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La noche oscura del alma “La paz comienza en el alma: conflicto étnico y reconciliación”
Bert Hellinger en la Universidad de Forham, Boston
También observé que cuando la gente toma un camino espiritual y se vuelven esotéricos, suelen rechazar seguir ocupándose de sus propios hijos o abandonan a su cónyuge. Rechazan hacer frente a su realización humana común así como a las responsabilidades que cuestan algo. Se elevan hacia un nivel pretendidamente espiritual. Son egocéntricos. Pueden hablar de perder el ego, y ¿sobre qué meditan? Sobre su ego, por supuesto. Y ¿Qué hay de sus deseos de ser iluminados? ¿Cuál es su meta al desearlo? Su ego por supuesto. Hay un gran engaño en todo ello. Sin embargo hay otro camino espiritual: la noche oscura del alma. En España, San Juan de la Cruz habló de ello. Es un entrenamiento espiritual, y requiere tiempo. No puedes entrenarte a ello ni quererlo. Te cae encima. La noche oscura te cae encima. Una vez que estás en ella, ya no sabes a donde ir. Todo está oscuro, estás en la desolación, sin dirección. Pero eres (estás) bastante fuerte para mantenerte en pie. Y al cabo de un tiempo, experimentas la noche oscura del alma. La noche oscura del alma tiene tres partes: Primero es la oscuridad de los sentidos, en la que ya no buscas lo que gusta a los ojos o a los oídos ni a ningún otro sentido. No es porque los desprecias de algún modo como podría ocurrir en otro nivel. No, es porque estás conectado con algo más profundo, con un lugar lleno de calma, de silencio. En este nivel ya no necesitas mirar afuera ni escuchar nada de fuera. Es un lugar muy vasto. En otras palabras, el camino espiritual requiere una purificación, especialmente una purificación de toda intención, de alcanzar una “meta superior”. Nos quedamos abajo, atrás, en el último lugar, todo el tiempo. La segunda parte de la noche es muy difícil. Es la noche de la mente. Eso significa que abandonas tu deseo de saber. Ya no preguntas ¿por qué?, ¿Qué es?, ¿Qué ocurrirá después?. No, permaneces alejado de esa necesidad de saber.
Hay otra etapa más: la noche oscura de
la voluntad. Ya no puedes realizar nada. Si tiene un proyecto, por
ejemplo quieres aprender las constelaciones familiares y asistes a
muchos talleres. Puede que sea bueno. Pero si tienes el proyecto de
cambiar el mundo con ello, te has cortado de la fuente de la realidad.
Si abandonas esos grandes proyectos – si no quieres curar a los demás ni
mejorar al mundo, si sólo quieres quedarte contigo mismo – entonces se
te abre otro camino. Puedes tener el impulso de dar sólo un pasito muy
pequeño, y al seguir este impulso descubres mucho mas que con ningún
otro proyecto en el mundo. De repente estás en contacto con algo
distinto, conectas con algo mayor.”
Traducción Brigitte Champetier de Ribes
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