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La felicidad que permanece

  

Jornadas didácticas de Bert Hellinger,

En Barcelona, 1, 2, 3 y 4 de marzo de 2007

 

 

Este es un curso de formación en el que os voy a mostrar como se hace este trabajo. Cuando trabajo con casos personales no puedo decir todo lo que veo, para proteger al cliente. Con los casos de supervisión si puedo hacer comentarios.

 

Me alegro de estar de nuevo en Barcelona, después de tantos años y viéndoos a todos aquí, siento que se ha hecho un buen trabajo. Me siento muy unido a todos vosotros.

 

Vamos a empezar con música. Con la música vibramos todos, con ese algo más grande que sale a través de ella a la superficie, algo espiritual sale aquí a la luz.

 

A lo largo del curso entraremos en un movimiento del Espíritu, en resonancia con los movimientos del Espíritu. Esta es la manera en que han evolucionado y se han desarrollado las constelaciones familiares. Os lo mostraré aquí y al tiempo os llevaré de la mano a lo largo de las constelaciones. No sólo vamos a trabajar algo, no sólo vamos a ayudar a otros, también vamos a entrar en un movimiento del amor, para todos tal cómo son y para todo tal cómo es. Este es el amor del Espíritu: No conoce ninguna diferencia entre lo bueno y lo malo, entre lo mejor y lo peor. A través de este movimiento vamos a crecer más allá de nuestras propias fronteras y también aquellos a los que ayudemos.

 

Os diré algo sobre los movimientos del Espíritu y luego os lo mostraré. Os llevaré a través de lo que se percibe en las constelaciones y os mostraré la posición que debemos tener durante ellas y la manera de proceder en ellas.

 

Al final de este curso todos sabrán moverse con las constelaciones del Espíritu.

 

 

Primero debemos hacer algunas reflexiones filosóficas

 

Vivimos de manera muy amplia respecto a nuestras propias imágenes interiores que muchas veces limitan nuestra percepción y trabajo. La filosofía deja estas imágenes tras de sí, por ejemplo imágenes de paz total o de un mundo justo o imágenes de personas a las que les va bien y de otras a las que les va mal, que nos llevan a la envidia y así no estamos en concordancia con todo tal como es.

 

Esta forma de pensar, la de este trabajo, es pura, renuncia a todas estas imágenes y se queda fundamentalmente con aquello que es, aquello que puede ser pensado.

 

Todo aquello “que es” lleva un movimiento, ¿de dónde sale este movimiento? ¿de aquello que realmente es o de fuera? Todos los movimientos vienen de fuera y todo movimiento tal como, es pensado ¿por quien es pensado? ¿puede existir alguna cosa sin haber sido pensada? Todo lo que se mueve ha sido pensado, de acuerdo a como se mueve. Detrás de todo aquello que se mueve y que funciona se encuentra “aquel que piensa”. Lo llamamos Espíritu. Pero esta es solo una palabra que no dice nada. Aquello que realmente funciona no puede ser nombrado. Cuando hablamos de movimientos del Espíritu no nos referimos a nada palpable.

 

Aristóteles afirmaba que “todo aquello que es ha sido pensado”. Este Espíritu que ha pensado todo tal cómo es, está en concordancia con todo lo que él mueve. No puede no estar en concordancia con todo lo que ha pensado y ha puesto en movimiento.

 

Resonamos con él cuando entramos en la misma dirección de movimiento, movimiento de amor y unidad con todo aquello que es “tal como es”. Esto significa mucho para nuestro trabajo ¿podemos sentir pena o compasión por alguien? Cuando así hacemos estamos acusando al Espíritu y su movimiento. Cuando nos arrepentimos por lo hecho no estamos viendo los movimientos de este Espíritu.

 

Los movimientos del Espíritu se manifiestan a través de este trabajo ¿Quién mueve a un representante? Es un movimiento del Espíritu. Si no intervenimos, sólo estamos permitiendo que el movimiento se de. Entonces el movimiento del Espíritu une lo separado. Todos los problemas nacen por la separación, por la exclusión de otros o de partes de nosotros. Entonces estamos separados y rompemos nuestro movimiento del Espíritu. El movimiento del Espíritu une lo separado y cuando se encuentra lo separado se llega a la felicidad. Esta es la felicidad  y la suerte que permanece. Este es el tema del seminario.

 

 

Casos de Supervisión

 

Caso 1

 

(Cuando alguien presenta un caso, para expresar el problema, ha de hacerlo con un máximo de tres frases y mejor si fuera sólo en una. Cualquier otra cosa que se diga sobre el problema es una imagen interna que no está en concordancia con los movimientos del Espíritu.

 

Quién no es capaz de enunciar su problema, no tiene problema y sobre todo no quiere hacer nada)

 

Cliente: niña de once años que rechaza a su madre.

 

La niña está separada de su madre, no logran estar juntas. Este es el hecho con el que vamos a trabajar.

 

Tomamos una representante para la niña, que se centrará y se moverá desde su interior y de esto recibiremos la información más importante que nos mostrará que es lo siguiente que vamos a hacer. Estos movimientos suelen ser muy lentos. Alguien no centrado se mueve rápidamente. Los representantes no ven al terapeuta y no deben estar hablando.

 

La representante ( R ) de la niña mueve mucho la mano derecha y todo el brazo, llora, gira hacia la izquierda y se tira al suelo. Nos está mostrando que no es un problema de la niña, porque es demasiado grande para ella.

 

Hellinguer (H) coloca a alguien para la madre (M) delante de la niña, que no mira a la niña, mira al suelo  y luego le da la espalda. Nos muestra como se está girando de un muerto. Ahora coloca a un muerto en el suelo, delante de la madre. La madre lo mira. Ahora la niña se calma y mira a su madre. La niña le dice a su madre: “Por favor”.

 

La madre se gira, la muerta mira en otra dirección, a otra persona. Aquí está el problema. Pone a esa persona. La  muerta empieza a temblar como lo hacía la niña al principio.

 

Ahora H coloca a la madre de espaldas a esto con lo que ella está implicada sistémicamente. Entonces los muertos se miran.

 

H toma a la niña y la lleva delante de su madre, se abrazan, la niña llora.

La madre muerta toma a su hijo y también la viva.

La madre le dice a la hija: “Ahora me quedo”.

Entonces la hija puede abrazar a su madre.

 

La hija le dice a la madre:”Por favor mamá sostenme para que pueda quedarme”  “Ahora me quedo como la pequeña tú eres la grande” “Sostenme como mi madre” “Yo solamente me quedo como hija”.

 

Ahora la hija se arrodilla delante de su madre

Ahora está bien el orden del amor. Ahora está todo en orden.

 

Cuando alguien gira y da vueltas está indicando una culpa, al igual que el temblor de la mano. Por eso una niña de once años no puede ser culpable. La madre miró al suelo, a un muerto y este giró su cabeza y no la miraba a ella, indicando que no tenía que ver con ella. Esa otra persona tiene expresión de ira asesina y ante ella la muerta tembló. Saco a la madre de eso porque no tenía que ver con ella.

 

Cuando la muerta extendió sus brazos, la otra persona se fue hacia ella. Es el asesinato de un niño.

 

Lo que sentía la niña era ira asesina y miedo a la vez (movimiento esquizofrénico) como la muerta. La madre quería morir.  La niña sentía que su madre se quería morir por su antepasada y dice: “yo me muero en tu lugar”. Con esto la niña se está poniendo por encima de su madre. Cuando la madre dice “me quedo”, la hija se queda también.

 

Cuando asesina y víctima se toman de la mano se trata de un movimiento del Espíritu. Entonces se vuelven iguales, ya no hay diferencia.

 

 

Caso 2

 

Cliente: padres con un hijo de quince años que se hace caca encima y tiene conductas autodestructivas.

 

H toma como representante para el niño al terapeuta que presenta el caso. Sale y mira al suelo, dice: “Yo también”.

 

H coloca a tres muertos delante, en el suelo.

 

El niño se aparta de ellos y sigue mirándolos. Los dos primeros muertos están cogidos de la mano y el tercero mira para otro lado. Coloca a alguien en esa dirección: se trata de un hombre. Es el agresor. Los muertos se alejan de él. El muerto de en medio tiembla.

 

Ahora pone a otro hombre. El niño lo mira, se aleja de él y sigue mirando a los muertos. Es por quien se hace caca en los pantalones. Ese hombre mira al niño.

 

Ahora el agresor le dice a este hombre: “Nosotros ganamos”. Tiene los puños apretados.

H le dice al niño que se tumbe entre las víctimas y le pregunta si se siente mejor o peor. El niño se siente mejor, con menos miedo. Entonces el niño les dice a las víctimas: “Yo también”.

En ese momento el segundo hombre se ablanda y no deja de mirar.

 

El niño tumbado le dice al agresor: “se acabó” y entonces este mira hacia arriba y empieza a girarse lentamente, hasta que se queda de espaldas. Las víctimas se toman de la mano. El agresor se pone de rodillas, honrando esto. Una de las víctimas le toca y le toma.

 

H levanta al niño y lo coloca delante del segundo hombre. El niño le dice: “Yo como tú” “Yo también”. Ambos se miran y se aproximan. El niño se sienta delante de él y lo mira. El hombre le toca la cabeza.

 

H: se ha terminado. Aquí lo dejamos. Es la guerra civil española. El niño representa a los asesinos y a las víctimas, como el asesino principal.

 

Hablar inmediatamente sobre la constelación que acabamos de hacer no es bueno. Si no lo hacemos permanecemos en concordancia con el Espíritu y nos ponemos en posición humilde, en último lugar.

 

A veces creemos que somos independientes, libres, autónomos y que podemos decidir nuestro destino. Todos estamos unidos con los destinos de los otros, de toda la humanidad. Todas las personas que han tenido que ver con nosotros viven dentro de nosotros y gracias a su sufrimiento hemos aprendido y ellos han resuelto problemas que nosotros ya no necesitamos resolver.

 

Nuestra vida tiene un principio y un fin, pero antes de ella ya había algo y después de ella seguirá habiéndolo. También había algo de nosotros ahí y algo quedará de nosotros cuando ya no estemos.

 

 

Caso 3

 

Lo primero que el terapeuta tiene  que hacer es entrar en resonancia con el cliente, sin prisas.

 

H dice al terapeuta que está junto a él: cierra los ojos, imagínate a tu cliente y retírate de él. El terapeuta tiene que poder mantener el control.

 

¿Quién es tu cliente?

 

Cliente: mujer de 42 años con baja autoestima, que bloquea su vida.

 

H: este es el típico paciente que no quiere hacer nada. No podemos asumir eso. Si ella quisiera hacer un cambio en su vida no lo plantearía así. Si alguien dice ayúdame ¿Qué puedo hacer yo? Esa persona no quiere hacer nada. No podemos hacer más en este caso y yo no me estreso por eso.

 

Ahora trabajaré con la terapeuta. Ella no me respeta, ni respeta a su madre y tampoco, por lo mismo, puede respetar a su cliente. Ella es arrogante con su madre, con su cliente y conmigo. Su madre tiene un lugar en mi corazón.

 

¿Por qué alguien se hace terapeuta? Si creen que es para ayudar a los otros, no podrán tener éxito, porque están retando a su madre, permanecen en su niño y tienen una actitud arrogante. Ella no logró ayudar a su madre y por eso busca a alguien que necesite ayuda para con ella si conseguirlo. Trabaja mucho y se quema, pero no logra el éxito.

 

Todo falla cuando no se respeta el orden fundamental en las relaciones padre-hijo, pareja, trabajo y pueblos.

 

Tomemos como ejemplo algo lejano, no un conflicto personal, el conflicto entre judíos y árabes.

 

Este conflicto se debe a la ruptura de un orden fundamental, que comenzó con Abrahán. Su esposa Sara no podía darle hijos y le dijo: “Toma a mi sirviente y ten hijos con ella”. Abrahán tuvo un hijo con esta esclava: Ismael. Entonces Sara le pidió a Dios concebir un hijo y quedó encinta. Entonces le dijo a Abrahán que mandara a Sara y a su hijo al desierto y así lo hizo. Dios le dijo entonces a Abrahán: “no te preocupes, los hijos de tu hijo serán un gran pueblo”. Ismael es el padre de los árabes. E Isaac, el hijo de Sara, el padre de los judíos. Para resolver el conflicto los israelitas han de decirle a los árabes “vosotros los primeros y nosotros en segundo lugar”.

 

También en Sudamérica no se respetaron los órdenes fundamentales. Pero de eso no hablaré ahora.

 

Un ejemplo empresarial de esto es el caso de la BMW que compró la Robert en Inglaterra. Tuvo después de eso pérdidas  millonarias y terminó vendiendo la Robert por un euro. Y así muchas empresas que no mantienen el orden fundamental tienen muchas pérdidas y grandes conflictos e incluso llegan a la ruina.

 

 

¿Qué dicen estos órdenes?

 

Nuestra conciencia colectiva sigue dos órdenes fundamentales:

 

  • Órdenes de vida

  • Órdenes de amor

 

¿Cuál  es el pensamiento autónomo? Yo soy el primero y este viene detrás de mí. Las reglas de la conciencia colectiva, por su parte, son que todos tienen el mismo derecho de pertenencia. Si se excluye a alguien por decir: yo soy el primero y tú debes irte, más tarde, alguien de la familia, del sistema, representará al excluido.

 

El que llegó el primero está delante de el que llegó después. Lo anterior tiene preferencia sobre lo que llegó después. Si no se respeta este orden, habrá fracaso. En las familias este orden se rompe frecuentemente por parte de los niños, cuando quieren salvar a los padres. No se dan cuenta de estar rompiendo el orden, porque lo hacen por amor, amor infantil, que es muy peligroso, lo más peligroso de todo, porque llega hasta el límite, hasta decir: “yo me muero en tu lugar, yo quiero morirme”.

 

Todas las grandes tragedias se producen por haber alterado los órdenes fundamentales. Cada héroe de una tragedia es un niño. Al final de las tragedias siempre aparece un dios que restablece el orden.

 

Los terapeutas agreden muchas veces el orden fundamental y lógicamente fracasan.

 

Ahora la cliente ha decidido restablecer el orden en su caso. H la saca y la coloca delante de una persona que representa a su madre. Hay dos muertos entre las dos. Las manos de la hija se mueven y cierran. Ella se tumba sobre el primer muerto y la madre se mueve sobre el segundo muerto, mueve las manos y da botes y mueve la cabeza. A la madre le atrae un muerto y la hija lo hace en su lugar. Al romper el orden todos acaban en la muerte. El terapeuta en este caso ha de decir: “este caso es para mi demasiado grande”. Y entonces ambos, terapeuta y cliente se liberan.

 

 

Caso 4

 

Imagínate a tu cliente unido a todos los miembros de su familia: padres, hermanos, pareja, hijos, y tú estás vinculado de la misma manera con cada uno de ellos, y así cada uno tendrá un lugar en tu corazón. Y ya estás en una posición distinta a la que tenías al principio. En este momento te pones en concordancia con el Espíritu, sin preocuparte para nada por ellos. Tú sabes que estás bien dirigido. Este es un buen ejercicio.

 

¿Quién es tu cliente?

 

Cliente: Familia en la que los hijos tienen miedos: el mayor tiene fobia social y el segundo, de 18 años es psicótico, es violento, tiene dolores y no quiere relacionarse con otros. El pequeño de 7 años también tiene ya miedos.

 

Se trata de una familia psicótica en la que todos son psicóticos o tienen miedo a volverse psicóticos.

El abuelo materno era psicótico y también lo era un tío del padre. Al haber síntomas psicóticos en ambas ramas es importante mirar ambas partes, primero una familia y luego la otra. Escogemos a alguien para representar al padre y a la madre y los enfrentamos y miramos cual de los dos sistemas es el más cargado.

 

Ponemos también a alguien para el hijo psicótico de 18 años.

 

El padre cierra los puños (energía asesina) y baja la cabeza. Siente miedo y este miedo expresa la energía asesina. A partir de este miedo se convierte en la víctima y así tiene en sí mismo las dos energías, la agresiva y el miedo, la del perpetrador y la de la víctima. De ahí la psicosis. Pero esto no es suyo, porque él no ha matado a nadie.

 

Frente al hijo, la madre se inclina del lado derecho y se va doblando hasta caer al suelo. También para ella esto es sistémico. H da la vuelta al hijo y entonces este suelta las manos.

 

Saca al padre de la madre. Tiene el puño derecho cerrado y los brazos abiertos. Ahora coloca una víctima delante de él. Se trata de una mujer, que también tiene el brazo extendido y el puño cerrado. Ahora H gira a la madre, de esta situación. El hijo se tapa los oídos para no escuchar a la mujer víctima. H gira también al abuelo y lo levanta.  Saca a otro hombre, al perpetrador. Coge al hijo y le pone delante de este hombre,  que está delante de la víctima. El hijo le dice al perpetrador: “Por favor”. Ahora el hombre mira a su víctima.

 

Este por favor es un símbolo de amor y solamente cuando el perpetrador puede ser amado, podrá girarse. Ahora el perpetrador se arrodilla delante de su víctima y los dos se toman de la mano. Este es un movimiento del Espíritu, que une lo que estaba separado. La mujer víctima ha cerrado los ojos, ya está en paz. El hijo ya está mejor. La madre y el abuelo miran al perpetrador. Han de tomarlos a los dos al mismo tiempo y de la misma manera en su corazón. Han de mirarlos con amor.

 

Ahora H coloca a la madre frente a su hijo y al abuelo detrás de la madre. En un movimiento lento se van aproximando, hasta que se abrazan. La madre aún tiene energía asesina y no se atreve aún a abrazar al hijo, por miedo a hacerle daño. La madre le dice al hijo: “Gracias” “Tú lo has llevado por mi”.

 

H coloca al abuelo detrás del hijo y este le dice a la madre: “gracias”.

 

La víctima y el perpetrador se han tumbado juntos en el suelo.

 

La madre aún no se atreve a abrazar a su hijo. Entonces su padre se coloca detrás de ella y la sujeta por atrás y entonces la hija si puede empezar a tocar a su hijo. También el abuelo acaricia al nieto.

 

Los movimientos del Espíritu son largos. La sanación es lenta.

 

Después de un crimen suele haber esquizofrenia en todas las generaciones.  En cada generación uno lleva los síntomas y de esta manera los demás quedan protegidos. Todos en la familia se benefician de esto y por eso suelen apiñarse en contra de la sanación. Es preciso tomar a toda la familia para la sanación.

 

En la familia de los psiquiatras suele haber un asesinato. Los pacientes salvan a los psiquiatras de su propia psicosis y los psiquiatras se esfuerzan en no sanar a sus pacientes. Si nos fijamos en la historia de la psiquiatría veremos las cosas terribles que los psiquiatras les han hecho a sus pacientes: electroshock, camisas de fuerza, abertura del cráneo. Aquí hay mucha energía asesina. Esto ha evolucionado y actualmente son los medicamentos los que salvan a los psiquiatras de alguna manera de su agresión médica.

 

Cuenta a la familia lo que ha pasado aquí y no hagas nada más. Déjalo que actúe por un tiempo, porque estos procesos necesitan largo tiempo. Por ahora hemos dejado al padre fuera porque con la madre estaba el peso más fuerte y si esto empieza a solucionarse, puede empezar a  hacerlo lo otro también.

 

Cuando estamos resentidos con los que han dañado a un cliente, cuando tomamos partido en contra de alguien nos convertimos en víctimas del cliente y este se alegrará. Cualquier resentimiento lleva energía asesina, no es amor.

 

La tartamudez es semejante a la esquizofrenia, un vínculo con un perpetrador y su víctima, que no han podido encontrarse. También ocurre esto en otros problemas del lenguaje. Tenemos el ejemplo de un niño que se tragaba las sílabas con “n”. Esto está indicando que alguien faltaba. El abuelo del niño estuvo en la Legión Extranjera, a donde, sin duda, se va a matar y a morir. Entre las víctimas del abuelo estaba una mujer. Entre ellos había mucho amor. En la constelación se abrazaron profundamente. Existía un hijo de esa pareja, una niña. Había que poner al niño junto con esa niña, su “n” era esa hermana que le faltaba.

 

Pasa algo similar con el autismo.

 

Pero en todos estos casos hay muchas capas, niveles e influencias, a la vez.

 

Este tipo de trabajo, moviéndonos con el Espíritu, no puede perjudicar a nadie, porque todo está al servicio del amor.

 

La mayor dificultad de todo esto reside en la “conciencia” que se opone siempre a las soluciones. La conciencia mantiene a un grupo unido, todos aquellos que se sienten vinculados se unen en una conciencia colectiva, por ejemplo la conciencia católica o la musulmana. Por eso algunos católicos se llaman entre sí, hermanos en Cristo. Si respetamos esto y lo honramos, no los estamos atacando. También los grupos de trabajo tienen una conciencia grupal: los médicos, los abogados, los militares, etc. Si no tenemos esa misma conciencia seremos excluidos por ellos. Ellos se encuentran atrapados en un “campo mórfico” que cuenta con un pensamiento colectivo que permite ciertas cosas y otras no. El pertenecer a un campo puede hacer que sus miembros “no tengan permiso” para escuchar otras cosas, y entonces aunque las escuchen, no las entenderán.

 

Separarse de una conciencia de grupo a la que se ha pertenecido da miedo. Este miedo previene de la envidia que el alejarse del grupo puede suscitar.

 

Los que se mueven con los movimientos del Espíritu no necesitan de estos grupos, de estas conciencias, porque el movimiento del Espíritu lleva hacia los demás y las cosas pasan en el momento correcto.

 

Cuando viene gente a las constelaciones de grupos de estos (médicos, abogados, etc) es bueno. No todos necesitan aprender constelaciones familiares. Cuando vuelvan a su campo donde ellos no son una amenaza para el resto, si retornan con amor y lentamente van mostrando cosas, lentamente el grupo empezará a interesarse y no verán ya este trabajo como una amenaza.

 

Cuando estamos en los movimientos del Espíritu no nos sentimos mejores que nadie y los demás no nos viven como una amenaza.

 

Aprender, interiorizar esto y luego se utilizará en el momento adecuado, cuando las circunstancias lo permitan y lo pidan.

 

 

 Caso 5

 

Cliente: mujer de 45 años con arritmias cardiacas, fibrilación ventricular, desde hace tiempo.

 

Cuando el corazón late con calma es cuando todo está bien para todos. Encima del monte Everést el corazón no late bien, y habrá que bajar de la montaña para que el corazón se calme. Las preocupaciones afectan al corazón.

 

Cuando nos dejamos llevar por los movimientos del Espíritu, domesticamos los vicios, porque el Espíritu no permite nada en contra de los movimientos del amor.

 

Cuando estuve en Japón me contaron que había un millón de hombres que ya no salen de  su casa. Empecé a pensar en lo que podría hacer yo con esto. Entonces me sentí en el lugar más bajo y empecé a tener taquicardias ¿en que me estaba equivocando? Las palpitaciones eran una domesticación por parte del Espíritu. Yo no podía hacer nada para tanta gente. Cuando me retire de eso, las palpitaciones desaparecieron.

 

La prisa interior, la intranquilidad, los celos, todo eso hace que el Espíritu empiece a domesticarnos. Tenemos entonces que recogernos y preguntarnos en que momento nos hemos distanciado de los movimientos del Espíritu, a quien rechazamos, o que rechazamos de nosotros, y al reconocerlo, volvemos al Espíritu.

 

El que está muy cansado ha perdido el amor. En el amor hay mucha fuerza.

 

Saca a una representante para su cliente. Ella tiene la mano derecha en el pecho y está enfadada, está excluyendo a alguien de su corazón. Tiembla y se echa para atrás. H coloca a otra mujer enfrente. Las dos se miran. A la cliente le cuesta mantener los ojos abiertos. Poco a poco se aproxima a la otra mujer, que está llorando. Finalmente se abrazan. Es la madre. Ahora el corazón late con calma.

 

La cliente está separada de su madre y eso no le hace bien a su corazón. Lo primero es que ella le de un lugar a su madre en su corazón.

 

Recordemos que siempre nos llegan los clientes que necesitamos para nuestra propia curación.

 

Muchos problemas se producen porque no puede tomarse a la madre. Cuando la madre toma su lugar y su amor se ve y es reconocido, muchos problemas se resuelven.

 

Quién está en resonancia con los movimientos del Espíritu tendrá una respuesta que viene de dentro y es esta la que actúa, la que funciona. Si no hay preguntas ni respuestas, actuará la imagen y en ella está el movimiento del Espíritu. Si decimos algo al respecto nos inmiscuimos.

 

   

Caso 6

 

Cliente: es una mujer de 40 años, separada, con problemas de pareja. Vive muy cerca de su ex marido.

 

H dice que ella necesita que la consuelen. No necesita más. La terapeuta siente celos. Es necesario que vaya el marido a la constelación. En ese momento la terapeuta tendrá el control que ahora tiene la cliente. 

 

Si la terapeuta cae en el juego de su cliente  ¿qué pasa con el hombre? Sea lo que sea lo que necesite la cliente, el hombre se enojará. La terapeuta no puede involucrarse porque entonces excluye al hombre.

 

Con la mujer está claro el problema: no tiene ninguna relación con su propia madre. Siempre es el mismo problema.

 

 

Caso 7

 

Cliente: un transexual, que nació hombre y se siente mujer.

 

H le pregunta a la terapeuta que plantea este caso ¿y entonces?

 

La terapeuta siente pena por el hombre y considera que lo que su cliente vive es menos humano que lo otro, no ve la transexualidad como algo humano, que se da muchas veces. Seguramente también este hombre piensa que algo no está en orden. Él debe asentir a sí mismo tal como es, y también la terapeuta, que entienda que él no puede ser distinto a como es y que así está bien. La terapeuta ha de decirle a este hombre: “Yo secretamente también he tenido este tipo de pensamientos”. En este momento se restablecerá el orden y funcionará.

 

Si consideramos y sentimos que el Espíritu actúa en todo entenderemos que no puede ser nada, distinto de cómo es. Cada destino tiene su exigencia. Si el hombre lo ve así, entonces tendrá mucha fuerza. Esa es la ayuda que podemos darle y nosotros en ese momento seremos libres.

 

El Espíritu también actúa en los perpetradores y en sus víctimas. Hay muchas resistencias para aceptar esto y exige mucho.

 

Hay un hombre que juega con los presos y los esquizofrénicos. Cuando lo hace dice que “sólo veo la imagen de Dios en ellos”. Los presos y esquizofrénicos mejoran. Esto es estar en concordancia con el Espíritu. El juego en este caso implica respetar a cada uno como es y el movimiento es que cada uno se encuentre.

 

Las constelaciones son también juegos de amor.

 

 

Caso 8

 

Cliente: Mujer de 44 años que dice: “no puedo más, tiro la toalla” con su hijo de 19 años que no estudia, que está descentrado y que toma hachis. Está muy preocupada por él.

 

Saca a un representante para la madre y otro para  el padre. Pone a los padres enfrentados y al hijo entre medias. La madre cierra los puños y mueve los dedos. El marido se aproxima a ella.

 

H saca a otro hombre. La madre sólo lo mira a él. Entonces el padre se siente excluidos y mira hacia fuera. El hijo se coloca delante del padre.

 

El hijo debe ir con el padre que es con quien está seguro. Pero no puede hacerlo. El hijo se siente caer. Entonces H coloca a un muerto entre los dos y ambos, padre e hijo, lo miran. El niño se rie con él, es su hermano. H coloca a los dos hijos vivos cerca. El mayor se recuesta sobre el pequeño, que se toca el corazón. Coloca al muerto entre los dos, y este mira a sus hermanos y sonríe. El hermano mayor lo mira mucho. El padre se coloca junto a sus hijos. Falta otro hermano, el mayor de todos. Al no considerarlo el hermano mayor de los vivos no está en su lugar y no sabe que hacer.

 

Este trabajo nos conduce a la concordancia con algo más grande y eso nos hace sabios y aunque no nos demos cuenta, lo tenemos y actúa en nuestra alma.

Los que toman notas quieren darse cuenta, pero haciéndolo pierden la concordancia y no les sirve. Es como el que asiste a un banquete y en lugar de comer de los manjares copia las recetas.

 

La agresión siempre está orientada hacia la muerte. Agresividad contra la muerte por miedo a perder a los padres. Hay mucha agresividad, por ejemplo, en los fumadores que le dicen a la muerte: “yo te voy a ganar”.

 

Hay que aprender a confiar en los Movimientos del Espíritu. Esto pone nuestra paciencia a prueba, y es una prueba dura tanto para los clientes como para los ayudadores. Vibrar, dejarse llevar, así actúa esto.

 

Cuando alguien está bien con su madre se le nota en la cara, la cara tiene brillo.

 

El hijo le dice al padre: “por ti hago cualquier cosa”.

 

Los buenos excluyen algo. Los moralistas excluyen algo. El que excluye algo o a alguien se convierte exactamente en eso que excluye. Existe una justicia que está por encima de todo esto. Los que se sienten injustamente tratados excluyen al que lo trató mal y con él se comportan de manera injusta.

“Aquello que excluimos, en eso nos convertimos”.Nos hemos convertido en el que excluimos cuando nos ponemos celosos.

 

Cuando un hombre dice estar decepcionado de su mujer, en realidad está decepcionado de su madre.

 

 

 Caso 9

 

Cliente: mujer con un hijo con agarofobia y una hija psicótica. Son gemelos.

 

La madre adoptiva de la mujer tenía esquizofrenia.

 

En los hijos adoptivos la esquizofrenia se da con una frecuencia dos veces mayor que en el resto.

 

H saca a alguien para la mujer, para los gemelos y para la madre adoptiva.

La madre adoptiva tiene el puño izquierdo cerrado y la mano derecha en el pecho. Se agacha y dobla y se queja mucho. La mujer no quiere ver esto. Se da la vuelta, se sienta y se sujeta la cabeza con las manos.

 

El pie derecho de la madre adoptiva empieza a golpear el suelo. Los gemelos miran este movimiento y a la abuela. La hermana mira al hermano y este a la abuela. Ahora se miran y el chico mira a la madre y también lo hace la hermana. El chico le dice a la abuela: “gracias”.

 

La madre adoptiva empieza a temblar y se agacha y chilla mucho delante de un muerto: su gemelo. La hija adoptiva le sigue.

 

Ahora los hijos gemelos se miran y sonríen con amor. La madre esquizofrénica se tumba con su gemelo muerto, en paz y el gemelo vivo se da la vuelta.

 

La mujer le dice a su hija: “todo ha sido pagado”.

Ahora se abrazan los tres, la mujer y sus dos hijos gemelos.

 

 La imagen que he tenido: la madre de los gemelos pagó el precio de su adopción, tomó algo que era de ese lugar y lo pagó con su vida, con la esquizofrenia. Los padres que adoptan necesitan que alguien lleve algo por ellos y el niño adoptado se siente obligado y es arrastrado por ellos.

 

En este caso ha habido dos palabras definitivas: que el gemelo pudiera decir “gracias” y que la madre le dijera a su hija “ya todo se ha pagado”.

 

La madre adoptada ha de decir a sus padres adoptivos: “lo tomo de vosotros como un regalo” “gracias”.

 

El niño que toma el destino de los padres se siente grande, se siente bien y por eso no necesita dar las gracias: Muchos para no dar las gracias a los padres, les hacen reclamos y así se sienten grandes y vuelven pequeños a sus padres.

 

Cuando el hijo dice: “voy a hacer algo con ello para vuestra felicidad”, ya no hay que hacer nada a cambio. Solamente se toma por amor y se de por amor a otros. Esta es otra forma de compensación y de equilibrio.

 

Os voy a decir algo sobre la dinámica del equilibrio. Hay una profunda necesidad de equilibrio. Cuando algo se nos regala queremos devolverlo de vuelta y en esa medida pagamos por el regalo.

 

Esto se da en el amor entre hombre y mujer. Uno da y el otro devuelve algo, un poquito más, por amor, y de este modo crece el amor entre el hombre y la mujer.

El equilibrio cuando se hace daño también es necesario, pero en este caso hay que hacer algo menos. Perdonar pone las cosas peor. Hay que dejarlo estar, hacer que uno no se entera. Así cada uno le permite al otro 10 pecados. Esto es hacer la vista gorda. Y así después del conflicto llegará la paz.

 

Aquello que lleva al gran conflicto y a la vez a la gran paz, ese odio repentino, aparece desde la necesidad de supervivencia. Cuando los hombres vivían en pequeños grupos de no más de 50 personas, para no ser matados por otros grupos, intentaban matar ellos primero. Así atacamos para que no nos maten, ese es el instinto de supervivencia, de protección.

 

Cuando no hay ningún poder establecido, toma el poder el instinto de protección, cuando se han destruido los ordenes del amor. Las leyes nos protegen de los deseos de protección de unos hacia otros. Esto ocurre por ejemplo con la prensa, con la que algunos sacan su instinto de protección y así no han de ser condenados.

Franco protegió a todos del instinto de destrucción, porque finalmente logro el orden. Fue un gran triunfo para España.

 

Cuando se conquista también se expresa el instinto de destrucción. Y también en la moral se expresa este instinto. Debajo del manto de amor del cristianismo también aparece este instinto de destrucción. Muchos han sido destruidos porque muchos se pusieron por encima de ellos.

 

Nos colocamos por encima de este instinto a partir de desear lo mejor para todos y cuando tomamos todo tal como es, en concordancia con los movimientos del Espíritu.

 

 

Caso 10

 

Cliente: mujer con dos hijas que sufrieron abusos por parte de un hermano suyo, tío de las niñas.

 

H saca representantes para la mujer y su hermano y para las dos hijas.

 

El hermano está en el suelo como un feto y la hermana gira a su alrededor.

 

La mayor de las hijas de la mujer pone sus manos en el pecho y se aparta y protege a la pequeña. La madre las mira.

 

H levanta al hermano y lo pone de espaldas. Ahora la madre y sus hijas pueden abrazarse. Pero la hija mayor va a por el tío, se pone detrás y lo toca. Le está sujetando y atrae a su madre para que toque a su hermano. Él se suelta y se va. Tiene la mano derecha cruzada sobre el pecho, hasta el hombro y mira al suelo, se toca la cabeza.

 

Sale otra mujer y extiende el brazo derecho. La hija mayor llora.

 

El hermano representa a un niño entregado. La mujer se gira y mira al suelo.

 

H lleva al hermano frente a esta mujer. Ella le abre los brazos y le abraza. Otro hombre colocado detrás de la mujer abraza a ambos. Los dos abrazan al hermano y la mujer acaricia al hombre. Él es hijo de otro hombre, no del marido de la mujer, sino de un amante de esta.

 

El incesto tiene razones muy extrañas.

 

En Rusia vi el caso de un hombre que había sufrido abusos de su padre cuando era un niño. Saque a un representante para ellos y los enfrenté. El padre mostraba mucha rabia y tenía las manos apretadas. El hijo también. Ambos estaban en una intrincación. El hijo dijo: “Querido papá”. Entonces se abrazaron profundamente.

 

En nuestro caso la que buscaba el incesto con el hermano era la madre y su hija lo impide amando ella al tío. El incesto entre hermanos estaba al servicio de mantener el orden en la familia.

 

En Brasil vi un caso de un hombre con tendencias pedófilas. Su representante cruzaba los pies hacia dentro, como si representara a un minusválido. Entonces coloqué al minusválido delante y el hombre sintió un gran amor por él. Así sus tendencias pedófilas representaban su intenso amor por el niño minusválido, probablemente abandonado o entregado a alguien.

 

Todo está movido por los movimientos del Espíritu.

 

 

Casos personales

 

Caso 1

 

Cliente: hombre con cáncer de testículos.

 

Viene con su mujer. No tienen hijos.

 

Coloca al hombre frente a una mujer que representa la muerte. El hombre cierra los puños y los aprieta. Se da la vuelta. Ella le busca, tiene una mirada dulce y sonríe. El hombre no quiere mirarla y mira a lo lejos. Ahora se pone de cuclillas y se tapa los oídos.

 

La mujer realmente es su madre. El hombre no la toma.

 

Luego de un rato él la mira y ella llora. El hombre se levanta y vuelve a girar. Mira al suelo. Esta mujer también representa a la vida. El hombre la aparta. Ella le agarra una mano y la sujeta.

Este hombre está por encima de su madre, coloca sus brazos encima de los hombros de la mujer.

 

El hijo le dice a su madre: “prefiero morir”.

 

Ahí se acaba.

 

Hemos observado varias cosas: que el hombre está completamente separado de su madre y se siente por encima de ella.

 

He observado en algunos pacientes de cáncer que le dicen a sus madres: “prefiero morir a honrarte” y en ello está su triunfo. Pero el triunfo sobre la madre se paga caro, con la vida.

 

Con un enfermo grave a veces sirve imaginarnos  a su muerte colocada casi delante y a una cierta distancia y pedirle una indicación.

 

La enfermedad es amada por el Espíritu y ella está a su servicio para algo bueno. Está al servicio del amor.

 

 

Caso 2

 

Cliente: Mujer con leucemia.

 

H saca a un representante para la enfermedad y saca también a la cliente y las enfrenta.

La mujer lentamente va levantando los brazos hacia la enfermedad en un gesto de llamada.

 

La mujer le dice a su enfermedad: “yo voy”.

 

Otra vez la enfermedad es la madre. Pero la enferma dice: “prefiero morir a ir”.

 

Morir es más fácil que vivir.

Este tipo de trabajo nos exige algunas cosas solo en apariencia. Si permanecemos en el amor hacia la madre,  esto es muy sencillo.

 

Primero hay que poder sentir el amor hacia nuestras propias madres y darles un lugar en el corazón.

El que el paciente no produzca en nosotros ninguna compasión, ya es una ayuda importante. Sobre la enfermedad está prohibido hablar. Ahorrarle a alguien que nos hable de su enfermedad, nos hace y le hace feliz.

 

Os cuento cual ha de ser la actitud terapéutica.

 

La empatía es el final de toda posibilidad de ayuda. La empatía implica una relación con el cliente de madre a hijo. Así el cliente se vuelve pequeño y el terapeuta queda por encima de él. Así el control es del cliente y el terapeuta es un niño. Crea en el terapeuta el temor de no tener éxito y el paciente mostrará al terapeuta repetidamente que va a fracasar. El terapeuta temerá que el paciente se vaya o suspenda la terapia.

 

Esta relación terapéutica es el fin de la ayuda. Constituye una prostitución terapéutica, el cliente pone al terapeuta a su servicio y encima le dice: “yo te pago”.

 

La manera de trabajar es estar en el Espíritu.

 

Yo me quedo dentro de mí mismo y permito que el cliente se quede en sí mismo. Tenemos que resistirnos al intento del cliente de movernos a la compasión. No le permitimos que cuente nada, lo constelamos. Tampoco nos preocupamos de cómo se queda el cliente o de cómo le va. Así la persona está libre de el terapeuta y no está obligado a decirle nada.

 

Es una relación de acción y esta le muestra al terapeuta que puede o debe decirle al cliente y sale a la luz algo que le puede ayudar. El terapeuta se queda en el lugar más bajo. Sirve en concordancia con el Espíritu y sólo va hasta donde el Espíritu lo permite. Dice lo que tiene que decir y luego se olvida. Así uno puede vivir cómodamente sin tener que preocuparse. El cliente se sentirá bien, honrado e independiente.

 

El terapeuta está en conexión, no pregunta y entonces aparece una impresión. A veces el terapeuta dice: “por favor”.

 

Es muy importante  empezar la constelación con quien se debe.