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Asentir a los movimientos del alma en la constelación
como filosofía aplicada
Reflexiones de Martín Gannott
Después del
taller de formación avanzada en Hamburgo
En
estos últimos tiempos se ha mostrado repetidamente que
el trabajo de constelaciones familiares proporciona sin
lugar a duda una penetración en la dinámica de base de
un sistema y hace resaltar con mayor claridad soluciones
posibles para las problemáticas de los clientes. Alcanza
sin embargo un límite cuando se topa con destinos
particularmente pesados en la estirpe familiar, que
desarrollan sus efectos hasta el día de hoy. En estos
casos, se trata lo más frecuentemente de delitos muy
graves como por ejemplo un
crimen.
El
efecto de tales acontecimientos en el alma familiar no
puede ser descrito únicamente con lo que conocemos hasta
ahora sobre ataduras, equilibrio y orden, ni puede ser
aliviado de manera apropiada sólo con aclaraciones sobre
la responsabilidad o frases de solución o “devolución
(de sentimientos)”.
Sin
alterar la validez de las constelaciones familiares,
esto llevó a un desarrollo ulterior del trabajo hacia
los movimientos del alma. Aquí son de igual importancia
los conocimientos referentes a las reglas de sobriedad
puesto que la actitud del terapeuta juega un papel aún
más significante, siendo resultado de su propio
desarrollo.
En
el taller de formación avanzada de Hamburgo, Bert
Hellinger demostró este desarrollo en progreso así como
nuevos conocimientos de las dinámicas. Esto permitió que
algunas de las hipótesis se aclararan para los
observadores, hipótesis necesarias para lograr el
trabajo con los movimientos del alma. Al terapeuta le
corresponde respetar los procedimientos propios
de la fenomenología, el papel del
que ayuda y la importancia de la filosofía para alcanzar
la profundidad en el trabajo.
Fenomenología – Observación bien entrenada
Al
que trabaja con constelaciones le resulta conocido cuan
determinante es una buena observación. En Hamburgo se
pudo ver que una percepción
ampliada lleva a dar pasos con efectos decisivos en el
trabajo con clientes. Nos pudo haber parecido familiar
la apariencia de un cliente masculino que,
evidentemente, carecía de la bendición del padre.¿Cómo
reconocerlo? Lo masculino permanecía oculto en él, sin
brillo y sin seriedad. Gracias a preguntas oportunas el
cliente mismo pudo encontrar la buena solución.
Más
complejo en cambio fue el caso de una mujer americana,
que ya en su silla parecía apresada de un modo extraño,
deprimida sin estar realmente triste. Se acercó a Bert
Hellinger con pasos
furtivos, luego quiso regatear en su idioma materno un
arreglo por separado, a su manera, todo esto con un
ímpetu muy raro.
¿En
qué umbrales hacia la realidad de esta clienta se
encuentran estas percepciones? Bert no trabajó con ella
pero dijo que aquí se trataba de culpa personal. Si
hubiéramos entrado en el juego, habríamos constelado de
manera clásica a pesar de todas estas señales, siguiendo
las reglas del arte y dejándonos guiar por las
informaciones del representante: ¿qué posibilidades
habría tenido aún la clienta (y el terapeuta) de
confrontarse a la verdad? Pero sobre todo, ¿por qué
medios se llega a tener esta percepción ampliada?
La
fenomenología del trabajo de constelaciones se
diferencia fundamentalmente de las otras, como la del
psicoanálisis, del “Prozessarbeit” ( trabajo basado en
un proceso) o incluso de la
PNL.
El
trabajo como constelador apoyándose en la fenomenología
significa de modo implícito que uno no se limita a la
percepción con los sentidos sino que uno percibe a la
vez con el alma, “de alma a alma” por así
decirlo. En realidad es también un
modo de proceder “poético”.
Esto
presupone que uno se ha arriesgado a tomar consciencia
de su propia alma, empezando por la aceptación de sus
propios padres así como el reconocimiento del destino de
los ancestros. Con esta actitud de base, puede madurar
la percepción hasta superar posibles desengaños y crecer
para abrirse a soluciones.
Esto
conlleva dos implicaciones distintas. Por una parte es
posible que la propia percepción adquiera con el tiempo
una mayor amplitud y consistencia, por otra parte este
desarrollo puede llevar a que el terapeuta esté en
condiciones de reconocer con claridad y en un instante
el autoengaño esencial activo en el cliente a través de
sus antepasados, dándole entonces el impulso apropiado
para que se logre una solución.
¿Cómo se ha visto esto en los días del taller? Para el
observador no era difícil darse cuenta que el “discurso”
producido por el cliente tenía una importancia mucho
menos relevante que antes, en cambio se volvía de prima
importancia la comprensión instantánea de lo esencial
por el alma que abarca en su visión mucho más que sólo
el sistema. En este proceso se destaca el arte en el
primer término, el arte de discernir lo esencial para el
logro del trabajo y a la vez, alcanzar la armonía con la
“energía” de lo que se ha expuesto.
Esto
implica por una parte que para el terapeuta este
“esencial”, igual que una premonición, se haga
perceptible cada vez más temprano, incluso
antes de los intercambios en la
“ronda”. Por otra parte es imprescindible que el cliente
consiga limitarse a pocas frases – aquí eran autorizadas
un máximo de tres – para “exponer su caso”.
Se
hizo claro que de esta forma el terapeuta, pudiendo
permanecer centrado, era capaz de dejar emerger en él
una imagen, fruto de su percepción, que lo podía guiar.
Durante los movimientos surgieron también frases de
soluciones únicas, nacidas de la imagen espontánea y
recogida del momento presente, no del diagnóstico ni de
los pasos habituales de solución en una constelación.
La
fenomenología de los movimientos del alma está desde un
principio ligada a la
veracidad del alma. La aplicación más profunda de esta
veracidad es tal vez el
asentimiento con todo corazón al propio destino y al de
todos los que pertenecen al alma familiar. Esto nos
aleja del peligro de una desilusión y, por lo tanto nos
hace posible, con el tiempo, la penetración intuitiva en
el alma más grande.
Lo
que significa también, a su vez, que mientras se juega
algo falso entre terapeuta y cliente, éste
no consigue mirar su destino de frente. Con lo cual se
impide el éxito en el trabajo, dejando el alma sin
fuerzas y retraída. Confrontar la falta de armonía
requiere coraje. Y esto desde luego puede causar
angustia.
Clientes con angustia y sus impulsos
mortíferos.
En
el transcurso de la formación se pudo observar unos
casos de síndromes angustiosos, gracias a los cuales una
reciente observación de Bert se reveló: aquel que con
constancia llega a niveles patológicos de angustia está
en realidad sintiendo sus propios impulsos violentos,
hasta asesinos, que frecuentemente se originan en el
sistema. Esto coincide, a nivel fenomenológico, con la
agresividad observada en el cliente. Ella intenta
imponer al que está enfrente una
deferencia hacia el miedo que ella mismo siente y,
de cuando en cuando, logra
despertar en aquel, cuando existen intrincaciones,
impulsos de desamparo agresivo acoplado con un
sentimiento de culpa.
Una
imagen interior me vino durante estos días: cuando me
represento una persona a media distancia y la dejo
vibrar con el sonido de la palabra “angustia”, se vuelve
visiblemente más pequeña, más espesa en las piernas y
con los puños cerrados. De hecho, lo menciono muy
brevemente, la palabra alemana se queda a menudo sin
poder traducir y resuena de forma muy particular.
Nuestro idioma pertenece también a nuestro destino…
Entender de otra manera el papel del que ayuda
El
taller inspiró de varias maneras la pregunta siguiente:
¿Qué es un ayudante? Muchas veces, algo muy distinto de
un terapeuta. El ayudante considera el cliente como un
adulto siempre capaz de gestionar. ¿Cómo es esto? El que
ayuda respeta en su cliente a sus padres, su destino y
su vocación, sus movimientos así como le guían y tal
vez como le maduran. Y él permanece
en sus propios movimientos. De esta forma la ayuda se
convierte en un encuentro intenso, en ocasiones
fructífera entre dos personas iguales.
El
que ayuda no se interpone con sus conceptos o su saber,
ni siquiera con respeto a las constelaciones. Ahí donde
resulta posible, trae a la luz un movimiento del alma,
tal vez lo impulsa hacia
delante y luego se retira modestamente. Lo hace como un
adulto, sin esperanzas ni miedos y sin la intención de
sanar, sabiendo que él es pequeño frente a un movimiento
mayor. Es muy respetuoso de las fuerzas del alma,
evitando que ellas se tornen en contra de él.
La
actitud interior que lo apoya es igual que el lema del
taller, “la paz comienza en la propia alma”. El ayudante
ve la paz con buenos ojos pero no la “quiere”. Por esto
está relajado y alegre. Está en armonía con esta fuerza
mayor que, al igual que Venus y Marte, guía y alienta
tanto la paz como la guerra. Nuestra vehemencia en
diferenciar y juzgar no les impide estar relacionados.
El ayudante sabe que el alma grande, en sus movimientos
lentos de reconciliación, lleva a juntarse los opuestos
y lo irreconciliable hasta que se hagan uno, aún si él
no lo entiende y si lo quisiera de otra forma. La
pequeña paz no se puede comparar con la grande. Ésta es
un regalo.
Con
respecto al que ayuda, algunos gustan de mencionar “el
ayudante”, otros piensan en “el sabio”, otros más en “el
compañero”.
Observaciones detalladas sobre lo práctico –
Constelación y público
Cuando trabajamos con los movimientos del alma no
colocamos a las personas juntas, como en la disposición
de una constelación, sino que las colocamos frente a
frente. En cierto sentido, se las coloca frente a su
destino y frente a lo que les impidió aceptarlo. Más aún
que en las constelaciones hasta ahora, se forma un
espacio separado y quieto para los movimientos,
desprendido de lo profano de la opinión que prevalece en
el momento. Una palabra para aquello es “templo”.
Me
llama siempre la atención ver que el público presente no
molesta para nada el cliente, por lo contrario lo
alienta en el recogimiento tan importante para llegar a
esta veracidad del alma descrita anteriormente. En una
sesión individual puede surgir el engaño con más
facilidad. ¿Tal vez frente a
un público es como si el alma se mirara y se oyera a si
misma? Simultáneamente, la presencia del público
actuaría como una forma de cuerpo de resonancia,
fortaleciendo lo vivido y haciéndolo llegar a una
plenitud en el alma del cliente. Talvez sea eso también
un efecto de las aclaraciones ocasionales de Bert que,
recordando los coros de las tragedias griegas, están
dirigidas de modo patente a un grupo mayor y establecen
una “notoriedad del alma”.
Filosofía – No hay ayuda sin percepción de lo que hay.
Finalmente, se oyeron durante el taller numerosas
sugestiones para meditar, acerca del papel de la
filosofía en la ayuda. Esto confirma que se trata menos
de una asignatura académica sino más bien de exponerse
de forma directa a la percepción de lo que existe en las
constelaciones y en la vida. Esto puede ayudar a
considerar los dos con mayor claridad. Así es como
constatamos por ejemplo que nuestros conceptos sobre
tiempo y espíritu pueden ampliarse cuanto más permitimos
que los movimientos del alma actúen en nosotros.
Nuestro pensamiento sigue una estructuración según
categorías, por ejemplo los
conceptos de causalidad, espacio y tiempo, que están
interconectados. El tiempo que transcurre se siente por
nosotros vinculado a la observación del movimiento y a
la idea de un movimiento de la vida. Los vivos están en
el tiempo. Al morirse ellos, podemos sentir en nuestra
alma que aún en nosotros viven. Y sentimos también en
nuestra alma el momento en que los muertos, llegada su
hora, no están más aquí, el momento en que todo acaba.
No debemos oponernos a este alejamiento de los muertos.
El alma crece y alcanza la paz cuando, al cabo de un
tiempo, todo se puede terminar.
¿Y a
dónde lleva a los muertos
este movimiento mayor?
La
respuesta de Bert a esta pregunta fue una cita de
Ricardo Wagner: “El eterno olvido primordial”.
“Yo estaba
donde siempre he estado
y
donde para siempre estaré:
en el reino lejano de la noche del mundo.
Ahí disponemos de esta única certeza:
el olvido primordial, divino y eterno!”
Ésta
es la expresión poética de lo que sólo se puede
describir de otra forma con una paradoja como el
hundirse en un lugar fuera de cualquier lugar o en un
tiempo infinito, antes y después de toda experiencia.
En
este olvido primordial todo está suspendido, en su
plenitud: olvidado, después de haber sido conocido y
consumado, realizado. Nuestra realización ocurre en el
momento justo y necesita al tiempo mientras dure. Luego
se borra el tiempo y su movimiento, y empieza otro
movimiento, y nos volvemos todos iguales frente a la
ausencia del tiempo.
Tal
vez se encuentre
el alma grande al servicio de aquel movimiento.
Significante se vuelve también la reflexión sobre el
nivel del espíritu. El espíritu detrás del alma,
guiándola e inspirándola, fue descrito por Bert como
“una fuerza inagotable de creación”, dándole su orden al
alma. Para nosotros es un misterio. Quizás
le corresponda
lo que fue dicho sobre el olvido primordial. Entonces
sería él, en cierto sentido, definible como sin
tiempo-de todos los tiempos, atemporal y eterno. Todo lo
que alcanza una realidad es ya conocido de antemano por
él, y aunque no haya acontecido todavía, ya existe. Esto
podría significar que este ámbito del espíritu es común
a toda la humanidad de todos los tiempos y tal
vez también accesible.
Si
fuera así, se nos abrirían nuevos caminos para nuestra
comprensión del destino y de la vocación, y afectaría
nuestra actitud como ayudante y nuestro trabajo “en el
espíritu apropiado”, como se nos dio a ver en Hamburgo.
No hay sanación sin el espíritu. El camino que lleva
hacia ello implica acompañar plenamente y asentir a los
movimientos del alma.
é
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