy relacionado con mucha gente y les oigo hablar de su madre. Me causa siempre un estremecimiento al oírles. Muchos tienen tres o cuatro imágenes interiores de su madre, que provocan sentimientos particulares. La mayoría de las veces son sentimientos de abandono. ¿Podéis sentirlo en vosotros?
Siempre que pueda, me doy el placer de mirar a las madres. Por aquí andaba una, con un crío en brazos. Me alegro mucho al ver eso. Lo miro con devoción, con honda devoción. ¡Si me imagino de lo que mi madre, o cada madre, se ha hecho cargo, empezando con el embarazo, el miedo a algún problema o al parto que, para ciertas mujeres, puede ser peligroso! Luego, nos ha cogido en su seno y nos ha nutrido, a disposición día y noche, siempre presente para nosotros durante muchos años. ¿Y qué conservamos en el recuerdo? ¡Tres o cuatro imágenes! Y entonces, nos otorgamos el derecho de condenarla, por tres o cuatro imágenes. Esas imágenes representan, a lo sumo, un uno por ciento de la plenitud de la madre. ¿Y nos orientamos luego según ellas?
Meditación
Cerrad los ojos, haré con vosotros una meditación. Miramos a nuestra madre, tal y como es, exactamente tal y como es. Así como es, ha sido concebida por ese espíritu eterno. Así mismo. Fue escogida para nosotros por esa fuerza creadora, para ser nuestra madre. ¿Cómo puede alguien decir "MI madre", como si la poseyera, como si tuviera algún derecho sobre ella, como si tuviera exigencias, cuando ella es un puro regalo, una manifestación viva de lo divino?
La tomo ahora en mi corazón, en mi alma, y en lo más profundo de ella me encuentro con Dios.
Y permanezco ante ella con devoción. Sólo aquel que toma a su madre de esta forma, toma también la vida propia., y su felicidad.
Bueno, así es de simple la mística natural, y tan profunda.
Preguntas en la conferencia de Hamburgo
Pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre movimiento del alma y movimiento del espíritu?
Hellinger: he observado en mi trabajo cómo las personas son movidas por un movimiento. Existen movimientos que nacen de la consciencia, del campo de una familia. Esos movimientos están muy a menudo vinculados con la culpa e incluso con la necesidad de expiación. Culpa y expiación son ambas movimientos de la consciencia. Para el movimiento creador, no tienen mayor significado.
Aquel que se siente culpable, se ve importante. Piensa estar al mando de su destino. Piensa que, al actuar de otra forma, eso tiene influencia en los eventos. Luego, busca deshacerse de la culpa pero ignora por completo que la culpa es un movimiento de la consciencia. De ese movimiento surge en muchos una frase interior: "Yo en tu lugar". Lo que quiere decir en realidad:"Yo me muero en tu lugar". Cuando una madre se siente culpable por un aborto y es atraída hacia aquel hijo muerto, como si la moviera un deseo de expiar, otro hijo dice:"Yo en tu lugar". Esto es un movimiento importante, que lleva a problemas como enfermedades, accidentes y demás. Si uno se mantiene en este movimiento y es evidente que la psicoterapia y hasta las constelaciones quedan considerablemente en ello, no hay solución. Al final, sólo habrá muertos.
En cambio, alzándose a otro nivel, más allá de la culpa y de la expiación, reconociendo en todo el movimiento del espíritu y sometiéndose a ello, luego dejándose llevar por ese gran amor, eso es un paso en el espíritu. ¿He contestado tu pregunta?
La mujer vacila.
Hellinger: Claro, estos movimientos exigen un extraordinario esfuerzo. No te lo dan gratis. Y se dan sin provecho.
Meditación: más o menos
Existen dos movimientos fundamentales en al alma. El uno va hacia más, el otro hacia menos. Tu movimiento va hacia menos. ¿Qué significa "más"? Más es siempre más vida. ¿Qué significa "menos"? Menos es siempre menos vida.
Hagamos juntos une pequeña meditación. Explorad en vuestro interior lo siguiente: ¿a dónde se dirige el movimiento de base? ¿Hacia más o menos? Cambiemos el movimiento hacia más, más, más. Sintamos su efecto: sobre la fuerza, sobre la alegría, sobre el amor.
Ahora os diré algo respecto a mi conferencia. La mística natural significa: más, más, más. Muchos caminos espirituales significan: menos, menos, menos.
Pregunta: Tengo una pregunta personal. Encuentro difícil acoger completamente en mi corazón la culpa que siento en mí. Hay como una división.
Hellinger: Voy a intentar dar una respuesta y espero que se ajusta a tu pregunta. Si no es el caso, puedes volver a formular la pregunta.
¿Qué hace alguien que siente culpa? Pues, provoca algo, sea a si mismo, sea a otra persona. El sentimiento básico detrás del sentimiento de culpa es siempre el odio. Nada se opone más al amor que el sentimiento de culpa. Cuando soltamos ese sentimiento, nos volvemos pequeños. Me siento entonces mejor, pero no hay alegría. A menudo he buscado menguar el sentimiento de culpa actuando más, para sentirme mejor. Te entiendo perfectamente. La culpa tiene efectos diversos. Uno de ellos es que me hago algo o le hago algo a otro.
Un segundo efecto es: cuando asiento a mi culpa como siendo inevitable y no busco anularla de ninguna manera, entonces tengo fuerza, una fuerza que me permite hacer algo bueno. Los inocentes tienen poca fuerza, los culpables, mucha. Esto demostraría que lo que nos lleva a sentir culpa es un movimiento divino, con la condición de que entremos en ello y lo llevemos más lejos. Entonces, te puedes alegrar.
El hombre se ríe y el grupo con él.
Hellinger: ¿Lo ves ahora? Muy bien.
Pregunta: Tengo dos preguntas. La una es ¿a dónde lleva la fuerza que actúa en las constelaciones? La segunda ¿a qué se debe que todo eso quedó tanto tiempo oculto? ¿Por qué nadie se ha percatado de que esto existe?
Hellinger: Me lo he preguntado también. ¿La respuesta? Es mi suerte haberlo descubierto. La otra pregunta: ¿qué son las metas del movimiento? La idea de un objetivo no tiene nada espiritual. Los movimientos del espíritu no pueden tener ningún objetivo porque entonces el objetivo determinaría el movimiento. Ese movimiento es siempre creador y nuevo.
Pregunta: Quiero asegurarme una vez más de haberlo entendido bien. En mi sentimiento, estoy plenamente de acuerdo con lo que dices. Pues yo llamaría el movimiento Dios, pero un Dios que no es un ídolo sino Dios ante quien no siento miedo, porque todo está bien en realidad. Donde no estoy segura es lo siguiente. Estoy muy atenta a mi consciencia pero no en el sentido de culpa o moral sino que tengo la perspectiva de que cada cosa tiene dos caras. La consciencia tiene una cara negativa que tiende a inculpar a los otros y una cara positiva que me lleva hacia Dios pero que no juzga, que me guía y me encamina en la buena dirección. ¿Lo puedo decir así? La segunda cara sería un movimiento del espíritu, así como lo describes. La palabra Dios viene muy cargada, es cierto, también porque lo personificamos.
Hellinger: la mayoría de las representaciones acerca de Dios son prolongaciones de los padres. Aquel que no encuentra a sus padres quiere por lo menos encontrar a Dios. Pero el camino es inverso. Aquel que ha encontrado a sus padres, ha encontrado a Dios, en ese sentido.
Hay más para reflexionar. Si Dios existe, si hay un Dios, es limitado. Todo lo que existe es limitado. Todo ser es limitado. Por eso la imagen de que exista es indigna de él. Tengo una imagen muy particular, como siempre. El movimiento más profundo en el alma, así como el movimiento más profundo en la mística natural busca la disolución. Pero las fronteras dentro de nosotros nacen del Yo. No tengo nada en contra del Yo. Sólo con él podemos definirnos. Pero al mismo tiempo el Yo nos separa. Cuando de pronto experimentamos la semejanza con todos, perdemos toda importancia y al final nos disolvemos. Lo infinito no tiene fronteras, tampoco tiene existencia. No la puede tener. El movimiento sin fin va más allá de las imágenes estrechas.
Veo que, por lo que has dicho, estás bien adelantada en el camino.
Os pido aún algo. Habiendo hablado de un tema tan esencial, no se debe añadir nada a lo dicho ni a esta velada.
Frases para meditar
El afán
La creencia que une un grupo, le impide amar a otros.
La libertad de creencia me libera de la creencia de otros, así como la libertad de consciencia me libera de la consciencia de otros.
Quien persigue lo eterno, busca lo terrible.
Mucha gente pía dice: no debes tener ningún otro dios junto a mí.
Algunos esforzados se parecen al escarabajo que cree que, con sus patitas de atrás,
hace girar el mundo.
Lo que conquistamos, no queda,
Lo que combatimos, no nos suelta más.
La devoción es sin intención.
La religión es para algunos una forma de acción,
A la que le falta el desprendimiento de la devoción.
La felicidad encuentra a aquel que se inclina.
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Te tomo en mi corazón
Hellinger: ¿De qué se trata?
Mujer: Hace un año me diagnosticaron un linfoma altamente maligno y desde noviembre pasado estoy con quimioterapia. Por eso he venido. Mi marido también se encuentra aquí.
H: Que venga a sentarse aquí él también. ¿Tenéis hijos?
M: No tenemos hijos.
H: ¿Cuánto tiempo lleváis casados?
M: Tres años.
H: ¿Tienes esperanza?
M: Sí.
H: No, no tienes esperanza.
Después de un rato: ¿Cómo te suena esto, cuando lo digo?
M: No es la verdad.
H: ¿Qué le voy hacer? Configuraremos ahora la enfermedad y tú. Escoge a alguien para la enfermedad y colócala. Y luego te colocas en relación a ella.
La mujer coloca a la representante de la enfermedad detrás de ella. Ambas permanecen mucho tiempo sin moverse. Cuando la mujer gira la cabeza hacia Hellinger, este le dice:" Quédate recogida y sigue el movimiento interior, así como te lleva". Después de un momento, la mujer estira los brazos detrás de ella y coge a la enfermedad de las manos. La enfermedad retrocede un poco pero la mujer la mantiene sujeta con la mano izquierda. Al rato, suelta también esa mano. Entonces, la enfermedad coloca sus dos manos en la espalda de la mujer. A partir de ahí, la mujer avanza dos, luego tres pasos hacia delante, se da la vuelta y mira la enfermedad.
Después de unos momentos más, la enfermedad se gira y se aleja. Cuando está un tanto lejos, la mujer viene a sentarse en el lugar donde había estado.
H, al cabo de un rato: Levántate. Si la enfermedad es una persona que conoces, ¿quién puede ser?
M: Mi madre.
H: Tu madre, ¿qué pasó con ella?
M: Ella tuvo, antes de nacer yo, dos malpartos, uno a los seis meses de embarazo y otro en que el niño llegó a nacer pero murió en seguida después. Hasta que yo viera tu video sobre cáncer, me he percibido siempre como primogénita y me di cuenta sólo después del ver el video que no lo soy.
H: Has hablado de otros en lugar de tu madre.
Escoge y luego coloca a una representante para la madre, dando la vuelta a la hija.
¡Céntrate y observa lo que pasa!
La mujer se queda mucho tiempo sin mover. Entonces, Hellinger la lleva cerca de su madre. Ella se acerca más, deposita una mano en el hombro de la madre. Ésta se gira y las dos se abrazan tiernamente. Se mecen ligeramente en el abrazo. Después de un rato, se sueltan y se miran. Luego la madre retrocede dos pasos.
H: Bueno, ya está.
La mujer se sienta otra vez con Hellinger. Su marido, que está al lado, le coloca un brazo en los hombros. Hellinger la coge de la mano.
H: Cierra los ojos y dí a tu madre:" Te tomo en mi corazón".
M: Te tomo en mi corazón.
H: ¿Está bien así?
M: Me hace bien.
H: Te quiero decir algo sobre las enfermedades. Ellas son a veces embajadoras del amor. Si les permites llegar, talvez se vuelven amistosas. ¿Entiendes?
M: Sí.
H: Así lo dejamos.
Un eco dentro de ti
Cuando, en su Libro de Horas, Rilke pregunta: ¿Quién vive la vida? ¿La vives tú, Dios?, ¿es aún posible imaginarme que estoy frente a Dios como si estuviera separado de él, como si pudiera por consiguiente rezarle por ejemplo, como si pudiera pedirle algo, como si pudiera darle las gracias, amarle, temerle?
Si Dios vive mi vida, entonces yo vivo en Dios y él vive en mí: en todo lo que realizo, en el sentirme unido a otros o, de lo contrario, separado. Porque en todos los demás seres humanos, él vive, ama y actúa, sea lo que hagan, sea lo que sientan en términos de culpa e inocencia, de bueno y malo.
Si Dios es aquel que vive toda vida, todo lo individual se esfuma, incluso el yo propio.
A menudo me enfrento, con mi yo, al movimiento de la vida así como Dios en mí la vive, en aparente oposición. Por lo tanto, me siento separado de este movimiento de vida, tanto dentro de mí como en relación a los demás. Este movimiento me introduce, desde mi interior así como con otros, en un antagonismo que hace que el yo vive dolorosamente la separación que Dios experimenta en nosotros, a tal punto que gastamos nuestra vida, por decirlo así, antes de haber conseguido percibirla plenamente en su perspectiva de eternidad.
Con esta reflexión, me he colocado en una oposición frente a Dios, como si lo pudiera y como si tuviera el permiso de hacerlo.
Otra cosa es si acompaño la vida en todos sus aspectos, así como Dios la vive en mí, sin que establezca entre él y yo diferencia alguna. Si Dios es el que vive nuestra vida, se acaba nuestro yo. En la medida en que Dios vive nuestra vida, nos adentramos en un movimiento, en su movimiento - ya que la vida es movimiento. Por cierto, en este movimiento hemos ya y desde siempre alcanzado nuestra finalidad.
¿Cómo entrar en sintonía con la vida que Dios vive en nosotros?
Primero, en nuestro pensamiento. Pensamos nuestra vida con él, así como él la piensa. ¿Y qué pensamos, con este pensamiento? Pensamos la vida, la totalidad de la vida, uniéndonos, junto con esa vida, a todo lo que él piensa, así como lo piensa.
Este pensamiento es asentimiento y acción, sin diferenciación entre lo uno y lo otro. En él, quedamos absorbidos con todo lo demás, vividos por Dios.
¿Acaso existe algo más allá de ese pensamiento? Ese pensar, como pensar de Dios, nos acoge en su vida, llevándonos a su movimiento, dentro de su movimiento. Y en él, desde ya, nos consumimos hasta dejar de ser.
Hellinger Sciencia
Los límites de la consciencia
Conocemos los límites de la consciencia al igual que un caballo conoce el jinete que lo monta y al igual que un timonel conoce las estrellas que le permiten medir su punto y deducir su rumbo. ¡Pues bien! El caballo sirve a muchos jinetes y el navío a muchos timonels, que a su vez observan muchas estrellas.
La pregunta es: ¿a quién obedece el jinete y qué dirección le da el capitán al barco?
La respuesta
Un discípulo se dirigió a un maestro: “Dime lo que es la libertad”.
“¿Qué libertad?” preguntó el maestro.
“La primera libertad es la necedad. Es parecida al rocín que arroja relinchando a su jinete. ¡Luego cuánto más sentirá su mano de hierro!
La segunda libertad es el remordimiento. Es parecida al timonel que permanece en el barco siniestrado en lugar de subirse al bote salvavidas.
La tercera libertad es la comprensión interior. Viene después de la necedad y del remordimiento. Se parece al tallo que en el viento se mece y que, por doblarse donde es frágil, se mantiene entero”.
El discípulo preguntó:” ¿Eso es todo?”
El maestro agregó: “Algunos creen que son ellos quienes buscan la verdad de sus almas. Sin embargo, es el alma grande que busca a través de ellos. Al igual que la naturaleza, el alma grande se puede permitir engañar a muchos, reemplazando continuamente y sin esfuerzo a los malos jugadores por nuevos. Pero al que permite pensar, le concede a veces un tanto más de margen de maniobra y, como el río al nadador que se abandona a la corriente, lo lleva con fuerza recogida hacia la orilla.
Culpa e inocencia
Experimentamos la consciencia en nuestras relaciones porque la una y las otras están estrechamente vinculadas. Cada acto nuestro que produce un efecto sobre otra persona está acompañado por un sentimiento consciente de culpa o inocencia. Igual que el ojo vidente distingue permanentemente entre claridad y sombra, pues este sentir consciente sabe en cada instante si nuestro actuar sirve o hiere la relación. Percibimos como culpa lo que daña la relación y como inocencia lo que sirve la relación.
Gracias al sentimiento de culpa, la consciencia nos tira de las riendas y nos guía en sentido contrario. Gracias al sentimiento de inocencia, nos deja las riendas más sueltas y una brisa fresca hincha la vela de nuestro velero.
Es un mecanismo parecido al equilibrio, un sentido interno que, con las sensaciones de malestar y bienestar, nos empuja y nos dirige de modo a conservar nuestro equilibrio. Así pues, otro sentido interno nos maneja constantemente gracias a sentimientos de adecuación e inadecuación para conseguir conservar las relaciones que nos importan.
Las relaciones se desarrollan armoniosamente siguiendo condiciones que, en lo esencial, nos están predeterminadas, igual que para el equilibrio físico importan las direcciones, arriba y abajo, delante y atrás, derecha e izquierda. Por cierto, podemos caer hacia delante o atrás, o de costado si queremos, no obstante un reflejo innato nos fuerza hacia una compensación frente a la catástrofe, y nos permite recuperar en el último segundo la verticalidad.
Igualmente, un sentido superpuesto a nuestro albedrío vela por nuestras relaciones y funciona como un automatismo de corrección y de equilibrio si acaso nos apartamos de lo apropiado para ellas o si ponemos en peligro nuestra pertenencia. Ese sentido percibe el individuo en su entorno, reconoce sus límites y el margen de movimiento y lo guía gracias a una variedad de matices de disgusto y de placer. El disgusto nos habla de culpa y el placer, de inocencia.
En realidad, culpa e inocencia sirven al mismo amo, que les manda llevar el carro y les encauza en una dirección, dejándolas que tiren del carruaje. Llevan la relación más lejos y también se detienen en la huella por sus efectos alternos. A decir verdad, ocurre que a veces queremos coger las riendas nosotros mismos pero el cochero no las suelta. Viajamos en el carro tan sólo como prisioneros y convidados.
El nombre del cochero: la consciencia.
El patrón de base
Los requisitos necesarios para relaciones humanas son los siguientes:
-el vínculo
-la compensación
-el orden
Cumplimos con estas tres condiciones, así como con las condiciones para nuestro equilibrio, bajo la presión de un impulso, de una necesidad o de un reflejo, incluso en contra del deseo o de la voluntad de otro. Son tres condiciones fundamentales que percibimos a la vez como tres necesidades.
El vínculo, la compensación y el orden se condicionan y se completan mutuamente. Su combinación es lo que conocemos como consciencia. De ahí que la consciencia se manifiesta también como impulso, necesidad y reflejo y es en realidad equivalente a las necesidades de vínculo, compensación y orden.
Las diferencias
Aunque estas tres condiciones actúan siempre juntas, cada una busca sin embargo imponer su objetivo con un sentimiento propio de culpa o de inocencia. Por eso, percibimos la culpa y la inocencia de forma diferente según el objetivo y la necesidad que sirven:
-cuando culpa e inocencia están al servicio del vínculo, sentimos la culpa como exclusión y distancia, la inocencia como seguridad y proximidad.
-cuando están al servicio de la compensación, sentimos la culpa como deber, la inocencia como libertad y exigencia.
-cuando están al servicio del orden, sentimos la culpa como trasgresión y miedo al castigo, la inocencia como escrupulosidad y confianza.
La consciencia sirve cada uno de estos objetivos incluso cuando se oponen el uno al otro. Y nosotros percibimos la contradicción en los objetivos como contradicción en la consciencia. Pues con frecuencia, la consciencia nos pide, a nivel de compensación, lo que nos prohíbe a nivel del vínculo y nos permite, a nivel del orden lo que nos niega a nivel del vínculo.
Por ejemplo, si causamos tanto daño a alguien como él a nosotros, satisfacemos la necesidad de compensación y nos sentimos en nuestro derecho. Pero luego, por lo general, perdemos el vínculo. En cambio, si buscamos satisfacer tanto la compensación como el vínculo, debemos reducir el daño que devolvemos al otro, con lo cual la compensación sí sufre pero el vínculo y el amor salen ganando. Al revés, si devolvemos tanto bien al otro como él a nosotros, llegamos a un equilibrio pero se instala difícilmente el vínculo. Para lograr que la compensación lleve al vínculo, debemos darle más al otro que lo que él nos da, y él a su vez, al compensar debe ofrecer más de lo que ha recibido de nosotros. Entonces, el dar y el tomar llevan tanto al equilibrio como a un intercambio estable y a un vínculo en el amor.
Experimentamos oposiciones semejantes entre la necesidad de vínculo y la de orden. Cuando una madre castiga a su hijo por algo que ha hecho, mandándole a su habitación por una hora, satisface el orden cumpliendo con la totalidad del castigo. Pero el niño se enfada, con razón, porque la madre, por obedecer al orden, atenta contra el amor. Si de lo contrario reduce el castigo, atenta contra el orden pero refuerza en cambio el vínculo y el amor entre ella y el niño.
Partiendo de esa base, por seguir nuestra consciencia viviremos tanto la culpa como la libertad.
Las distintas relaciones
Al igual que nuestras necesidades, nuestras relaciones son distintas y sus intereses opuestos. Al apoyar una relación, arriesgamos lastimar otra. Lo que ganamos en inocencia en la una, nos recae como culpa en otra. Quizá por un acto nos enfrentaremos a muchos jueces, de los cuales uno nos condenará y otro nos absolverá.
El orden
En ciertos casos experimentamos la consciencia como si fuera un todo único. Pero, casi siempre, se presenta más bien como un grupo en el cual distintos representantes buscan imponer sus objetivos particulares por medio de sentimientos variados de culpa e inocencia. Según la necesidad, se apoyan mutuamente o se mantienen, para el bien del conjunto, en jaque. Sin embargo, aunque estén en oposición, siempre se someten a un orden más elevado.
Parecido al estratega combatiendo en distintos frentes, con múltiples tropas dispuestas en recintos variados, con material dispar, tácticas diferentes y persiguiendo éxitos diversos, este orden superior permite que, en consideración por el conjunto mayor, en los frentes sólo se lleven a cabo victorias parciales. Y así, la inocencia únicamente se logra en parte.
La apariencia
La culpa y la inocencia se presentan casi siempre conjuntamente. El que se vale de inocente, roza también la culpa y el que alquila en la casa de doña Culpa descubre como subinquilina suya la inocencia. Incluso, culpa e inocencia intercambian sus prendas: la culpa sale a lucir el vestido de la inocencia a la vez que la inocencia se camufla en el manto de la culpa. Es cuando las apariencias engañan y solamente los efectos demuestran lo que realmente hay.
Os contaré una historia.
- Los jugadores
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Se presentan como adversarios.
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Luego se sienta el uno frente al otro,
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Deslizando sobre el mismo tablón figuritas blancas y negras,
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Siguiendo, jugada tras jugada, reglas complejas en un mismo juego real.
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Ambos sacrifican en el juego algunas de sus figuras
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Y se ponen en jaque hasta que el juego termine.
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Cuando todo se inmoviliza, el partido se acaba.
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Cambian entonces de lado y de color,
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Y comienza otro partido del mismo juego.
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Aquel que juega mucho, ganando y perdiendo con frecuencia,
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Aquel sí se hace maestro de dos colores.
El hechizo
El que desea descubrir el misterio de la consciencia, se aventura en un laberinto donde precisa de numerosos hilos rojos para orientarse en el enredo de atajos y distinguir entre los caminos que llevan afuera y aquellos que se pierden sin salida. A tientas en la oscuridad, debe enfrentar, paso a paso, los mitos y los cuentos que se erigen en torno a la culpa y la inocencia, que hechizan nuestros sentidos y paralizan nuestro andar si acaso buscamos indagar en lo que ocurre en el secreto. A los niños les pasa eso cuando se les cuenta lo de la cigüeña y a los prisioneros posiblemente también les pasó cuando, en el umbral del campo de la muerte, leían “El trabajo libera”.
Sin embargo, llega a veces alguno que tiene el coraje de fijar la mirada y de quebrar el encanto. Como aquel niño que, entre la multitud excitada, apunta el dedo hacia el dictador aclamado, diciendo en voz alta lo que todos saben pero que ninguno reconoce ni se atreve a pronunciar: “¡Pero, si está desnudo!”
El vínculo
La consciencia nos vincula a aquel grupo que es indispensable para nuestra supervivencia, cuales sean las condiciones que aquel grupo nos impone. La consciencia no está por encima del grupo ni por encima de sus creencias o de sus supersticiones pero a su servicio, sí.
Semejante al árbol que crece en un suelo que no le conviene, que se desarrolla diferentemente en el campo libre o en el bosque, en el valle o en el monte, el niño se adapta sin cuestionar a su grupo de origen, sujetándose de ello con una fuerza y una coherencia que sólo se pueden comparar con un proceso de impregnación. Sea cual sea su situación en aquel grupo, el vínculo es percibido por el niño como amor y felicidad, permitiéndole prosperar o dejándole debilitado.
La consciencia no obstante, reacciona a todo lo que beneficia o amenaza el vínculo. De ahí que tenemos buena consciencia cuando nos comportamos de modo a asegurarnos nuestra pertenencia al grupo. Igualmente, tenemos mala consciencia cuando dejamos incumplidas las condiciones del mismo, hasta tal punto que tememos habernos jugado parcial o completamente ese derecho a la pertenencia. Y sin embargo, esos dos aspectos de la consciencia sirven al mismo maestro. Nos empujan y nos atraen en la misma dirección, como el pan dulce y la fusta. Aseguran nuestro vínculo con las raíces y el clan.
En otras palabras, la referencia para la consciencia es lo que está vigente en el grupo. Necesariamente, personas procedentes de diferentes grupos tendrán consciencias distintas, y aquella que pertenece a varios grupos dispondrá de varias consciencias.
La consciencia nos mantiene integrados como un perro pastor mantiene la oveja en el rebaño. En cuanto cambiamos de entorno, también la consciencia cambia de color como un camaleón- a modo de protección. Nuestra consciencia es otra con la madre que con el padre, otra en la familia que en el trabajo, otra en la iglesia que en la tertulia. Pero siempre se trata de conservar el vínculo y el amor y preservarse del miedo a la separación y a la pérdida.
¿Qué hacemos, pues, cuando un vínculo se opone a otro? Buscamos entonces, lo mejor posible, el equilibrio y el orden. Les doy un ejemplo.
La consideración
Un hombre y una mujer peguntaron a un maestro lo que debían hacer con su hija: la madre se encontraba con frecuencia en la situación de imponer límites a la niña, y se sentía poco respaldada por el padre.
El maestro les explicó en tres frases las reglas para une buena educación:
- En la educación de sus hijos, padre y madre consideran como apropiado lo que cada uno vivió como justo o juzgó como errado en su familia de origen.
- El niño sigue y acepta lo que ambos padres consideraban justo o errado en sus familias de origen.
- Cuando un padre se opone al otro en la educación de los hijos, el niño se asocia secretamente con aquel que está en inferioridad.
A continuación, el maestro les propuso darse el permiso de percibir cómo y cuánto su hija les amaba. Ambos se miraron a los ojos y sus rostros se iluminaron.
Para terminar, el maestro aconsejó al padre manifestar a su hija cuan feliz se sentía cuando ella agradaba a su madre.