FacebookInstituto de Constelaciones Familiares

Brigitte Champetier de Ribes

Un taller de Constelaciones Familiares es un taller de descubrimiento y liberación, que permite entender y liberar los patrones de la vida que nos hacen sufrir, descubrir y liberar lo que limita nuestra realización.

Empezar a constelar

“Constelar la enfermedad”
Brigitte Champetier de Ribes
Ed. Gaia, 2011

Empezar a constelar

“Empezar a constelar”
Brigitte Champetier de Ribes
Ed. Gaia, 2010

Para adquirir los libros

Las constelaciones familiares y sus aplicaciones en el aula

 

Trabajar con las cuestiones y valores que vienen exponiendo y revelando las Constelaciones Familiares - y el pensamiento y las reflexiones que ha venido desarrollando la figura más destacada en este ámbito, el filósofo, teólogo y psicoterapeuta alemán Bert Hellinger - supone un reencuadre eficaz y una herramienta muy útil, creativa y sanadora de los múltiples, ricos y variados aspectos que van surgiendo a lo largo de la apasionante aventura de la enseñanza y de la evolución que se da en un grupo escolar a lo largo de un año académico.

El profesor puede utilizar las nociones que plantean las Constelaciones Familiares desde aspectos generales de la Psicología y de la Teoría de Sistemas así como de la Pedagogía Sistémica para comprender ciertos fenómenos y dinámicas del grupo en la clase, o las interacciones que suceden en el contexto de los diferentes grupos de profesores durante la convivencia escolar y el trabajo en el seno de los departamentos, o, en las relaciones que se generan entre la escuela y el marco administrativo y social al que pertenece y se enmarca el centro educativo.

De igual manera, el profesor puede utilizar las tomas de conciencia que desarrolla gracias a las Constelaciones Familiares y la Hellinger Sciencia para comprender y gestionar los temas que surjan desde las intervenciones de los padres y de las familias en la escuela, intervenciones encaminadas a la educación e integración de sus hijos, así como resulta muy útil en la gestión intermediadora de los orientadores de los centros.

Sin embargo, las Constelaciones Familiares, sea de manera directa - a través del propio proceso terapéutico y de crecimiento del docente -, como indirecta - a partir de lo que el profesor adhiera desde su asistencia a talleres vivenciales de Constelaciones como observador o representante, o a través de las lecturas de la cada vez más cuantiosa bibliografía, (fundamentalmente de los más de veinte libros de Bert Hellinger traducidos al español) -, pueden facilitar al profesor numerosas herramientas para desbloquear y hacer frente a las cuestiones enquistadas del proceso educativo y del desarrollo emocional del grupo o grupos que tiene a su cargo, así como la gestión de las disfunciones adaptativas y de los problemas de atención de determinados alumnos.

Ello se realiza por medio de un profundo, arduo y creativo trabajo de experimentación en el aula, que permite al enseñante dotarse como profesional al servicio de la sociedad y al servicio igualmente del crecimiento afectivo de los chicos, al mismo tiempo capaz de posibilitarles la integración de sus diferentes aspectos personales y de los ajenos con los que interactúa. Esa integración se efectúa inculcándoles e induciéndoles vivencialmente valores como el respeto, el asumir la culpa y las consecuencias de los actos que llevan a cabo, el respeto al lugar en la jerarquía que les corresponde a ellos y a los demás; todo ello en un marco superior de asentimiento y aceptación de la realidad tal y como es.

Asimismo, las tomas de conciencia que podemos extraer del ámbito de las Constelaciones Familiares nos proporcionan una implicación nueva, fresca, intuitiva y flexible con el presente y las acciones derivadas del mismo, lo cual requiere un nivel de renuncia a imágenes que nos hemos hecho - es decir, a reacciones mecánicas - así como a prejuicios y a estructuras consabidas de la propia personalidad y de los valores que poseemos y que nos caracterizan en principio.

Igualmente, las Constelaciones Familiares nos conducen a una apertura hacia lo nuevo y hacia la vida como mundo complejo de fenómenos observables y de realidades cambiantes.

Con su cambio de actitud, el profesor tiene la capacidad de centrar al grupo y a los alumnos: centrarlos en la atención y en el presente.

Puede utilizar visualizaciones de lo que se da y se mueve a un nivel más sutil entre él y los estudiantes, o a las sensaciones de las energías que confluyen entre su propio campo de sucesos y los externos. Por ejemplo, si siente y observa que el alumno está vinculado a una intrincación familiar que le arrastra en su comportamiento, puede visualizar aquello en lo que está implicado, considerando el campo familiar y sus presencias al lado del alumno.

De igual manera, si nos inquieta dicho alumno - lo evitamos, o nos vemos imposibilitados para generar una actuación constructiva hacia el mismo -, podemos visualizar de manera simultánea la cuestión, dinámica o actantes de nuestro propio campo familiar que está en resonancia por similitud de contenido con el del alumno, y del que rehuimos porque aún no lo hemos asimilado o porque nos resistimos a verlo, - fundamentalmente por el dolor que eso conlleva.

Los resultados de estas visualizaciones son sorprendentes: de manera inmediata, en algunas ocasiones podremos observar cómo el alumno se aplaca o se abre a escucharnos y a atender en clase. En otras es cuestión de tiempo y de un trabajo más paciente y pormenorizado.

Y es que el aula, a lo largo del curso, es un hervidero de vivencias y de procesos, de los que trae cada alumno desde su propia realidad familiar y de los que se generan entre todos los miembros del grupo. Procesos encaminados en cada persona, en cada joven y niño, al objetivo de sentirse reconocido, de pertenecer, de cumplir expectativas, de ganar autoestima, o, incluso, de ratificar el guión de vida que cada uno se ha hecho según el propio itinerario personal de sus vivencias en el camino de vicisitudes que nos hayan ido caracterizando.

Centrándose y centrando a los demás con su comprensión, el enseñante facilita al alumno el contacto con las dimensiones que le mueven a un nivel profundo, dimensiones que en muchas ocasiones le perturban, desconcentrándole o incluso arrastrándole a comportamientos más patógenos como la autoexclusión, la agresividad, la hiperactividad, la provocación al profesor y el boicoteo del aprendizaje, o, por otro lado, a sentimientos de frustración por no poder cumplir con lo que se espera de él o por no poder rendir en los estudios y quedarse atrás de sus compañeros.

El alumno puede tener – como estudia el Análisis Transaccional – mandatos parentales o del propio inconsciente familiar que le determinan en sus maneras de relacionarse, de tomarse las cosas e incluso de asimilar determinados contenidos de las asignaturas, por los valores que éstos presuponen. Esto significa que, entender y asimilar ciertas cosas - ciertos contenidos junto a los valores implícitos que en ellos se incluyen – podría subvertir y contradecir las opiniones y saberes de sus más allegados y queridos. Asimismo, podrían transgredir el límite de conocimiento y educación con el que cuentan los padres o los hermanos, los cuales, quizás no contaron o pudieron concluir con una formación, quedando pues ésta detenida o frustrada por diversas razones personales o sociales. Por ellos, por amor a ellos, y, a modo de secreta fidelidad, el niño se promete inconscientemente no superar esa barrera, con el objetivo de no ser más o de mantenerse fiel e igual a los de su grupo. Sin querer, y, a modo de pacto tácito y secreto, el niño buscaría de esta manera preservar la identidad y las condiciones de los que ama, - permanecerles fiel, en definitiva.

Los niños y los adolescentes pueden igualmente llevar sobre sí una pena muy grande de uno de sus progenitores, a causa de la muerte de un ser querido, un aborto que no se quiere asumir en el seno familiar, o la impronta de un hermano que falleció, como si portase sobre su vida un duelo no resuelto, o cargase en su destino con el sentimiento de culpa derivado de todo ello, sintiéndose responsable al mismo tiempo de las pérdidas de estos familiares.

Muchas veces los chavales están identificados con miembros del sistema de su generación u otros anteriores que vivieron un destino trágico – por ejemplo, en la guerra o en la miseria – siguiendo en su vida el alumno o la alumna - a modo de mimetismo mágico - la suerte de otra persona.

Podemos encontrarnos también en el aula con jóvenes caracterizados por un fuerte conflicto con la autoridad, y, en consecuencia, con lo que el profesor le quiere inculcar y ofrecer. La razón es que quizás uno de sus padres tuvo ya problemas para asumir y tomar respeto a sus propios padres, - los abuelos del alumno.

Por lo mismo, el estudiante puede seguir interna e inconscientemente a un excluido de su sistema, a un hermano rebelde que se fue de casa, por ejemplo, o a un tío o una tía que fueron criticados y señalados execrablemente por su actitud…

Como bien sabemos, determinados chicos y chicas - más o menos niños, más o menos adolescentes – parecen estar mirando interna o explícitamente, y de manera continuada, a un lugar irresuelto, como sería el de ese espacio doloroso generado por la exclusión de alguien al que se quería en el fondo, aunque no se reconociera.

De igual manera, se adivina fácilmente cuando los chavales están llevados por el conflicto irremisible entre los padres, quizás por la separación o el divorcio de los mismos. Otras, se sabe, por la dificultad de adaptarse y aceptar a un padre o a una madre políticos, - o a los hermanastros en el caso de una familia reconstituida. Con la ayuda de todo lo que se

puede aprender gracias a las Constelaciones Familiares el docente cuenta con la oportunidad de hacerse más consciente de lo que le sucede al alumno, y ver a un nivel más profundo su evolución emocional en el progresar del curso.

Por lo mismo, estas tomas de conciencia pueden dirigirse hacia las propias implicaciones que tenemos nosotros mismos en el proceso del alumno, las manipulaciones que le ejercemos, lo que esquivamos de tomar partido, e, igualmente de nuestras posibilidades y límites de actuación e intervención, al tiempo que vamos integrando nuestras propias vivencias familiares del pasado y del presente, resultando finalmente sanador este trabajo de intervención y/o respeto hacia las realidades del alumno.

Para ello, el profesor y el maestro deben aprender a gestionar las emociones de los demás, reconducirlas desde la perspectiva más constructiva, desde el respeto a la realidad del alumno y de su sufrimiento, descubriendo y reconociendo el inmenso amor que le mueve, incluso en las situaciones y en las actitudes que aparentemente parecen destructivas o irreverentes, con las repercusiones que en su vida y en la de los demás conlleve.

Hablamos de un docente que, como un padre o una madre que regulan el comportamiento de sus hijos, se mueve a un nivel metaemocional, es decir, capaz de disociar sus sentimientos y reacciones habituales sobre las situaciones para obtener el mejor resultado en pro del alumno y de su entorno. Un maestro que enseña y sirve entonces a un objetivo superior que no sea sólo el de su propio interés, comodidad o gratificación personal.

Los alumnos generan conflictos consigo mismos, para con los demás, y, fundamentalmente, con respecto al profesor. Sin embargo, y como hemos señalado anteriormente, los conflictos pueden resultar ser la ocasión excepcional - el escenario o setting necesario - para que coloquemos y ordenemos nuestro propio campo y realidad, y para que el alumno genere autoobservación, aprendizaje y cambios de actitud desde sus propias actuaciones, reacciones y movimientos.

El feedback puede ser excepcional, para el enseñante, para el alumno en el que se enfoca la atención, y para en el grupo que lo incluye y que actúa de observador.

La progresión de la actitud del alumno peculiarizado marcaría el barómetro de las inflexiones necesarias para que se facilite su proceso pedagógico y la flexibilización de sus actos en un nivel de construcción adaptativa y de regulación del grupo.

Viéndose y sintiéndose comprendido y escuchado, el alumno se pone en movimiento hacia la vida y hacia los retos y desafíos que se le aparecen en la misma, pudiendo verse y sentirse capaz de superar sus estructuras adquiridas y otros comportamientos reactivos.

Entonces, al alumno se le puede conducir y guiar hacia la prosecución de una actitud en construcción, menos automática, más creativa y siempre nueva, pues podemos ser capaces por medio de nuestra comprensión de generarle soluciones adaptadas al presente, pensadas y movidas en la integración de las situaciones.

En este paradigma, al mismo tiempo, el alumno puede sanar traumas y dependencias que le condicionan en su visión de las cosas. Pues desde nuestro crecimiento personal le dirigimos a concebir que el mundo es siempre nuevo, cambiante y mutable: un mundo inmenso por aprender.

Por ello, y, al aplicar las diferentes visiones que nos llegan a través de las Constelaciones Familiares, estamos apostando de manera esencial y directa sobre  lo que sería finalmente un concepto pedagógico de índole humanística y de concepción profundamente creativa, seria, comprometida y significativa.

 

Septiembre 2010 José Vicente Torrejón Mora Profesor Teoría del Arte / Máster en Constelaciones Familiares.

mail: ilecebra@yahoo.es