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Una breve reflexión sobre
las constelaciones familiares
a la luz de un pasaje
del Tao Te King
Hace más de dos milenios el filósofo
chino Lao Tse legó su sabiduría a la posteridad en forma del Tao Te
King, una obra en 81 breves pasajes de aforismos sucesivos. Este
libro fundamental para el Taoismo fue dado a conocer al occidente en
más de 130 traducciones a lo largo de los años, y hoy en día es el
libro más popular de la literatura china filosófica. También para mi
es una fuente de inspiración y de vez en cuando me gusta abrirlo al
azar. Un día me encontré con el siguiente pasaje que me conmovió, y
que quiero tomar como objeto para una reflexión. El cincuentavo
pasaje del Tao Te King dice:
"La vida es una salida y la
muerte una entrada.
Tres de cada diez
son amigos de la vida.
Tres de cada diez
son amigos de la muerte.
Tres también de
cada diez son los que,
mientras viven, se
acercan a la muerte.
¿A qué se debe
esto? A que se aferran a la vida."
Obviamente la relación del hombre con la vida y la muerte está en el
centro de este pasaje. Somos seres finitos y en última instancia nos
desvanecemos. "La vida es una salida…" La desaparición de
nuestra existencia y la de todo lo demás, este conocimiento que nada
permanece ni resiste al tiempo, se nos hace muy difícil a los
hombres. El conflicto con la muerte nos acompaña desde pequeños y
dura toda la vida.
"…y la muerte una entrada."
No sabemos nada de lo que viene después
de la vida. Es justo este no-saber lo que da espacio a todo tipo de
conjeturas y creencias. Lo desconocido nos inquieta, nos causa
miedo, y nosotros intentamos desterrarlo llenando esto
desconocimiento con certezas, cuyo abanico va desde el nihilismo
pasando por la reencarnación hasta la vida eterna. Curiosamente
tampoco sabemos nada de lo que había antes de que nuestros padres
nos concibieran, pero esta consideración no nos provoca miedo pues
esta otra incógnita ya queda detrás. Entre estos dos polos de lo
desconocido cada uno de nosotros intenta en todo momento consciente
e inconscientemente encontrar una actitud adecuada respecto a su
vida, cuestionada por la muerte.
Lao Tse observó entre su prójimo tres
grupos aproximadamente del mismo tamaño, presentando cada uno de
ellos una actitud propia. "Tres de cada diez son amigos de la
vida." Según mi comprensión son aquellos de entre nosotros, que
en cuerpo y alma están enraizados en la vida. Su mirada se dirige
hacia la vida, a lo que esta por llegar, y su actitud es presente.
La vida late por sus venas, y cuando se encuentran con la muerte,
por ejemplo al sufrir la perdida de un ser querido, lo toman como
una parte dolorosa de la experiencia humana. Están en sintonía con
ella. "Tres de cada diez son amigos de la muerte."
Me sorprendió en el primer momento la
expresión "tres de cada diez", por ser un número elevado.
Naturalmente no son todos suicidas en potencia, aunque estos también
pertenecen a este grupo. Son aquellos de nosotros, cuya mirada se
aparta de la vida y se dirige hacia lo lejano. Su atención interior
no esta enfocada en el ahora, sino en un punto indefinido situado en
el pasado. Allí están presentes interiormente, y aunque
corporalmente estén presentes entre nosotros, les distingue una
cierta ausencia emocional y del alma. "Tres también de cada diez
son los que, mientras viven, se acercan a la muerte.", percibió
Lao Tse y dio como explicación: "¿A qué se debe esto? A que se
aferran a la vida." Hay muchas personas cuya vida es una
negación vivida de la muerte. Su mirada se dirige hacia el futuro, y
allí ven el "terror de la vida", que hay que evitar de cualquier
manera. Tienen un gran miedo a morir y en consecuencia expulsan la
muerte de su vida. O, por el contrario, la desafían para mostrarle
que son más fuertes que ella. Pero de las dos maneras se acercan a
la muerte, porque esta se transforma en el eje de su vida.
Hasta aquí el aforismo de Lao Tse.
Me fascinó comparar sus observaciones
existenciales con mis experiencias y verles confirmadas. También los
participantes en los talleres de Constelaciones Familiares se
distinguen por estas actitudes diferentes hacia la vida. Ahora bien,
cualquier trabajo terapéutico tiene como objetivo capacitar al otro
para vivir cada vez más en el presente, porque este es el único
lugar donde uno experimenta la vida en su plenitud. La mayoría de
los participantes viven la vida con la mirada puesta en el
retrovisor, porque están ligados interiormente al pasado, sea por
sucesos en su sistema familiar de origen, sea por propias
experiencias de la infancia. La pregunta: "¿Para qué quieres
constelar esto?", nos aleja del drama de lo vivido, que finalmente
no es importante, y nos conduce al presente. A menudo el primer paso
y el más decisivo es tomar la vida, tal como nos llegó a través de
nuestros padres, simplemente tal como es. Solamente este acto
fundamental de asentir a lo vivido hace posible posteriormente otros
pasos concretos encaminados hacia soluciones en la vida de la
persona, las cuales la conducen cada vez más hacia el presente. En
este sentido uno podría decir, que las Constelaciones Familiares son
una escuela donde uno aprende a ser amigo de la vida.
Recuerdo que Bert Hellinger dijo una
vez en Barcelona que, para ser un buen terapeuta, uno debería estar
en sintonía con su propia muerte y con la de los demás. Solo
entonces puede uno asentir a todo lo que conforma la vida en su
totalidad. Y solo entonces también puede uno estar presente para
alguien - ya sea en un taller o en la vida cotidiana - que se agarra
a la vida por miedo a la muerte y que aún tiene por delante el paso
de asentir a su destino. Porque esto es lo que nos pone en sintonía
con nuestro destino: el decir "Si" tanto a nuestro pasado, al de
nuestra familia y al de nuestro pueblo, como también decir "Si" a la
única certeza que tenemos respecto al futuro, y es la de que un día
moriremos y desapareceremos. Con este "Si" alcanzamos nuestra fuerza
plena en la vida.
Según mi experiencia los movimientos
internos a menudo son lentos. Seguramente he vivido durante muchos
años como amigo de la muerte, porque no quería dejar a mi melliza
muerta atrás, lo que en consecuencia me impidió llegar a la vida.
Este movimiento interno de entregarme cada vez más a la vida duró
años. ¿Y puede uno conseguir llegar del todo, al cien por cien? La
vida es una paleta llena de colores intermedios y se escapa a la
pintura en blanco y negro. En el trabajo con las Constelaciones
Familiares es necesaria una sensibilidad afinada para el paso del
tiempo y el ritmo de la persona, en caso contrario el acto
terapéutico se vuelve violento. Solamente con la percepción del
punto actual en el que se encuentra el movimiento interior del
cliente, se hace visible cual es el paso posible para él en este
momento. O, para decirlo de nuevo en palabras de Lao Tse: "El
momento adecuado determina la calidad del movimiento."
© Peter Bourquin, Octubre 2007
www.ecos.web.com
* Lao Tse: "Tao Te Ching"; 2002; RBA libros, S.A.; España
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