No hace falta alejarse de lo esencial

 

 

 

Los informes publicados en la prensa sobre Bert Hellinger y el trabajo de constelaciones me han incentivado a tomar posición.

 

Soy psicóloga y terapeuta sistémica certificada. Bert Hellinger y su trabajo me son conocidos desde un seminario en 1994. Desde hace ocho años, utilizo con éxito las constelaciones en trabajo de grupos o individual y desde el año 1998 formo a terapeutas con este enfoque tanto en Alemania como en otros países.

 

A lo largo de este camino no sólo se han ampliado mis capacidades terapéuticas sino más que todo la vista sobre acontecimientos e intrincaciones en familias en relación con eventos históricos de un país o de una cultura.

 

Debo este desarrollo en gran parte a la investigación interna a las constelaciones en todas sus dimensiones así como a las repetidas comprobaciones y la reflexión sobre los conocimientos teóricos y filosóficos de Bert  Hellinger. La transformación personal consecuente a la resolución de las propias intrincaciones, la actitud respetuosa frente al cliente y todos los destinos de su familia así como el cuidado y la consolidación de la propia autenticidad son aspectos de este camino.

 

En mi trabajo son esenciales ante todo el reconocimiento de los efectos de la consciencia en su dimensión personal y colectiva así como la comprensión de las consecuencias para el individuo, su familia y la sociedad. Los “órdenes”, que con frecuencia se hacen perceptibles en las palabras apaciguadoras y sanadoras o en los movimientos durante una constelación, se originan en esta comprensión. Una observación despejada, un reconocimiento y, cuando es posible una liberación de las ataduras de la consciencia, permiten los movimientos interiores, llevando a un actuar en sintonía con la realidad y evitando modelos de exclusión personales o colectivos.

 

Cualquiera lo puede experimentar al encarar este trabajo sin prejuicios y guiado de manera madura. Sin embargo, la mayoría de los reporteros de Televisión o prensa, y a veces también los propios utilizadores de constelaciones, no comprenden los conocimientos fundacionales de Bert Hellinger con respecto a los vínculos de la consciencia. El fenómeno “constelación” es a menudo tan insólito y asombroso que la esencia  de los conocimientos teóricos profundos es desatendida y la evidencia da lugar a la confusión.

 

A la par de los periodistas de revistas y diarios, aspiro a tener compatriotas educados, independientes y capaces, que puedan mirar la realidad con lucidez, y que estén informados por los medios con una explicación y un artículo objetivo y público. Y sin embargo existe actualmente una tendencia en la prensa apuntando a una toma de distancia del trabajo de Constelaciones Familiares en general y de Bert Hellinger como personalidad.

 

Esta incitación a la distancia y la indignación que la acompaña se refieren en particular a la comprensión que tiene Hellinger de la reconciliación entre víctimas y perpetradores.

 

El rechazo es una reacción comprensible de la sociedad y del individuo frente a eventos y perspectivas que ponen en duda el consenso dominante hasta ahora. Pero en la forma actual se expresa, a través de desvalorizaciones y condenas, una opinión que se agota en su tentativa de sentirse “mejor” o “más justo” en comparación con otros. Esto se lleva adelante con toda “inocencia” y “buena consciencia” en relación con el grupo al que uno se siente pertenecer. La historia, alemana en especial, ofrece numerosos ejemplos al respecto.

 

Cuando un informe provoca, por presión social, una toma de distancia, ¿no les correspondería a los que hicieron las preguntas en primer lugar ser, literalmente, los “esclarecedores” que buscan lo nuevo y polémico, lo entienden y dan a conocer su significado? Esta pregunta se dirige tanto a los que formulan normas en los medios como a los que trabajan con constelaciones en su práctica.

 

En los años 2001-2003 estuve presente en los cursos de Bert Hellinger en Israel y a continuación dirigi varios seminarios de formación a terapeutas. Muchos de los participantes habían perdido familiares en el Holocausto. El desafío, considerando las innumerables heridas, de permanecer fiel y abierta conmigo misma y frente a los demás, así como el profundo respeto hacia todos mis compañeros psicólogos y todos los participantes con los cuales me era permitido trabajar, fueron para mí una inestimable experiencia- como formadora y como alumna.

 

¿Por qué debería alejarme de una persona y de un método que han contribuido a que consiga, como alemana, trabajar con compañeros en Israel? ¿Por qué debería alejarme de una persona y de un método que exploran un camino hacia la sanación de nuestras más profundas heridas personales e históricas?

 

Bert Hellinger es un maestro que pisa estos caminos, incluso si parecen extraños a nuestro entendimiento acostumbrado a las oposiciones. Sólo cuando las personas se sienten conmovidas en lo hondo de su alma, más allá de sus intenciones y de sus conceptos, cuando se les hace posible una nueva mirada hacia el otro, entonces se abre una vía que reconoce como prójimos a la víctima y al perpetrador. Entonces, y sólo entonces, comienza un profundo duelo de ambos lados, un duelo que reúne y por lo tanto reconcilia.

 

¿No valdría la pena considerar con seriedad el enfoque y el trabajo de Bert Hellinger respecto al tema de víctimas y perpetradores, reflexionar sobre ello y comprobarlo en la realidad, en lugar de buscar refugio en una pretendida seguridad, rechazándolo todo en bloque?

 

Tomar distancia puede ser a veces bueno y oportuno – cuando algo nuevo y de momento  desconcertante nos turba demasiado. También cuando sentimos que cada uno debe encontrar su propia manera de dar palabra a lo nuevo y a lo que representa un reto. Esta forma de distancia es una expresión de respeto y está al servicio del cuestionamiento, de la comprensión y de la transmisión. Es evidente que la búsqueda de la distancia adecuada no es nunca ni destructora ni separadora. Al contrario, es tranquila, en armonía con nuestra alma, con nuestras propias posibilidades y capacidades- y por lo tanto conlleva fuerza. Entonces se impone lo que es esencial en nosotros y en la manera que tenemos de transmitirlo. El reconocimiento de lo esencial se da independientemente del camino que Bert Hellinger escoja e independientemente de la opinión que predomine en aquel momento en los medios.

 

Con ella, desaparecería también la fascinación agitada de los que, repetida y únicamente, se preocupan de valorar si los conocimientos y el trabajo de Hellinger son justos o errados, benéficos o peligrosos. En lugar de esto, puede darse una mirada respetuosa y clara que compruebe de modo independiente y responsable, basándose en la realidad cotidiana del trabajo con clientes, lo que sirve el progreso y qué forma hemos de escoger para darle un espacio. De esta manera aprendemos.

 

Quizás sean las reflexiones y los métodos de Hellinger demasiado osados y provocativos para ser aceptados plenamente por nuestra consciencia pública. No obstante nos pueden enseñar una cosa: como llegar a reconocer en lugar de excluir, en nuestra familia, en nuestro trabajo y en nuestra historia.

 

Por toda la inspiración y el estímulo en este andar, doy las gracias a Bert Hellinger desde el fondo de mi corazón.

   

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